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OTRAPARTE: El sí de las casadas

POR OSCAR Domínguez Giraldo, Diario El Tiempo, Bogotá

Imagen pares.com.co

Es mejor la paz que la guerra, digamos con Pambelé. Es una pendejada seguir en una mechoniada eterna. Hay que salir de esta patria boba en la que nadie gana ni pierde la guerra. Lo dijo el exministro Gilberto Echeverri, asesinado por “lafar” en compañía de otros mártires. Ellos estarían con el proceso. Creo.

Por la paz, estoy “jugao”. Venite 2 de octubre. No nos merecemos un muerto más: ni de este lado al que “me honro en pertenecer”, ni en el de los contrarios.

No he leído ni volveré a leer el ladrillo del acuerdo. Es cuestión de “principios”. Mucho gerundio al principio del texto: recordando, teniendo presente, poniendo, subrayando. (“Si no le gustan mis principios se los cambio por otros”, decía Groucho Marx).

No iría a la guerra ni a palos. Tampoco quiero que vayan otros que generalmente son los que llevan del bulto. Los que andamos en casita, cómodos, pechugones, preferimos hablar paja a favor o en contra.

Muchos sapos nos hemos tragado: como los de tanto corrupto e inepto mangoniando en la dirección de la rosa de los vientos. Ahora toca ser sensatos y darle a la paz el escuálido sí de las casadas.

Los más generosos han sido, en general, las víctimas, o sus familiares. Los que estamos por el sí, estamos muy bien acompañados de rectores, empresarios, gente íntegra, sensata. También de políticos serios que hacen bien la tarea, como el nadaista De la Calle y sus pupilos.

Los amigos del no también tienen gente buena en sus filas. Yo hablo por los “míos”. Pero la cosa está tan polarizada que la verdad solo la tengo yo y los demás son una tracamanada de pifiados.

Hablaré con mis amigos los rostros de madera noruegos que otorgan el Nobel de la paz, para que ni se les ocurra pensar en Juanpa y en Timo para colgarles la inútil medallita del premio. Que el Nobel nos lo den en paz.

Queda una opción ultima en caso de que gane el no de Uribe y su logia. Se la soplo a las FARC: si gana el NO que aprovechen la coyuntura y mantengan la decisión de empeñar o volver chatarra los fierros. Nadie los puede obligar a hacer la guerra.

Termino con un viejo clamor egipcio, mencionado por el ex primer ministro israelí Shimon Peres en su libro “Una vida para la paz”: que los hijos vuelvan a enterrar a sus padres, no al revés.

Ñapa(en memoria del exministro Gilberto Echeverri y sus compañeros asesinados por las FArc, repito este viejo texto)

ECHEVERRI ERA UNA RUMBA

Como la caridad entra por casa, me he regalado estos días la relectura de un libro que debería ser obligatorio para todo católico o ateo, bello o feo durmiente, hombre, mujer, o ambidextro sexual: “Bitácora desde el cautiverio” (Editorial EAFIT).

La obra fue escrita en sus cambuches selváticos por el ex ministro Gilberto Echeverri Mejía, sacrificado por los cacofónicos alebrestados en armas de las FARC, en compañía del gobernador Guillermo Gaviria y un grupo de militares.

Ambos dirigentes hacían un cursillo acelerado de Gandhis sin taparrabos, cuando “los recogió el silencio”. Como no hay peor sordo que el que no quiere oír, la guerrilla no entendió su apostolado, y los graduó de mártires junto con sus compañeros de andadura.

El de Echeverri es un libro en busca de lectores. Difícil encontrar un testimonio tan lleno de alegría de vivir y servir. Hay entrega, optimismo, dolor y frustración. No tiene presa (página) mala. Critica la dirigencia criolla reacia al cambio. En la Bitácora está pintado el Ratón, apodo que se ganó cuando ejercía como ministro de Desarrollo.
Saca tiempo para agradecer – y criticar- a la radio la manera como informa sobre las aproximaciones gobierno-guerrilla.

El diario, en el que no pierde el sentido del humor, tiene un marcado acento autobiográfico. Se desprende de su lectura que Echeverri vivió de una vez varias vidas futuras. Dejó poco para mañana. La Bitácora es un certero parte de misión cumplida. Queda claro que el hombre que era una rumba no vino a hacer turismo.

Para Echeverri, ejecutivo de lavar y planchar, la patria empezaba en su casa, con su esposa, Marta Inés, sus hijos y nietos. El padre y abuelo dejó salir sus calidades de maestro y les escribió a cada uno cartas que son certeras hojas de ruta. Útiles para todo el mundo.

Fue un hombre ancheta, según su propia definición. Quería significar que lo asimilaba todo para un fin común: fajarse por su patria. “Le hablaban de patria y se derretía como una paleta”, comentó alguna vez su esposa, Yaya, el apodo que le tenía su roedor de carne y alma a doña Marta Inés Pérez de Echeverri.

Esa patria se le salió cuando le aceptó el ministerio de Defensa al presidente Samper. Implacables críticos paisas de Echeverri dijeron que aceptó por la vanidad de ser ministro. Paja, porque le iba mejor económicamente vendiendo celulares. Y ya había sido ministro.

A pesar de que no diferenciaba una bala de un policía acostado aceptó la chanfa para cumplir dos tareas: dejar lista una estrategia de paz y meterle gerencia al antiguo ministerio del plomo.

El libro recoge su pensamiento sobre el país. Luchó y se sacrificó por una Colombia en paz, con justicia, equidad y no violencia. Dice que este es un deber de todos y que no hay que esperar un mesías que lo haga. “No haber asumido el riesgo (de buscar la paz) habría sido un fracaso”, dice su legado a sus nietos Camila, Simón y Tomás para quienes pulía ajedreces hechos por sus compañeros militares. Él también tuvo acciones en ellos. Los ajedreces nunca llegaron a su destino.

La niña de sus ojos en el proceso de cambio que soñó fue la educación, tema al que le dedicó mucha prosa de su bitácora. Y libro aparte, también escrito en cautiverio: “Un sistema educativo”, editado por la Imprenta Departamental de Antioquia.

Dense el regalo de leer al Ratón que proclamó alguna vez: ”No soy un Bertrand Rusell, tampoco un Gandhi, pero sí aspiro a que el mundo sea diferente”.
Días antes de su muerte, había llamado a Dios a su celular para solicitarle que le permitiera partir “para que mi gente vuelva a la normalidad”. Dios fue “echeverrista” y se lo llevó.

www.oscardominguezgiraldo.com

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