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No puede ser bribón si comulga todos los días

Por Edgar Artunduaga

(eluniversal.com.co)

La fiscalía pondrá de rodillas esta semana a otro uribista, el supuesto responsable de haber contratado un hacker no sólo para husmear en la campaña de Santos sino para arruinar el proceso de paz. Luis Alfonso Hoyos recibirá la formulación de cargos penales por tan abominable conducta.

Un amigo que conoce a Hoyos dice que no concibe que pueda pecar y menos delinquir, “un tipo que comulga todos los días y no se pierde misa los domingos”.

Fue Representante a la Cámara, el Senador más joven del país en su momento, Director de Acción Social y de Cooperación Internacional, embajador ante la OEA. A pesar de su cercanía al uribismo, el presidente Santos lo nombró en el SENA “por su eficiencia y eficacia.”

No le debo ningún favor, ni tengo cercanía con él. Tampoco he sido uribista. Sólo la curiosidad periodística me lleva a escudriñar la vida de Hoyos, con cara de seminarista, o cura si lo prefieren, en vísperas de que lo lleven al cadalso, señalado como apátrida, perverso maleante al servicio de los más oscuros intereses.

En su vida Hoyos fue el mejor bachiller de su promoción, se graduó con honores como Colegial de la Universidad del Rosario y fue becado por el gobierno francés para estudiar en la Sorbona. Ha sido siempre un lector compulsivo y dicen quienes lo conocen que tiene también una memoria asombrosa, la misma que le permite tener una recordación fotográfica de la geografía de Colombia. Otra característica que lo distingue, según contertulios suyos, es su transparencia, lo que dice en público es lo mismo que defiende o advierte en privado.

El “tenebroso” personaje proclama que todos los cambios que una sociedad necesita dependen de cambios humanos en la gente, cambios que él suele llamar “espirituales”. De ahí la razón de su título en la campaña de Zuluaga, como “director espiritual”, no como un asunto religioso sino como un acto de renovación ética y de hábitos. En los congresos de calidad con calidez promovió los “talleres de humildad” y en todas las entidades impuso una norma de puntualidad rigurosa, con multas por retrasos, recursos con las cuales se hacían obras sociales.

En el SENA no cambió a ninguno de los Directivos, ni nacionales ni regionales y se opuso a llenar de “clientela” política la institución. Amor y disciplina era el lema de trabajo.

El embajador de Venezuela en la OEA, Roy Chaderton, con quién Hoyos se enfrentó cuando denunció los campamentos de las FARC en el vecino país, tuvo elogios en la ceremonia de su despedida.

En Acción Social, Hoyos solía repartir pequeños espejos con un mensaje: cada vez que hable mal de alguien, mírese al espejo y dése cuenta de que usted también tiene errores. Uno de sus mensajes preferidos era, precisamente, el de la paja en ojo ajeno y la viga en el propio. Por eso en sus discursos y escritos suele insistir que “la lengua ha matado más que las balas”.

Es probable que todo lo dicho sea mera lambonería de sus amigos o benefactores, que legalmente para los fines del caso sea bagazo inútil, que los enemigos políticos del “reo” tengan elementos para burlarse, pero…

No sobra decirlo.

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