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Me encontré en la vida con Bo Derek

Por Oscar Domínguez Girado

Bo, "Mujer perfecta-10" 1980 y hoy en sus 60 Fotocomposición blogspot.com

Sé que no está bien contar plata delante de los pobres pero como este lunes 20 de noviembre fue su cumpleaños número 61 debo hablar de mi opíparo almuerzo con la actriz gringa Bo Derek, rotulado en una época como la mujer 10.

 

Si usted mira a Bo a los pies, a las manos, a su espalda, al pasaporte, a su escaso ‘derriere’ o cuatro letras que llaman, siempre se encontrará con sus ojos. La persiguen por todas partes. El suyo es el clásico caso de unos ojos con mujer.

Bo-Dereck

           

Son sus ojos los que hacen de ella la mujer diez. Sacan la cara por ella. Son el espejo, el alma, el marco, el tocador, la bañera, de la mujer del fallecido John Derek, su inventor.

           

Jamás tan pocos ojos (dos) hicieron tanto en tan poco tiempo por una ficción made in Hollywood.

           

Si en la tierra firme colombiana el verde es de todos los colores, como en el verso de Aurelio Arturo, el azul de los ojos de Bo es de todos los azules. Hasta los daltónicos irremediables podemos disfrutar de ese acariciador color.

           

Son tan bellos los de Bo que por una centésima de segundo no alcanzan a ocultarle el sol a los ojos del … Corazón de Jesús que había en la casa de Cochise Rodríguez cuando Gonzalorango lo entrevistó.

           

Creo que me estoy demorando mucho para chicaniar contando que almorcé con Bo durante la única visita que hizo hace algunos años a Bogotá. Que ella no se haya dado cuenta de que almorzó conmigo, son apenas gajes del oficio de simple mortal de la llanura.

           

Estuve en el restaurante Harry Sasson  para verla comer con la sensualidad exquisita con la que pela y devora un banano en la película “Tarzán, el hombre mono”, protagonizada por un insípido y sonso Tarzón de internet al que sólo le hacen faltan wasap y cuenta en Instagram. Es decir, es un hombre mono que no nos dice nada a los nostálgicos de antier. Pero el señor Harry no sirvió bananos….

 

Para qué, pero la dama tiene un master en informalidad. Es sencilla como la mesa de un cartujo. Viéndole el maquillaje, se llega a la conclusión de que gasta más el papa Pacho en hablar mal del prójimo que Bo en polvos… Por lo menos los que se aplican en la cara.

           

Los hombrecitos cuasi prostáticos y bien casados que aceptamos la catarata de invitaciones disparadas por una agente de prensa para mejorar el currículo gastronómico al lado de Bo, llegamos con el vestidito de pontificar. Ese que nos  ponemos siempre para ir a un matrimonio. O a un entierro. Muchos asumimos la velada como un pretexto de juntar ganas para llevar a casa.

 

Bo, así, ensoñadora.
Foto imgur.com

           

Los varones domados y amansados por Bo nos hicimos acompañar de todo el sexapil latino que Dios en su tacañería nos dio como para hacer renunciar a la mujer perfecta a su lejano marido John (todavía estaba vivo y envidiado cuando la mujer nacida en Long Beach, California, nos dio con su sexapil  en Macondo).

            

Llegamos con el pachulí regado en sitios claves “por si me besa, por si me abraza, por si las moscas”.

           

Ella nos miraba con la misma remota ternura con que atisba micos en la película en la que hace las veces de Jane, la Bo Derek de Tarzán.

           

En esa película, la bella saca el mar del anonimato cuando lo abandona con una blusa blanca transparente. Claramente se ve que “el mar brama alrededor de su cintura”, como queriendo hacer las veces de John Derek.

            

Desde sus años de adolescente, Bo entró a formar parte de los sueños eróticos de quienes se casan en la intimidad con sus amores platónicos.

           

No tiene la belleza por cárcel. Vive de su biografía y punto. Está curada de espantos. No es esclava de dietas ni de aeróbicos. Dicho de otra forma: su dieta consiste en comer lo que le da la gana.

           

Llegó a Bogotá, de noche, luciendo gafas oscuras, lo que le daba un lejano aire a la sueca Greta Garbo o a la teutona Marlene Dietrich.

           

Las divas lucen gafas oscuras para vivir en la leyenda.

       

Bo Dereck, años a
Foto bigbangnews.com

    

Es una gringa deliciosamente desaliñada que habló bellezas de su esposo al cual mantenía a distancia. ¿Será ese el secreto de la eterna felicidad matrimonial y tuvimos que esperar a Bo para darnos cuenta?

 

En el caso de la mujer diez, mientras más conoce a sus 12 caballos y a sus cinco perros, más quería a John que fue su Cristóbal Colón cuando ella pellizcaba sus 17 primaveras. Que no la abandonan. Es una constante primavera que camina.

           

Tiene cara de escoger fiesta. Y esa tranquilidad sólo la dan la sencillez, el descomplique, el antivedetismo.

           

Los ‘gallinacitos’ criollos y uno que otro ‘yupi’ bilingüe que se acercaban a estrecharle la mano y a notificarle que hablaban inglés de Bill Gates o de Ted Turner, tenían que emigrar rápido de la jurisdicción de sus azules ojos.

                     

De pronto, los mandacallares de las tiendas Blockbuster video, que se gastaron una millonada trayéndola, nos lavaban el cerebro hablándonos  sobre la ruidosa aceptación que han tenido entre los consumidores de imágenes.

            

Que Dios guarde a la reina de Inglaterra pero que deje algo, ojalá mucho, para mi fugaz amiga Bo.

 

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