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MI CAFÉ: Bogotá no tiene quien la gobierne

Por William Giraldo Ceballos

La ineptitud del revolucionario Gustavo Petro en el ejercicio de los poderes con los cuales está investido para administrar la capital de la República, demuestra que el “voto de opinión” que ha caracterizado a los electores bogotanos debe enderezarse hacia la búsqueda de una persona capaz de ejercer el segundo cargo público de importancia en el país.

Va a terminar el periodo constitucional para el cual fue elegido, pasando con maromas jurídicas por encima de sus detractores que bien o mal intencionados, vieron  venir la hecatombe que hoy sufre la ciudad.

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La duplicidad de funciones entre la policía de tránsito y las autoridades encargadas por él para garantizar la movilidad se convirtió en un juego de palabras para dar permanentemente palos de ciego.

Este miércoles 22 de abril  -gracias a su genialidad secundada por la Secretaría de Movilidad- no habrá carros ni motos. Escuelas y colegios estarán paralizados por los maestros, todas las actividades económicas y de producción de la ciudad estarán a media marcha y el comercio acumulará nuevas y millonarias pérdidas.

Se reducirá también el recaudo de la sobrepasa a la gasolina por las ventas de más de un millón y medio de galones de combustible de cuyas cuentas nadie sabe.

“Los colados” , la inseguridad y el acoso sexual en Transmilenio no son más que el show morboso montado por los canales privados de televisión que no ven las orquestas y la procesión de  vendedores ambulantes que viajan en el interior de los articulados para atormentar aún más a los usuarios del atestado e insuficiente servicio.

Los  colados y los motociclistas se convirtieron en un problema de salud para la ciudad. Y el alcalde Petro no ha sido capaz de afrontarlo.

Decenas de motociclistas mueren semanalmente en la ciudad por impericia y violación de las normas de tránsito. Colados muertos por no pagar un pasaje.

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Cuchillos en mano, los delincuentes, los  “colados” y  los vendedores ambulantes   se convirtieron en los agresores de los bachilleres que actúan como auxiliares de policía en su ingrata tarea de corregir la mala conducta de los “bogotanos” venidos de todas partes del país.

De todo eso está informado por sus subalternos el “revolucionario” alcalde Petro.

También debe estar informado sobre la inoperancia de la policía de tránsito, a menos que los generales que dirigen la Policía Nacional hayan decidido pasarse por la faja el mando que sobre esa institución debe ejercer el alcalde Petro.

Los policías de tránsito solo aparecen en las congestionadas  calles bogotanas durante los horarios en que opera diariamente el “pico y placa”.

La autoridad que pretenden ejercer los funcionarios de la Secretaría de Movilidad no es acatada por conductores de  vehículos y mucho menos por los peatones.

Ante el caos generado por la ineptitud del alcalde Petro y la inoperancia de la policía, bien podría ordenar el presidente de la república que la vigilancia de la ciudad sea militarizada.

 

 

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