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Niños mendigos deambulan por la calles de Maicao, Guajira

Por Libardo Muñoz

Foto primeronoticias.com.co

 

Niños hambrientos, que apenas pasan de los diez años de edad, vagan sin rumbo por las calles de Maicao, una de las cuatro localidades importantes de La Guajira, junto con Riohacha, Barrancas y Fonseca.

Maicao, por su situación geográfica fronteriza con la hermana República Bolivariana de Venezuela es un punto de convergencia de quienes buscan una oportunidad de solucionar las secuelas de una pobreza imposible de ocultar.

La infancia empobrecida de Maicao tiene en el rostro la inconfundible marca genética wayuu, recorre en grupos lugares atiborrados de adultos, a su lado pasan camionetas con parlantes a todo volumen, borrachos al volante y prostitución que le sale al paso al caminante. Unas sobras de comida, desaparecen en cuestión de segundos en las mesas situadas en los andenes.

En otras circunstancias, estas calles de Maicao, serían predios prohibidos para menores de edad, pero la injusticia social, la falta de escrúpulos que impera en Colombia, la indiferencia y la pobreza humillante que el capitalismo salvaje lleva a los mas débiles. hacen que estos niños se vuelvan invisibles, parecen algo natural a lo que hay que acostumbrarse. De vez en cuando un noticiero de televisión los reseña en una nota de 30 segundos, entre la jungla de la publicidad de shampoos, jabones y automóviles de alta gama.

Los menores de edad que mendigan en Colombia no estan limitados a Maicao, en La Guajira la miseria se encuentra en otros puntos de su geografía arisca perforada de manera incesante por los taladros que sacan el carbon y dejan las regalías que luego pasan a las cuentas personales de políticos corruptos.

Maicao ejerce una atracción especial por su localizacion de paso obligado de viajeros que van y vienen, que le imprimen al lugar una atmósfera de “tierra de nadie”.

La deuda social de la clase política con el pueblo guajiro, ya tiene proporciones imposibles de calcular.

Mas de cuatro decadas de engaños sobre las maravillas que vendrían a hacer de La Guajira un paraíso hicieron de este pueblo una masa anónima de incrédulos que junto con los mas jóvenes tienen que lanzarse a las calles a pedir una moneda o a llevarse las sobras de una pizza o de un pollo a la brasa.

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