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Nadie dice nada

Por William Giraldo Ceballos

"gobernando" desde la calle. Foto bogota.gov.co

El populismo bicicletero del alcalde Enrique Peñalosa tiene monumento: al puente de la carrera 11 con calle 110, por cuya construcción los contribuyentes pagaron $14.500 millones en valorización, le mochó la mitad de la calzada para una improvisada “cicloruta” que se extiende de sur a norte hasta la calle 116. Y nadie ha dicho algo.

Hasta los más humildes trabajadores informales se organizan para defender sus derechos, mientras  los ciudadanos que pagan impuestos, los profesionales con ingresos medios,  los que hacen parte de la llamada clase media, ni se organizan ni tienen quién los represente.

Aunque se diga lo contrario en la Carta Política, la democracia colombiana no es representativa. Los elegidos para representar a los ciudadanos hicieron el negocio electoral y ‘chao pescao’. Lo que sigue para ellos está en la burocracia oficial y en los contratos de obras públicas y políticas “sociales”.

De manera descarada y a través de los medios de comunicación, el presidente del Senado le pide la renuncia al presidente del Fondo Nacional del Ahorro porque ese feudo le pertenece. Y nadie con autoridad dice nada.

El alcalde de Bogotá sale en bicicleta con 10 escoltas y 50 lagartos a armar trancón en las principales vías y nadie dice nada. Él, tan recorrido internacionalmente, sabe que el uso de las calzadas automovilísticas es un riesgo para ciclistas y peatones. Por eso las ciclorutas corren por los andenes o aceras de las principales ciudades del mundo.

Peñalosa y sus antecesores, hasta Petro, se han gastado miles de millones de pesos recortando calzadas para hacer y demarcar ciclorutas. También éste y los otros alcaldes anteriores ampliaron los andenes para ofrecer más espacio público a los vendedores informales en vez de ofrecer empleo formal. Y nadie dice nada.

Vendedores informales en Bogotá Foto correoconfidencial.com

Vendedores informales en Bogotá
Foto correoconfidencial.com

Con el cuento de desestimular el uso del vehículo particular,  embeleco en el que llevan más de treinta años, éste y los otros alcaldes de antes estimularon el caos del tránsito capitalino y crearon otra agencia burocracia a la que llaman Secretaria de Movilidad, para todo lo contrario. Y nadie dice nada.

Con ese mismo cuento, este y los otros alcaldes se gastaron la plata del metro en el sistema Transmilenio que comenzó a fallar con el hundimiento de las placas con las que pavimentaron la vía principal que une al sur con el norte de la ciudad.

Con el embeleco del metro se han ganado las elecciones por lo menos 10 alcaldes de Bogotá. Ninguno ha pasado de contratar estudios para el mismo cuento del metro. y Nadie dice nada.

Imagen civico.facebook.com

Imagen civico.facebook.com

“Desestimular el uso del carro particular”, pero los alcaldes se regocijan cobrando impuestos de rodamiento, de semaforización, de sobretasa a la gasolina.

El recaudo oficial por comparendos y “pico y placa” es otro recaudo paralelo del que nadie rinde cuentas. Y nadie dice nada.

El ciudadano que cumple sus obligaciones tributarias adquiere derechos por los que ha pagado. Y ¿ dónde están las obligaciones del alcalde, del gobierno?

Y en esta columna no hubo algo nuevo.

 

 

 

 

 

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