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Martes de la luenga lengua: Denigrar…

Recopilación de Oscar Domínguez

Imagen forocoches.com

QUISQUILLAS DE ALGUNA IMPORTANCIA

Denigrar-degradar, desdeñar, ethos, dulceabrigo

 

Esa tilde, imagino, es la tortura de quienes emplean este adverbio (aun).

 

El verbo ‘denigrar’ no es sinónimo de ‘degradar’. En un artículo, en el que el editor internacional de El Tiempo, Eduardo Soto, habla del caso de Remedios Cruz, miembro de la Marina de EE. UU., irreflexivamente escribió: “El caso de Ramos, que ya fue denigrada de su grado de sargento al de cabo…” (16/9/2018). En efecto, como todo el mundo lo sabe, menos, aparentemente, ese editor, ‘denigrar’ (del latín ‘denigrare’ – ‘poner algo negro, ennegrecer; infamar’) es “deslustrar, ofender la opinión o fama de alguien”. Sus sinónimos son ‘difamar, descalificar, deslustrar, desprestigiar, deshonrar, estigmatizar’, etc. ‘Degradar’ (del latín ‘degradare’ – ‘privar a alguno de su rango’), en cambio, es “privar a alguien de las dignidades, honores, empleos y privilegios que tiene”, castigo que recibió la militar Remedios, al ser ‘degradada de sargento a cabo’. ***

 

Y el verbo ‘desdeñar’ (del latín ‘dedignare’ – ‘dedignar, despreciar, menospreciar’) es transitivo, es decir, tiene complemento directo, que no admite para su construcción la preposición ‘de’. Significa “tratar con desdén a alguien o algo”. Sobra, por lo tanto, la susodicha preposición en esta frase de un editorial de LA PATRIA: “…y hay funcionarios que desdeñan de la utilidad aún del propio Secop I…” (23/9/2018). Castizamente, así: “…que desdeñan la utilidad aun del…”. En esta transcripción le suprimí la tilde al adverbio ‘aun’, porque en la frase glosada significa ‘hasta’, no ‘todavía’, caso en el cual sí la lleva. Esa tilde, imagino, es la tortura de quienes emplean este adverbio. ***

 

Me dejó mudo la siguiente afirmación del columnista de El Tiempo Fernando Sánchez Torres: “A ese refugio le dieron el nombre de ‘ethos’ los filósofos griegos de la antigüedad. Al pasar al latín, esa palabra se trocó en ‘mormores’, que significa conducta, costumbres” (21/9/2018). Dos gazapos, a cual más morrocotudo, señor Sánchez. El primero: la palabra ‘ethos’ del griego no pasó al latín como usted, extrañamente, lo asegura, sino con la misma grafía con que en caracteres latinos se representa el sonido de la del griego, a saber, ‘ethos’ (‘costumbre, carácter; moral’). Y de éste, el mismo idioma formó otros, como el adverbio ‘ethicós’ (‘moralmente’), el adjetivo ‘ethicus-a-um’ (‘relativo a, propio de la moral, moral’) y el sustantivo ‘ethica’ (‘ética, moral, parte de la filosofía’). El segundo, de colección: ¡‘mormores’!, término que no tiene el latín. Hay en este idioma un vocablo parecido, ‘mormorion’ (‘especie de cristal de roca’), que nada tiene que ver con las ‘costumbres’. Sospecho que el columnista recordó nebulosamente que, en latín, la enunciación del término que expresa la idea de ‘costumbre, uso, manera de vivir’ se enuncia de la siguiente manera: ‘mos – moris’ (nominativo y genitivo respectivamente), para saber a qué declinación pertenece, qué género le corresponde y cuál es su raíz. ***

 

En mi última visita al pabellón de la subjuntivitis, encontré al escritor José Jaramillo Mejía, quien dio positivo en esta muestra: “Del trapo rojo que fuera emblema glorioso del Partido Liberal, no quedan sino los dulce-abrigos de los que cuidan carros” (LA PATRIA, 24/9/2018). Su recuperación, valga la verdad, fue muy rápida, por lo que el especialista no le garrapateó ninguna fórmula. Me interesa más, de la misma muestra, el vocablo ‘dulce-abrigo’, muy de nuestra cultura, pues lo hemos oído toda la vida. A pesar de esto, no lo encontré en ningún diccionario, ni siquiera en los de colombianismos. Acudí, entonces, a Google, en donde encontré una información completa, con definiciones como ésta: “La tela bayetilla o dulce abrigo es un textil 100% algodón con capacidad calorífica y de absorción que es usado para la limpieza y la confección de camisetas”. Y lo vi allí escrito de muchas maneras, inclusive con mayúsculas iniciales, Dulce Abrigo, una barbaridad. Este vocablo, si algún día llegase a los diccionarios como colombianismo, debería escribirse en una sola palabra, ‘dulceabrigo’ (cuyo origen ignoro), porque no es un ‘abrigo dulce’, ni se compone de ‘tela’ y ‘dulce’: es, simplemente, el nombre que aquí le damos a ese trapo.

Gazapera

(Sófocles EL ESPECTADOR)

Los hermanos

«Su taller, como también se conoce a las logias, decidió apoyarlo. No obtuvo la misma respuesta de otros “hermanos”». El Espectador.

Mucho me he quejado en esta columna de autores, que en el momento de usar una palabra, sólo tienen en mente la primera acepción y no consultan el Diccionario para saber si el significado que están usando existe. Es lo que pasa en esta cita: el autor se enteró de que los miembros de una logia se llaman entre sí «hermanos» y como ese no es el significado principal lo «arregló» con comillas, como acabo de arreglar el desarreglo. Todos tenemos el Diccionario en nuestro computador, es bueno consultarlo. En este caso, la sexta acepción de la palabra «hermano» es «Individuo de una hermandad o cofradía».

El guion y las trizas

«Duque está cumpliendo al pie de la letra el guión del expresidente Uribe, de hacer trizar el proceso de paz». El Espectador.

En el año 1999 La Real Academia Española editó un folleto titulado Ortografía de la lengua española en el que establecía nuevas normas y recordaba otras en 55 páginas. Allí demostró que muy pocas comunidades pronunciaban la palabra «guión» como término bisílabo, lo que hacía errónea la tilde, sin embargo, dejó en libertad usar o no la tilde. Once años más tarde aparece el libro homónimo que en 745 páginas se constituye en el libro de ortografía más completo que se haya escrito. Allí rodó por el suelo la tilde de la palabra «guion». El verbo «trizar» significa ‘hacer trizas’. Lo que hace pleonástica la expresión «hacer trizar»; la frase «… de trizar el proceso de paz» me parece adecuada.

«… que enseñan “Cómo comportarse en el cuento de la vida de uno”, según la escritora».

Usar comillas y bastardilla en el mismo texto es repetición, pues cada método reemplaza el otro.

«La institución celebra una nueva versión de la Semana Universitaria».

Cada realización de un evento repetitivo es una «edición», no una «versión».

gazapera@gmail.com

 

QUISQUILLAS DE ALGUNA IMPORTANCIA por Efraim Osorio López

eolo1056@yahoo.com (La Patria, de Manizales)

Denigrar-degradar, desdeñar, ethos, dulceabrigo

Esa tilde, imagino, es la tortura de quienes emplean este adverbio (aun).

El verbo ‘denigrar’ no es sinónimo de ‘degradar’. En un artículo, en el que el editor internacional de El Tiempo, Eduardo Soto, habla del caso de Remedios Cruz, miembro de la Marina de EE. UU., irreflexivamente escribió: “El caso de Ramos, que ya fue denigrada de su grado de sargento al de cabo…” (16/9/2018). En efecto, como todo el mundo lo sabe, menos, aparentemente, ese editor, ‘denigrar’ (del latín ‘denigrare’ – ‘poner algo negro, ennegrecer; infamar’) es “deslustrar, ofender la opinión o fama de alguien”. Sus sinónimos son ‘difamar, descalificar, deslustrar, desprestigiar, deshonrar, estigmatizar’, etc. ‘Degradar’ (del latín ‘degradare’ – ‘privar a alguno de su rango’), en cambio, es “privar a alguien de las dignidades, honores, empleos y privilegios que tiene”, castigo que recibió la militar Remedios, al ser ‘degradada de sargento a cabo’. ***

Y el verbo ‘desdeñar’ (del latín ‘dedignare’ – ‘dedignar, despreciar, menospreciar’) es transitivo, es decir, tiene complemento directo, que no admite para su construcción la preposición ‘de’. Significa “tratar con desdén a alguien o algo”. Sobra, por lo tanto, la susodicha preposición en esta frase de un editorial de LA PATRIA: “…y hay funcionarios que desdeñan de la utilidad aún del propio Secop I…” (23/9/2018). Castizamente, así: “…que desdeñan la utilidad aun del…”. En esta transcripción le suprimí la tilde al adverbio ‘aun’, porque en la frase glosada significa ‘hasta’, no ‘todavía’, caso en el cual sí la lleva. Esa tilde, imagino, es la tortura de quienes emplean este adverbio. ***

Me dejó mudo la siguiente afirmación del columnista de El Tiempo Fernando Sánchez Torres: “A ese refugio le dieron el nombre de ‘ethos’ los filósofos griegos de la antigüedad. Al pasar al latín, esa palabra se trocó en ‘mormores’, que significa conducta, costumbres” (21/9/2018). Dos gazapos, a cual más morrocotudo, señor Sánchez. El primero: la palabra ‘ethos’ del griego no pasó al latín como usted, extrañamente, lo asegura, sino con la misma grafía con que en caracteres latinos se representa el sonido de la del griego, a saber, ‘ethos’ (‘costumbre, carácter; moral’). Y de éste, el mismo idioma formó otros, como el adverbio ‘ethicós’ (‘moralmente’), el adjetivo ‘ethicus-a-um’ (‘relativo a, propio de la moral, moral’) y el sustantivo ‘ethica’ (‘ética, moral, parte de la filosofía’). El segundo, de colección: ¡‘mormores’!, término que no tiene el latín. Hay en este idioma un vocablo parecido, ‘mormorion’ (‘especie de cristal de roca’), que nada tiene que ver con las ‘costumbres’. Sospecho que el columnista recordó nebulosamente que, en latín, la enunciación del término que expresa la idea de ‘costumbre, uso, manera de vivir’ se enuncia de la siguiente manera: ‘mos – moris’ (nominativo y genitivo respectivamente), para saber a qué declinación pertenece, qué género le corresponde y cuál es su raíz. ***

En mi última visita al pabellón de la subjuntivitis, encontré al escritor José Jaramillo Mejía, quien dio positivo en esta muestra: “Del trapo rojo que fuera emblema glorioso del Partido Liberal, no quedan sino los dulce-abrigos de los que cuidan carros” (LA PATRIA, 24/9/2018). Su recuperación, valga la verdad, fue muy rápida, por lo que el especialista no le garrapateó ninguna fórmula. Me interesa más, de la misma muestra, el vocablo ‘dulce-abrigo’, muy de nuestra cultura, pues lo hemos oído toda la vida. A pesar de esto, no lo encontré en ningún diccionario, ni siquiera en los de colombianismos. Acudí, entonces, a Google, en donde encontré una información completa, con definiciones como ésta: “La tela bayetilla o dulce abrigo es un textil 100% algodón con capacidad calorífica y de absorción

que es usado para la limpieza y la confección de camisetas”. Y lo vi allí escrito de muchas maneras, inclusive con mayúsculas iniciales, Dulce Abrigo, una barbaridad. Este vocablo, si algún día llegase a los diccionarios como colombianismo, debería escribirse en una sola palabra, ‘dulceabrigo’ (cuyo origen ignoro), porque no es un ‘abrigo dulce’, ni se compone de ‘tela’ y ‘dulce’: es, simplemente, el nombre que aquí le damos a ese trapo.

Corte Internacional de Justicia, 7 claves para una buena redacción

Recomendación urgente del día

Con motivo del veredicto de la Corte Internacional de Justicia en el litigio entre Chile y Bolivia por el acceso de este segundo país al Pacífico, se ofrecen a continuación las siguientes claves lingüísticas:

1. Corte Internacional de Justicia

El nombre oficial en español del organismo judicial encargado de dirimir este caso es Corte Internacional de Justicia, y su sigla es CIJ. Otras denominaciones, como corte de La Haya tribunal de La Haya, se escriben con inicial minúscula por no ser nombres propios de la institución.

2. La Haya, con el artículo en mayúscula

La ciudad holandesa donde tiene sede este organismo se llama La Haya, y su gentilicio es hayense.  En este caso, el artículo definido la se escribe con mayúscula, pues forma parte del nombre propio de la ciudad, como señala la Ortografía de la lengua española.

3. El océano Pacífico, con océano en minúscula

En el nombre océano Pacífico, la primera palabra va con minúscula por tratarse de un sustantivo genérico.

4. Tratados, convenios y guerras: mayúsculas y minúsculas

Los nombres oficiales de los tratados y convenios se escriben con mayúscula inicial en todos sus elementos significativos: Pacto de Bogotá. Sin embargo, en las denominaciones de conflictos bélicos, solo es necesaria la mayúscula en los elementos específicos, mientras que el sustantivo genérico guerra se escribe con inicial minúscula (guerra del Pacífico), conforme a la Ortografía académica.

5. RR. EE., con espacio intermedio, abreviatura de relaciones exteriores

La abreviatura de relaciones exteriores en alusión a ministerios y organismos se escribe RR. EE., con un espacio entre las dos partes y con punto al final de cada una de ellas, no R.R.E.E. ni RR.EE.

6. Las expresiones latinas, en cursiva

Las expresiones latinas usadas en el ámbito judicial, como ad hocinter partesius cogenspacta sunt servanda, entre otras, se escriben en cursiva o entrecomilladas, de acuerdo con la última edición de la Ortografía académica.

7. Términos formados con prefijos, en una sola palabra

Los términos formados con prefijos, como coagentecontramemoriaredúplica, etc., se escriben generalmente en una sola palabra.

 

 

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