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Más que ateo, lo que el ministro de Salud es… es un pérfido

Grupo Editorial El Satélite Octavio Quintero/Director

Alejandro Gaviria (Colprensa - archivo).

El ministro de Salud, Alejandro Gaviria, publica en su blog lo que titula “Primeros datos de MIPRES”…

 

Sea lo primero decir que MIPRES traduce, “Mi prescripción”, es decir, lo relacionado con los medicamentos o procedimientos que los médicos ordenan a los pacientes.

 

Es un ingenio diabólico del acucioso ministro, con el fin de hacerle seguimiento en tiempo real –dice– “a los patrones de prescripción con el objetivo explícito de conocer en qué se están gastando los recursos públicos y a quién benefician. Se trata, al fin y al cabo, de un monto considerable, superior a 2,5 billones de pesos anuales”…

 

Hasta aquí, todo bien: nada más plausible que un funcionario público de alto rango se preocupe al máximo por vigilar el gasto de los recursos públicos, todos provenientes de los impuestos de los contribuyentes.

 

Pero el siguiente argumento que da el ministro Gaviria, pela el cobre del fin último de MIPRES: (…) “muchos de los medicamentos prescritos –dice– son de alto costo. Algunos con evidencia ambigua sobre su efectividad relativa” (resalto y subraya, fuera del original)…

 

Es decir, al ministro le preocupa que los médicos receten medicamentos de alto costo a los pacientes que, al parecer, deben seguir siendo paliados con acetaminofén y demás genéricos de bajo costo. Esos de alto costo, déjense para los pacientes de alto rango como Santos y Vargas Lleras, que, si fuera por ellos, Colombia tendría el servicio de salud pública más expedito, efectivo y eficiente del mundo.

 

Hemos destacado la frase… “Algunos con evidencia ambigua sobre su efectividad relativa”, porque es una aseveración muy grave del ministro Gaviria que deja muy mal parada la ética de los médicos, y, ulteriormente, los intereses del paciente, que es el receptor último de todo lo malo o lo bueno que se contenga en un modelo de salud pública, dominado por el interés particular, como el nuestro.

 

Si esto es cierto, ¿Qué confianza podemos tener en los médicos colombianos cuando un funcionario de la talla del ministro de Salud afirma en su blog personal que nos están recetando medicamentos (…) “con evidencia ambigua sobre su efectividad”?

 

Es decir, ¿los médicos colombianos nos han convertido en ratones de laboratorio a ver qué pasa con nosotros en el tiempo?… Y si esto fuera cierto, ¿a son de qué o cuenta de quién? Porque, como dicen, no hay almuerzo gratis.

 

¿Qué dicen los médicos sobre MIPRES?

 

El doctor, Haroldo Martínez, columnista, además, de El Heraldo, de Barranquilla, dice:

 

(…) A los médicos nos ha tocado aprender sobre la marcha un procedimiento que no aporta ningún beneficio para nosotros y menos para el paciente; solo conviene a la parte administrativa. MIPRES es un documento paralelo a la historia clínica que es una especie de minihistoria en la que toca repetir todos los argumentos que se hicieron en la historia para que al paciente le autoricen un medicamento o un procedimiento.

 

Además, el médico debe concentrarse al máximo para llenarlo porque cualquier error implica empezar de nuevo o, en el peor de los casos, al paciente lo devuelven porque faltó un detalle, y hay que hacer todo el procedimiento de nuevo, vale decir, abrir la historia otra vez para resolver el impase.

 

¡Eso es!: ahora entiendo por qué tantos pacientes se muestran sorprendidos últimamente con que, al cabo de dos o tres semanas de esperar por medicamentos, de pronto les dicen que devolvieron la orden por mal elaborada y, entonces, el respectivo médico tiene que volver a elaborar la orden, y otra vez de viaje al centro de operaciones para la respectiva autorización y, mientras tanto, la enfermedad del paciente avanza y su salud se deteriora.

 

¡Qué genio, usted ministro! Ha conseguido que la enfermedad se lleve a muchos pacientes y con eso, que las EPS no tengan que seguir invirtiendo en salvarle la vida a tanta gente pobre, dentro de la cual, seguramente, no está su señora madre.

 

Fin de folio.- “Perdónalos Señor, porque sí saben lo que hacen”, es una frase que suelo decir cuando me encuentro con temas tan asquerosos como el que ha quedado descrito en este editorial.

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