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Millonarios, un campeón a punta de corazón

Por Camilo Amaya, Diario El Espectador, Bogotá

Millonarios celebró anoche su estrella 15. Foto 90minutos.com

El conjunto azul empató 2-2 con Santa Fe, en el juego de vuelta, y se consagró campeón del fútbol colombiano luego de cinco años.

Los malos tiempos parecen haber acabado. Ya no fue necesario esperar 24 años, ahora bastaron sólo cinco, que aún así fueron una eternidad. Millonarios campeón, Millonarios el mejor del fútbol colombiano, Millonarios y la estrella 15 de su historia. Miguel Ángel Russo y su teoría de que a veces es más productivo tener soldados aplicados que generales, que no siempre gana el superior, sino el que tiene las ansias y trabaja para ser el mejor. Era ayer o podría no haber sido nunca. El cabezazo seco de Andrés Felipe Cadavid, el zapatazo de Henry Rojas, de primera como si no hubiera un mañana, la celebración del DT argentino, el abrazo comunal que se fundió en uno solo. Sin más amparo que el propio valor, el cuadro azul silenció a un estadio El Campín a reventar, a tribunas rojas en pleno alborozo con el tanto de penal de Wilson Morelo, después con su magistral definición, para lo que era mandar todo a los penales.

Asombro y letargo, impaciencia y desesperación. De seguro si se hubiera repetido este duelo en 10 ocasiones, Santa Fe sería el triunfador en nueve. Pero esta vez le tocó a su máximo rival, en la primera final bogotana, a un equipo criticado, cuestionado por muchos, querido por pocos. Claro, ahora por muchos más. “Nunca había vivido una final así”, dijo el estratega argentino, el hombre campeón de la Copa Libertadores con Boca Juniors (2007). Algo tendrá de especial que el sufrimiento sea didáctico, porque así se disfruta más la victoria, cuando nadie espera nada de uno.

Fracasando y volviendo a intentar, Russo logró lo impensado, fue de a poco, dejando rivales, sumando fechas de invicto (Millonarios terminó el semestre con 14 jornadas sin conocer la derrota) y quedándose con un nuevo título. Los abrazos entre los jugadores fueron similares a los que se repitieron por toda la capital, todos queriendo ser ese momento, todos viviendo un instante como si fuera el último. Russo llorando, los futbolistas llorando, los hinchas igual.

Jugando a veces mal, pero ganando mucho, el embajador consiguió el objetivo, y su entrenador, en medio de una alegría fulminante, apareció con conclusiones racionales. “Siempre hay un antes y un después en las finales. Son series que te marcan la vida y para eso vinimos. Santa Fe nos hizo ver mal, pero supimos revertir la situación”.

Este Millonarios demostró que todo lo que se propone lo consigue, que todo lo que quiere lo logra, que la palabra imposible depende de quién la pronuncie. “Este escudo merecía limpiarse de cosas del pasado”, dijo el portero Nicolás Vikonis, que en la fase final del torneo fue uno de los más destacados. Vale delirar un poquito, vale emocionarse mucho, vale gritar durante varios días que Millos es campeón.

El fútbol enseña, algunas veces, que la perfección es un aburrido privilegio de unos pocos y que gracias a esos descarados que se salen del libreto, como Matías de los Santos en el primer partido, y Cadavid y Rojas en este último, se puede dejar a alguien mudo para siempre. Sí, es exagerado decir lo anterior, pero olvidar esto tomará tiempo para ambos lados. Viene el duelo para unos, los festejos para otros.

“Fue el gol más representativo de mi carrera. Un gol que pone feliz a mucha gente, a la hinchada más grande del país”, dijo Rojas, con una voz trémula a pesar de la emoción, calmado y pausado como en la cancha, rememorando lo que fue el golazo que muchos recordarán por años.

“Varios jugadores habían jugado finales, pocos celebraron. Hemos aprendido y bienvenidos al grupo de los campeones. Siempre hay una primera vez en la vida. Lo disfruto porque costó mucho, como si nunca hubiera ganado nada, porque es la primera vez que lo disfruto en familia”, dijo Russo, con la voz entrecortada, con las emociones dificultando el habla, con su familia a un lado en la rueda de prensa. Pero hay que hacer un espacio para Santa Fe, para reconocer el trabajo del equipo albirojo, su talento, la organización y la vehemencia con la que atacó hasta buscar el resultado que necesitaba. Un resoplido fue la forma de llorar de muchos, pues cada quien acepta y vive la derrota a su manera. “Es difícil hacer un análisis cuando se pierde un campeonato. Primero felicito al rival, porque logró su cometido. Asumo la responsabilidad de esto, pero no me pidan que analice algo”, las palabras de Gregorio Pérez, el estratega santafereño, un hombre atípico en el fútbol, que acepta la derrota con elegancia.

El miedo y la angustia, que mutaron en esperanza, se juntaron para ser ahora un júbilo. Este año, 2017, servirá como ejemplo de futuras generaciones para entender que siendo serenos y dispuestos a la lucha, un equipo les ganó a los mejores, derrotó a los favoritos. A un Santa Fe aplicado, de gran campaña, que simplemente no contó con la suerte destinada para otro. Y sí, después de cinco años, no de 24, Millonarios es de nuevo el campeón y frente a Independiente Santa Fe, algo que le da una sensación especial a una fanaticada que de a poco se acostumbra a triunfar en intervalos más cortos, a poder hacer de la palabra campeón algo habitual de su vocabulario.

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