Al instante

Nacidos el 8 de junio: Montebello, mi pueblo natal

Por Oscar Domínguez Giraldo

Calle de Montebello, Antioquia. Foto static.flickr.com

La neblina se vuelve paisaje

ANA-SOFÍA-Y-VARIAS-023-300x225

Primero fue la neblina y después Montebello fundado un día como hoy, 8 de junio, de 1876. Para Wikipedia, Montebello “es un municipio de Colombia, localizado en la subregión Suroeste del departamento de Antioquia”. Para la misma encopetada enciclopedia,” la neblina “es un fenómeno meteorológico, concretamente un hidrometeoro, que consiste en la suspensión de muy pequeñas gotas de agua en la atmósfera”.

Allá Wikipedia con sus definiciones. Gracias por poner a nuestro pueblo a tutearse con la aldea global. Lo que ignora la “Wiki” es que la neblina y Montebello son siameses.

En el caso de la neblina (=nostalgia vestida de blanco), sus habitantes decidieron convertirla en atracción turística. La encontramos hasta en la sopa. Y en la letra del himno: ”El sol desde el oriente te envía sus destellos, rasgando de la niebla, el nimbo aterrador”.

Podrían cobrar entrada al municipio para que cristianos y ateos de todos los pelambres, mejoren su prontuario con su niebla, pariente rica de la neblina.

También deberían pagar por disfrutar del fenómeno, parroquianos de otras regiones como Abejorral, El Retiro, Santa Bárbara, Támesis o La Ceja, desde donde se ve clarita. Pero no, el paisaje se da gratuitamente, como las mujeres que aman de verdad. (Creo que estoy piratiando a María Félix).

En Montebello “el paisaje se pinta a sí mismo”. Con neblina, su traje de novia, el pueblo siempre es distinto. Odia repetirse. Parece pintado por Dios cuando se le sale el Van Gogh lo habita.

Sin exagerar, o exagerando -qué diablos-, enneblinado Montebello parece un cuadro del maestro Gonzalo Ariza, el bogotano que inmortalizó en su obra ese fenómeno meteorológico. Para darse cuenta de la belleza del paisaje colombiano, tuvo que viajar al Japón. A su regreso, empezó a “ver” la riqueza paisajística que tenemos.

Lo mismo que a Ariza, nos ha pasado a muchos montebellenses. De la neblina pocón nos acordamos. Pero ahí está, como su huella digital. No pocos desertamos pronto del terruño. En mi caso, corrí con la suerte de que la ropa de Montebello me sirvió después para mi periplo de 45 años en la ex fría Bogotá.

Por eso, una buena vez me reuní conmigo mismo, hice quórum y decidí hermanar el pueblo que me vio “berriar” por primera vez, con la metrópoli bogotana donde me gané el pan con el sudor de mis dedos de reportero.

Montebello, la iglesia y la plaza Foto bimenez.files.wordpress.com

Montebello, la iglesia y la plaza
Foto bimenez.files.wordpress.com

Imaginemos a los montebellenses echando paja, arreglando el mundo en la plaza, al lado de la hermosa Iglesia creada de una costilla de la neblina por el mismo arquitecto belga (Agustín Goovaerts) que levantó el Palacio de Calibío, antigua sede de la Gobernación de Antioquia.

Pues bien, de un momento a otro los lugareños ven que el entorno se va vistiendo de blanco y es ahí, cuando la gente no se ve, se sospecha. Entonces se tiene la extraña sensación de vivir fugazmente dentro de una nube pasajera.

Tal vez por todos estos motivos, un dúo de quijotescos emprendedores decidió editar el periódico “Neblinas… de mi pueblo” para el cual garrapateo estas líneas. Puede que no se llenen de oro, pero se llenarán la boca narrando pasado, presente y futuro del antiguo caserío de Montebravo, que cumplió sus primeros cien años como municipio.

“Nubes del Rodeo” se llama el experimento televisivo del pueblo. Las compras las hacen los montebellenses en “Neblinas papelería” y “Neblinas” se llamó también un fugaz boletín que finalmente no pelechó, como sí pelechan afrodisíacos aguacates, los mejores que produce la tierra firme colombiana.
La neblina demuestra la existencia de Montebello. Entre los dos se da un caso permanente de amor a primera vista. Larga vida para la “pareja”.

Ir a la barra de herramientas