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Martes de luenga lengua. Semana Santa: con mayúsculas y minúsculas

Recopilación y apuntes de Oscar Domínguez G.

Imagen blogspot.com

consultas@fundeu.es

Con motivo de la celebración de la Semana Santa, se recuerda en qué casos hay que emplear las mayúsculas y en cuáles las minúsculas en los términos y expresiones relacionados:

1. Tal como indica la Ortografía, los sustantivos y adjetivos que forman parte del nombre de los períodos litúrgicos o religiosos se escriben con inicial mayúscula: la Cuaresma, la Semana Santa, la Pascua.

2. También se escriben con mayúscula las denominaciones Viernes de Dolores, Domingo de Ramos, Jueves Santo, Viernes Santo…

3. Lo recomendable es escribir los nombres de los pasos, imágenes y cofradías con mayúsculas iniciales y sin cursiva ni comillas: La Borriquita, La Sagrada Cena, El Prendimiento, Cofradía del Cristo de la Columna, Hermandad del Cristo de la Corona…

4. Se escriben con inicial minúscula los términos religiosos como vigilia, eucaristía, misa, confesión, comunión o procesión.

5. También se escribe con inicial minúscula viacrucis o vía crucis (las Academias prefieren la primera grafía; no se considera apropiado vía-crucis).

QUISQUILLAS DE ALGUNA IMPORTANCIA por Efraim Osorio López

ephraim56@yahoo.com

Rafael Arango Villegas, ¿machista?

¡Humor del bueno, nada más!

Sin pestañear, un corresponsal de El Tiempo, ¿manizaleño?, le puso el sambenito de ‘machista’ al humor de don Rafael Arango Villegas. El título de la crónica, descarrilado, dice: “Luz M. Zuluaga: el parque que cambió el género en Manizales”. Y en el destacado: “Antes, el Parque de la Mujer se llamaba Rafael Arango Villegas, por el escritor de reconocido humor machista”. Y, para comprobarlo, cita este aparte: “¡Ya ve cómo son de orgullosas las mujeres, y sepa que están aquí en el mundo porque a nosotros nos dio la gana! Porque nos dio lástima de ellas y le dijimos que las hiciera. Él no había pensado ni por un momento en ellas. Este mundo estaba organizado para funcionar con hombres”. Esta observación la hizo el maestro Feliciano Ríos cuando, por el frente de su zapatería, “pasó una ‘ñapanga’ muy empingorotada contoneándose mucho, y dejando tras de sí una estela de perfume que embalsamaba la calle”. Con esta introducción, el autor ambienta la manera como el zapatero se imagina la creación de Eva: “Cuando mi Dios empezó a ‘montar’ el mundo, es decir, a ‘abrirlo’, creó a Adán y lo puso de mayordomo, estableciéndolo en el Paraíso, que era el único ‘abierto’ que en ese entonces había. Adán lo hacía todo, pues el Señor no bajaba sino una vez a la semana a darle vuelta a la finca”. Aprovechando una de esas visitas del Señor a su propiedad, Adán, que se sentía muy solo, y, luego de titubear un rato, le dijo: “Pues era que yo le iba a decir que… que me diera a mí también una compañerita. Ya ve que el tigre tiene su tigra, el hipopótamo su hipopótama. El rinoceronte su rinoceronta, el mamut su mammuta, el ardito su ardita, y hasta el pisco tiene su ‘pisca’. El único que está aquí varado soy yo…”. El Señor le hizo advertencias, el ángel que siempre lo acompañaba también, pero Adán siguió insistiendo, y el Señor, al fin, le ‘hizo’ la compañerita. “Adán –continuó el maestro Feliciano–, que no ‘conocía el almendrón’, le dio mil gracias al Señor por el beneficio ‘tan grande’ que le había hecho. El Señor le contestó muy serio que ‘no había de qué’, y enseguida se fue con el ángel otra vez al cielo”. ¡Humor del bueno, nada más! Nota: Dice el despalomado redactor que estas frases son de su libro “Cómo narraba la historia sagrada el maestro Feliciano Ríos”. No, no es un libro, es, sí, el primero de los artículos que componen el libro “Bobadas mías”.

Parece que el desinformado corresponsal no conoce la obra completa del genial escritor manizaleño, pues no ha leído la novela “Asistencia y camas”, cuya protagonista, Petronila Sánchez, es una mujer de armas tomar y que no se deja mandar de nadie, y se le enfrenta a cualquiera, inclusive al policía que le dijo “Mejor se calla la boca, mientras llegamos a la inspectoría”, y al que le respondió: “¡Pues no me la callo, ¡carajo!, porque no me da la gana, y porque mi boca es libre. (…) Es que están creyendo que pueden ir abusando de uno, porque es mujer. Pues está muy equivocado, porque aquí nadie se amarra los calzones ‘onde’ yo me amarro las ‘naguas’!”. Al marido, en cambio, un policía que Petronila conoció en Pereira, lo pinta don Rafael como un don nadie, que vivía del trabajo de su mujer, aficionado a los gallos de pelea y al aguardiente. Estas circunstancias no hacen del autor un feminista a ultranza. Es, simplemente, un escritor costumbrista

Tampoco se puede decir que fuera un defensor de la infidelidad conyugal, porque en la novela, y entre líneas, se puede columbrar.

En el artículo “El caso del joven Rodríguez” se lee: “Si en este momento, como en la escena bíblica, se me apareciese el Maligno, me condujese a la cumbre de una montaña y, mostrándome a los pies el mundo entero, me dijese: “Todo esto te daría si contrajeses matrimonio”, le contestaría dignamente, irrevocablemente: No, mi amigo; muchas gracias; guárdese usted todo eso, déjeme a mí soltero, y… présteme treinta pesos…”. El desvirolado corresponsal tacharía a don Rafael de enemigo del matrimonio.

Si viviera don Rafael, y alguien calificara su humor de machista, sonreiría piadosamente o soltaría una sonora carcajada.

Aprenda a escribir las fechas y los números correctamente con @Tefa_
ESTEFANÍA URIBE WOLFF (El Tiempo)

Es incorrecto escribir treintaicuatro, veinti un o diez y seis. Conozca la ortografía de las cifras.

¿Sabe usted cómo se escriben las fechas? ¿Tiene claro qué es un millardo o un millar? ¿Tiene idea de cómo se escriben y se pronuncian los números compuestos? “Treintiún” he visto escrito por ahí. O “febrero 26 de 1.983”. “Al menos un millar de niños han muerto de sida en África”, por referirse a millones, cuando millar se refiere a mil. Es su forma de sustantivo.

Empecemos con las fechas. La Real Academia recomienda el orden siguiente: día, mes, año. 26 de febrero de 1983. Sin embargo, la forma ISO, para documentos científicos y técnicos (de ingenieros, por ejemplo) admite el inverso: año, mes, día. Tenga en cuenta que solo es para documentos internacionales. En todo caso, no es debido, en ningún caso, el uso de mes, día, año. Y los años siempre, sin excepción, se escriben sin punto: “Se escriben sin punto los números referidos a años, páginas, versos, portales de vías urbanas, códigos postales, apartados de correos, números de artículos legales, decretos o leyes: año 2001, página 3142, código postal 28357” dice el DPD. (Aquí pueden ver cómo en Fundéu se equivocan y nadie insulta a nadie; fíjese en los comentarios), (y aquí pueden ver la forma ISO 8601).

Desde el año 1000 hasta 1999 se usa la preposición ‘de’. Desde el 1 hasta el 1000, el artículo ‘el’; esto también para los años antes de Cristo. Las de este siglo, por uso, se han venido presentando con la contracción gramatical ‘del’. De todos modos, no es incorrecto y sí más recomendado por académicos el uso de ‘de’.

Para indicar siglos siempre deben usarse números romanos y se escriben pospuestos al nombre: “siglo XX, cambalache, problemático y febril, el que no llora, no mama…” Lo mismo pasa con papas (del Vaticano), emperadores y reyes: “Luis XV, por desgracia, puntea las encuestas de tal ciudad”… y así. Bueno, en este caso es un apodo, pero la norma vale. Los números romanos también sirven como ordinales.

En textos literarios, o en su blog, se ve más elegante, más bonito, que escriba las cifras con letras y no con números. Claro, cada quien con su estilo, yo nada más sugiero.
Se escriben en una sola palabra las cifras del cero al veintinueve, las decenas y las centenas. Son compuestos, por su parte, aquellos como treinta y uno, cuarenta y tres, nueve mil, ochoscientos cuarenta y cinco mil. No se aconseja que mezcle números escritos con cifras, por ejemplo 9 mil, aunque los manuales de periodismo indican otras cosas.

Hay un dato: cuando usted use unidades de medida como km, cm, ºC., o abreviaciones ‘págs.’, debe escribir el número y luego el símbolo o abreviación correspondiente: 4 ºC, 325 págs., 17 km, 3 vóls. O bien: trescientas veinticinco páginas, diecisiete kilómetros, tres volúmenes. Nunca mezcle una norma con otra. Separe siempre la cifra de la unidad, y no se le ocurra interponer un diagonal o guion, ni nada por el estilo. Es decir: 17/ km es incorrecto.

Cuando los cardinales son sustantivos siempre son masculinos. Si pasan a ser adjetivos o pronombres, no tienen variación, salvo los que son con ‘uno’, que tienen sus respectivos compuestos: treinta y una, veintiuna. Las centenas también se ‘comportan’ así, incluso quinientas, que tiene su propia forma. Recuerde que le dije hace una semana la importancia de la concordancia (disculpe que me haya salido en verso). Siempre que el sustantivo sea femenino, como tonelada, debe tratar ‘femeninamente’, también, al número: veintiuna toneladas, a no ser que se interponga el mil, caso en el cual la concordancia es a su gusto: veintiún mil toneladas o veintiuna mil toneladas.

Los números tienen plural cuando se usan como sustantivos: unos, doses, treses, cuatros, cincos, seises, sietes, ochos, nueves, dieces, onces… ¡Ojo! Treses no es lo mismo que treces. Ni doses lo mismo que doces. Esto se emplea cuando usted juega a las cartas o a los dados, por ejemplo: tengo cuatro cincos.

Ortografía de las cifras

Se agrupan de tres en tres en caso de que el número esté compuesto por más de cuatro cifras. Empiece siempre por la derecha, luego los separa, no poniendo puntos o comas, sino dejándolos en blanco: 8 324 232. Los números de dos, tres y cuatro cifras van siempre unidos 1000, 5000.

Los decimales, por su parte, se escriben con comas, aunque ahora se acepte también el punto. π es 3,1416. Dado el uso extendido del sistema métrico que usan en Estados Unidos, La Academia terminó por aceptar el empleo del punto en estas cifras.

Por último, millar, millardo, billón, trillón, cuatrillón… son los sustantivos de mil, millón, un millón de millones, etc. Para consultas, bien puede ir a mi blog.

Punto y aparte

Es incorrecto escribir veinti un, treintaicuatro, trenticuatro, diez y seis…

La hora debe preguntarse en singular, ¿qué hora es? Esto se debe a que ‘hora’ es un momento del día. De todos modos, ya se aceptó también el uso, más frecuente en América de ‘ ¿qué horas son?’. El plural en caso de preguntar qué horas son, dice el DPD (tan equívoco siempre) solo es válido cuando se trata de recriminación ¿qué son estas horas de llegar? Pero puede hacer como dice una amiga ¿qué horas son serán? Y así no tiene pierde porque se equivoca dos veces.

Cuando se trata de la una de la tarde o de la mañana, el verbo debe emplearse en singular: Es la una y cincuenta y nueve. En adelante, se utiliza ‘son’.

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