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Los enemigos de Arenas Betancur

Por Orlando Cadavid Correa (ocadavidcorrea@gmail.com)

En vida y después de muerto, el genio de la plástica Rodrigo Arenas Betancur tuvo algunos enemigos gratuitos, unos para calumniarlo, otros para someterlo a la tortura del secuestro y el de menos para proponer que se dinamitara el “Bolívar Cóndor”, de Manizales, una de sus tantas obras de la estatuaria monumental que pervive, por fortuna, a lo largo y ancho del país.
La calumnia. Así fue como una prestigiosa publicación estadounidense calumnió hace medio siglo, exactamente el 11 de marzo de 1965, al llamado “Escultor de la Montaña”:
“Como bandido latinoamericano fue exhibido Rodrigo Arenas Betancur por la revista “Life”. El escultor colombiano se encontraba en un estudio cinematográfico y examinaba una pistola de juguete cuando fue fotografiado. Por razones desconocidas, la gráfica llegó a manos de unos periodistas del mencionado medio, quienes la utilizaron para ilustrar una crónica sobre bandolerismo”.
La falsa imputación desencadenó una oleada de protestas colombianas ante los responsables del medio periodístico. La revista, nacida en 1883, dejó de circular el 26 de marzo de 2007, cuando Time se dedicó explotar la marca sólo en Internet. Desde entonces, ya no le hace mal a nadie.
El secuestro. El 18 de octubre de 1987 fue secuestrado en Caldas, Antioquia, cuando viajaba junto a su esposa María Elena Quintero y sus dos hijos. Fue liberado el 1.° de enero de 1988, tras 81 días de cautiverio. Nunca se conoció el monto del rescate pagado a los plagiarios, ni el origen de los criminales. Resistente a todas las plagas, no sufrió durante la detención el llamado “Síndrome de Estocolmo” en el que la víctima termina apegándose afectivamente a sus infames carceleros. Todo lo contrario: cuando se refería a ellos, les soplaba un madrazo por triplicado. Falleció el 14 de mayo de 1995, en Envigado, por una cirrosis hepática, a los 76 años. Sus cenizas reposan en Medellín. El cronista Iáder Giraldo, de El Espectador, lo llamaba el pequeño gigante del arte colombiano que regresó “varado” de Roma, cuando el entonces Presidente Valencia lo “mochó” del servicio diplomático, en la Ciudad Eterna.
Narra su biógrafo Aníbal Vallejo Rendón que sus bronces se caracterizan por ser gigantes, melodramáticos y espectaculares; se encuentran en ciudades de la geografía colombiana. Fue un escultor en serie. Cuatro ejemplos muy destacados de sus trabajos son: 1), El Bolívar desnudo de Pereira, 2) El Bolívar Cóndor en Manizales, 3) El Monumento a la Raza en el Centro Administrativo La Alpujarra en Medellín y 4) El complejo Lanceros del Pantano de Vargas, cerca a Paipa, Boyacá, que es la escultura más grande de Colombia.
La dinamita. Uno de los enemigos del mago de la plástica resolvió meterse con él cuando ya no hacía parte de este mundo terrenal. Practicaba una de sus estériles visitas a Manizales el entonces vicepresidente Francisco Santos. Al pasar por un lado del “Bolívar Cóndor”, de Arenas Betancur, dijo que le parecía muy feo y que aportaría, gustosamente, la dinamita necesaria para que lo volaran en mil pedazos. La ignorancia es atrevida.
Este es el mismo Pachito que durante ocho años fue el segundo de a bordo, en la alta nómina estatal, por obra y gracia de Uribe, y ahora pretende alcanzar, por voto popular, la Alcaldía Mayor de Bogotá. La ciudad de todos merece mejor suerte, después del aparatoso fracaso del “Virgomaestre” Gustavo Petro.

La apostilla: Si a Pacho Santos le quedó grande la direccion del noticiero de la cadena radial RCN, ¿será capaz de gobernar una metrópoli del tamaño de Bogotá que tiene más problemas que el Algebra del matemático cubano Aurelio Baldor? Creemos que al ex jefe de redacción de El Tiempo le vendría bien, apenas, la alcaldía menor del Barrio Teusaquillo, pero siempre y cuando esté acompañado permanentemente por un adulto responsable para que no lo deje meter mucho la pata.

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