Al instante

Martes de la luenga lengua: Verbigracia

Recopilación de Oscar Domínguez G.

Imagen elplaneta.com

QUISQUILLAS DE ALGUNA IMPORTANCIA  por  Efraim Osorio López

eolo1056@yahoo.

Verbigracia, errar, satisfacer, mandatorio-a, tratarse de

 

Nuestros verbos irregulares son un tesoro que debemos cultivar con esmero y defender a capa y espada.

 

‘Verbo y gracia’, don Luis Emilio, significa eso, ‘verbo y gracia’, o, si lo prefiere, ‘palabra y gracia’. Nada más. No reemplaza al adverbio ‘verbigracia’ (‘por ejemplo’). El señor Sierra, Luis Emilio, escribió:“…para poder llenar los cupos de una lista  a una corporación, verbo y gracia al Senado…” (LA PATRIA, 7/10/2018). Literalmente, la locución quiere decir ‘por causa de una palabra’ (Corominas) o ‘por gracia de la palabra’ (en latín, ‘verbi gratia’); para nosotros, ‘por ejemplo’. Puede escribirse en dos palabras, ‘verbi gratia’ (locución adverbial, con el mismo significado), y siempre, siempre, entre comas. ***

 

Ya no leo la revista Semana. Mi fuente, para este comentario, fue el publicista Álvaro Marín Ocampo –al que, entre paréntesis, le debo el valiosísimo trabajo que hizo con la diagramación e ilustración de mi último libro, Viejos, añosos y añejos dichos y refranes del castellano–, quien me proporcionó esta joya, cuyo dueño es el periodista Luis Carlos Vélez: “Los agresores, solo una minoría en la marcha, erran en señalarnos” (Semana, Tendencias, 10/10/2018). ¡Una maravilla! La leyó, me dijo, en el destacado y en el texto del artículo. Con el verbo ‘errar’ (“no acertar, equivocarse”) son muchos los que ‘yerran’ cuando lo emplean. Es un verbo transitivo, que puede usarse también como intransitivo, cuya conjugación en las inflexiones irregulares es la siguiente: Presente de indicativo: ‘yerro, yerras, yerra, erramos, erráis, yerran’; presente de subjuntivo: ‘yerre, yerres yerre, erremos, erréis, yerren’; imperativo: ‘yerra, yerre, errad, yerren’. Con el significado de ‘vagabundear, vagar, deambular, divagar’ es sólo intransitivo. De este verbo, escribe don Rufino: “No ‘erra’ tiro dicen casi todos del que no marra, y a fe que es un descomunal yerro”. No obstante, la Academia de la Lengua, tan condescendiente ella, anota en la última edición de su diccionario (XXIII, 2014): “En algunos lugares de América, úsase también como regular”. Nuestros verbos irregulares son un tesoro que debemos cultivar con esmero y defender a capa y espada. ***

 

De la misma fuente recibí esta frase, tomada de Valle al instante, en el artículo Esto es Colombian*: “Una vez el agresor satisfago su deseo, este dejó a la mujer y se dio a la huida” (10/7/2018). El verbo ‘satisfacer’ (del latín ‘satisfacer’) es también irregular, que se conjuga como ‘hacer’, menos en el imperativo de segunda persona del singular, que, además de ‘satisfaz’, hace, más corrientemente, ‘satisface’. El pretérito de indicativo de tercera persona del singular, el tiempo apropiado en esa oración, es ‘satisfizo’, como ‘hizo’. ‘Satisfago’ es la primera persona del singular del presente de indicativo. Según esto, el redactor de la frase glosada se ‘enguaraló’ con la conjugación de este verbo y puso lo primero que se le vino a la cabeza. En la misma frase, además, sobra el pronombre demostrativo ‘este’, ya que, fuera de ser superfluo, podría, por la cercanía, referirse a ‘deseo’, lo que es incongruente. * ¿Colombian? Del inglés, ‘colombiano-a’. ***

 

En inglés, ‘obligatorio-a’ se dice ‘mandatory’. En castellano no existe el adjetivo ‘mandatorio-a’, por lo cual en nuestro idioma es un anglicismo, empleado por la columnista dominical de El Tiempo Esther Balac en esta admonición: “…si alguno ha sido víctima de un abuso de este tipo, es mandatorio creerle…” (7/10/2018). Más apropiados, y aún más que ‘obligatorio’, en esa frase, los adjetivos ‘imperativo’ o ‘necesario’: “…es imperativo o necesario creerle”. O“muy conveniente”, por las consecuencias nefastas que el silencio pueda causar. ***

 

“La transformación digital no se trata solo de tecnología, sino también de los empleados…”. De esta manera inició su artículo de El Tiempo (15/10/2018) el columnista Guillermo Santos Calderón. No deja de extrañarme que escritores como él sigan cometiendo este protuberante error gramatical, tan fácil de enmendar: “La transformación digital no es sólo tecnología…”. Sólo falta que la Academia le imparta su bendición.

¡Huy!Don Efra, gracias mil y aprovechando la coyuntura…

Manos fuera de la ortografía

Por Oscar Domínguez Giraldo

 La detestada ortografía es el traje de luces del español. Sin ella, las palabras quedan como en paños menores o, lo que es peor, con los calzones abajo, “antanasmockusiadas”.

Cada palabra tiene su propia arquitectura. Una vez construidas las casas de las palabras -que podríamos llamar frases-, las ideas se van a vivir en ellas.

De tanto pronunciar y escribir palabras, terminamos familiarizándonos con su estructura. La ele, por ejemplo, siempre será una consonante eréctil que se sentirá cómoda en medio de una orgía de vocales, llenas o débiles. Como en Eulalia. ¿Qué tal que la o renunciara a su eterna condición de círculo vicioso?

Aun para quienes no hemos tenido nunca buena ortografía, ésta se convierte en el Everfit del idioma.

A veces uno tiene la ortografía que desearía para sus enemigos. O acreedores. En mi caso, los correctores del periódico me tienen que ayudar a saludar con hache (hola!), porque tiro a lapo escribo ola; me colaboran con bautizo, cuando ‘bautiso’ gentiles, y con el verbo amacizar que, escrito con ese, jamás llegará a la tierra prometida de la intimidad de la pareja ‘atarzanada’.

Este aperitivo para discrepar en do mayor de la propuesta hecha alguna vez por el Nobel de Aracataca de enviar la ortografía al cuarto del reblujo (o rebrujo para no ofender). Y de aplicarle la vasectomía a ciertas tildes que hacen el amor a distancia sobre vocales esdrújulas que con la propuesta de Gabo, se quedarían vírgenes para siempre, sin probar de sal.

Discrepo, entre otros razones, porque si a uno le dio tanta lidia “no” aprender ortografía, sería más difícil olvidar lo poquito que se le quedó.

Claro que la propuesta de don Gabriel ha empezado a abrirse paso de vieja data en las facultades de comunicación social, o sea, de periodismo, donde consideran que la ortografía es hereditaria como la artritis y la pecueca y no se debe estudiar.

Debería ser ‘superhipermegaobligatoria’ como la ética y la escueta taquigrafía, la única que puede decretarle la muerte a la grabadora que nos hace la mitad del trabajo a los periodistas. Sin que la invitemos a almorzar. O a un motel.

Eso sí, en lo único que no se debe exigir ortografía es en las cartas de amor. Es más, debería ser prohibida para todo enamorado. Nada menos romántico que una perfumada esquela, llena de exactitudes ortográficas y exquisiteces gramaticales.

Sospecho que si hubiera tropezado con novias con excelente ortografía estaría solterón, desvistiendo damas, ojalá de dudosa ortografía sexual.

Las cartas de amor son escritas con el alma y el alma nunca fue a la escuela a estudiar la vilipendiada ortografía en verso de Marroquín.  Don Gabo, manos fuera de la ortografía en el parche en que se encuentre.

Acerca de Revista Corrientes (2659 artículos)
Revista Corrientes es un propósito periodístico respetando los puntos de vista y la libertad de opinión de quienes aporten sus colaboraciones, análisis,artículos y columnas para su publicación. También se publican todos los comentarios respetuosos por desacuerdos con los contenidos de las colaboraciones publicadas.
Contacto: Sitio web
Ir a la barra de herramientas