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No solo de corrupción sufre Colombia

Por Octavio Quintero, Director Grupo Editorial El Satélite

Imagen static.iris.net.co

Proponer una constituyente para reformar solo la justicia por corrupta sería tanto como admitir que solo la justicia es corrupta en Colombia… Y proponer una consulta popular para combatir solamente la corrupción, sería tanto como admitir que el problema de Colombia solo es de corrupción.

 

Así que, si nos vamos a dar la pela de convocar una constituyente que sea para encuadernar todo el Estado; que sea para adoptar un nuevo modelo económico, un nuevo sistema de salud; que sea para forzar al Estado a reconocer y garantizar los derechos sociales, políticos y económicos propios del ser humano, ahora solamente enunciados en la actual constitución y atropellados constantemente por los gobiernos de turno, incluyendo los más preciados como los derechos humanos y la libertad política, valga decir, la democracia en sí mismo atropellada.

 

Y porque la clase dominante sabe que esto es lo que se debe hacer a través de una constituyente, es por eso que no la va a convocar. ¿Para qué y por qué? Si la clase dominante está “bien y mejorando”, ¿por qué diablos va a querer una constituyente? El que necesita y quiere constituyente es el pueblo y por tanto, solo una sociedad civil indignada y en rebelión por sus derechos, podría lograr los cambios estructurales que requiere el Estado. Y pensar que este cambio lo vamos a tener a la mano en las elecciones de Congreso y presidencial del año entrante, qué rico fuera que en consecuencia procediéramos.

 

Da grima ver la pobre entrevista que el director de noticias de un canal de TV tan importante como Caracol le hace al mismo tiempo a los presidentes de las tres altas cortes más importantes del país: Constitucional, Suprema y Consejo de Estado; y da desconsuelo ver que el pobre periodista se queda sin palabras cuando el presidente de la Suprema justifica el funcionamiento de la Comisión de Acusaciones del Congreso poniendo como ejemplo el juicio al exmagistrado Jorge Pretelt, un caso entre mil –si no es más—que logra pasar el tamiz de un órgano de corte judicial ubicado en la rama legislativa y, por tanto, no integrado por juristas sino por políticos. Y los tres, al unísono, se oponen a la convocatoria de una constituyente… Para las tres “lumbreras” jurídicas, el país no tiene problemas institucionales: el Congreso: todo bien, todo bien, todo bien; el Ejecutivo: todo bien, todo bien, todo bien y, el Judicial, ni se diga: todo bien, todo bien, todo bien.

 

Y da rabia –otro ejemplo de manipulación mediática—ver en un programa de tan alta audiencia en TV como “Los informantes” de Caracol que el ministro de Salud dice que está siendo tratado de su cáncer como cualquier otro paciente dentro del sistema de salud colombiano. Si fuera cierto, ministro, díganos ¿cuántas veces ha ido a su EPS y lo mandan de vuelta a casa a esperar que haya “agenda” con el especialista? Todos lamentamos su enfermedad ministro; nadie con alguna pizca humana le desearía que corra con la misma suerte de las muchas personas de 0 a 100, que a diario mueren, inclusive en los mismos pasillos de las clínicas y hospitales, a la espera de una cita médica o de un remedio.

 

Muchos ejemplos al canto de toda índole pudieran traerse a esta columna sobre los ene mil problemas insolubles dentro del régimen que impera en Colombia sobre educación, empleo, vivienda, corrupción, pobreza, seguridad ciudadana, de orden público, de soberanía nacional, de medio ambiente, de tenencia de la tierra, de explotación financiera que afectan al pueblo, no a su clase dirigente, y por eso esa clase no va a dejar pasar nunca una constituyente popular y democrática, con representación de las organizaciones sociales, que cree las nuevas instituciones que hagan posible lo que en gran síntesis denominamos JUSTICIA SOCIAL.

 

Fin de folio.- la pregunta del millón: ¿Sinceramente cree alguien que en un próximo gobierno de orientación uribista o santista se podría lograr siquiera el cambio de modelo económico? 

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