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Medellín: ¿por qué este año se ha recrudecido la violencia?

Por Fernando Quijano * (razonpublica.com)

Los homicidios están aumentando de manera pronunciada en casi toda la ciudad. Y aunque ya haya muchos capturados, las autoridades y los medios siguen sin querer ver o decir quiénes son los verdaderos responsables.

La violencia se toma la ciudad

Según la Secretaría de Seguridad, entre enero y julio del año pasado se registró un total de 268 homicidios, mientras que para la misma fecha de este año se han reportado 347. Las cifras no mienten: algo grave está pasando en la capital antioqueña.

Las cifras no mienten, pero sí ocultan: en este caso no tienen en cuenta la desaparición forzosa que, según datos no oficiales, va en aumento. Según la lógica macabra de las agencias oficiales, “si no hay cadáver, no hay muerto”, y por eso los desaparecidos no merecen ser contados.

Como si fuera poco, los niveles de delincuencia general se han disparado y hay rumores de que, en numerosas ocasiones, la policía es cómplice de los delincuentes.

La situación es particularmente crítica en siete zonas de la ciudad:

  • Candelaria, comuna 10, donde van 60 homicidios mientras que en la misma época de 2017 se registraban 42.
  • San Javier, comuna 13, con 46 asesinatos frente a los 23 que se contaban el año pasado.
  • Robledo, comuna 7, con 37 homicidios frente a los 31 del 2017.
  • Altavista, corregimiento 70, con 26 asesinatos frente a los 9 que para la misma   época se habían registrado el año pasado.
  • Belén, comuna 16, donde van 21 homicidios, el mismo número que se registraba en 2017.
  • Aranjuez, comuna 4, van 23 mientras que se contaban 21 en la misma época de 2017.
  • América, comuna 12, es la única zona donde los homicidios han disminuido, con un total de 19 frente a los 21 en la misma época de 2017.

Una disputa territorial

Alcalde de Medellín Federico Gutiérrez sobre la seguridad
Alcalde de Medellín Federico Gutiérrez sobre la seguridad
Foto: Alcaldía de Medellín

Me centraré en la zona occidental de la ciudad porque la confrontación es más aguda en esta parte de la ciudad.

Esta zona se divide en tres sub-zonas: la noroccidental, la centro-occidental y la suroccidental. La primera está conformada por tres comunas: la 5 (Castilla), la 6 (Doce de octubre) y la 7 (Robledo); la segunda por otras tres comunas: la 11 (Laureles), la 12 (la América) y la 13 (San Javier); y la tercera por dos comunas y un corregimiento: las comunas 15 (Guayabal) y 16 (Belén) y el corregimiento Altavista.

Julio del año pasado se registró un total de 268 homicidios, mientras que para la misma fecha de este año se han reportado 347.

El aumento de la violencia en esta zona no es del todo sorpresivo, porque se trata de un área territorial en disputa: además de contar con el acceso más fácil a Urabá, posee el túnel de Occidente, la construcción del túnel de Toyo y varios poliductos, lo cual hace de ella una zona idónea para el contrabando y el tráfico de armas y drogas.

Los responsables

Evidentemente, el elevado número de asesinatos no responde al aumento de la delincuencia común que se concentra en ciertas esquinas o plazas, sino al intento de establecer un poder hegemónico sobre todo el territorio. La pregunta es: ¿quiénes están disputándose el poder? O, en otras palabras, ¿quiénes son los responsables del auge de la violencia que padece Medellín?

Según la Fuerza Pública, los responsables son bandidos como alias Sombra, Juancito, Pocho y Samir. Pero esta respuesta ignora que algunos de ellos están capturados y, sin embargo, la ola de violencia se recrudece día por día.

La policía sencillamente no puede o no quiere ver que los capturados hacen parte de organizaciones criminales complejas: ellos son simples peones que siguen órdenes de sus patrones. Por eso el capturarlos no será suficiente para dar fin a los actos violentos.

San Javier, la comuna 13, es la más nombrada por los medios de comunicación. Ella es el epicentro de la violencia urbana en la actualidad y ha sido el escenario de diversos enfrentamientos en la historia reciente de la ciudad. Baste con recordar la Operación Mariscal y el Proyecto Orión que tuvieron lugar en 2002, la guerra de ‘la Oficina’ en 2007, la guerra entre ‘la Oficina’ y ‘los Urabeños’ en 2012 y la confrontación que comenzó en marzo del año en curso y continúa hasta la fecha por la retoma militar de ‘los Pesebreros’.

Los episodios anteriores revelan a los verdaderos responsables de la ola de violencia que ataca a Medellín: sectores de ‘la Oficina’ y ‘los Pesebreros’ son los patrones de los mandos medios capturados por las autoridades.

La Oficina de Envigado es la organización con mayor poderío en Medellín. Fundamentalmente se divide en dos líneas: la primera, manejada por una Dirección Colegiada, después de la captura de alias Tom, controla el 80 por ciento de sus operaciones y de la segunda, participan alias Carlos Pesebre y La Terraza, quienes manejan el 20 por ciento restante. Entonces, ‘los Pesebreros’ constituyen la rama minoritaria de ‘la Oficina’.

Por su parte, las Autodefensas Gaitanistas de Colombia –AGC, antes conocidos como Clan Úsuga y Bloque Héroes de Castaño– son la estructura paramilitar-mafiosa más grande, peligrosa y mejor estructurada del país. Según varios reportes de inteligencia, pertenecen a las hoy denominadas Grupos Armados Organizados (GAO) y encabezan la lista de las “bacrim” gracias a sus más de 7.000 hombres.

En todo caso el alcalde Federico acertó al mostrar qué pasa en este sector de la ciudad. Argumentó que desde la cárcel se están dando órdenes, señaló a alias Douglas y alias Carlos Pesebre, quienes se habrían aliado para recuperar el control territorial a nivel militar, incluso nombró al recién capturado Juan Carlos Mesa Vallejo, conocido como Tom o Carlos Chata, quien fuera jefe de la línea mayoritaria de la Oficina del Valle de Aburrá antes de su captura, como uno de los generadores de la violencia en San Javier.

Así, las capturas no sólo no apaciguan la violencia, sino que no afectan a las organizaciones criminales responsables por el aumento de la criminalidad.

Cómplices secretos

Armas.
Armas.
Foto: Alcaldía de Pereira

Como si fuera poco, existen rumores de que ciertos sectores de las autoridades y la Fuerza Pública son cómplices de las organizaciones criminales. Se dice que miembros de la inteligencia mienten para proteger a los grandes patrones.

A este respecto valdría recordar el episodio donde alias el Indio, uno de los cabecillas de ‘los Urabeños’, fue eliminado del organigrama de Don Mario en una reunión presidida por el entonces presidente Álvaro Uribe. Este caso nos deja dos lecciones.

  • La primera: cuando se trata de los verdaderos cabecillas del crimen, a los comandantes de policía y a las autoridades les llega información cargada de verdades a medias o mentiras completas.
  • La segunda: para combatir a los verdaderos responsables de la violencia en Colombia, habrá que investigar a figuras importantes de la vida nacional.

Esperemos que las AGC den el paso al Proceso de Sometimiento a la Justicia, tal como lo mencionó Monseñor Darío Monsalve e insinuó el senador Iván Cepeda Castro, ojalá ninguno de sus miembros en lo urbano este apoyando la confrontación armada.

La policía sencillamente no puede o no quiere ver que los capturados hacen parte de organizaciones criminales complejas: ellos son simples peones que siguen órdenes de sus patrones.

La página oficial de las AGC despierta todavía más dudas sobre su rendición, pues asegura que: “son completamente falsos los rumores de prensa que señalan una inminente entrega del Comandante Otoniel y sus hombres” y “al día de hoy (sic) nuestra unidad de mando se mantiene firme, sin ninguna fisura ni disidencia”.

¿Qué hacer?

Evidentemente, la ola de violencia en Medellín no mermará capturando a los peones de las grandes organizaciones criminales, ni cambiándolos de cárcel como ordenaron las autoridades recientemente.

Tampoco funciona que el alcalde de la ciudad salga a celebrar con bombos y platillos las capturas de delincuentes, diciendo que “los vamos atendiendo uno a uno”, cuando la comunidad, a pesar de la militarización y la intensa presencia policial, sigue viviendo homicidios a diario.

Para reducir los altos índices de criminalidad será necesario ofrecer incentivos tentadores a los miembros de las organizaciones criminales para que colaboren con la justicia, identificar a sus cabecillas e investigar y develar los vínculos existentes entre agentes del Estado y actores criminales.

*Director de la Agencia de Prensa Análisis Urbano.

 

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