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Micro y Macrolingotes

Por Oscar Alarcón Nuñez, Revista Semana

Rafael Nuñez, poeta y presidente de Colombia. Imagen clarindebogota.com

MICROLINGOTES

En la Secretaría General de la Presidencia no dan mermelada, invitan a Sena.

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Hitler fue a Boyacá a buscar a Muzo… lini.

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Y a perseguir judíos, como Bach… ué.

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Ahora el magistrado si se Malo… gró..

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Lo de Global Education ¿hace parte de la globalización?

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Cosas del idioma: cuando hay aguacero, no hay agua cero

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MACROLINGOTES

130 años del himno nacional

 

Sin pena, ni con gloria inmarcesible ni con júbilo inmoral, se recordaron los 130 años de la primera interpretación de nuestro himno nacional celebrada en Bogotá. Había en la capital un señor que respondía al nombre de José Domingo Torres, modesto empleado público pero nuñista hasta los tuétanos, quien deseaba darle una sorpresa al presidente Núñez y a su esposa doña Soledad, para celebrar el aniversario de la independencia de Cartagena. Habló con Oreste Sindici, compositor italiano y profesor de canto en las escuelas públicas de la capital, para que le “pusiera música a los versos del doctor Núñez”. El extranjero estaba renuente a cumplir la misión y solo atendió el cometido por insistencia de su esposa Justina. Vivian en una casa situada en la carrera 15 entre calles 14 y 15.

El 11 de noviembre de 1817 hubo una gran programación en Bogotá que comprendió Te Deum en la iglesia metropolitana, salvas y retretas en la plaza de Bolívar, banquete en el Palacio Presidencial y a las ocho y media de la noche, como una sorpresa a la pareja presidencial ofrecida por José Domingo Torres en el teatro Variedades, la interpretación del himno patriótico alusivo a la independencia Cartagena, con letra del presidente Núñez y música de Oreste Sindici.

Como trascendió al público el éxito y la aceptación del himno interpretado el 11 de noviembre, quiso el ministro de Gobierno, Felipe F. Paúl, que se ejecutara oficialmente por la orquesta, el coro y la dirección de Sindici, en el llamado salón de Grados, esquina de la calle 10 frente al Palacio de San Carlos, ante autoridades civiles, eclesiásticas, militares y el cuerpo diplomático. Después se adoptaría como himno nacional y sería considerado (versión que dudo) como el segundo más bello del mundo, después de La Marsellesa.

En su novela El libro de la envidia, Ricardo Silva Romero, sostiene (página 68) que la música de nuestro himno nacional la sacó Sindici de una ópera menor de Donizetti llamada Belisario.  

Ahora, cada vez que entonemos el himno nacional, nos acordaremos de Núñez y de Belisario.

 

 

 

 

 

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