Al instante

OEA: Colombia ganó pero perdió

Por Rufino Acosta (paraver.co)

Foto am.infobae.com

Vuelve y juega. La frase “shesperiana”, perder es ganar un poco, se le puede atribuir en esta oportunidad a Venezuela, después de lo que sucedido en el seno de la OEA, sobre las justas pretensiones colombianas de que se convocara una reunión de cancilleres para abordar el espinoso y abrumador drama de los atropellos en la faja fronteriza.

A pesar de úna votación de 17-5 a favor de Colombia, por cuestiones de reglamento no fue suficiente para obtener lo que buscaba. En cambio, Venezuela, con la cifra en contra, salió airosa, porque frustró el empeño nacional.

El galimatías numérico dejaría loco a un marciano si hoy aterrizara en la tierra y mirara los diarios. ¿Cómo es posible que un marcador por goleada no tenga efecto alguno? Bueno, eso también puede ocurrir en el fútbol, no es exclusivo del intrincado mundo de la diplomacia.

Cabría afirmar, en tono coloquial, que por enésima vez “nos faltó un centavo para el peso”, pero ello tambíén llevaría un sello de fatalismo inútil.

¿Conejo de Panamá? ¿Indiferencia de Brasil y Argentina? En el mundo de la diplomacia más que amigos afloran las conveniencias y marcan el camino.

Si uno analiza con cabeza fría la situación en la organización regional, se encuentra frente a varias realidades:

1- Su desprestigio, por ineficaz, es cada día mayor. Agoniza por inacción.

2-La mayoría de los paises miembros tiene sus propios problemas y poco está interesado en resolver los de los demás.

3-Hay claras tendencias políticas e intereses que agudizan su inoperancia.

Creo que Colombia acudió a la reunión animado más por la idea de que dar a conocer el problema que de otra cosa. Tal vez en el fondo anticipaba que nada pasaría en materia de fondo. Venezuela desplegó su artillería petrolera, menguada y todo pero todavía válida, y tenía la base de sus aliados del Alba. Aun si lograba los votos necesarios, de poco habría servido.

Venezuela ni siquiera parecía preocupada por lo que sucediera. De antemano, el inefable Roy Chaderton, quien ha engordado en los placeres de una larga carrera diplomático sin importar la clase de gobierno, lo tenía claro al advertir que solo aceptarían un pronunciamiento de Unasur, la finca grande que regenta Ernesto Samper y orienta Nicolás Maduro.

Reducir el punto al “fracaso de la diplomacia” por el resultado adverso en las “urnas” parece simplista. El embrollo sigue y toca afrontarlo de la mejor manera. ¿Romper con Venezuela y agitar las banderas de la guerra? Eso pulveriza los moldes de la ponderación que se necesita en estos momentos.

Los calenturientos están en un hervidero. La oposición rechina. Los analistas toman posiciones y todos dicen lo que debió hacerse y no se hizo, en las clasicas soluciones del día después. Qué bueno sería escuchar propuestas viables y no solo lamentos o alaridos guerreros.

El gobierno tendría que alejarse de ese ambiente de horno para seguir adelante en la diplomacia, con mayor énfasis y tenacidad, sin dejarse tentar por el facilismo mediático. Si tiene que revisar la estrategia, que lo haga. De todas maneras le toca defenderse con lo que tiene. La urgencia lo impone, Más tarde podrá mirar hacia los enormes vacíos de la inexistente “carrera diplomática” y aplicar un radical cambio de rumbo.

Por ahora es su deber brindar atención a los refugiados o deportados y mantener la línea de protesta contra los abusos y los atropellos ante los distintos frentes internacionales es tarea prioritaria. Colombia tendría que dar muestras de unidad y de fortaleza pero sin dejarse enredar en laberintos de difícil salida.

También habría que entender que en la zona de frontera hay un submundo criminal que debe ser combatido de lado y lado. El asunto resulta complejo. No es cuestión sencilla de perder o ganar.

Ir a la barra de herramientas