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MI CAFE: Lástima de paz

Por William Giraldo Ceballos

Ciudadano y campesino Foto El Tiempo

La paz se convirtió en el argumento electoral de populistas y demagogos que desde la izquierda y  desde la derecha aspiran a legislar y gobernar a Colombia después de más de un millón de muertos, 200 mil mutilados, siete millones de campesinos desplazados y no se sabe al fin cuántos miles de desaparecidos.

Mientras los ex-combatientes de las fuerzas militares y de la guerrilla suspiraron aliviados por la llegada de mejores tiempos para sus vidas y sus familias, los políticos decidieron incendiar las banderas de la concordia izadas en Cartagena y en Bogotá.

Los discursos demagógicos de quienes proclaman desde la derecha venganza “justiciera” sobre la dirigencia subversiva de ayer, no pretenden otra cosa que volver a incendiar el país. Son agitadores de corbata  y carro blindado.

No logran diferenciar las condiciones de vida entre los centros urbanos y la periferia rural. No han dicho nada de las regiones que permanecen desconectadas  de la economía de una Colombia que las excluye del progreso, de la infraestructura, de la educación y de la salud.

Los niños y la paz
Foto Universidad de Los Andes

El populismo de la izquierda,  quiere hacerle creer a las víctimas y a los más pobres, que ahora si podrán tener todo lo que les falta. Todo lo que han anhelado durante y después del conflicto armado.

No dan fórmulas económicas y no muestran diseños de políticas de gobierno para atender y dar empleo a más del 30 por ciento de los colombianos que viven en la pobreza y al diez por ciento que vive en la pobreza extrema.

Algunos miembros de la aristocracia  militar que ganaron batallas  desde sus escritorios pero no lograron ganar la guerra, animan los discursos demagógicos  de los cuales se burlaron antes, por no ser públicamente “deliberantes”, y  porque su compromiso era con  el Estado y no con la política, ni con sus dirigentes.

Y, en medio de todo la gente colombiana, la población civil de todas las capas sociales, confundida, exacerbada por no saber cuál camino tomar: ¿votar o no votar?  ¿Por quién? ¿Vale la pena?

La paz, no perfeccionada aún, ha reducido los homicidios, los muertos en combates entre campesinos de lado y lado. Ya no llegan mutilados a los hospitales municipales ni departamentales. El Hospital Militar Central de Bogotá es ahora centro de consulta y atención médica de militares y familiares.

Este domingo electoral y los otros domingos que vendrán para la consolidación de un nuevo congreso y un nuevo gobierno, tienen para la ciudadanía el desafío de decirle no al clientelismo de los votos comprados que alimentan la corrupción. Los amigos del fraude y del voto comprado son los mismos que saquean los presupuestos de las obras públicas y los fondos destinados a las políticas  sociales  para la educación, la salud  y la alimentación de los niños, del futuro del país.

A muchos no les gusta la paz y  quieren ganar en las urnas una batalla política a costa de la democracia. Hay que votar por quienes defienden la paz. Contra los que se alimentaron con el conflicto armado.

La paz  no pone condiciones

 

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3 comentarios en MI CAFE: Lástima de paz

  1. Orlando Lopez // 03/10/2018 en 3:59 pm //

    He cometido errores garrafales en la vida pero no como este. En un arranque de felicidad al creer que William Calderón había regresado al redil de la objetividad lo confundí con un señor del periodismo que también se llama William pero que honra la profesión al máximo. Don William Giraldo quien desarrolla una maravillosa labor en bien del país junto con el Maestro Orlando Cadavid. Eso fue tan absurdo como confundir un pigmeo con un titan. Y que me perdone el pigmeo si lo ofendí por hacer comparaciones odiosas. Así que Maestro William Giraldo, con toda humildad le ruego me perdone. Esos son los gajes de un Alzhéimer incipiente de un octogenario.

  2. Orlando Lopez // 03/09/2018 en 4:03 pm //

    Cuanta satisfacción produce don William con este artículo que resume la realidad colombiana con absoluta claridad y perfección. Primera vez que analiza con cabeza fría, sin servir de apoyo a algún político que actúa como el lo define hoy. Con absoluta independencia, como lo ha hecho toda la vida su compañero en las lides periodísticas el maestro Orlando Cadavid Correa. Bienvenido este nuevo William Giraldo al ejercicio renovado de una de las profesiones más peligrosas de Colombia: el periodismo que practica esa vieja premisa de la comunicación que recomienda decir lo que se va a decir, decirlo y al final decir lo que se dijo. Con absoluta independencia, por supuesto. sin obedecer a intereses creados ni a filosofías torcidas.

    • DDon Orlando, no hay de qué preocuparse. No hubo confusión con el apellido de este servidor. Sus comentarios favorables y también sus críticas con la experiencia y la sapiencia de un hombre honesto, siempre serán bienvenidas. Con el coequipero, don Orlando Cadavid, tratamos de hacer bien las cosas en la medida de nuestras posibilidades. Un abrazo,

      William Giraldo

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