Al instante

Lo que faltaba: Santos Calderón vs. Vargas Lleras

Por Cecilia Orozco Tascón, Diario El Espectador, Bogotá

Santos Calderón y Vargas Lleras Foto verbienmagazine.com

El discurso de autoafirmación de su mandato, pronunciado por el Jefe de Estado en Villavicencio, el viernes pasado, ante los gobernadores entrantes y salientes, pasó un tanto desapercibido en la opinión, tal vez porque la atención de Colombia y del mundo entero estaba centrada en el horror que vivió París.

Pero no es cuestión de dejarlo inédito, como si fuera un mensaje oficial más, porque este tenía una carga de profundidad notable, dirigida contra el vicepresidente Germán Vargas Lleras. Nadie más, nadie menos. ¿Por qué “Juan Manuel Santos Calderón”, como se llamó a sí mismo el mandatario mientras subrayaba, significativamente, sus dos nombres y apellidos, creyó que era necesario refrendar su poder ante los nuevos mandatarios regionales diciendo, por ejemplo, que “las decisiones sobre cuáles proyectos van y cuáles no van, las toma el presidente de la República porque el presidente es el que tiene la chequera”?

“El hombre de la chequera”. Así denominaron en plaza pública a Vargas Lleras unos candidatos de Cambio Radical, su partido, en el curso de la campaña que terminó el 25 de octubre pasado. El vicepresidente no se preocupó por rectificar ese calificativo de dudosa connotación, aunque fuera para guardar las formas. No nos engañemos: que lo denominen así debe ser grato a sus oídos, dado su talante y la manera como ejerce la autoridad que le confieren sus votos y su partido, bien sea como congresista, como ministro y, hoy, como “supeministro” o vicepresidente con mando excesivo, de acuerdo con los analistas y con el propio Santos, responsable único de haberle entregado la pulpa de su administración (viviendas gratis, vías, obras), en tanto el mandatario y la Casa de Nariño se hacían cargo del “hueso” político de negociar con las impopulares Farc.

Vargas, ni tonto ni perezoso, ha mantenido esa división del trabajo: ausente de los sucesos de la Habana —aún en momentos en que Santos esperaba su solidaridad—, omnipresente en las inauguraciones de los megaproyectos de infraestructura que parecieran haber sido construidos gracias a él y contra la voluntad del presidente y su gabinete, a juzgar por los numerosos pleitos que ha planteado a sus compañeros. Todavía recordamos que Santos tuvo que conminarlo, no hace mucho, a “lavar la ropa sucia en casa” cuando cuestionó la capacidad de ejecución del ministro de Hacienda porque este no le daba prioridad a todos sus requerimientos; mantiene una enemistad inocultable con la ministra de Comercio y Turismo, Cecilia Álvarez, quien pasó a su actual cartera desde la de Transporte en la que se desempeñaba con aparente éxito, a petición del vicepresidente que pretendía dominar ese Ministerio, tal como lo logró. La sucesora de Álvarez, Natalia Abello, pese a haber sido nombrada en ese cargo con su aval y el de su alter ego, Álex Char, ha entrado en crisis, discretamente, por las condiciones subalternas en que tiene que moverse. El ministro de Vivienda sigue siendo su viceministro y se comporta como si el jefe de Estado no existiera. Es vox populi su nula empatía con la ministra de Educación o con las altas funcionarias de la Casa de Nariño que, con razón o sin esta, se sienten agredidas por él.

El discurso del Presidente en la cumbre de gobernadores no es el comienzo sino el desarrollo, muy avanzado, de un profundo agrietamiento en las relaciones de los dos políticos. Lo que faltaba: proceso de negociación con la subversión armada, proceso de guerra política en el corazón del establecimiento gubernamental. ¿Terminará este pulso con una alianza Vargas Lleras – Uribe contra “Juan Manuel Santos Calderón” y su carta de paz?

Entre paréntesis.- Hoy la sala plena de la Corte Suprema se propone elegir a cinco magistrados que le hacen falta. Circula en los pasillos judiciales una especie según la cual el presidente Leonidas Bustos y el fiscal Montealegre se distribuyeron los cargos y escogieron a sus titulares antes de la votación. Ojalá sea falsa. Si no, correspondería buscar pruebas y presentar recursos de nulidad de esas elecciones. La democracia no es un juego.

Ir a la barra de herramientas