Al instante

Martes de la luenga lengua

Recopilación y apuntes de Oscar Domínguez G.

Imagen periodistadigital.com

Quisquillas de alguna importancia

(Efraim Osorio, en La Patria, de Manizales)

Hay maneras de hablar y hay maneras de escribir. Generalmente, cuando utilizamos el lenguaje hablado, aun cuando no debería ser así, descuidamos ciertas menudencias gramaticales, por ejemplo, cuando decimos “ocultan que el despelote lo causan son los que ellos defienden”. Así no escribimos, si queremos hacerlo cultamente. Al editorialista de El Tiempo se le olvidó que no estaba conversando en la cafetería de la empresa cuando escribió esto en su artículo: “…menores desorientados que no saben que la fiesta la hacen son las Farc” (El Tiempo, editorial, 16/5/2016). En esta frase, evidentemente, o sobra el verbo ‘son’, o le hace falta el antecedente, así: “…no saben que la fiesta la hacen las Farc”, o “no saben que quienes (o las que) hacen la fiesta son las Farc”. Esto, ¡claro!, y como tiene que ser, en lenguaje culto. * * * El verbo ‘oponer’, como transitivo, significa “poner una cosa contra otra para estorbarle o impedirle su efecto”, verbigracia, “el agredido lo único que podía oponer para defenderse eran sus brazos”. También “proponer una razón o discurso contra lo que otro dice o siente”, por ejemplo, “a los insultos de Maduro, el diputado opuso sus argumentos”. Como pronominal, ‘oponerse’, lo usamos para expresar nuestra posición contraria a una idea, una doctrina, o un hecho con los cuales estamos en desacuerdo, por ejemplo, “el congresista se opuso a la creación de nuevos impuestos”. El ex ministro de ya no recuerdo qué (¡son tantos!), Juan Camilo Restrepo, echó mano del verbo como transitivo en una oración en la que tenía que ser pronominal: “…como unos improvisadores a los que se les vino el proceso de paz encima sin argumentos válidos para oponerlo” (LA PATRIA, 19/5/2016). “para oponerlo” ¿a qué o a quién? Lo que quiso decir fue lo siguiente: “…sin argumentos válidos para oponérsele”. Al proceso de paz, obviamente. * * * Según el contexto, el redactor de ‘Supimos que…’ se enguaraló con el verbo ‘martirizar’ en la siguiente información: “…en el que (…) despotricaron del Ejército, y martirizaron a las Farc frente a un grupo de estudiantes del colegio” (LA PATRIA, 17/572016). En esta declaración, su intención fue decir que los supuestos infiltrados, además de insultar al Ejército, convirtieron en ‘mártires’ a los miembros de esa organización criminal, como siempre se han considerado ellos, víctimas, no victimarios. Era imposible que los martirizaran, porque no estaban presentes, y si lo hubiesen estado, no lo habrían permitido, pues viven armados, muy bien armados. ‘Martirizar’, señor, es ‘atormentar, afligir, maltratar’, y, en su primera acepción, “atormentar a uno o quitarle la vida por motivos religiosos”. * * * En su artículo de El Tiempo, el señor Heriberto Fiorillo redactó de la siguiente manera: “En mayo de 1968, el amor libre consagró al beso de boca entre personas…”; “ ‘Artistadas’, califican los más godos a estas conductas en nuestro medio” (16/5/ 2016). En castellano, el complemento directo o acusativo no pide la preposición ‘a’, verbigracia, “los elenos secuestran y asesinan personas indefensas y destruyen los recursos naturales”, por lo cual, en las muestras asentadas está de más: “…consagró el beso” y “califican estas conductas”, porque, tanto el artículo como el adjetivo demostrativo, son suficientes para determinar. Hay solamente dos casos en los cuales el acusativo pide la preposición ‘a’, a saber, cuando hay que personalizar y determinar, por ejemplo, “en mi juventud leí a Cicerón y oí a Ponchielli”, frases en las cuales se personalizan las obras del escritor y del compositor. Lo mismo se aplica a los apelativos con que se conocen algunos animales irracionales, verbigracia, “Rui Díaz de Vivar montaba a Babieca”. La segunda excepción se refiere a todo nombre propio, objeto de la acción del verbo, por ejemplo, “el verano pasado visité a Londres”, norma que no es pertinente cuando el nombre tiene el artículo determinado, verbigracia, “aún no he conocido El Cairo, en Costa Rica”. Nota: Actualmente, escritores de todos los pelambres tienden a eliminar la preposición cuando se trata de ‘topónimos’, y esto con la bendición de la Academia de la Lengua que ‘registra’ algunos ejemplos con las dos opciones, como ella las llama (Nueva gramática de la lengua española, 34.8j y ss.). A mí esa construcción me disuena. El escritor culto sabrá escoger. – See more at: http://www.lapatria.com/columnas/36/lenguaje-culto-oponer-se-martirizar-en-el-acusativo#sthash.68sIrJIt.dpuf

Fondillo-fundillo, fundamento

En Caldas, y, me imagino, en muchas otras partes de nuestro país, decimos popularmente el fundillo por el trasero (tafanario). Y no es otra cosa que la pronunciación folclórica de fondillo (nombre que se le da a la parte del pantalón que corresponde a las nalgas). El académico Roberto Restrepo dice: “Dígase los fondillos, nunca fundillo”. Y añade: “FONDILLÓN. Adjetivo familiar. Dícese del que tiene posaderas voluminosas, que es nalgón o nalgudo, y como el tal es tan pesado y desproporcionado en cuerpo como un elefante, hemos extendido la significación de esta voz en lenguaje figurado para designar lo que es desproporcionado, y lo usamos especialmente con el verbo ‘quedar’: Eso le queda a usted fondillón”. Pero decimos fundillón en lenguaje costumbrista. En su obra Apuntaciones sobre el habla antioqueña en Carrasquilla, Néstor Villegas Duque anota: “FUNDILLÓN. Adj. En América Central, Colombia y Cuba dicen fondillón y vale por fondilludo, anota Malaret en du Dicc. De Am. – “Yo le he dicho decididamente que la cosa me queda muy fundillona” (Epistolario, 2.078). – “Mirá, hombre Casafús: esas cosas me quedan a mí muy fundillonas” (El Padre Casafús, 6o. 1.284). Sea de todo esto lo que fuere, fundillo y fundillón, con las acepciones anotadas, lo dijeron mis bisabuelos, mis abuelos, mis papás; lo decimos nosotros, y, seguramente, nuestros hijos y nietos lo dicen y lo dirán. La explicación de esta pronunciación la ofrece nadie menos que don Rufino: “También obran a su vez las consonantes sobre la vocal inmediata convirtiéndola en otra que se acerca más a su propia articulación. Así las labiales b, v, p, f, m convierten la o protónica (de ordinario siguiente) en u: (…) batiborrillo >batiburrillo, boñiga>buñiga, mochila>muchila (…). A veces coadyuvan causas asociativas, como en cubija por cobija, a causa de cubrir, fundillos por fondillos, a causa de fundamento, fundar…”. Así, pues, sigamos diciendo el fundillo (trasero) y fundillón (ancho de atrás, muy grande) sin ningún reato de culpa, eso sí, en lenguaje costumbrista, nunca en el lenguaje culto, sin demeritar con esto el anterior, que, bien cultivado, es muy sabroso. Cada cosa en su lugar.

De fundamento dice Álvaro Marín Ocampo: “Eufemismo para referirse a las posaderas o nalgas. Nalgatorio” (Voces fatigadas). Y recordemos que en nuestros hogares nos aconsejaban siempre hacer o decir las cosas con fundamento.

Hayan y hubieron / Fernando Ávila (El Tiempo)

El verbo haber hace que solo se conjugue en plural cuando es auxiliar de otro verbo.

Cita: “Aguas de Bogotá asegura que las puede utilizar para puntos críticos donde hayan residuos voluminosos”.

Comentario: El régimen especial del verbo haber hace que solo se conjugue en plural cuando es auxiliar de otro verbo, “cuando hayan llegado”, “si hubieran venido”, “habrían entrado”, “habrán delegado”, “han terminado”.

Cuando no es auxiliar, sino que se usa con el sentido de ‘existir’, el verbo haber siempre va en singular, “había un problema” y “había muchos problemas” (no “habían”), “donde haya un residuo” y “donde haya residuos” (no “donde hayan”).

Esta norma se extiende a las frases en las que el verbo haber tiene otro verbo como auxiliar, “suele haber un policía” y “suele haber diez policías” (no “suelen haber”), “tiene que haber una solución” y “tiene que haber soluciones” (no “tienen que haber”).

En esa línea, es bueno aclarar también que habemos no existe, “habemos cuatro”, pues la inflexión verbal correcta es hemos, “hemos dicho”, “hemos triunfado”. Sin embargo, la corrección de “habemos cuatro” no es “hemos cuatro”, pues, como queda dicho, las formas plurales de este verbo solo se usan como auxiliares de otros verbos. Así las cosas, lo más indicado es decir “hay cuatro”, y si el hablante precisa incluirse tendrá que cambiar de verbo, “estamos cuatro”, “llegamos cuatro”, “quedamos cuatro”…, según corresponda. Lo que gritan en Roma, cuando sale humo blanco de la Capilla Sixtina es “Habemus papam!”, en latín; no “habemos”.

En cambio, sí existe hubieron, contra todo lo que han dicho profesores y correctores, solo que en nuestro país y en nuestra época no se usa. El ejemplo que da la Academia es: “Apenas hubieron traspasado el umbral, la puerta se cerró de golpe”, que hoy se diría “Apenas traspasaron el umbral, la puerta se cerró de golpe”. Lo que a todas luces está fuera de lugar es “hubieron muchos pacientes”, “hubieron tres ganadores”…

En cuanto a haiga, inflexión burda o rupestre para frases como “cuando haiga tiempo”, es claro que se trata de una errónea deformación de haya, “cuando haya tiempo”, pero una curiosidad de la lengua es que el sustantivo haiga sí existe y figura muy orondo en el Diccionario de la lengua española, 2014, para diversión de tomapelistas. Se trata de una forma coloquial e irónica usada hace años en España para referirse a ‘un automóvil muy grande y ostentoso, normalmente de origen norteamericano’: “¡Mirad el haiga que se ha conseguido Paco!”.

Las locuciones “ha lugar” y “no ha lugar”, que dicen los jueces en las cortes gringas de las películas de Hollywood, se construyen con una inflexión del verbo haber, que es ese ha, equivalente a hay (‘hay lugar’).
FERNANDO ÁVILA
Experto en redacción y creación literaria

Del Manuel de español urgente (Fundéu)

El verbo abrogar significa ‘abolir o declarar nula una ley’, por lo que es inadecuado su uso en lugar dearrogarse con el sentido de ‘atribuirse un derecho o facultad de manera indebida’.

En los medios de comunicación se está extendiendo el empleo de esta voz con este sentido que no le es propio, como por ejemplo en «No pocos Gobiernos se han abrogado la facultad de poder vigilar a los ciudadanos en Internet», «Estados Unidos se abrogó el derecho de imponer sus intereses por la fuerza» o «El consejero aseveró que el instituto no puede abrogarse atribuciones que van más allá de lo que le confiere la legislación».

Tal como se comprueba en el Diccionario académico, el verbo abrogar es un término del ámbito del derecho que significa ‘abolir, derogar’, además de que su uso como pronominal no es adecuado, como señala el Diccionario panhispánico de dudas. Sin embargo, se confunde a menudo con arrogarse, verbo este último que la misma obra define como ‘apropiarse indebida o exageradamente de cosas inmateriales, como facultades, derechos u honores’.

Así, en las frases anteriores, lo apropiado habría sido «No pocos Gobiernos se han arrogado la facultad de poder vigilar a los ciudadanos en Internet», «Estados Unidos se arrogó el derecho de imponer sus intereses por la fuerza» y «El consejero aseveró que el instituto no puede arrogarse atribuciones que van más allá de lo que le confiere la legislación».

Sí es apropiado el uso de abrogar en, por ejemplo, «El Gobierno abrogó la ley sobre herencias», pues aquí lo que se quiere expresar es que se ha derogado.

NADA QUE VER

La soledad de los espantapájaros en www.oscardominguezgiraldo.com

Email this to someoneTweet about this on TwitterShare on Google+Share on LinkedInShare on FacebookPrint this page