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Los vocablos femeninos son útiles y aclaratorios

Por Jairo Cala Otero

(Foto eluniversal.com)

Es innecesario y deslucido acudir a fórmulas advenedizas para escribir, como ya lo han dicho reiteradamente las autoridades lingüísticas. Particularmente, el uso de giros «femeninos», en un intento por «igualar» el tratamiento para las mujeres, termina por generar alteración de la normativa gramatical, y por descomponer el gusto por la escritura elegante y correcta.

Como lo indica la Real Academia Española ─RAE─ un mueble puede ser masculino, pero no es macho; y una silla podrá ser considerada femenina, pero no es hembra. Alusión que indica, claramente, que los humanos y animales podemos reproducirnos merced a que poseemos sexo, no género. El género es propiedad de las palabras. De ahí que se las clasifica como de «género femenino» (en semejanza a mujeres); y de «género masculino» (en semejanza a hombres).

No obstante esa claridad lingüística, que no entraña el supuesto «machismo» del que tanto hablan los legos que agitan las banderas de la mal llamada «igualdad de género» (por igualdad de sexos), hay algunos casos en que se precisa usar un vocablo femenino en alguna oración para clarificar a qué sexo se alude. No son, desde luego, muchas las situaciones, pero, eventualmente, surgen. Y para ello es útil recurrir a aquellas formas.

Así ocurre, por ejemplo, con este titular de prensa: «Comisión de Fiscalía investigará asesinato de juez en Arauca». La noticia se refiere al caso de una mujer que fungía como administradora de justicia en la población de Saravena, en el departamento de Arauca, en los Llanos Orientales de Colombia, y que fue eliminada a balazos por un desconocido cuando se desplazaba entre su residencia y la oficina de trabajo.

Leído, desprevenidamente, ese titular da la idea, al vuelo, de que se alude a un hombre, a un juez, dado que en ese titular el sustantivo juez aparece sin artículo determinante. Porque la costumbre machista de muchos hará que tiendan a encasillar juez como masculino, en ese caso. Además, porque así han hablado, leído, escuchado y escrito siempre.

Pero el cuerpo de la información habría de advertir que se trataba, en realidad, de una mujer, es decir, de una jueza. Y esa palabra habría cabido, perfectamente, en el titular mencionado, sin alterar en nada su extensión. Más claro y directo habría quedado, entonces: «Comisión de Fiscalía investigará asesinato de jueza en Arauca». Y, de paso, las defensoras de la equidad de sexos estarían muy contentas; y, seguramente, dispuestas a enterrar su errado criterio en el sentido de que «el español es machista», como lo pregonan.

Por lo demás, tan correcta y normal es la palabra jueza que el diccionario de la RAE la acoge con esta definición: ‘Mujer que desempeña el cargo de juez’. Luego no hay razón válida para esquivar el uso del término jueza en referencia a una mujer que ejerce o administra justicia. En cambio, la utilización del masculino juez para hablar de una mujer de justicia, crea una discordancia gramatical cuando se incluyen los artículos ‘la’ y ’una’. Veamos:

«Una juez del caso ‘carrusel de contrataciones’ renunció al cargo».

«Es culpable en materia grave, dijo la juez».

«Se posesionó una juez de menores».

«Lío por ausencia de la juez».

 

Como se nota, en estos ejemplos no concuerdan los artículos femeninos (la – una) con el sustantivo masculino juez. Y ese «cruce» es un error gramatical, según la normativa vigente. Es algo así como si se apareara un burro con una vaca. Por más que el toro tenga cuernos naturales, ¡eso es incorrecto!

Hay otro ejemplo, clarísimo también, que nos demuestra que los humanos no tenemos género: cuando un médico emite un dictamen respecto de una persona hospitalizada, anota en su reporte clínico: «Fulano (a) de tal, de tantos años, de sexo masculino (femenino)…». No escribe «de género femenino/masculino».

En algunos documentos oficiales (como la cédula de ciudadanía) también aparece la palabra sexo para aclarar si su poseedor es hombre o mujer. Esa palabra deviene del latín ‘sexus’, y está definida como ‘Condición orgánica, masculina o femenina, de los animales y las plantas’. A los seres humanos se nos clasifica en el reino animal, por si alguien quiere alegar que el diccionario no habla de gente.

Lo importante es no confundirse creyendo que están preguntando por sexualidad, que es distinto: ‘Conjunto de condiciones anatómicas y fisiológicas que caracterizan a cada sexo. Apetito sexual, propensión al placer carnal’.

Una confusión tal ocurrió en un consultorio médico, donde el doctor le extendió un formulario a un paciente para que lo rellenara; y en la casilla que decía sexo escribió: «Entre dos y tres veces por semana».

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