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Los N. N. de las EPS

Por Octavio Quintero, El Satélite

Foto eltabloide.com.co

 

Como en las películas de terror, aquí les presentó la versión II del paseo de la muerte (PM-II).

Resumen PM-I: las clínicas y hospitales deciden dar propina a los conductores de ambulancias que les lleven heridos recogidos de accidentes de tránsito que todos, por obligación, están amparados por el Seguro Obligatorio de Accidentes de Tránsito (SOAT).

Todo hubiera funcionado a las mil maravillas si no fuera porque en la azarosa competencia, las clínicas y hospitales ofrecieron a los conductores incentivos diferentes. Se dieron muchos casos en que miles de heridos fallecieron dentro de las ambulancias porque los conductores, en vez de dirigirse al sitio más cercano, se dirigían, obviamente, al sitio donde mejor les pagaran por llevar al herido.

Cuando se descubrió el macabro negocio, los medios lo bautizaron como “El paseo de la muerte”.

Temporada II

Al abrir la temporada II del Paseo de la Muerte, el drama es más sutil, y por tanto, difícil de evidenciar responsabilidades, como en el caso de los conductores de ambulancias.

Fue a través de un llamativo discurso del ministro de Salud, Alejandro Gaviria, titulado “en defensa de la complejidad” que nos vinimos a enterar de que los usuarios (léase enfermos), estaban siendo sometidos a listas de espera a discreción de la misma persona que las EPS tienen de cara al público.

En efecto, el ministro de Salud, hablando el 26 de enero ante un grupo de nuevos médicos egresados de la facultad de Medicina de la U. de los Andes, soltó al desgaire esta macabra primicia:

“… La salud como derecho fundamental tiene como consecuencia inmediata la complejidad administrativa. La democratización implica además congestión, listas de espera e incluso racionamiento.”, negrilla y subrayado nuestro.

En su momento le preguntamos al ministro qué quería decir con lo de… “racionamiento”, y nunca respondió. Y advertíamos que si “racionamiento” quería decir limitar el suministro de un medicamento, entonces estamos frente a un delito…

Esta versión II del Paseo de la Muerte tiene como novedad la evidencia de que en procura del criminal racionamiento se está aplicando la sutil forma de elaborar mal el pedido del medicamento con el fin de que la respectiva EPS pueda devolverlo al sitio de origen con la siguiente anotación, tomada de un hecho real:

“la fórmula médica no cumple con los requisitos establecidos por la ley para su análisis, autorización y despacho, esto conforme al decreto 2200 de 2005, en su artículo 17, numeral 14. Revisar, subsanar y emitir nueva radicación para estudio”.

¿Qué dice el artículo 17?: … “La prescripción del medicamento deberá realizarse en un formato el cual debe contener, como mínimo, los siguientes datos cuando estos apliquen: Número 14: “Nombre y firma del prescriptor con su respectivo número de registro profesional.”

O sea que la persona que elaboró, en este caso, la orden de suministrar glucosamina a una señora enferma de osteoartritis, una afección que hace doler como diablo las articulaciones, olvidó incorporar el nombre y firma del médico con su respectivo registro profesional, según la nota devolutiva de la Nueva EPS.

Podemos estar seguros de que este caso no es único ni esporádico. Obedece, como dice el ministro, al racionamiento de medicamentos a que están sometiendo las EPS a los pacientes en el diabólico sistema de salud que opera en Colombia, basado en la eficiencia de las empresas, antes que en la necesidad de los usuarios.

Y el ministro Gaviria, haciendo frases de solo 140 caracteres, “En defensa de la complejidad”, para justificar, vía twitter, el criminal modelo que solo sirve para que a personas como al presidente Santos, al vicepresidente Vargas Lleras o al expresidente Uribe, les diagnostiquen cáncer hoy y los operen mañana. El resto de los colombianos deben padecer la congestión del sistema de salud y someterse a listas de espera o incluso racionamiento.

Fin de folio.- Ya no queda duda de que detrás del negocio de la salud en Colombia se están incorporando procesos inmorales que rayan con el código penal.

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