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Negociación del salario mínimo ¿qué se puede esperar esta vez?

Por Jaime Tenjo G.* (razonpublica.com)

La productividad y el mínimo diferenciado por regiones han estado en el centro del debate, pero la decisión final más bien tendría tintes políticos y estaría atada a la baja proyección del crecimiento económico en el 2018.

La negociación

Como todos los años, diciembre nos trae de nuevo el proceso de negociación para fijar el salario mínimo que regirá en 2018.

Anualmente la Comisión Nacional de Concertación (CNC) reúne a representantes de los empleadores, los trabajadores, el Gobierno y de otros sectores como los pensionados, los desempleados, etc. para concertar el reajuste del salario mínimo.

Fundamentalmente la negociación se da entre los sindicatos y los representantes del sector privado, pero si éstos no logran llegar a un acuerdo es el Gobierno quien fija el salario mínimo. Esto último ha ocurrido con mucha frecuencia en los últimos años.

Bajo este escenario se supondría que el Gobierno debería jugar un papel de acompañante y mediador en las negociaciones entre trabajadores y empleadores. Sin embargo en la práctica el Gobierno es un negociador por dos razones:

  • El aumento en el salario mínimo también afecta la situación de los trabajadores del Estado y con ello las decisiones presupuestales y de gasto que se tomen.
  • El salario mínimo se ha convertido en la base de indexación de muchos precios y tarifas, como por ejemplo las multas de tránsito, tanto en el sector público como en el privado.

Por lo general es el comportamiento de los mercados laborales lo que suele guiar la postura sobre la magnitud de los aumentos salariales. Sin embargo deben tomarse en cuenta muchos otros efectos que no son nada despreciables.

El contexto económico

Mesa de negociación del salario mínimo
Mesa de negociación del salario mínimo
Foto: Ministerio de Trabajo

El contexto en el que se producen las negociaciones no es muy optimista:

La economía se ha desacelerado de manera importante los últimos años. Las predicciones de crecimiento para cierre de 2017 son muy bajas, alrededor de 1,8 por ciento; incluso inferiores.Y aunque para 2018 son un poco mejores, al rondar el 2,5 por ciento siguen siendo niveles bajos que no permiten pensar en mejoras significativas del empleo en el corto plazo.

Por su parte, la inflación está llegando a niveles consistentes con la meta del Banco de la República y puede cerrar el año en 4,1 por ciento. Para el año 2018 se espera que se ubique dentro del rango aceptable (2 a 4 por ciento).

Los empresarios, representados por (ANIF),  hablan de un reajuste salarial de aproximadamente 4,5  por ciento y los sindicatos, en cabeza de la (CGT),  del 9 por ciento.

Con las presiones inflacionarias a la baja y con la tasa de interés de intervención llegando a sus niveles mínimos es posible esperar un incremento de la inversión, si y solo si las tasas de interés del sector financiero se ajustan a esta reducción.

Y por su parte la tasa de desempleo no parece variar significativamente, pero esta relativa estabilidad oculta dos situaciones distintas:

  • El mercado laboral rural parece estar mejorando de manera significativa, posiblemente como resultado de las nuevas condiciones de seguridad que ha traído la dejación de las armas por parte de las FARC y la firma de los acuerdos de paz.
  • Las áreas urbanas, por el contrario, muestran incrementos importantes en el desempleo reflejando los efectos de la desaceleración económica. Sectores como la construcción y el comercio, los cuales usan mucha mano de obra de baja calificación, han comenzado a resentirse por la desaceleración y según cifras recientes del DANE mostraron una caída anual del empleo de 2,5 por ciento y 1,9 por ciento respectivamente.

El efecto de subir el salario mínimo

La teoría económica postula algunos argumentos a favor y en contra de los aumentos del salario mínimo: Los principales pueden resumirse como sigue:

  • Desde el punto de vista de la demanda por trabajo que realizan los empresarios, un aumento salarial incrementa sus costos por lo cual el desempleo tiende a aumentar.
  • Sin embargo los pocos estudios disponibles para el caso de Colombia, ya obsoletos, muestran que cuando el salario aumenta 1 por ciento la demanda por trabajo se reduce en solo en 0,3 por ciento, es decir que el efecto directo de un incremento salarial sobre el empleo es muy pequeño.
  • En estas condiciones aunque el empleo se reduce hay un incremento en el ingreso laboral general, producto del alza en los salarios, permitiendo a los hogares acceder a una mayor cantidad de bienes y servicios Estos efectos secundarios sobre el consumo pueden compensar el efecto negativo inicial sobre el empleo.

Al respecto un importante estudio realizado por David Card y Alan Krueger, ha hecho a muchos economistas repensar su teoría del mercado laboral, pues en este se encontró que podían existir efectos positivos sobre el empleo asociados con aumentos en el salario mínimo en zonas de bajos niveles salariales (los llamados McJobs).

Aunque los argumentos anteriores se pueden complementar con la introducción de teorías que representan mejor la realidad, las cuales conciben el mercado laboral como no competitivo, estratificado, etc. , esto no cambia sustancialmente las conclusiones generales de muchos analistas en las que se afirma que en el corto plazo es la actividad económica la que determina el nivel de empleo.

Entonces, los pequeños cambios salariales tienen muy poco efecto en esta determinación. En el largo plazo lo que determina el nivel de empleo es la relación entre productividad y salarios porque esta afecta de manera directa la escogencia de las tecnologías por parte de los productores.

¿Qué ha sucedido con el salario mínimo real?

La respuesta corta es que, en promedio, desde el año 2000, el salario mínimo real ha aumentado a un ritmo de 1,4 por ciento anual, aun cuando se han presentado altibajos como lo muestra la Gráfica siguiente:

Grafica 1. Evolución del salario mínimo real

Fuente: Cifras DANE. Elaboración propia.

Hasta 2007 el crecimiento de los salarios era continuo y regular. A partir de 2008 ha habido más volatilidad. En efecto, en 2008 y 2015 el salario mínimo real disminuyó, pero en los años siguientes hubo una recuperación. Para 2017 nos encontramos de nuevo muy cerca de la línea de tendencia.

Este comportamiento indica que el mecanismo de ajustar el salario mínimo mediante negociaciones entre las partes ha ocasionado un comportamiento más o menos consistente, garantizando así estabilidad para las decisiones de inversión de largo plazo pues “predecir” la evolución salarial es relativamente fácil.

Por ejemplo, si queremos mantenernos dentro de esta tendencia el aumento del salario mínimo para 2018 debería ser de aproximadamente 5,2 por ciento: 3,8 puntos por la inflación esperada y 1,4 puntos dados por la tendencia de largo plazo del salario real.

Las discusiones

Empleadas y empleados
Empleadas y empleados
Foto: Cámara de Representantes

Por ahora se desconocen las verdaderas posiciones de los negociadores. Como en toda negociación, las posiciones iniciales exageran las pretensiones de las partes.

Por el momento los empresarios, representados por la Asociación Nacional de Instituciones Financieras (ANIF),  hablan de un reajuste salarial de aproximadamente 4,5  por ciento y los sindicatos, en cabeza de la Confederación General del Trabajo (CGT),  del 9 por ciento. Eso marca un rango muy amplio que se acortará a medida que se desarrollen las conversaciones.

Sin embargo -y a diferencia de otro tipo de negociaciones- aquí lo peor que puede pasar es que el Gobierno decida el valor del aumento en caso de que empresarios y trabajadores no lleguen a un acuerdo.

El Gobierno aún no ha puesto sus cartas sobre la mesa, pero sí ha enviado algunos mensajes que indican que tiene una postura relativamente dura en la que se incorpora la información más reciente reportada por el Departamento Nacional de Planeación sobre la caída en la productividad laboral. Esta postura podría indicar que en caso tal que deba fijarse el salario por decreto, el Gobierno no sería muy generoso con los trabajadores.

En esta línea, el Gobierno nacional también ha echado algunos globos para ver si vuelan. Uno de ellos es la propuesta de fijar salarios mínimos diferenciados por regiones y quizás por edades.

El Gobierno aún no ha puesto sus cartas sobre la mesa, pero sí ha enviado algunos mensajes que indican que tiene una postura relativamente dura

Esta propuesta no parece una mala idea si en su desarrollo se tienen en cuenta los costos de vida regionales para de esta forma igualar el poder de compra del salario mínimo en todo el país.

Pero hay que tener en cuenta que, en contravía de esta propuesta, la Corte Suprema, de hecho, acabó con el diferencial rural – urbano que existía hace más de 30 años, acudiendo al argumento, equivocado en mi concepto, de que era discriminatorio contra los trabajadores del campo.

Esta es una propuesta de política laboral que debe discutirse con las partes en la CNC, desde luego, pero que necesita mucho más estudio e información. Si el gobierno está interesado seriamente en llevarla a cabo, podría crear una comisión que incluya a todos los sectores afectados y un número de académicos serios para estudiarla y presentar un informe más adelante.

Por otro lado la propuesta reciente del Banco de la República sobre fijar salarios diferenciados por la productividad regional, no parece viable. No es claro que esta sea una buena propuesta y es necesario estudiarla a profundidad, aun cuando de ante mano puede intuirse que su aplicación podría resultar muy compleja.

Además, los recientes acontecimientos alrededor del paro en Avianca, una empresa con un altísimo control en el mercado nacional, y su declaratoria de ilegalidad pueden introducir algún ruido en las negociaciones del salario, pero, por el momento, no parece que vaya a entorpecer la concertación.

En resumen, no es claro que los efectos económicos de corto plazo de un aumento en el salario mínimo sean muy importantes, si se tiene en cuenta el rango de lo que razonablemente puede suceder. Por tanto la negociación resulta ser más de carácter político que económico.

Examinado los intereses del Gobierno y las fuerzas de cada una de las partes, una predicción de un incremento de 5,2 por ciento o 5,3 por ciento no parecería descabellada.

*Director del Departamento de Economía de la Universidad Jorge Tadeo Lozano

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