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Martes de la luenga lengua: Insuceso, rebozar-rebosar, ex profeso…

Recopilación de Oscar Domínguez G.

Imagen noticiasuniversia.com

QUISQUILLAS DE ALGUNA IMPORTANCIA

por Efraim Osorio López

 

Ello es que el término ‘insuceso’ es un absurdo semántico.

 

¿Insucesos? ¿Ocurrirán? Filosóficamente hablando, sobrevienen hechos desastrosos que representan la idea que quieren manifestar quienes emplean para ello un término que no existe en castellano, y que, por lo mismo, no está asentado en ningún diccionario. Ello es que el término ‘insuceso’ es un absurdo semántico. La razón de esto es clarísima: el prefijo ‘in-’ tiene en las palabras a las cuales se antepone los significados de ‘adentro’ (‘insular’) y de ‘negación’ (‘inacción’). Nada más. ‘Insuceso’, entonces, si existiese, significaría, ‘dentro del suceso’ o ‘no suceso’, sin sentido, ambas significaciones. Tan extendido está este empleo arbitrario del terminacho, que el editorialista de El Tiempo lo usó en esta información: “El lamentable insuceso en el que perdió la vida Álvaro Torres, el economista…” (16/8/2018). Generalmente, con él se expresa la idea de accidentes en los cuales hay heridos graves, fallecimientos y desastres materiales. ‘Tragedia, desgracia, infortunio, calamidad, fatalidad, catástrofe, pérdida’, etcétera, son los términos adecuados. Nota: el prefijo ‘in-’ se convierte en ‘im-’ cuando la ortografía así lo exige, por ejemplo, ‘impaciencia’, o en ‘i-’, como en ‘irredento’. ***

 

‘De rebozo’ es una locución adverbial que significa ‘ocultamente, simuladamente, en secreto’. Y ‘rebozo’ es el modo de llevar la capa o manto cuando con él se cubre casi todo el rostro. De aquí que el verbo ‘rebozar’ signifique “cubrir todo el rostro con la capa o manto”. ‘Rebosar’, en cambio, en su primera acepción, significa lo siguiente: “Dicho de una materia líquida: Derramarse por encima de los bordes del recipiente que la contiene”, verbigracia, ‘el chocolate rebosó la chocolatera’. El corajudo columnista Jorge Enrique Pava Quiceno empleó el primero en lugar del segundo en esta afirmación: “Lo que no saben es que la taza de la que ellos han abusado sin conmiseración, está a punto de rebozarse” (LA PATRIA, 17/8/2018). “…está a punto de rebosarse”, correctamente. Una sola letra puede cambiar por completo la acepción de una palabra. Relacionado con el verbo ‘rebozar’ está ‘embozar’, que significa “cubrir el rostro por la parte inferior hasta las narices o los ojos”, y con ‘rebozo’, ‘embozo’, que, en su segunda acepción’, es la “parte de la capa, banda u otra cosa con que se cubre el rostro”. ***

 

‘Professe’ es un adverbio latino que significa ‘francamente, sin rodeos’. En castellano tenemos la locución adverbial ‘ex profeso’ –del latín ‘ex professo’ (‘abiertamente’)–, “de propósito, con intención”. Todas, del verbo latino ‘profiteri’ (‘declarar abiertamente, reconocer públicamente, confesar’) a través del participio ‘professus’. El senador y columnista Jorge Enrique Robledo utilizó la locución castellana en esta frase: “…sino de un sistema político-público-privado que exprofeso han creado y que perpetúan violando o introduciendo la trampa en la ley…” (LA PATRIA, 20/8/2018). ¿Lo hizo ex profeso? Quiero decir, ¿pegó las dos palabras intencionalmente? Lo ignoro. En castellano son dos palabras, la preposición ‘ex’, que se usa en algunas locuciones castellanas tomadas del latín, y el nombre ‘profeso’. Y no se pueden pegar, porque, en dicha locución, ‘ex’ no es prefijo. ***

 

Hay batallas que, definitivamente, son imposibles de ganar. Me refiero a la inutilidad de luchar contra el uso indiscriminado e inútil de las locuciones ‘por parte de’ y ‘de parte de’. Y no hablo de los insufribles comentaristas deportivos. Aludo a narradores cultos, por ejemplo, a la corresponsal Esther Sierra Botero, practicante del bello arte de la declamación, quien para la Voz del lector escribió lo siguiente: “Por todas estas actividades se ha recibido reconocimiento por parte de la Asamblea Departamental de Caldas, de la Secretaría de Cultura del Departamento…” (LA PATRIA, 20/8/2018). Suprima usted, señora, las dos palabras ‘por’ y ‘parte’, y se dará cuenta de que no son necesarias para expresar cabalmente su idea, tanto más cuanto que el otro complemento –‘de la Secretaría de Cultura’– no las tiene, ni las necesita. Al verbo ‘recibir’, para su complemento, le es suficiente la preposición ‘de’, sin colgandejos, por ejemplo, ‘recibió de sus paisanos el reconocimiento merecido’. ¿No le parece?

A gatas, zafarí y dísel / El lenguaje en el tiempo

Fernando ávila, EL TIEMPO

 “Mientras la única planta de aguas residuales se ve a cuestas para atender a una gruesa población de más de 25.000 personas” (El periódico de Chía).

Mejor: “… se ve a gatas…”. “A cuestas” es ‘sobre sus espaldas’ o ‘a su cargo’, mientras que “a gatas” es ‘a duras penas’, ‘con gran dificultad’, según el Diccionario de americanismos, 2010.

Mario Alario di Filippo, en su Lexicón de colombianismos, 1973, dice que “verse a gatas” es ‘estar en grandes dificultades y aprietos’.

Por su parte, el Nuevo diccionario de colombianismos, 1993, del Caro y Cuervo, dice que “verse a gatas” es ‘hallarse en peligro, apuros, dificultades’.

Zafarí

“Stephany Cayo y su esposo Chad Campbell disfrutarán su luna de miel en un zafari por África” (Canal 1).

Mejor: “… en un safari…”. En el Diccionario de la lengua española, DLE, 2014, figura la palabra zafarí, con acento en la i, para referirse a un tipo de granada llevada de Siria a España y sembrada por primera vez en la península ibérica por un cortesano de nombre Safr.

Es posible que la belleza y dulzura de ese árbol frutal haya originado el nombre de la ciudad de Granada, caracterizada por sus sembrados. Entonces, zafarí es cierto tipo de granada; safari, una ‘excursión de caza’, y zafari, una palabra mal escrita.

Dísel

“Ecopetrol pondrá diésel limpio, y Bogotá deberá exigir filtros”. La palabra diésel, así pronunciada en España, se suele escribir en Colombia en inglés, diesel, pero pronunciarla dísel. Para evitar esa dicotomía entre escritura y pronunciación, la Ortografía de la lengua española, 2010, p. 649, dice que se escriba diésel (como se pronuncia en España) o dísel (como se pronuncia en América).

Este mismo criterio se aplica a otros productos o realidades cuya denominación deriva de un nombre propio, como yacusi (de los hermanos Jacuzzi), zepelín (de Ferdinand von Zeppelin), hercio (de H. R. Hertz) o dísel (de Rudolf Diesel, ingeniero alemán, inventor de este tipo de motor).

A este combustible también se le dice gasóleo, en España, y ACPM (aceite combustible para motor), en Colombia.

Décimo segundo 

“En el doceavo piso de este edificio” (Caracol Noticias). Mejor: “En el duodécimo piso…”, ya que doceavo no es número ordinal, sino fraccionario.

A partir del 2010 también es válido usar la forma univerbal “decimosegundo” (12.°) o la pluriverbal “décimo segundo”, para referirse a esta posición.

Obispos

“… después de una reunión en el Vaticano, 34 religiosos presentaron su renuncia”.

Mejor: “34 obispos…”. La palabra religioso, en el contexto de la Iglesia católica, alude a los miembros de comunidades religiosas, como carmelitas o jesuitas, y no a miembros del clero diocesano, cuyos jefes son los obispos.

FERNANDO ÁVILA
Experto en redacción y creación literaria
@fernandoavila52

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Taller del Idioma, nombre científico

Publicado 24/08/2018

Abel Méndez

NOMBRE CIENTÍFICO. «Para Jan Gehl el homo sapiens ante todo ha sido un hombre caminante». El Diario.

Los nombres científicos de las especies vivas en nuestro planeta constan de dos palabras en latín: la primera corresponde al género y la segunda a la especie. La primera va con mayúscula inicial y la segunda, con minúscula. Se escriben en bastardilla por encontrarse en idioma diferente al español. De ahí que nuestra denominación científica es Homo sapiens cuyo significado es ‘hombre sabio’, aunque haya muchos que no se lo merecen.

LA ELEGANCIA. «Pereira está en los puestos intermedios en lo referente a la percepción ciudadana, la cual se midió en 13 ciudades del país». El Diario.

Muchas veces he dicho que una norma de elegancia de la Real Academia española dice que los números que se enuncian en una sola palabra se escriban con letras. No es error no hacerlo, pero el escrito es más elegante: «… se midió en trece ciudades».

LA TILDE. «Conocer como perciben los ciudadanos temas de calidad de vida, por ejemplo, la seguridad…». Sociedad en movimiento.

Ese adverbio interrogativo «cómo» lleva tilde diacrítica, aunque no se vean por parte alguna los signos de interrogación.

PALABRA INEXISTENTE «Colombia fortalece el centro del expectro político…» El Diario.
La palabra «expectro» no aparece en el Diccionario. Se quiso usar «espectro».

OTRA. «Poco a poco iremos analizando los avances portentosos alcanzados por la sociedad Post-Industrial» El Diario.

Los prefijos no van unidos por un guion a la palabra que reforman, sino formando una palabra completa: «postindustrial». No se ve la necesidad de usar mayúscula.

RECORRIDO POR LAS AULAS. «… invita a la comunidad en general a la conferencia “La Corrupción en el Poder y el Poder de la Corrupción en Colombia”».

Los nombres de las conferencias no van entre las obras de creación, por lo cual están presentes las mayúsculas de las palabras significativas, en las obras de creación no se usan esas mayúsculas y las comillas sirven para delimitar el nombre propio. Esa delimitación sobra cuando las mayúsculas de las palabras significativas están presentes.

Picardía angelical

Ciro Mendía

Siempre cuando la amada resolvía

Desnudarse y al lecho irse cansada,

El Ángel de la Guarda, qué bobada,

De la alcoba al momento se salía.

Loco por  ver su desnudez rosada

Mirar por las rendijas solo hacía,

Y si caer las ropas él oía,

Lucía al punto un ala chamuscada.

Cierta noche aquel ángel inocente

En un espejo vio desnudo, ardiente,

Ese cuerpo de Venus dominguera.

Y del amor oyendo su consejo,

Esperó que la dama se durmiera,

Tornó a la alcoba y se llevó el espejo.


Agencia EFEFundéu - BBVAFUNDACIÓN DEL ESPAÑOL URGENTE
migrante engloba a emigrantes inmigrantes Recomendación urgente del día

Migrante es el término más general para referirse a toda aquella persona que abandona el lugar en que habita o llega a otro destino para establecerse en él.

Con motivo de los flujos migratorios que afectan en la actualidad a millones de personas en todo el mundo, en los medios de comunicación ha surgido la duda sobre la palabra que conviene emplear para referirse a todas ellas de manera general.

A este respecto, cabe señalar que el sustantivo emigrante pone el foco en la persona que abandona su hogar, mientras que inmigrante hace referencia a esa misma persona, pero desde la perspectiva de quien ya ha llegado a su nuevo destino para radicarse en él.

De modo más amplio, el Diccionario de la lengua española define migrante como ‘que migra’, esto es, ‘que se traslada desde el lugar en que habita a otro diferente’, definición general con la que es posible designar a todo aquel que se desplaza de un lugar a otro.

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