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MICRO Y MACROLINGOTES

Por Oscar Alarcón Nuñez, Diario El Espectador, Bogotá

MICROLINGOTES

En la JEP, el general Monto…¡ya!

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Que destituyan a los gobernadores y alcaldes corruptos… y se unifican los períodos.

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Y dizque habían escogido al contralor de Bogotá entre lo más Granado.

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¿Será que el presidente del Senado no se cree Macías sino Mesías?

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La hija de Fugimori ¿Lima asperezas con su hermano?

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Roberto Burgos, me esperas en otro Planeta.

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ADIÓS ROBERTO

MACROLINGOTES

 

 

Roberto Burgos Cantor (Q.E.P.D.)Foto El Espectador

Nunca me imaginé que dos meses después de haber celebrado en este espacio el premio a la novela de Roberto Burgos Cantor, Ver lo que veo, premiada por el Ministerio de Cultura como la mejor del año, tocara volverme a referir al autor para decirle adiós. De manera abrupta se fue de este mundo cuando ni siquiera lo pensaba porque hace solo unos días, en su adorada Cartagena de Indias, se encerró, frente al mar, con el solo sentir de las olas y del piano de Chopin (oyendo el primer concierto, el de su predilección), auscultando las palabras para seguir adelante en su nueva novela. Así era Roberto, buscando el rato para escribir, robándole momentos a los oficios con que se come para satisfacer al bello oficio con que se vive. Sí, aprovechó la semana de receso que la daba la universidad a la que estaba vinculado para aislarse, lejos, sin teléfonos, sin celular (que nunca tuvo y jamás usó) para darle espacio a la elaboración de esa prosa con que nos deleitaba. Regresó a Bogotá y al día siguiente el corazón le hizo una mala pasada, no una mala parada, y se lo llevó para siempre. ¿En qué quedaría su nueva novela? Por lo menos nos dejó un nuevo libro de cuentos, terminado y corregido que quedó en prensa y que veremos en editorial Planeta. Por eso le digo que nos veremos en otro Planeta.

En sus prematuras memorias, Señas particulares,que ante su partida he releído por estos días, recuerda el poema de Julio Flórez, en donde dice: “todo nos llega tarde, hasta la muerte”. Pero, me he preguntado ¿por qué a él le llegó tan pronto? Y ¿por qué a él se le dio por memorizar sus primeros años tan pronto cuándo concluía el siglo XX, y estaba apenas por los cincuenta? ¿Sabía que la muerte no lo iba alcanzar tarde, como lo decía Flórez? Secretos que se llevó y no compartió ni siquiera con Dorita, su mujer, ni con sus hijos Alejandro y Pablo.

Ahora Roberto debe estar allá, lejos, con el Patriarca (como le decía a Gabo) y con Yiyo García Márquez, hablando de literatura y buscando en pergaminos las claves de Melquíades.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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