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Lo que piensan de ustedes

Por Andrés Hurtado García, Diario El Tiempo, Bogotá

Las elecciones para el Congreso de la República. Foto El Tiempo

El diccionario dice que analfabeto es el que no sabe leer ni escribir. Otra acepción es: inculto.

No sabría cuál aplicar, o si las dos, a muchos de los que se inscribieron para las pasadas elecciones realizadas el 11 de marzo, a los elegidos y a los ‘quemados’, porque si hubieran leído todo lo que los columnistas de opinión de todos los periódicos del país escribieron sobre ellos, seguramente otra habría sido su actitud, y otras deberán ser su trayectoria y sus actuaciones en los cargos para los cuales fueron elegidos. O no leyeron, o no saben leer o habiendo leído se hicieron los de la vista gorda, porque fueron conceptos muy fuertes y, lo que es peor, muy válidos y acertados, los que sobre ellos y sus aviesas actitudes se escribieron. Avieso significa torcido, perverso, malintencionado.

Empecemos por casa, por EL TIEMPO. Luis Noé, en su delicioso estilo, dijo: “Y es que nos están robando a todos, pues un charlamentario gana 31 millones larguitos al mes… O sea, más de un millón al día… Ha sido una fiesta porque a ritmo de papayera le daban lechona al marrano”. El poeta Eduardo Escobar no pudo votar, pues se le pasó el tiempo espulgando el rosal y una perra. Pero se consoló diciendo: “Esto me libra de ser el cómplice de una caterva de avivatos de largas uñas y corazón forajido de doble faz”. Gonzalo Castellanos escribió: “Los congresistas recientemente elegidos, con 31,3 millones de pesos mensuales de paga y privilegios que repugnan, no pueden seguir metiéndose por las ventanas con la intención de arrasar lo suficiente para pagar facturas electorales”. Juan Pablo Calvás escribió: “Bien por Petro y por Duque… Los felicito porque no me queda duda de que triunfarán en su empeño de ponernos a unos contra otros para profundizar las fronteras invisibles de nuestra sociedad llenándonos de odio y resentimiento hacia aquellos que no comparten nuestra visión”.

Por su parte, Julio César Londoño así escribió en El Espectador: “Si hubiera que definir el sistema político colombiano, diría que es una democracia traqueto-monárquica. Esto es especialmente cierto en el caso del Congreso, donde las curules de los representantes caídos en desgracia son heredadas por sus amigos y parientes sin mayores sobresaltos y con el aval de un postulado de hierro: los delitos de sangre no existen”. Ricardo Correa Robledo así escribió en La Patria de Manizales: “La gran mayoría de estos se dedica a cazar voto por voto de manera impúdica, vulgar y criminal. La “fiesta de la democracia” no pasa de ser un encuentro de arrabal entre malandros que blandiendo su puñal buscan intimidar contrincantes cuando no darlos de baja. A su vez, los ciudadanos son para estos facinerosos meros trozos de carne que hay que trinchar con su afilado cuchillo para luego tragar por sus insaciables fauces. La inmensa mayoría de nuestros políticos son peligrosos sociópatas”.

Señores políticos, esta es una pequeñísima muestra de lo que opinan de ustedes las cabezas pensantes del país. ¡Pilas!

Los titulares de prensa de esos días nos hacían pensar y llorar. Uno decía: ‘Hay 120 candidatos impugnados’. Otro: ‘Los candidatos impugnados también sacaron curules’. Otro: ‘Amante de senador gana 25 millones’. Toda la prensa del país comentó las bellezas y truculencias de la elegida senadora Aída Merlano, comprando votos y llevando las cuentas de manera sofisticada.

Que no se quejen de la corrupción los ciudadanos que vendieron su voto. Que los cordobeses que lo hicieron no se quejen después de que sus gobernantes saquean inmisericordemente el departamento.

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