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Martes de la luenga lengua

Recopilación y apuntes de Oscar Domínguez G.

Imagen redchaco.info

Quisquillas de alguna importancia

Efraim Osorio, La Patria, Manizales

Conocí el sustantivo ‘momia’ (“Cadáver que naturalmente o por preparación artificial se deseca con el transcurso del tiempo sin entrar en putrefacción”) cuando, en clases de historia universal, nos hablaban de las momias de Egipto. Pero ignoraba la existencia del adjetivo ‘momio-a’, que califica lo “magro y sin gordura”. Y supe de él porque en la columna del señor Rudolf Hommes leí esto: “…porque unos momios, en el otro extremo del espectro político, opinan equivocadamente que los pequeños productores son improductivos” (LA PATRIA, 31/5/2016). Como no degluto sin masticar, fui al diccionario, y ahí estaba, con otra acepción, ésta figurada: “Lo que se da u obtiene sobre lo que corresponde legítimamente”, como también “lo que se adquiere a poca costa, ganga”. De aquí, la locución familiar ‘de momio’ (‘de balde’). Según estas nociones, ¿qué pretendió expresar el columnista con el término ‘momios’ -aquí, sustantivo-, con el que designa a algunos políticos? Él los contrapone a un “político de izquierda” que se opone a la ‘utilización de extensas tierras cultivables para producir alimentos exportables y de consumo interno’. ¿Quiso calificarlos de ‘momias’? ¿De ‘flacuchentos’? O, más bien, de ‘fósiles, cavernarios y oscurantistas’, como adjetivan los de ideas dizque avanzadas a quienes no piensan ni se comportan como ellos. Habría que preguntárselo al columnista.
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En uno de los dos ejemplos que propone La Patria Chica del uso de los ‘dos puntos’, éstos sobran, lo mismo que los que están puestos después de ‘ejemplo’. Dice así: “Para introducir una enumeración anunciada. Por ejemplo: “Me gustaría de cumpleaños: un balón, un carro, ropa y torta” (Para salir de dudas, 29/5/2016). Y sobran, porque en esa oración los objetos deseados son el complemento del verbo ‘gustar’. La frase, entonces, debió ser construida de la siguiente manera: “Por ejemplo, me gustarían de cumpleaños un balón, un carro, ropa y torta”. Otra flauta le habría sonado si hubiese redactado de esta manera: “Me gustaría de cumpleaños lo siguiente: un balón…”. Sobran también en la siguiente frase del doctor Jorge Raad Aljure: “La carne roja es por ahora: probable, con un riesgo mínimo” (LA PATRIA, 7/6/2016). Y sobran, porque el adjetivo ‘probable’ es el predicado subjetivo de esa oración. Se refería el columnista a la carne roja como causa del cáncer, por lo que debió construir su frase así: “La carne roja es por ahora apenas probable, con un riesgo mínimo”. Afortunadamente.
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En el capítulo XXX de la segunda parte del Quijote, Sancho Panza se dirige a la “señora del palafrén y del azor” de la siguiente manera: “…vuestra encumbrada altanería y grandeza”. El escudero, en forma socarrona, dice ‘altanería’* en lugar de ‘alteza’, tratamiento que se dio en España a los reyes antes de la llegada de la dinastía austríaca. A algunos miembros de la jerarquía eclesiástica (cardenales) se les dice ‘su eminencia’. Este término significa ‘altura o elevación del terreno’ y, figuradamente, “excelencia o sublimidad de ingenio, virtud u otra dote del alma”. Y solemos decir “fulano de tal es una eminencia en tal o cual disciplina”, es decir, que sobresale en ella. Pero hay quienes lo confunden con ‘inminente’, caso más frecuente de lo que podríamos sospechar. Por ejemplo, Alejandro Samper Arango garrapateó: “…y abandonar Vietnam, ante la eminente derrota de sus tropas” (LA PATRIA, 28/5/2016). ‘Inminente’, señor Samper, el adjetivo que usted debió emplear, significa ‘lo que está a punto de suceder’, por ejemplo, ‘inminente, una revuelta popular en Venezuela’. Es un adjetivo procedente del verbo latino ‘imminere’ (‘amenazar’) a través de su participio presente ‘imminens’: Cicerón decía “quotidie mors imminet” (La muerte nos amenaza todos los días). Pregunta: ¿No suena mejor “y abandonar a Vietnam”? ¡Claro que sí! *Nota: Con el término ‘altanería’ designaban la “caza que se hace con halcones y aves de rapiña de alto vuelo”.
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Titular de LA PATRIA: “Spotteando en el aeropuerto Matecaña de Pereira” (Eje Cafetero, 4/6/2015). Y el pie de la fotografía reza: “Los ‘spotter’ del aeropuerto Matecaña se pegan de la malla para observar y registrar los aviones”. ¿No existen en castellano los términos adecuados para expresar esa idea? ¿No sirven ‘observar, ver, divisar, localizar, avistar, curiosear´? ¡Qué pesar del castellano

GAZAPERA 12 JUN 2016 – 9:00 PM

Gazapera (Sófocles, El Espectador)

Edwin Bernardo Rivera

El pasado 30 de mayo fue llamado por el Señor mi amigo y compañero de trabajo Edwin Rivera, Eduino, quien hace 24 años dirigió mis pasos en el mundo del periodismo, al que llegué de la mano de don Alfonso Cano Isaza para dirigir la columna Gazapera. A la muerte de don José Salgar, el Mono Salgar, Eduino me contó que el Mono le había recomendado que me enseñara todo lo que necesitara acerca de periodismo dada mi inexperiencia en esta nueva disciplina. A fe que lo hizo bien sin que yo me diera cuenta de ello, por lo que quedaré agradecido. Mis condolencias sean dadas a su familia, a sus compañeros de trabajo, a la directiva de este diario y a los grupos Consulforo y Conservadorio. Requiescat in pace.

Los exes

«Una investigación documental iniciada con el objetivo de aclarar las circunstancias de la muerte del expresidente de Venezuela Hugo Chávez en marzo de 2013…». Web de noticias Aporrea.

No es primera vez que trato este gazapo, pero a medida que pasa el tiempo se hace más frecuente, es decir, las nuevas generaciones desconocen el protocolo. Cuando un expresidente muere deja de ser expresidente y vuelve a ser presidente. Esta norma protocolaria es válida para cualquier alto cargo: el presidente Chávez, el ministro Lara Bonilla, el gobernador Antonio Roldán, el papa Pío XII, el rey Carlos V, etc.

Quemar un cidí

Estaba yo en un negocio de internet cuando entró un señora para que le quemaran un cidí. Qué bárbara —pensé—, en vez de grabarlo. Desconozco la procedencia de ese barbarismo que llama «quemar» lo que es «grabar». Mucha gente quedó con el convencimiento de que para decir «grabar» tiene que estar presente la cinta magnética. Veamos la segunda acepción del verbo «grabar»: ‘Captar y almacenar imágenes o sonidos por medio de un disco, una cinta magnética u otro procedimiento, de manera que se puedan reproducir’. En esa frase «u otro procedimiento» quedan asegurados cualesquiera procedimientos hoy desconocidos.

gazapera@gmail.com

Play-off es eliminatoria

FundéuBBVA

El término inglés play-off (o playoff) puede sustituirse en español por eliminatoria o, según el contexto, por otras voces como fase final, promoción o desempate.

Sin embargo, se ve cada día con más frecuencia en las informaciones deportivas: «Así podrás ver por televisión el play-off de ascenso a segunda y segunda B», «Récord de triples en un partido del play off liguero» o «Lágrimas de ‘play off ‘».

Este anglicismo se usa desde hace tiempo en los ámbitos del baloncesto y el béisbol para referirse a la fase final de un torneo en la que, superada la fase de enfrentamientos de todos contra todos, los equipos compiten de dos en dos de modo que uno queda eliminado y el otro continúa en la competición hasta el final. En ese sentido es preferible emplear la palabra española eliminatoria.

En la actualidad su uso se ha ampliado a otros deportes y situaciones similares. Así, en el fútbol se usa últimamente para aludir a los partidos de ascenso en categorías inferiores, y en ese caso también puede optarse por eliminatoria, promoción, liguilla o fase de ascenso.

En golf se usa, como señala el Diccionario panhispánico de dudas, para designar el encuentro que se disputa para deshacer un empate, en cuyo caso puede sustituirse por (partido de) desempate.

En todos los casos, esas situaciones suelen darse en la última fase de los torneos de cualquier deporte, por lo que puede equivaler asimismo a fase final.

Así, en los ejemplos anteriores, lo adecuado habría sido escribir «Así podrás ver por televisión la liguilla de ascenso a segunda y segunda B», «Récord de triples en una eliminatoria liguera» o «Lágrimas de desempate».

Si se prefiere usar el término en inglés, lo recomendable es escribirlo en letra cursiva, play-off o playoff, o entre comillas si no se dispone de ese tipo de letra.

ME ENCONTRE EN LA VIDA CON BORGES

El fallecido director del Instituto Caro y Cuervo, Ignacio Chaves, fue lazarillo de Jorge Luis Borges en su última visita a Bogotá. Al shakespereano Chaves, de quevediana chivera, le cupo en suerte narrarle a Borges – moderno Homero- la casona del Instituto en el barrio La Candelaria, en la ciudad vieja de Bogotá.

Aquella fue la única vez que estuve cerca de Borges, fallecido hace treinta años. Dizque reportero, cuando lo tuve ahí no más, me “abstuve” de preguntarle nada cuando salía de la Casa de Nariño después de entrevistarse con el presidente de los siete mil volúmenes en su biblioteca: Julio César Turbay. Me aculillé en jurisdicción de Borges, delgado como el “sesgo afil” de su poema al ajedrez. Debí haberle metido la mano al bolsillo para robarle el último soneto. Bueno, me habría contentado con el último terceto.

Cuando me enteré de que el escritor iría a la sede del Instituto Caro y Cuervo, cerca del Palacio presidencial, me olvidé de minucias como almorzar y escribir noticias para oír respirar de cerca a una leyenda. De pronto, por ósmosis, se me pegaba algo de su virtuosismo. Falso positivo.

En un pequeño salón del Instituto respondió toda clase de preguntas con su sonrisa que era otro idioma. Además, Borges convertía cualquier diálogo en género literario. Pese a mis indagaciones, el Caro y Cuervo nunca respondió si conserva copia de esa charla.

Como el “memorioso de Buenos Aires” era ateo, Dios se lo llevó el 14 de junio de 1986 para demostrarle que sí existe. Mucho antes de partir, había bendecido la infinita ironía de Dios que le dio al mismo tiempo los libros y las sombras.

Premio Nobel de Literatura para todos, menos para los rostros de madera de la Academia sueca que se lo embolataron, fue sepultado en el cementerio Maimplsi, en Ginebra, la ciudad que amó. Siempre esperó la muerte con felicidad. Sostenía Borges.

Pocas personas como él se han dado el lujo de morir siendo cuatro veces feliz: (1) casado con María Kodama; (2) en Ginebra, tal vez en una tumba rodeada por “el silencio del pájaro dormido”; (3) aspirando al olvido “la única venganza y el único perdón”, y (4) buscando “por el agrado de buscar, no de encontrar”, siguiendo la receta de Kavafis.

Seducido por la idea de morir sostuvo siempre que no esperaba castigos ni recompensas. “Sé que voy a morir eternamente, como murió mi padre”, dijo alguna vez en una de esas ruedas de prensa que convirtió en pequeñas obras de arte, como sus cuentos.

En alguna de ellas soltó una de sus diatribas contra el fútbol (“una forma de tedio”) que ningún fervor le provocaba hasta el punto de que habría podido confundir un gol con la sota de bastos. Del balompié dijo que era “una cosa estúpida de los ingleses… Un deporte estéticamente feo: once jugadores contra once corriendo detrás de una pelota no son esencialmente hermosos”.

Optó por el cuento, de corto vuelo, “porque corresponde a una unidad estética. La novela, en cambio, suele ser una acumulación”.

Sobre el oficio de escribir, fabricó una ironía que envidiaría Wilde: “Todo el mundo es vanguardista. Todos empezamos a ser escritores geniales. Luego volvemos a la cordura”.

“Me han prometido tantas veces el Nobel que el jurado de Estocolmo tiende a creer que ya me lo dio”, solía ironizar. Peor para el Nobel que nunca se ganó un Borges.

Solía tutearse con la muerte. Una vez le propuso a su amigo Macedonio Fernández que se suicidaran para seguir conversando. “No me acuerdo si nos suicidamos aquella noche”, bromeó Borges.

Es de los pocos que ha escrito una especie de borrador de su propio epitafio: “Morir es una sana costumbre que debería tener la gente”.

Era tan famoso que cualquiera podía pensar, cuando oía hablar de él, que había muerto. Ahora que está muerto hace treinta años con sus noches, uno lo siente vivo. (Bendecía la ironía de Dios que le dio al mismo tiempo “los libros y la noche”). Paz sobre la tumba de “el último delicado” como lo llamó Ciorán.

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