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Nos dirigimos a la olla pitadora, todos marchamos alegres

Por Gustavo Alvarez Gardeazábal (Diario ADN)

(economíasimple.net)

Si los economistas fueran meteorólogos estarían anunciando que se ven nubes muy negras de tempestad en la lejanía. El dólar va a llegar a los 3.000 pesos. Los impuestos al 52% ya no los pueden pagar todos. El petróleo no pasa de los 60 dólares. El oro no lo pagan sino a 1.100 dólares la onza. China no compra y a Venezuela no se le vende porque no paga.

Y como si fuera poco, y como ha sucedido durante todos los agostos, los hospitales más importantes del país parecen asmáticos sin inhaladores.

El ministro de Hacienda afirma que hemos entrado en un período de austeridad inteligente y reduce el presupuesto nacional. La Ministra de Comercio le echa la culpa al bajón dramático de las exportaciones a la falta de vías, al papeleo y a la falta de promoción pero nunca a los altísimos costos que los impuestos y las leyes laborales les cargan a las industrias.

El poderosísimo Hospital San Vicente de Medellín boquea como los agonizantes. El otrora poderoso HUV de Cali está tendido en una camilla y no hay oxígeno para levantarlo. Y si les contara cómo se muere el Tomás Uribe Uribe de Tuluá no alcanzarían los renglones.

El ministro de salud, impasible como banquero que es, dice que el sector no está colapsado, que es el síndrome de agosto. Pero tampoco se venden carros. El cinturón se ajusta en todos los hogares, se suspenden los gastos superfluos. Se aplazan los viajes. Se cocina en casa y comienza la lucha por conseguir trabajo.

Es fácil preveer para dónde vamos aunque la verdad nunca nos la dicen pero aunque sabemos ya que nos dirigimos a la olla pitadora, todos marchamos alegres y esperanzados.

GUSTAVO ÁLVAREZ GARDEAZÁBAL – @eljodario

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