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Los últimos cartuchos chavistas

Por periodista venezolano

La abundancia alimentaria de Maduro para los venezolanos (Foto elvenezolanonews.com)

En Venezuela pasa de todo –inseguridad, escasez, presos políticos, corrupción, contrabando y enemigos externos prêt-à-porter, siempre con miras a derrocar al gobierno–, pero pasa más cuando se acerca algún evento electoral. Próximo a las elecciones parlamentarias y con el índice de popularidad más bajo desde que Nicolás Maduro asumió el poder en 2013, el gobierno venezolano parece haberse dado cuenta de que la inseguridad y el contrabando son problemas gravísimos del venezolano. La “agenda golpista internacional” contra Venezuela tiene dos protagonistas: Estados Unidos y Colombia. Rayado, por ahora, el disco del Tío Sam, el enemigo externo culpable de las dos epifanías del gobierno venezolano es Colombia: inseguridad (el 13 de julio lanza la Operación para la Libertad del Pueblo; y contra el contrabando, el 20 de agosto cierra la frontera y declara el estado de excepción).

Foto europapress.net

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¿De cuántos magnicidios se salvó Hugo Chávez y de cuántos se han salvado Nicolás Maduro y Diosdado Cabello? El chiste se cuenta solo. Y para no aburrir al público, esta vez la criminalidad baja al árbol genealógico del segundo al mando del chavismo: el 25 de agosto el vicepresidente del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV), Tareck El Aissami, hizo público un plan conspirativo para asesinar a la hija de Diosdado, Daniela Cabello.

En la frontera con Colombia, el contrabando y el paramilitarismo son pan de cada día. Según vecinos de la zona, lo ocurrido fue “una guerra de carteles”. No hace falta ser venezolano o colombiano para entender que el poderío de la inseguridad y el contrabando forma parte de la agenda pública de Venezuela desde hace mucho, por negligencia del gobierno.

El escenario no es nada optimista, ni para chavistas, ni para opositores. Los primeros, maestros del descaro, seguirán culpando del estado actual del país a conspiraciones internacionales y una oposición “antivenezolana”; mientras la oposición volverá a someterse a elecciones en las que, hasta ahora, ha aceptado las victorias del gobierno que la acusa de traidora, apátrida y golpista.

La vuelta de tuerca puede estar en los hasta ahora condescendientes gobiernos extranjeros, como Estados Unidos y Colombia, que han aguantado –a conveniencia– los negocios sucios, ofensas y pataletas bélicas y sus consecuencias de un chavismo cada vez más borroso ante la estela de desastre y corrupción de Maduro y Cabello.

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