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MACROLINGOTES: El reino de la democracia

Por Oscar Alarcón Nuñez, Diario El Espectador, Bogotá

Cuatro muertos 20 heridos en el atentado en Londres hace una semana. Foto googleapis.com

Cuando se habla de democracia, siempre se piensa en la Gran Bretaña. Por eso duele tanto lo sucedido la semana pasada con el atentado terrorista ocurrido en las cercanías del parlamento más antiguo del mundo. La circunstancia de que haya allí una monarquía no les quita el mérito de haber sido los adalides de la democracia.

El voto nació y evolucionó en ese reino. A comienzos del siglo XIX había un gran desequilibrio para elegir a los miembros de las corporaciones públicas, en donde sólo se tenía en cuenta a los propietarios de bienes. Ello llevó al primer ministro Charles Grey a propugnar por una gran reforma, cuando asumió el gobierno en 1830. Sin embargo no tuvo éxito. Pero dos años después se aprobó una ley que fue el primer paso para ampliar la participación de ciudadanos en el sufragio.

Leyes subsiguientes continuaron ese camino. En 1868, por iniciativa de los tories (conservadores), se extendió el voto a los artesanos y a los trabajadores de las ciudades; en 1872 se estableció el voto secreto; en 1883 se estableció la condena a la corrupción, a la intimidación y la amenazas a los electores, y en 1884 se les dio el voto a los obreros de los condados y de las pequeñas ciudades, siempre que tuvieran bienes. En el siglo XX, la batalla que encabezó la señora Emmeline Pankhurst fue para lograr el voto de la mujer. En 1918 se consagró el principio del voto universal masculino y se introdujo al mismo tiempo, y por primera vez, el voto femenino para aquellas mujeres que tuvieran 30 años de edad, casadas y con título universitario, o alguna propiedad. El ciclo terminó en 1928, cuando en la Gran Bretaña se estableció la igualdad del voto para el hombre y la mujer, y se completó en 1968, cuando se les otorgó a los mayores de 18 años.

Luego no tiene sentido que se atente contra la democracia en el país que tanto la ha impulsado y que hoy está dirigido por dos mujeres: la reina y la primera ministra. Ellas sí saben para qué es el poder.

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