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Lunes del ajedrez: La Madre Teresa del Ajedrez

Por Oscar Domínguez Giraldo

Casa cafetera en vereda San Juan,Cocorná Foto (odg)

Es delgado como un enroque corto y sonriente como un caballo en  tres alfil rey, cuando apenas empieza a galopar sobre el tablero.

Al caminar imita el movimiento diagonal de los alfiles, y cuando aprendió a bailar meneíto llevaba camino hecho de tanto mover las torres.

En Cocorná, Antioquia, donde lo conocí, decían que primero Dios, después el doctor Orlando, director del Hospital y tercero Ramiro Soto Ríos, la madre  Teresa de Calcuta del ajedrez que se juega en este municipio. (Y en otros porque Ramiro enrocó y ha estado en varios municipios. Le perdí el rastro).

Fue importado de Titiribí, donde se aprendió las trovas que inventaban  a guitarra ventiada Ñito Restrepo y Salvo Ruiz, en  esas fondas camineras donde la Virginidad de María se explicaba en una respetuosa cuarteta teológica de estremecedora hermosura (atribuida al juglar  Salvo):

 

  • Tira una piedra en el agua:
  • Se abre y vuelve a cerrar.
  • Así la Virgen pariendo
  • Doncella pudo quedar

 

Si no le hubieran madrugado los hindúes, Ramiro habría inventado el ajedrez, alrededor del cual ha girado buena parte de su vida.

Porque es un apóstol del juego de los trebejos esté donde lo hayan llevado sus pasos. Ha impulsado el ajedrez tanto para bebés de guardería, como para veteranos con muchos atardeceres encima. Se impuso el destino de compartir el viejo juego.

Claro que como no sólo de enroques y gambitos vive el hombre, su modus comiendi lo tiene asegurado fabricando cepillos de aseo para todas las

gentes de la región. Cada cepillo que vende lo da garantizado con dos mates.

En su taller, no sólo se pueden encontrar futuros maestros del ajedrez  dirimiendo supremacías. También hay obreros inventando cepillos para volver ropa de trabajo el polvo.

Tiene una gran mecenas en su trabajo: doña Rubiela de Franco  quien daría esta vida y la otra por volver a ver a la hermana carmelita Nazareth Giraldo, de Supía, Caldas, su antigua compañera  del colegio del Carmelo, de Sabaneta, nuestra vecina en Envigado, por los lados de la Bota del Día. (Quo vadis, hermana Naza?).

Paisaje cocornense desde la casa del dueto Evelio-Biella (óleo de Gloria Luz Duque).

En la agenda de ocupaciones y preocupaciones de Ramiro figura  intrigar ajedreces para que los ciegos toquen piano sobre el lomo de las piezas. Nunca se olvidó de ellos.

No le da pena pasársela intrigando ante quien diga pago para que esa religión de 32 figuras que es el ajedrez, la  practique hasta el gato de su taller que duerme entre un mate que ya pasó y el cepillo que viene.

Cuando vivió en la fértil tierra de la panela y había que llevar al gran maestro Gildardo García a que les diera unas simultáneas, Ramiro era el hombre. Le pagaba con los charcos que hay alrededor y le encimaba mariposas  de las que tanto hay en la región.

Suele aconsejar a los turistas que jueguen ajedrez con algodones  en los oídos porque las chapolas de Cocorná heredan de generación en generación, la tendencia a colarse en los oídos de los forasteros que practican este deporte-ciencia-encarrete. (A mí se asiló una de ellas en el oído como ocho horas. Se iba amañando. La sacamos con chorros de agua en el hospital local, cuando todo apuntaba a una operación de más envergadura en Medellín).

Si vas a Calatayud, preguntá por la Dolores. Pero en Cocorná,  en San Rafael, en cualquier parte pregunta por la dirección del taller de  Ramiro, donde a nadie le niegan un  saludo, un cepillo, ni un jaque.

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