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Martes de la luenga lengua

Recopilación y apuntes de Oscar Domínguez G.

Imagen statics.memondo.com

ABATIR PUEDE EQUIVALER A MATAR

Fundación del Español Urgente

El verbo abatir no siempre es sinónimo de matar, aunque según la última edición del Diccionario académico puede emplearse con este sentido. 

Abatir, que tradicionalmente significaba ‘derribar’, ‘tumbar’, ‘humillar’, ‘hacer que algo caiga’, etc., se venía empleando, por una extensión metafórica de estos sentidos, como sinónimo ocasional de matar. Esa acepción ya se recoge en la vigesimotercera edición del Diccionario de la lengua española: ‘hacer caer sin vida a una persona o animal’.

Así, frases como «Los Mossos abaten en Subirats al autor del atentado de La Rambla» o «La alfabetización, un medio para abatir las desigualdades» pueden considerarse igualmente válidas.

En las noticias sobre operaciones militares o policiales y enfrentamientos entre grupos armados, el verbo abatir y su participio abatido se emplean con frecuencia para evitar el uso de matar y de muertos. Conviene no caer en un uso abusivo que puede introducir ambigüedades en las informaciones, ya que el verbo abatir sigue manteniendo sus otros significados y, por tanto, no necesariamente equivale siempre a matar.

De este modo, en frases como «El Ejército abate a diez islamistas en un enfrentamiento» también se podría haber optado por «El Ejército mata a diez islamistas en un enfrentamiento

Segó la vida / El lenguaje en el tiempo

La Fundación del Español Urgente dice de manera contundente que “segar vidas se utiliza como matar”.

Fernando Avila (El Tiempo)

“Todo terminó el 7 de febrero de 2003, cuando la ciudad se estremeció tras una explosión que cegó mi vida y la de otras treinta y seis personas que se encontraban en el Club El Nogal”, dice un aparte de la novela Mi hermano y su guitarra, reseñada recientemente en la prensa.

Cegó tiene el significado de ‘perdió la vista’, ‘dejó momentáneamente ciego’, ‘cerró algo que estaba abierto’, entre otros sentidos afines, mientras que segó es ‘cortó’ o ‘interrumpió de forma violenta y brusca’. De este último significado sale el uso clásico “le segó la vida”, para indicar que ‘mataron’ a alguien.

En España se confunde segar con sesgar, por lo que aparecen a veces titulares de prensa como “Los accidentes de tráfico siguen sesgando vidas” y “El atentado terrorista del 11M sesgó 192 vidas”.

A este lado del Atlántico, en cambio, como pronunciamos igual las sílabas ce y se, se suele confundir cegar con segar, y se ven titulares como este de un periódico de Medellín, “Tres disparos ‘cegaron’ la vida de Gilberto Daza Vega…”.

La Fundación del Español Urgente dice de manera contundente que “segar vidas se utiliza con el significado de ‘matar o asesinar a alguien’ ”. La metáfora se entiende si se trae a la mente la imagen de la Muerte, usual en caricaturas, en la que un cuerpo esquelético, cubierto por una túnica negra con capucha, sostiene en la mano derecha la guadaña, con la que va segando (‘cortando’) vidas.

Las tildes del voseo

Pregunta el lector César Polanía, de Cali, si caleñismos como “cogeme”, “decime”, “pasame” llevan tilde (cogéme, decíme, pasáme).

La Academia dictó en 1952 una norma que tuvo poca difusión y en consecuencia poca aplicación. En ella decía que verbos agudos con tilde, como cogé, decí, pasá, imperativos para el pronombre vos, lo mismo que otros de uso más general como dé, dispón, enteró, debían conservar esa tilde al agregarles los pronombres me, te, se, nos, lo, la, le, los, las, les. De ahí que en algunos ambientes exquisitos se escribiera cogéme, dispónte, enteróse.

Para la mayor parte de escritores, redactores y rotuladores esta norma pasó inadvertida y la Academia no la volvió a mencionar. De hecho, en la Ortografía de la lengua española, 1999, no alude a ella, ni para decir que fue derogada. En el sistema actual de tildes, explicado en la Ortografía del 2010 y ampliamente difundido, no hay ninguna mención de esa norma.

En cambio, sí se aclara que verbos como cogeme, decile, pasalo, dese, disponte, enterose van sin tilde, como todas las palabras graves terminadas en vocal.

FERNANDO ÁVILA, experto en redacción y creación literaria

 

Compostar, otro refrán, mejor-óptimo, traducción, El Dorado

Efraim Osorio,La Patria, de Manizales

Desde la vigésima segunda edición del diccionario de la Academia de la Lengua (2001) están los términos ‘compost’ y ‘compostaje’, definido el primero así: “Humus obtenido artificialmente por descomposición bioquímica en caliente de residuos orgánicos”; el segundo, como sigue: “Elaboración de compost”. Esta acción debe llamarse ‘compostar’, verbo que aún no está en El Diccionario, pero que ya empleó, y con una lógica como puños, la columnista María Carolina Giraldo en esta frase de un artículo sobre los amigos del medioambiente:“…se movilizan en bicicleta, compostan sus residuos…” (LA PATRIA, 2/8/2017). Una lógica como puños, dije, porque si existen la acción y el efecto -‘compostaje’-, debe existir su verbo -‘compostar’-, que podría ser definido de la siguiente manera: “Transformar la materia orgánica para obtener el compost, un abono natural (mantillo)”. Si hay neologismos aceptables y enriquecedores, éste es uno de ellos.
* * *
En mis apuntaciones de la semana pasada traje a cuento el atractivo e infinito mundo de los refranes, y afirmaba que la inmensa mayoría de ellos no tiene dueño, aunque algunos sean ‘atribuidos’ a cualquier personaje de la historia. Pues bien, en su artículo del 9 de agosto de 2017, el padre Efraín Castaño le atribuye el proverbio latino “homo homini lupus” al escritor alemán Herman Hesse (1877-1962) en esta frase:“…en telón de fondo pesimista y oscuro sobre la existencia al afirmar que “el hombre es un lobo para el hombre” (LA PATRIA). Otros lo atribuyen al inglés Thomas Hobbes (1588-1679), y no faltan quienes se lo achacan al escritor francés Jean Jacques Rousseau (1712-1778). Pero no, ninguno de los tres, pues ese proverbio es viejo de más de 23 siglos, salido de la pluma del poeta cómico latino Tito Maccio Plauto (254-184 a. de C.), que escribió en la comedia “Asinaria” este verso: “Lupus est homo homini, non homo quom qualis sit non novit” (Un lobo es el hombre para el hombre, y no hombre, si ignora a su semejante). Notas: 1) “Asinaria: Título (“El precio de los asnos”) de una comedia de Plauto, en la que un esclavo, para favorecer los amores de un hijo de su ama, roba a ésta los dineros de la venta de unos pollinos” (Martín Blánquez Fraile). 2) Si los personajes mencionados citaron el susodicho proverbio, lo hicieron con el fin de sustentar alguna de sus tesis o para ilustrar su enseñanza, no para apropiárselo.
* * *
‘Mejor’ y ‘óptimo’ son, respectivamente, los grados comparativo y superlativo del adjetivo calificativo ‘bueno’. Elemental. Ninguno de los dos puede ser modificado por el adverbio de cantidad ‘más’, como lo hizo con el superlativo el columnista John Harold Giraldo Herrera en la siguiente frase:“…nos deja respirar con tranquilidad, ese ideal, que muchos creen el más óptimo” (LA PATRIA, 9/8/2017). Muchos son los giros que se le pueden dar a esta frase para construirla castizamente, por ejemplo, “que muchos creen el más bueno”, o “que muchos creen el mejor”, también “que muchos consideran óptimo”. En los dos primeros ejemplos, las locuciones ‘el más bueno’ y ‘el mejor’ sustituyen prácticamente al superlativo, porque subentienden ‘de todos los ideales’, en el caso que estudiamos. Porque sabemos que, como comparativos, se emplean con la conjunción ‘que’, ‘más bueno que’, ‘mejor que’, locuciones que no expresan superioridad absoluta, como sí lo hacen las que llevan el artículo.
* * *
¡Estas traducciones, por Dios! A la propuesta del dictador de Venezuela para una conversación telefónica con el presidente Trump, “…se le respondió que esto sólo será posible hasta que se restablezca la democracia en el país” (El Tiempo, Efe, 12/8/2017). En castellano, que Maduro y Trump conversarán telefónicamente hasta que se restablezca en Venezuela la democracia. Pero, por supuesto, no fue esto lo que no pudo expresar el redactor (¿traductor?), sino que “esto sólo será posible cuando se restablezca la democracia en Venezuela”. Mejor dicho, cuando San Juan agache el dedo.
* * *
Pie de foto: “La leyenda del Dorado empezó ayer” (LA PATRIA, 31/7/2017). Cuando un nombre propio lleva el artículo determinado, éste y el sustantivo empiezan con mayúscula, por ejemplo, ‘El Cairo’, ‘La Patria’ y, ¡cómo no!, ‘El Dorado’. “La leyenda de El Dorado”. Así.

Taller del Idioma, inexactitud

 

Abel Méndez El Diario, de Pereira

INEXACTITUD. «El departamento (de Antioquia) es la cuna de la primera santa del país». El Colombiano.
Tal aseveración es cierta, pero inexacta porque como está presentada deja lugar para asegurar que algún varón pudo ser canonizado antes de ella, lo que no es cierto. Hay dos formas de presentar ese concepto sin caer en la inexactitud.

Temo presentar la primera porque da lugar a controversias por desconocimiento teórico de nuestra lengua: «El departamento es la cuna del primer santo del país». Esto tiene que ver con el concepto de que el género masculino es el término no marcado de la dualidad de género y comprende el femenino. Si esta forma no es del agrado de los lectores, les presento la segunda: «El departamento es la cuna de la primera persona canonizada del país».

LAS COMILLAS. «Los temas del presente concurso son: “Oficios y hábitos de los habitantes de Pereira” y “Paisaje Cultural Cafetero”. Secretaría de Cultura.
Según lo que he venido enseñando de las comillas en los nombres propios, los temas para un concurso no son obras de creación ni producciones periódicas, por tanto, sus nombres propios, si los necesitan, no van entre comillas y tales nombres llevan mayúsculas iniciales en sus palabras representativas: Oficios y Hábitos de los Habitantes de Pereira y Paisaje Cultural Cafetero.

EL JURAMENTO: «Pero la verdad es que se encuentra muy lejos de esa condición, según lo demuestran por lo menos cuatro grandes realidades». Prensa Jorge Enrique Robledo.
La cita tiene una muletilla que yo llamo juramento, porque se antepone a lo que se va a decir una expresión que significa que lo que sigue es verdad. Es una expresión que sobra, observemos la cita sin ella: «Se encuentra muy lejos de esa condición, según lo demuestran por lo menos cuatro grandes realidades».

PUNTUACIÓN. «El ejercicio político se desarrolla en un ambiente viciado. Tanto que, muchos no estamos dispuestos a sacrificar nuestra estabilidad por participar en estos espacios». El diario
La puntuación de este párrafo debe ser: «El ejercicio político se desarrolla en un ambiente viciado, tanto que muchos no estamos…».
taller95@yahoo.es

EN POCAS PALABRAS

Compostar, otro refrán, mejor-óptimo, traducción, El Dorado

Efraim Osorio,La Patria, de Manizales

Desde la vigésima segunda edición del diccionario de la Academia de la Lengua (2001) están los términos ‘compost’ y ‘compostaje’, definido el primero así: “Humus obtenido artificialmente por descomposición bioquímica en caliente de residuos orgánicos”; el segundo, como sigue: “Elaboración de compost”. Esta acción debe llamarse ‘compostar’, verbo que aún no está en El Diccionario, pero que ya empleó, y con una lógica como puños, la columnista María Carolina Giraldo en esta frase de un artículo sobre los amigos del medioambiente:“…se movilizan en bicicleta, compostan sus residuos…” (LA PATRIA, 2/8/2017). Una lógica como puños, dije, porque si existen la acción y el efecto -‘compostaje’-, debe existir su verbo -‘compostar’-, que podría ser definido de la siguiente manera: “Transformar la materia orgánica para obtener el compost, un abono natural (mantillo)”. Si hay neologismos aceptables y enriquecedores, éste es uno de ellos.
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En mis apuntaciones de la semana pasada traje a cuento el atractivo e infinito mundo de los refranes, y afirmaba que la inmensa mayoría de ellos no tiene dueño, aunque algunos sean ‘atribuidos’ a cualquier personaje de la historia. Pues bien, en su artículo del 9 de agosto de 2017, el padre Efraín Castaño le atribuye el proverbio latino “homo homini lupus” al escritor alemán Herman Hesse (1877-1962) en esta frase:“…en telón de fondo pesimista y oscuro sobre la existencia al afirmar que “el hombre es un lobo para el hombre” (LA PATRIA). Otros lo atribuyen al inglés Thomas Hobbes (1588-1679), y no faltan quienes se lo achacan al escritor francés Jean Jacques Rousseau (1712-1778). Pero no, ninguno de los tres, pues ese proverbio es viejo de más de 23 siglos, salido de la pluma del poeta cómico latino Tito Maccio Plauto (254-184 a. de C.), que escribió en la comedia “Asinaria” este verso: “Lupus est homo homini, non homo quom qualis sit non novit” (Un lobo es el hombre para el hombre, y no hombre, si ignora a su semejante). Notas: 1) “Asinaria: Título (“El precio de los asnos”) de una comedia de Plauto, en la que un esclavo, para favorecer los amores de un hijo de su ama, roba a ésta los dineros de la venta de unos pollinos” (Martín Blánquez Fraile). 2) Si los personajes mencionados citaron el susodicho proverbio, lo hicieron con el fin de sustentar alguna de sus tesis o para ilustrar su enseñanza, no para apropiárselo.
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‘Mejor’ y ‘óptimo’ son, respectivamente, los grados comparativo y superlativo del adjetivo calificativo ‘bueno’. Elemental. Ninguno de los dos puede ser modificado por el adverbio de cantidad ‘más’, como lo hizo con el superlativo el columnista John Harold Giraldo Herrera en la siguiente frase:“…nos deja respirar con tranquilidad, ese ideal, que muchos creen el más óptimo” (LA PATRIA, 9/8/2017). Muchos son los giros que se le pueden dar a esta frase para construirla castizamente, por ejemplo, “que muchos creen el más bueno”, o “que muchos creen el mejor”, también “que muchos consideran óptimo”. En los dos primeros ejemplos, las locuciones ‘el más bueno’ y ‘el mejor’ sustituyen prácticamente al superlativo, porque subentienden ‘de todos los ideales’, en el caso que estudiamos. Porque sabemos que, como comparativos, se emplean con la conjunción ‘que’, ‘más bueno que’, ‘mejor que’, locuciones que no expresan superioridad absoluta, como sí lo hacen las que llevan el artículo.
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¡Estas traducciones, por Dios! A la propuesta del dictador de Venezuela para una conversación telefónica con el presidente Trump, “…se le respondió que esto sólo será posible hasta que se restablezca la democracia en el país” (El Tiempo, Efe, 12/8/2017). En castellano, que Maduro y Trump conversarán telefónicamente hasta que se restablezca en Venezuela la democracia. Pero, por supuesto, no fue esto lo que no pudo expresar el redactor (¿traductor?), sino que “esto sólo será posible cuando se restablezca la democracia en Venezuela”. Mejor dicho, cuando San Juan agache el dedo.
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Pie de foto: “La leyenda del Dorado empezó ayer” (LA PATRIA, 31/7/2017). Cuando un nombre propio lleva el artículo determinado, éste y el sustantivo empiezan con mayúscula, por ejemplo, ‘El Cairo’, ‘La Patria’ y, ¡cómo no!, ‘El Dorado’. “La leyenda de El Dorado”. Así.

Taller del Idioma, inexactitud

 

EN POCAS PALABRAS

(ODG)

 

En los eclipses, la tierra le grita a la luna: apártate, no me ocultes el sol que me estoy bronceando.

La coqueta tierra se pone furiosa con los eclipses porque le interrumpen sus aeróbicos a plena luz del sol.

En este combate celestial que es un eclipse, David (la Luna)

vence a Goliat (el sol) propinándole tremenda pedrada en mitad de su

prepotencia.

Después de los eclipses, las gallinas se despiertan con los

rulos todavía puestos y con amnesia parcial. No recuerdan dónde

pasaron la fugaz noche, ni qué gallo las revolcó en el corral.

En los eclipses reinan mitad y mitad, la luz y la sombra.

Es como si al universo se le saliera el Rembrandt.

La tierra anda feliz contándole a los vecinos del mismo estrato

del sistema solar, que la cuenta de la luz le llegará más bajita en septiembre por los minutos que dejó de recibir  luz solar.

Nadie sabe en qué se gasta el sol la plata que ahorra en energía

durante los eclipses.

El eclipse es un caso de erotismo celestial, el pretexto para

que la luna y el sol se echen una canita al aire en el único motel

colgante como un jardín babilónico: el infinito.

En estos casos de forzoso matrimonio astral, a la tierra no le

queda otra opción que dejar salir el voyerista o mirón que

lleva por dentro.

 

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