Al instante

No lo griten, no se besen, no se abracen

Por Octavio Quintero, El Satélite

Imagen amazonas.com

 Una paradoja que se establecería entre felicidad/angustia, podría conformarse en algunos al recibir la noticia de que la Comisión de Conciliación del proyecto de ley que reduce los aportes de los pensionados del 12 al 4 por ciento, aprobó en las últimas horas la reducción para todos los pensionados; y, no solamente, para los de ingresos iguales o inferiores a cuatro salarios mínimos, como lo había dispuesto la plenaria del Senado.

 

Llena de felicidad a los pensionados de más de cuatro salarios mínimos el hecho de quedar nuevamente incluidos en el proyecto. Cómo no va a ser, si arriba de cuatro salarios mínimos se establece una población de veteranos, clase media-media, encerrada en la trampa social de un modelo económico que hace a los ricos, cada día más ricos, y a los pobres, cada día más pobres.

 

Y llena de angustia, o debería llenar de angustia, a los pensionados de cuatro salarios mínimos o menos, porque la decisión de los conciliadores devuelve el debate del proyecto a las plenarias de la Cámara y el Senado, con el alto riesgo de que pueda ser archivado, por varias razones:

 

1.- Seguramente la plenaria de la Cámara se mantendrá en su decisión de ordenar la reducción del 12 al 4 por ciento para todos los pensionados. Fue su decisión inicial y, asistida ahora por la recomendación de los conciliadores, la lógica canta anticipadamente dicha posición.

 

2.- Seguramente la plenaria del Senado se mantendrá en su decisión de limitar el proyecto a solo cuatro salarios mínimos. Fue su decisión última y, todo indica, que fue manipulada en esa instancia por el gobierno nacional mediante un buen uso de mermelada, que no falla.

 

3.- Si la diferencia se sostiene, la conciliación habrá fracasado, y el proyecto será archivado. Es decir, se habrá perdido nuevamente un gran esfuerzo social de la población de pensionados que, al momento de superar el proyecto las plenarias de Senado y Cámara en su primera instancia, daba por hecho la ley, así fuera nada más para los pensionados de menores ingresos.

 

Queda uno  aquí, como corcho en remolino, dando vueltas y vueltas sin saber para dónde coger porque, sigamos suponiendo:

 

a.- Las plenarias de Senado y Cámara acogen la recomendación de la comisión de conciliación y envían el proyecto a sanción presidencial donde, y en las actuales circunstancias de billonarias demandas por parte de los sectores sociales que se encuentran rebotados, principalmente los maestros, el gobierno seguramente optaría por sacrificar a los pensionados que es la población más débil por su misma insolidaridad.

 

b.- La más segura objeción del Presidente haría retornar el proyecto a las plenarias de Sanado y Cámara, con dos circunstancias posibles: 1) Objeción por inconveniente y, 2) Objeción por inconstitucional. En ambos casos, las plenarias podrían insistir en su aprobación, y se abrirían otras dos posibilidades: a) Si es por inconveniente, el Presidente no tendría más opción que sancionar el proyecto quedando convertido en ley; y, b) Si fuera por inconstitucional, y el Congreso insiste, pasaría a revisión de la Corte y, de nuevo, otras dos posibilidades: que la Corte comparta la objeción presidencial, y el proyecto muere o, que comparta la posición del Congreso y entonces se convierta en ley.

 

Deducirán los lectores el largo camino que les espera al bendito proyecto para morir o vencer. ¿Y se imaginan también el músculo político que se necesitaría para enfrentar con éxito un debate de semejante envergadura?

 

Imagen notitotal.com

Socialmente, lo mejor que le puede pasar al proyecto de reducción de aportes a salud de los pensionados es que la plenaria de la Cámara ceda, si la plenaria del Senado insiste en la modulación, y aun así, se corre el riesgo de que sea objetado por las mismas circunstancias actuales en que el propio Presidente ha desafiado el serio rebote social mandándole el mensaje a los maestros de que no hay plata.

 

 

Fin de folio.- Pirro fue un general griego que cada vez que salía a combate, ganaba, pero sufría muchas bajas. Al cabo de una de esas batallas, un “lambón”, que no falta, se acercó a felicitarle, y el general le respondió: “Sí, otra victoria y estamos perdidos”. Nació ahí el dicho de los triunfos pírricos.

Ir a la barra de herramientas