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Momentos de arrebato

Por Carlos Alberto Ospina M.

Imagen cdn2.salud180.com

 ¡A veces da ganas de mandar todo al carajo! La familia, el empleo, el pocillo viejo, el calzoncillo, la bandera raída, el prejuicio, el poema y las cicatrices del pasado. Consiste en una bipolaridad temporal o permanente, desde el punto de vista simbólico, y un sano mecanismo de salvaguardia frente a la rutina y el desinterés cotidiano. La autenticidad y el derecho soberano a decidir sobre la propia vida, no tiene fecha de caducidad, ni se circunscribe a un estado anímico impulsivo. Tal vez, sí, es el resultado de la acumulación de insatisfacciones, de gritos mudos o de largas ausencias de reflexión interior.

 

El desmayo es diferente al símil de las manos desplomadas por la impotencia. Quizás, es el deseo de vivir otras instancias vedadas, el sano morbo escondido y el recelo que cada individuo oculta, pero ansía experimentar, sin la atenuación que produce el temor a lo desconocido. Callar es una opción sin compromiso, una incontaminada posición. Mirar por la ventana las miserias humanas, mientras que al interior de la habitación suceden secretos inconfesables y truncadas historias de desdén.

 

El carácter insufrible de la soledad, ya sea por elección o porque el entorno no complementa la filosofía de vida, imprime fortaleza o debilidad; a lo mejor, es la enajenación original de los sentidos o una señal del espíritu irreverente. De cualquier forma, se constituye en una combinación entre el orden natural y una experiencia particular. A veces, aflige reconocer que estorban ciertas cosas y sobran otras en el ánimo, incluyendo personas e ideas que contaminan la “anhelada paz interior”. Es preferible correr el riesgo de caer en la anarquía de los sentimientos, la desvergüenza, la pasión y la ambigüedad de los actos, que una existencia insípida que, nada, la perturba, reduciendo el cuerpo a un estado etéreo de idealismo. Los movimientos trémulos hormonales, las sacudidas intelectuales, el cortocircuito neuronal, el desequilibrio químico y el vibrato sostenido del corazón, ondulan en cada etapa del individuo.

 

Jardón, Magalí, de la Universidad de Buenos Aires, Argentina, citando a Descartes admite que “la vergüenza es una especie de tristeza fundada en nosotros mismos y nace de pensar o temer que han de censurarnos; es además una especie de modestia o de humildad y desconfianza de nosotros mismos: “pues cuando nos estimamos tanto que no podemos imaginar que nadie nos desprecie, difícilmente podamos sentirnos avergonzados.” Es por esto por lo que Descartes sugiere ¡Cero fachadas! Hoy es esencia, mañana incoherencia. ¿Eso posee algún hálito de nocivo? Una cosa es la egolatría y la arbitrariedad dañina; y otra muy diferente, la aceptación de Quién y Cómo soy. A reglón seguido aparecerá el sicorígido, dándose golpes de pecho, debido a la ausencia intencional del Para Qué, no siendo el objeto de análisis, de este arrebato intelectual.

 

“Su porte escondía la congoja de una constitución tan fuerte como inútil, la melancolía de un deseo que no sabía encontrar ni expresión ni salida para su insatisfacción” (Diccionario de Oxford). Aburrimiento es distinto a depresión, la “malparidez” no representa un estadio potencialmente suicida, bajo de nota tampoco significa carencia de ambición y “hoy no te deseo” es indefectiblemente lealtad. En las entrañas de la industria farmacéutica se hallan los verdaderos “amores y pasiones” tóxicas. A la industria le interesa aumentar los consumos de medicamentos, teniendo en cuenta que las ventas anuales en Colombia sobrepasan los 10 billones de pesos, según reportes de Emis, Euromoney Institutional Investor. Es decir, un promedio per cápita de 90 dólares. En razón a ese lucrativo negocio, cualquier tegua formula píldoras para “sanar las heridas”, siendo un asunto de mero perdón o de gratificación personal.

 

La negación y la prohibición son congénitas a los paradigmas de diferentes culturas. Así las cosas, el No, es el de la norma. ¡Qué desgracia!, con esa manipulación retórica establecieron los procedimientos funcionales y los criterios de comportamiento de infinidad de personas. Ablación sexual, apego emocional, dependencia ideológica, sumisión económica, inquisición moral, yugo afectivo y habitual subordinación. Estos verbos lograron extirpar el sustantivo Ser y algunos se abrogaron el derecho de interpretar, a su amaño, la palabra libertad. Así las cosas, versiones llegadas de todas partes construyeron la victimización de la “ideología” de género, y el supuesto respeto, a la diferencia de identidad. De boca para afuera se acepta, pero los dientes rechinan, cuando de igualdad se trata.

La paridad heterosexual tampoco ha sido equilibrada. Cuando la mujer entra en rebelión contra la monotonía y decide sobre los placeres de su cuerpo e intelecto, ¡oh!, es la premenopausia libertina. El hombre que practica el sexo casual, es un “perro” sin remedio y un temeroso a adquirir cualquier tipo de compromiso. Sí, por el contrario, ella prefiere los encuentros impensados, es una femenina con baja autoestima y una promiscua solapada. Con esa visión farisea no queda títere con cabeza y nadie se salva de las afiladas cuchillas de la guillotina seudo moral y la discriminación. En el espectro íntimo de los deseos, no se pueden inmiscuir, ni la madre, ni la de los otros. Para la voz del alma, nada está prohibido, aunque el cuerpo siga sin dar un susto al miedo. Si el cerebro, todo lo puede, ¿quién se atreve a impedir la libre determinación, el amor propio y la identidad de otro ser humano?

 

Cada individuo porta un insurrecto dentro de él. Destino y decisión de vida, sólo coinciden en la consonante inicial. ¡Dejemos la bobada! Hay momentos de repentina conmoción que, ninguna palabra o precepto, puede contener esa lucha interior.

 

 

Nota pie de página – Enfoque crítico. Dice el refrán: “Sin promesas, sin reproches”. No hay imperfección más legítima, que Ser Tú.

 

 

 

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