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No crucifiquen la paloma

Por Luis Noé Ochoa, Diario El Tiempo, Bogotá

La Paloma de Paz del maestro Fernando Botero donada al gobierno del presidente Santos. Foto Presidencia de la República

Se sabía que no era fácil. Es verdad que el Estado estuvo en esto a paso de trancón bogotano.

Este jueves 3 se celebró en Colombia y en muchos países del mundo el Día de la Cruz, tradición que viene desde Jerusalén por allá cuando el siglo IV apenas madrugaba a limpiarse los ojos. También es el día del albañil. Entonces, se me dio por pensar que era el día del presidente Santos, pues fue el constructor de la paz. Él, aferrado a su cruz, que ha llevado a cuestas durante casi ocho años, la sacó adelante, ladrillo a ladrillo, así muchos le hayan intentado mover el andamio.

 Por esto, especialmente, y porque Santos deja cosas valiosas a Colombia que la historia le reconocerá, estoy en el 23 por ciento que lo respalda y cree que la firma del teatro Colón, que remachó el acuerdo, es lo mejor que le ha pasado a Locombia, por lo menos en cien years.

La cruz, como símbolo del madero en que fue sacrificado Jesús de Nazaret, está en millares de entradas de las casas y las fincas, pues es un vade retro CD. No se asusten, queridos uribistas, no hablo de su partido, sino vade retro, Condenado Diablo.

La cruz está colgada en la Casa de Nariño, pues el albañil de la paz es un hombre de fe y se necesita la mano divina para proteger el acuerdo, que, según algunos, más que nunca, hoy lo acechan varios peligros y hay pesimismo sobre su implementación.

Hay que combatir a los que persisten en la violencia, pero este acuerdo no puede tener reverso. No nos sigamos matando, ese es el sentimiento.

Claro que estamos en campaña política y el que menos corre vuela, decía una tortuga. En ella algunos candidatos le suelen ver los senos bizcos a Miss Universo. Algunos hablan con buena fe, otros saben que sin tretas no hay paraíso. Pero la realidad es que, según la encuesta bimestral de Gallup, el 70 por ciento de las personas consultadas dice que la implementación va por mal camino. Y el 73 por ciento no cree que la exguerrilla cumplirá lo pactado; el 48 por ciento piensa que tampoco el Estado les cumplirá a las Farc. El panorama es difícil, pero grave sería empeorarlo.

Aquí hay que rezar. Y empiezo por unas letanías a la cruz de mayo: ‘Por la paz: mil misas, y que no la hagan trizas. Ayúdanos, cruz divina, que el acuerdo no camina. Que el esfuerzo no sea en balde, que hasta Uribe lo respalde. Cruz de Dios en Roma, que no maten la paloma’.

Se sabía que no era fácil. Es verdad que el Estado estuvo en esto a paso de trancón bogotano. Es grave, también, que Santrich, que ahora está perdiendo kilos, al parecer haya seguido en las andadas, y que Iván Márquez esté al borde de la montaña. Y que los recursos del fondo de paz estuvieron en el punto de mira de los corruptos. Pero esto hay que tratarlo con rigor y sin politiquería, atenidos a la ley y a lo pactado. Y punto, como dice Poncho Rentería.

Pero no practiquemos tiro al pichón. No podemos volver a la guerra. Vemos que centenares de familias ya han regresado a su hogar y rehacen su vida poco a poco, 300.000 hectáreas de tierras han sido restituidas. Hay que combatir a los que persisten en la violencia, pero este acuerdo no puede tener reverso. No nos sigamos matando, ese es el sentimiento.

Solo miren mañana cómo vamos a salir en Bogotá a correr, venciendo la gota, el frío o la lluvia, en solidaridad con nuestros héroes, soldados y policías, mutilados en la absurda guerra; uniformados que dan ejemplo de coraje, superación y amor por su patria; fueron más de 13.500 los lisiados, que son lección de lo que es el conflicto, pero también de altivez. A ellos, aplausos y muchas gracias.

Hay que parar. Por este país, que gobernará uno de los candidatos, ellos deberían hacer un pacto para la implementación del acuerdo, a ver si algún día sus hijos o sus nietos no necesitan escolta; a ver si la cruz solo se pone el 3 de mayo o por muertes naturales, no de plomonía. Como dijo el músico: ¿les suena?

LUIS NOÉ OCHOA
luioch@eltiempo.com

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