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Nervios

Por Andrés Hoyos/ andreshoyos@elmalpensante.com, @andrewholes (Diario El Espectador, Bogotá)

Imagen lachachara.org

Muchos andan nerviosos de cara a las elecciones presidenciales colombianas de 2018. Son importantes, sí, como suelen serlo los cambios de capitán en un barco con 49 millones de pasajeros a bordo. Serían históricas, para usar la frase manida, si implicaran un viraje de rumbo que, a estas alturas, luce incierto. No es imposible que nos den más de lo mismo, y tal vez peor. Las noticias, sin embargo, podrían ser peores.

Los nervios son una buena guía para orientarse en el caos político porque expresan la intuición que exterioriza, a pesar de sí misma, gente experimentada. Claro, hay que mirar las actitudes y no tanto los discursos, fáciles de camuflar. He notado nerviosos, por ejemplo, a los columnistas y comentaristas de radio que rondan la candidatura de Germán Vargas. Hablo de Mauricio Vargas, María Isabel Rueda y Juan Lozano, entre otros, si bien este último también lleva en su corazón al uribista (¿laureanista?), hasta ahora innominado, que saldrá de los quíntuples o séxtuples que el dueño del Ubérrimo prepara como si fueran caballos de carreras para el derby de mayo y tal vez para el superderby de junio.

Hasta hace seis meses Germán Vargas se consideraba casi fijo para ganar la segunda vuelta de 2018, pero el hombre ha tenido un desempeño menos que estelar en este comienzo de campaña. No es que haya olvidado los pormenores del quehacer político. Al contrario, estamos ante un científico de las alianzas milimétricas y de las piruetas audaces —sí, tengo un partido pero me le abro para que no me confundan con mi turbio pasado, cuando vivía rodeado de malandros, y trato de ubicarme a la derecha aunque un pelín a la izquierda del furibismo para no asustar tanto—. No obstante, la opinión, cansada de la polarización y de la agresividad, parece ir en un sentido diferente. Esto sería fatal para Vargas Lleras y para Uribe. Si el miedo a las Farc cede, si la gente deja de creer que vamos hacia el patíbulo castrochavista, si de ñapa la fobia a la corrupción crece, estas campañas están en graves aprietos.

Es ahí donde surgen los nervios de estos personajes sofisticados que han venido iluminando de la mejor manera posible a su candidato, pues lo ven patinando. Esto los pone a escarbar todavía más abajo en procura de argumentos rebuscados, como decir que la JEP es imposible por cuenta de algún inciso de un tratado internacional. De veras.

Me dirán que otros andamos en las mismas que ellos. Bueno, casi, porque cuando la propia lujuria burocrática es nula —a algunos nunca nos gustó tener jefes—, es posible tomar cierta distancia, mientras que los que están pendientes, no va y sea, tienen que jugársela toda en favor de su candidato. No niego que simpatizo con Sergio Fajardo y Humberto de la Calle, y también que me gustaría que Claudia López rompiera el cerco en el que la encierra su propia impulsividad, actitud que la lleva a convencer todavía más a quienes ya están convencidos, al tiempo que la aleja de los indecisos.

Claro que Fajardo, De la Calle y Claudia López enfrentan peligros. Ella, porque la quieren pintar como la radical que no es, a partir de sus intransigentes métodos de acción. A ellos porque los van a tratar de exasperar a ver si se igualan con sus contrincantes. Por una vez, ser un poco aburrido y hablar de planes concretos podría constituir una ventaja. A todas estas, ¿por dónde piensa entrar Petro a la campaña? Ni idea.

En fin, hay nervios justificados por doquier.

andreshoyos@elmalpensante.com, @andrewholes

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