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Compilación de Eligio Palacio

loquesucede.com
 LA MEJOR COLUMNA

EL ESPECTADOR

EN TORNO A UNA ENCUESTA

Mauricio Botero Caicedo

Cifras Y Conceptos es uno de los encuestadores más respetados del país, tanto por la capacidad técnica de la firma como por el hecho de que César Caballero y su equipo han demostrado ser acertados intérpretes de la realidad nacional.

Es por esta razón que no se deben tomar a la ligera los resultados de su última encuesta (marzo de 2015) en la que aparecen algunas conclusiones sorprendentes. Entre ellas:

– El expresidente Álvaro Uribe es el político colombiano, incluyendo una muestra representativa de senadores y ministros, del que la opinión tiene mejor imagen favorable. Muy equivocados están los que afirman que Uribe es irrelevante y que puede estar próximo a pasar a los anaqueles de la historia. El que minimice la influencia y favorabilidad del exmandatario, lo hace a su propio riesgo.

– Con la posible excepción de Gina Parody y Juan Carlos Pinzón, es notoria la baja favorabilidad y reconocimiento de los ministros del gabinete. En algunos casos, las dos terceras partes de los encuestados no tiene ni idea quiénes son, y los pocos que los conocen tienen una imagen tres veces más desfavorable que favorable.

– Más del 64% de los encuestados expresa insatisfacción con la situación del país, exceptuando la mejora en las relaciones externas.

– Tres veces más personas expresan preocupación por la delincuencia en las calles que por la violencia de las guerrillas. La violencia de la guerrilla tiene el mismo nivel de preocupación que la violencia contra las mujeres (14%).

– Las dos terceras partes de los encuestados afirman que las siguientes instituciones les generan desconfianza: Presidencia de la República, Consejo Nacional Electoral, Corte Suprema de Justicia, Consejo Superior de la Judicatura, Consejo de Estado, Corte Constitucional, Congreso de la República. La única institución que genera más del 60% de confianza entre los encuestados es el Ejercito Nacional.

– Posiblemente las mayores sorpresas de la encuesta se dan en torno a la paz. Por primera vez desde octubre del año pasado hay más colombianos que creen que la mejor solución es la derrota militar de las Farc en vez de la negociación política; un 52% considera que el proceso de paz del Gobierno y las Farc no va a llegar a un final positivo, mientras que el 40% piensa que sí lo hará; la credibilidad de las Farc es absurdamente baja: sólo el 20% cree en la no inclusión de menores de 17 años en sus filas y sólo el 19% cree en el cese al fuego unilateral; un 78% está en desacuerdo con la inclusión de desmovilizados dentro de la Fuerza Pública y un abrumador 82% no está de acuerdo con asignar curules en el Congreso sin elección popular a los líderes con condenas; un 85% está en desacuerdo con condenas sin un día de pago de cárcel para todos los integrantes de las Farc, y el 85% está en desacuerdo con que no haya cárcel para los líderes.

Apostilla. La incompetencia y la corrupción no respetan, ni tienen por qué respetar, al género. Tres de las economías que más problemas están enfrentando en el continente son precisamente tres países cuyos mandatarios son mujeres: Argentina, Brasil y Chile. Igualmente se debe derrumbar el mito de que el ser de izquierda y ser mujer es una garantía contra la inmoralidad. La Kirchner, la Rousseff y la Bachelet, presidentas de sus respectivos países, enfrentan serios problemas de corrupción: dos de ellas con sus hijos y la tercera con sus actuaciones en el pasado cuando encabezaba el consejo de Petrobras.

 

 

ECONOMIA

EL ESPECTADOR

HACEDORES DE POLÍTICA MACRO A REACCIONAR

José Manuel Restrepo

Hechos recientes de la economía colombiana ponen de presente la urgencia para nuestros hacedores de política macroeconómica de reaccionar. La dimensión de lo que estamos viendo en algunos agregados económicos en los primeros tres meses del año ponen de presente la urgencia de tomar acciones efectivas y no caer en eventuales “paños de agua tibia”.

Merecen la atención por lo menos cinco de ellos. En primer lugar, la caída en los ingresos fiscales y la necesidad creciente de gasto e inversión pública; en segundo lugar, el fenómeno de altos niveles de inflación que para los primeros tres meses ya desbordan la meta anual del Banco de la República; en tercer lugar, los inquietantes resultados de la balanza comercial al mes de febrero; en cuarto lugar, la ya evidente desaceleración del crecimiento del PIB, y, finalmente, el impacto del choque internacional de los precios del petróleo.

Hablando del tema fiscal, el hueco estimado por menores ingresos tributarios y las necesidades de recursos para programas sociales, de infraestructura y los eventuales recursos para un escenario de acuerdos de paz (que supera los $18 billones) llevaron a la propuesta de una Comisión de Reforma Tributaria Estructural. Ahora nos dicen que dicho nombre y rol de la Comisión parece muy ambicioso y se nos plantea un pequeño ajuste fiscal, que nos devuelve a la idea del “reparcheo anual” de los ingresos tributarios y no a las medidas de fondo que requiere el país. A pesar de ser un año electoral, y asumiendo el costo político que de allí se derive, el Gobierno debiese anticipar la presentación y discusión del Marco Fiscal de Mediano Plazo (MFMP), en lugar de retroceder o equivocadamente proponer un cambio en la ley de garantías. El país debiese conocer en el mes de abril o mayo, a más tardar, las proyecciones y cifras fiscales del MFMP y proponer una reforma tributaria que dure más que un año y que promueva mayores niveles de competitividad, progresividad y desarrollo. Es sorprendente, inaceptable, antitécnico y profundo generador de desconfianza empresarial que una nación como la nuestra en los últimos 14 años haya enfrentado ocho reformas o ajustes tributarios.

En el tema de inflación, los primeros dos meses del año ya muestran una inflación de 4,56% y las expectativas de inflación siguen, recurrentemente, creciendo en los últimos meses. Se ha querido presentar como un problema menor que la causa de dicha inflación es de oferta (por menores cosechas realizadas y un efecto de mayores costos derivados del paro camionero), sin embargo, el riesgo es que ahora elevemos la tasa de interés y equivocadamente por la vía de la demanda ahorquemos el poco crecimiento que vayamos a tener. Tener una inflación tan alta en los dos primeros meses del año puede motivar expectativas crecientes al alza de los precios y muestra que el efecto tasa de cambio en los precios se empieza a mostrar en sectores como el de comunicaciones, vehículos y algunos otros bienes transables. Lástima que estos choques de oferta se pudiesen haber aminorado si el precio de la gasolina hubiese bajado al ritmo del precio internacional del petróleo.

La caída en los precios del petróleo, no compensada con otros productos, deja ya una balanza muy deficitaria en los primeros meses del año, un crecimiento de más de un punto porcentual por debajo de lo esperado, un efecto multiplicador de menor empleo y menores ingresos tributarios para la nación. No sirve aquí decir que seguimos creciendo más que los vecinos, ni que esto se va a compensar con diversificación de exportaciones. Como lo demostró un estudio reciente, las trabas al comercio exterior por trámites, permisos y certificaciones afecta a casi un 50% de los empresarios exportadores, y su ajuste no parece tan fácil.

¿No será este un buen momento para reaccionar y reducir efectivamente costos en el sector industrial (de logística, transporte o de energía), o para acompañar a la agroindustria en el proceso productivo, o simplemente reducir tanta dificultad en las licencias y consultas a comunidades para motivar el desarrollo minero o energético?

Nos urge una reacción más contundente de los hacedores de política macro.

 

DESBALANCE ESTRUCTURAL

Eduardo Sarmiento

En los reportes mundiales América Latina aparece como la región de peor desempeño del globo. La economía colombiana encabeza la lista de los países más vulnerables por el abultado déficit en cuenta corriente de la balanza de pagos.

En varias oportunidades, señalé que América Latina, y en particular Colombia, está asediada por la enfermedad holandesa, que no es otra cosa que el fracaso del principio de la ventaja comparativa en países dotados de recursos naturales. El país le dio rienda suelta al principio con el desmonte arancelario, la modalidad de tipo de cambio flotante, la entrada libre a la inversión extrajera y la proliferación de TLC. Se configuró un perfil dominado por los productos mineros que se caracterizan por la alta generación de divisas tanto por la vía de los ingresos como por la atracción de inversión extranjera. El país se vio inundado de divisas, y como éstas solo pueden comprar bienes en el exterior y la mayor demanda está representada en bienes no transables, los ingresos en moneda extranjera superaron con creces los egresos y, en consecuencia, generaron procesos de revaluación que quintuplicaron las importaciones y arrasaron la industria y la agricultura. La mayor parte del consumo de los bienes industriales y agrícolas se realiza en el exterior y la capacidad de compra se impulsa artificialmente con el abaratamiento de las importaciones y el bajo ahorro. Hasta aquí la primera parte de la enfermedad holandesa que tenía su manifestación más clara en un déficit en cuenta corriente de 4.5% del PIB.

La segunda parte de la enfermedad holandesa está representada por la caída de los precios de los productos básicos, en particular, el desplome de la cotización del petróleo de US$ 100 a US$ 50, y la ampliación inmediata del déficit en cuenta corriente a 6% del PIB. La economía queda expuesta a escaseces de divisas y contracción de la demanda que cambian radicalmente los fundamentos de la economía. Las políticas monetarias se vuelven inaplicables porque alivian la inflación a cambio de la recesión, y viceversa. En razón que el déficit en cuenta corriente tiene como contraparte un exceso de inversión sobre el ahorro, las devaluaciones solo son efectivas cuando al mismo tiempo se contrae el consumo y bajan los salarios reales. Así, la cuantiosa devaluación de los últimos dos meses estuvo acompañada de la reducción del salario real, el desplome de las exportaciones y el aumento del déficit en cuenta corriente.

La verdad es que los neoliberales se equivocaron en las predicciones y el diagnostico. No hay ninguna institución oficial o centro de estudio que anticipara que Colombia alcanzaría el déficit en cuenta corriente más voluminoso del mundo, superior al de Turquía, Suráfrica y Brasil. Y no se aprende de la experiencia. El ministro de Hacienda predice, en virtud de la elevada devaluación, que el déficit en cuenta corriente disminuirá en el segundo semestre. No es cierto. Al final del año superará el 7% del PIB.

En fin, la enfermedad holandesa en el fondo es la consecuencia de un modelo de libre comercio que arranca con la ventaja comparativa de la minería y termina en un déficit en cuenta corriente estructural. La solución no puede ser distinta a la de un modelo de industrialización que partiendo de las actividades que el país está en mejores condiciones de producir pase a otras más complejas, eleve el ahorro, limite las importaciones, configure superávits en cuenta corriente e impulse los salarios mediante el aprendizaje en el oficio y la innovación.

 

EXPROPIACIÓN DE ISAGÉN Y DEMOCRACIA

José Roberto Acosta

Al fin el Gobierno corrigió y reconoció que sí existen controversias jurídicas sin resolver en la venta de Isagén y sorpresivamente informó que sí desarrolló estudios que sopesaron alternativas diferentes a la venta de este estratégico activo de la Nación para financiar las obras de infraestructura de 4G, sin embargo, dicho estudio no es público, como debería ser en cualquier democracia, mientras la mayoría absoluta de senadores exige que se consideren sus propuestas para evitar esta ilegal expropiación de lo público.

En efecto, el propio viceministro técnico de Hacienda, en debate televisivo el lunes pasado en el programa Semana en Vivo, aceptó que el Gobierno adelantó estudios de alternativas para financiar los proyectos de infraestructura vial de 4G diferentes a la venta de Isagén, sin embargo, no ha hecho público el documento, si de verdad existe, y mucho menos ha sopesado las diferentes propuestas que le han detallado diferentes sectores, como la utilización de los recursos ahorrados por la regiones, la titularización de los flujos de caja de Isagén o la capitalización de la FDN por cuenta de Fogafin u otra instancia. Por ello, me permito elevar públicamente, como derecho de petición, que el viceministro exponga el estudio mencionado, como prueba adicional de que sí existen formas diferentes de financiar el necesario avance en obras de infraestructura y que no es cierto, como en dicho debate se quiso hacer ver, que quienes se oponen a la venta de Isagén son enemigos del desarrollo de las vías y puertos que necesita Colombia para mejorar su mermada productividad y afrontar los retos económicos que se vienen.

De los 102 senadores de Colombia, más de la mitad han manifestado públicamente su oposición a la ilegal e inconveniente venta de Isagén: 20 del Centro Democrático, 17 liberales, cinco del Polo, cinco del Partido Verde y nueve de los conservadores, sin contar con los tres senadores de Opción Ciudadana que se opusieron el año pasado. Así las cosas, ¿de qué sirve el cacareado “equilibrio de poderes” si la Rama Legislativa es inútil ante la monarquía presidencial?

El terco ímpetu del Gobierno de precipitar esta ilegal venta de lo público es ofensivo, no sólo con las mayorías del Senado sino con todos los colombianos, mientras tanto, esta terquedad del Gobierno pareciera estar en línea con la indebida utilización de la Vicepresidencia de la República como palanca electoral, al nutrirla con los recursos fiscales extraordinarios originados en dicha venta para solventar las deficiencias y riesgos financieros de los proyectos de 4G, otorgándole atribuciones a la Vicepresidencia para presionar licencias ambientales exprés mediante la priorización de proyectos, tal y como ya se denunció en esta misma columna con el aterrador ejemplo del proyecto de Porvenir II. Qué deslucida democracia.

 

 

PROTECCIÓN A LOS ACCIONISTAS MINORITARIOS

Armando Montenegro

Uno de los objetivos de las empresas mixtas, de mayoría del Gobierno, que cuentan con miles de inversionistas privados, consiste en garantizar que sus decisiones se orienten a buscar el beneficio de todos sus accionistas.

La experiencia muestra que para alcanzar ese propósito se debe asegurar que la influencia dominante del Gobierno no redunde en desmedro de los intereses de los minoritarios.

Un ejemplo de buen manejo es ISA, una empresa que ha logrado resultados satisfactorios con el concurso de un equipo técnico competente, una junta directiva profesional y una representación sólida de los accionistas minoritarios. Varios elementos se han conjugado para su éxito: la participación privada en la entidad es relativamente elevada, un 31%, sus precios están regulados, sus dividendos no son determinantes para la Tesorería y sus servicios no llegan directamente a los usuarios (por lo tanto, no existen presiones ni discusiones demagógicas sobre el impacto de sus tarifas sobre los hogares y las empresas).

El caso de Ecopetrol ha sido más complejo. Allí la participación privada es de sólo el 11%, sus dividendos son cruciales para el funcionamiento del Estado y la entidad maneja una serie de precios, contratos e inversiones que son el objeto de fuertes presiones de grupos de interés —entre ellos las regiones, gremios, sindicatos y distintos grupos políticos— que se concentran sobre el Gobierno, su accionista mayoritario.

Cuando Ecopetrol recibió socios privados se tomaron algunas medidas para hacer frente a estas realidades. Se estipuló, por ejemplo, que si, por alguna razón, el Estado quería subsidiar la gasolina, el costo del subsidio debería ser asumido por el presupuesto nacional. Pero, infortunadamente, en sus estatutos no se establecieron suficientes contrapesos para proteger a los accionistas minoritarios del abrumador peso del Gobierno, con casi el 90% del capital.

Como era de esperar, no se disiparon todos los peligros. Muchos accionistas minoritarios se preguntan, por ello, por qué se invirtió en la refinería de Cartagena, a sabiendas de que su rentabilidad no era satisfactoria, incluso desde antes de incurrir en los conocidos y enormes sobrecostos. Otros accionistas, con razón, se preguntan también si el porcentaje de distribución de las utilidades, impuesto por el Gobierno, es el que más les conviene a las necesidades de largo plazo de la empresa.

Hoy está sobre la mesa, otra vez, una inversión que tampoco es prioritaria y amenaza los intereses de los accionistas privados, y cuya rentabilidad es, en el mejor de los casos, dudosa. Se trata del proyecto de modernización de la refinería de Barrancabermeja, PMRB, una obra que, sin los inevitables sobrecostos y opacidades, puede costar US$7.000 millones. ¡Mucho más que el metro de Bogotá!

La mejor solución sería que Ecopetrol, simplemente, se abstuviera de realizar inversiones que no son rentables. Pero si, por alguna razón regional, sindical o política, el Gobierno apoya el plan de modernización, como ocurre con los subsidios al precio de la gasolina, debería reconocerle a la empresa, con autorización del Congreso, el valor de las ineficiencias y sobrecostos con recursos del presupuesto. Así protegería a los miles de inversionistas minoritarios que, de buena fe, invirtieron en la empresa creyendo que iba a ser bien manejada.

 

 

EL TIEMPO

ENCRUCIJADAS

Guillermo Perry

Nos creímos unos cuentos chinos, exageramos el gasto público y el endeudamiento privado

Colombia enfrenta hoy encrucijadas en lo económico y lo político. Según como las resolvamos, tendremos un futuro promisorio o muy conflictivo. La situación exige una mezcla de audacia y prudencia de todos (Gobierno, oposición, sector privado y guerrilla). Es mal momento para fundamentalismos y hay que conservar la cabeza fría. Este es un llamado por igual a Santos (quien se está descontrolando mucho), a Uribe (quien lo hace con demasiada frecuencia), a los dirigentes privados (que a veces desesperan) y a los negociadores de las Farc (que parecen habitar otro planeta).

La situación económica pinta cada vez más difícil. Los informes recientes del BID, el Fondo Monetario y la Cepal han rebajado, una vez más, sus proyecciones de crecimiento de la economía mundial, y en particular de América del Sur, Colombia incluida. Hay que dejar de soñar de una vez por todas. Los países ricos crecerán menos que antes por envejecimiento de su población (una parte creciente de la población no trabajará, pero sí consumirá) y porque están excesivamente endeudados (tanto los gobiernos como el sector privado), lo que dificultará su recuperación. Y muchos tienen economías muy rígidas. Si no las reforman, no podrán crecer a más de 1,5 por ciento anual. EE. UU. está menos mal que Japón y Europa, y, en el Viejo Continente, Escandinavia y Alemania están algo mejor que sus vecinos, pero ninguno tiene perspectivas brillantes, en parte porque sus socios comerciales los jalan hacia abajo. Y la devaluación del euro frente al dólar, necesaria para sacar a Europa del hueco, frena a EE. UU.

Los países en desarrollo seguirán creciendo más que los ricos (con excepción de América Latina), pero su desaceleración es más fuerte. El crecimiento chino cayó del 12 al 7 por ciento y probablemente caerá más en el futuro, porque ya no pueden crecer tanto sus exportaciones a los países ricos como antes y porque, en el ‘rebalanceo’ hacia un mayor impulso de la demanda doméstica, cometió errores graves (excesos de inversión improductiva y de crédito no regulado). El crecimiento de los demás países emergentes cayó del 6 a menos del 4 por ciento en promedio.

Pero el mayor desplome es el de América del Sur (de 5 a 1 por ciento). En parte, porque nuestro auge era más prestado que el de los demás, pues se debió a: 1) el alto crecimiento chino y de otros países en desarrollo, que elevó el precio de los productos básicos a niveles insospechados e insostenibles, y 2) los altos flujos de inversión extranjera y capitales golondrina, que respondieron tanto al boom de los commodities como a las políticas monetarias expansionistas en el primer mundo. El primer factor terminó abruptamente y no volverá por mucho tiempo. El segundo está por terminar, pues la Reserva Federal está expandiendo menos y las tasas de interés en EE. UU. subirán eventualmente. Y si bien el Banco Central Europeo y el japonés seguirán expandiendo, América Latina está financieramente más atada a los EE. UU. (BID, El laberinto, marzo 2015).

Para colmo, los gobiernos y empresarios de la región se creyeron el cuento de que América Latina por fin había dejado atrás sus problemas tradicionales. Y Colombia se creyó el niño diferente de América Latina. Estas ingenuidades llevaron a Venezuela y Argentina a hacer toda suerte de estupideces y a Brasil a hacer unas cuantas. Lo están pagando caro ahora. Los demás también incurrimos en excesos de gasto público y endeudamiento privado, y dejamos revaluar mucho nuestra moneda. Por ello, ahora nos toca hacer ajustes que acentuarán la desaceleración. Y reformas estructurales que no hicimos mientras duraba la fiesta. Hacer todo esto en medio de la desaceleración será política y socialmente más difícil. Pero toca.

Y la encrucijada política se quedó para el próximo artículo.

 

 

EL COLOMBIANO

SER “PILLO” PAGA

Rudolf Hommes

Hace un par de años escuché en Cartagena a Ruchir Charma, un banquero de inversión, autor de un libro muy popular sobre las naciones que se despegan del pelotón (Breakout Nations, W.W. Norton & Company), que decía que cuando hacía sus análisis de las posibilidades de un país en desarrollo de convertirse en el siguiente milagro económico siempre estaba atento a que en ese país coincidieran la buena economía con el buen gobierno, y que unas de las cosas que tiene en cuenta es si los hijos de los ricos estudian en colegios públicos, y si los ejecutivos se movilizan en helicópteros en las grandes ciudades.

Si los ricos andan en helicóptero es porque la movilidad en las ciudades anda muy mal y se ha perdido la esperanza de que mejore. Y si los hijos de las clases altas solamente se educan en colegios privados, la educación también anda mal y no es un factor que coadyuva a mejorar la distribución de ingresos en el país o a promover mayor democracia y justicia social.

Recientemente, cuando un destacado empresario local anunció que va a ofrecer un servicio de helicópteros de transporte privado en Bogotá, pensé que ese anuncio, en vez de ser pregonero de progreso, es una señal de alerta sobre el lamentable desempeño de un gobierno local y la nada alentadora perspectiva que esto trae consigo. Cuando se pone a funcionar un servicio de esa naturaleza es porque se ha traspasado un umbral de tolerancia y se han perdido las esperanzas. Pensar en que en Bogotá la solución que se contempla implica abrir un zanjón de varias decenas de metros de ancho e igual profundidad desde el centro de la ciudad hasta el extremo norte, y que va a permanecer abierto durante un número indefinido de años, da pie para que se creen soluciones privadas extravagantes como la de los helicópteros.

En educación, en generaciones anteriores, todavía se podía pensar en educar a los hijos en instituciones públicas como el Instituto Pedagógico, el Nicolás Esguerra, el Camilo Torres, el Colegio Mayor de Cundinamarca, o el San Bartolomé Nacional, por ejemplo, en Bogotá. Destacadas figuras de la vida nacional fueron formadas en esos colegios públicos. Sin embargo, eran elitistas de todas formas, reservados para los mejores o los más brillantes, para los hijos e hijas de los gamonales y para los de los que se movían en los círculos de poder. Desear que Colombia sea el país mejor educado de la región implica crear un sistema educativo público que haga redundantes a los colegios privados.

Una lista incompleta de otras situaciones que también hay que resolver para que Colombia se pueda despegar del pelotón es la siguiente: Dejamos acabar el correo nacional público y nunca se logró que funcionaran los ferrocarriles nacionales. Hay muchas ciudades y municipios medianos o pequeños que no tienen parques, acueducto o alcantarillado (por ejemplo Buenaventura). Ciudades como Bogotá funcionan de milagro sin policía o con una contribución muy marginal de parte de esa fuerza. “La justicia nada tiene que ver con la ética” o con las leyes y, pensando en la Procuraduría, la religión tampoco. En Colombia ser “pillo” paga y en vez de hacer cumplir las normas para remediarlo, se emiten nuevas leyes que los pillos y sus abogados las incumplen.

 

 

TRIBUTACIÓN

EL ESPECTADOR

QUÉ ORGULLOSO ME SIENTO…

Felipe Zuleta Lleras

Queda uno muy desencantado cuando se entera de que los colombianos, en promedio, tenemos cerca de 70 cargas tributarias.

No hablamos sólo del impuesto a la renta, con niveles parecidos a los que se pagan en Canadá, sino de todos los impuestos, tasas, contribuciones y demás. La diferencia es que en Canadá uno recibe en servicios, salud, seguridad, bienestar y atención hasta el último dólar que paga.

Hoy en Colombia una persona bien asalariada tributa aproximadamente el 52% de sus ingresos. Eso no sería grave si viéramos esa plata retribuida, pues es claro que la razón de ser de los impuestos, al menos en teoría, es cobrarles a los que más tienen para redistribuirlo entre todos los que residen en una Nación, y eso es justo. Pero mucho va de la teoría a la práctica, pues en Colombia ese dinero se malgasta en “funcionamiento”, otro tanto en corrupción y las migajas en servicios, infraestructura y el supuesto bienestar de los ciudadanos.

Tan sólo esta semana, por mencionar un solo caso, los que tenemos un bien inmueble en Bogotá Caótica pagamos el predial, para ganarnos el descuento. Ya pagué también el impuesto de rodamiento y les confieso que me dolió en el alma tener que hacerlo, pues esa platica se perdió.

No es la queja de un viejo que cuenta sus centavos como los personajes de Charles Dickens. Eso exactamente les pasa a miles de dueños de predios o vehículos, quienes seguramente sienten la misma hartera e indignación de tener que hacerlo, pues saben que esa plata no se ve de vuelta.

El sistema tributario colombiano ha tratado de modernizarse, pero no lo ha logrado. No he entendido por qué en Canadá (país en el que viví 10 años) uno podía llenar su propio formulario de impuestos sin mayor dificultad, y ya. Acá se ha vuelto tan complicado que hasta un asalariado tiene que tener un contador porque el sistema está lleno de conceptos y jodas que para el común de la gente son absolutamente imposibles de entender.

Lo triste de todo este cuento es que esa plata que miles de ciudadanos nos ganamos con mucho esfuerzo, sea mucha o poca, la agarra el Estado ladrón y la dilapida.

Algo debe estar haciéndose mal pues, en promedio, cada dos años se hace una reforma tributaria y, en vez de hacernos las cosas más fáciles, nos las complican. Y, verdad de Perogrullo, mientras el Estado recoge más plata, menos retribuciones se reciben.

Agárrense pues, porque ahora sí dizque se viene una reforma tributaria estructural. Eso quiere decir más impuestos y, por contera, más corrupción, más gastos desbordados, más mermelada, más complicaciones, más ineficiencia.

Qué pesimismo y desesperación se siente cuando uno paga sus impuestos, pues queda con la impresión de que le robaron la billetera. Por eso cada vez que veo lo que me retienen los IVA, los prediales, los rodamientos, las estampillas, la retención y todo eso, silbo muy, pero muy feliz, aquella canción que dice: “Ayyyyyy, qué orgulloso me siento de ser un buen colombiano”.

 

 

POLITICA

EL ESPECTADOR

EL PASADO EN PRESENTE

Lorenzo Madrigal

Tomo el título del programa de tv sobre historia política que sustentaron por años Tito de Zubiría y Abelardo Forero Benavides, relatores como fueron de viejos episodios.

Y es que la carta que dirigieron los abuelos del Partido Conservador, Ignacio Valencia López, Enrique Gómez Hurtado y Mariano (Marianito) Ospina Hernández, es conmovedora evocación de un respetable pasado. Por su sentido y por su forma. Es una andanada, ciertamente, contra el presidente Santos, pero lo que impresiona es que viene del más allá.

Surgió de repente, la tenían reprimida y, como los espantos, asombró a los presentes. El lenguaje es de otra época: se habla de la “pitanza” o ración de comida que los remitentes, hijos de los jefes y jefes ellos mismos, estiman que es eso y nada más lo que le suministra a su partido este gobierno, al que venían apoyando.

La carta venerable, dirigida al joven representante David Barguil, convertido en jefe del Partido Conservador de la noche a la mañana, lo incita a que despierte y rechace la ración indigna. Éste, sin embargo, no se atreve a dar el paso a la oposición, a la que es llamado desde el más allá. Desprenderse de la “pitanza” no es bueno; es algo que se siente en las entrañas a la hora del sustento diario. A la hora de “yantar” la poteca, como también podrían haber dicho los signatarios de la epístola.

Pero no es cualquier cosa la directriz de estos venerables herederos, cuando no mayorazgos (no quiero decirles viejos, salvo viejos queridos), porque miren: de Casa Valencia, nido de Guillermo León y del gran poeta de Anarkos, está como retoño la vivaz senadora Paloma; de Enrique Gómez actúa en la hora de ahora su hijo, Miguel Gómez Martínez; de Ospina Hernández no hay herederos directos en la política de hoy, pero el legado de Ospina Pérez está vivo en muchos. Así que no es de despreciar la voz de estos mayores, que han resuelto de buenas a primeras apartarse de Santos y de su proceso de paz.

No escatiman diatribas contra el jefe del Estado. Emulando con el escritor Vallejo, en su chispeante conversatorio de paz, quien llamó al presidente “traditor traditorum” (“traidor de traidores”), los veteranos jefes le dicen que entró al poder, en lo que parece tomado de la parábola del mal pastor, por la puerta de los ladrones (!).

No se habían leído tan terribles críticas a un jefe de Estado en muchos años. Diría que el proceso Santos ha sufrido un lanzazo de muerte. Los ancianos jefes no son meros espantos de una casa vieja (buuu); sino, como queda dicho, respetables ancestros, que hay quien los siga y ¡ay! de quien no los acate.

Para el jefe Barguil, hacer oposición equivale a desinstitucionalizar al país. Para Virgilio Barco el sistema gobierno-oposición era algo sano para la democracia.

VARGASLLERIZANDO A URIBE

Yohir Akerman

Esta semana, en cuestión de minutos, el vicepresidente Germán Vargas Llegas pasó de estar al borde de una muerte política, a ser el próximo candidato a la Presidencia de la República. Y todo gracias a un inesperado empujoncito del senador y expresidente Álvaro Uribe Vélez.

Me explico.

Uribe, en una sorpresiva jugada política que genera muchas preguntas sobre sus reales causas, impidió que al vicepresidente se le aplicara un veto de cuatro años para postularse como candidato en las elecciones presidenciales del 2018. Esa hubiera sido la fantasía política de cualquier candidato presidencial opositor.

Alfredo Rangel, congresista del Centro Democrático, quien estaba sentado al lado de Uribe cuando este planteaba sus argumentos, no pudo esconder su cara de desconcierto y estupefacción mientras su líder lo contradecía en los micrófonos, al igual que a los otros leales escuderos de su bancada como Paloma Valencia, José Obdulio Gaviria y Jaime Amín.

Todos ellos habían firmado la proposición de Alexánder López y Armando Benedetti que pretendía inhabilitar a Vargas Lleras para ser candidato presidencial en las próximas elecciones.

El expresidente inesperadamente llegó a la Comisión primera y en lugar de aprovechar la oportunidad para realizar nuevos ataques contra el vicepresidente, pidió a sus Senadores retractarse y no votar ninguna inhabilidad que llegara a ser una barrera a las aspiraciones de Vargas Lleras.

Cambio radical, el de Uribe.

Sobretodo porque en el pasado el expresidente había acusado a Vargas Lleras de tener nexos con narcotraficantes como Yesid Nieto y de estar relacionado con personajes tan polémicos como Víctor Carranza y Pedro Orejas.

Ahora salió a defender sus aspiraciones y a protegerlo. Y con eso Uribe muestra un talante mucho más pragmático que de principios. Un líder que defiende el lema que el fin justifica los medios.

Y sus medios, en este momento, incluyen contradecir, sin sonrojarse, sus propias posturas anteriores, al decir que la Constitución no se puede tocar para dirimir pleitos políticos, ya que eso fue exactamente lo que él hizo en la reforma que se promovió en 2004, cuando el Congreso modificó la Carta para aprobar la figura de la reelección inmediata que lo favorecía, exclusivamente, a él.

El fin, aún está incierto.

Lo que es claro es que el vicepresidente Vargas Lleras salió como el máximo triunfador del quinto debate de la reforma al equilibrio de poderes, y esto no hubiera podido pasar sin la patraseada de la bancada de Uribe.

Y aunque algunos establecieron que hay que tratar de “desvargasllerizar” esta reforma, si el análisis se realiza a la luz de los vencedores, el del vicepresidente, es el nombre ganador.

Con un ingrediente extra, y es que sus actuaciones dentro de este cargo, las cuales son numerosas ya que como ningún otro vicepresidente en el pasado, Vargas Lleras tiene el manejo de las políticas de infraestructura y vivienda, ahora tendrán el privilegio de no ser perseguidas penalmente por razones de conveniencia política.

Así, si sus aspiraciones de ser presidente alcanzaron a estar en peligro, después de la jugada del expresidente Uribe, no sólo se reafirmó la posibilidad de ser candidato, sino que ahora el Senado le concedió el mismo fuero que tiene el Presidente de la República, y una especie de “salvoconducto” para hacer campaña dentro del ejercicio de la administración.

Y todo esto posible gracias al regalo del expresidente Uribe, que no debe ser gratis, ni casual, ni por error. Sino consecuencia de una detallada negociación y/o un excelente calculo político.

INCAPACES DE PROCESAR EL ODIO

María Elvira Samper

El enfrentamiento entre el presidente Santos y el procurador Ordóñez está pasando de castaño oscuro.

Santos ha ido perdiendo la compostura ante las críticas —algunas evidentes provocaciones— y aunque aseguró que cerrará ese capítulo, nada garantiza que el procurador haga lo propio. En cuanto a la bronca Uribe-Santos, hace rato superó el nivel oscuro y el tono de la pugna Pastrana-Santos apenas ha bajado un poco. Triste espectáculo el de líderes que deberían ser modelo de respeto mutuo aun en el disenso, incapaces de procesar esas pasiones primitivas que los llevan a responder con agresividad e irritación. Tanta irracionalidad lo deja a uno perplejo, como diría el procurador. Mal ejemplo para una sociedad donde la intolerancia cobra cada día nuevas víctimas y cuando hay en marcha una negociación para poner fin a la guerra.

Muy grave que el odio esté copando la política, porque destruye y deslegitima la verdadera oposición, la que enriquece el debate porque se hace con altura, en función de unos ideales. Odio y democracia no caben en la misma canasta. Y es que el odio también está en las raíces del conflicto armado —junto con la lucha por la tierra, la pobreza, la inequidad y la exclusión social y política—, y es una de las razones por las cuales no hemos logrado construir una sociedad realmente democrática, respetuosa de las visiones opuestas, donde la crítica y acuerdos sobre asuntos fundamentales como la justicia y la exclusión de las armas de la política nos permitan convivir con las diferencias.

No es pretender que la política sea aséptica en emociones. No, ellas son el motor de sus múltiples manifestaciones —la denuncia, la movilización, la protesta y las propuestas—. Las campañas apelan a toda suerte de recursos emocionales y los electores votan movidos por emociones: simpatía, esperanza, entusiasmo, repulsión, miedo… Miedo, la causa de guerras y la antesala del odio, el sentimiento más eficaz para movilizar a la gente. Odio al enemigo real o creado —guerrilla, paramilitares, bandas criminales, castro-chavismo…-—, que crece como maleza en un país fragmentado como el nuestro. Y cuando la política se instala en el terreno fangoso de esa pulsión por destruir al otro que no comparte las mismas ideas o que rivaliza y compite por el poder, las bases de la convivencia se erosionan.

En el mundo hay experiencias que demuestran que sociedades que han sido desgarradas por la violencia pueden, si no olvidar y perdonar, sí poner en remojo los odios y resentimientos para superar períodos negros y construir un proyecto común de convivencia civilizada —Chile y España, por ejemplo—.

En Colombia, la negociación para poner fin al enfrentamiento armado, que pudiera y debiera ser un proyecto compartido —por el bien de todos y para evitar más víctimas hacia el futuro—, no ha logrado convertirse en tal, ni ha podido conjurar dos amenazas: el odio visceral del expresidente Uribe —con gran influencia entre gran parte de los colombianos— por el presidente Santos, y el oportunismo del procurador Ordóñez, que hace política con la paz y oculta mal sus aspiraciones (¿le apuesta al fracaso del proceso para que el péndulo de la opinión se mueva hacia la mano de hierro que él, como Uribe, encarnan?).

Triste suerte la de este país en el que sus líderes, antes que buscar el bien común, desean que les vaya mal a sus contrarios.

 

 

UMBRALES Y PARTICIPACIÓN

Rodrigo Uprimny

La reconocida dificultad de alcanzar los umbrales para refrendar un eventual acuerdo de paz o revocar a un alcalde plantea la siguiente pregunta: ¿no será que la Constitución de 1991 se equivocó al prever umbrales para la aprobación de estas decisiones que son altos para Colombia y que además son “umbrales de participación” y no “umbrales aprobatorios”?

Explico el aparente trabalenguas. Un referendo constitucional para ser aprobado requiere que la mayoría de los votantes voten a favor y que además participe al menos una cuarta parte del censo electoral. La regulación establece entonces un “umbral de participación”, pues exige que al menos 25% de los ciudadanos hayan votado para que la reforma sea aprobada.

Este diseño busca que los referendos sean decididos con amplia participación, lo cual es razonable. El problema es que esta regulación hace muy difícil la aprobación de cualquier referendo, pues no sólo la participación en Colombia es baja, sino que, además, paradójicamente, estos “umbrales de participación” estimulan ciertas formas de abstención. Muchos opositores del referendo pueden optar por no participar en vez de votar negativamente la reforma, con la idea de hundir el referendo por no alcanzar el umbral.

Esta estrategia de “abstención activa” es perfectamente legítima y válida cuando la regulación existente prevé estos “umbrales de participación”. Pero este fenómeno muestra que estos umbrales tienen el efecto contraproducente de reducir la participación, como lo han demostrado empíricamente varios estudios comparados. Y puede incluso suceder que no se alcance la participación requerida para que el referendo sea válido, precisamente por la existencia del “umbral de participación”, pues si no existiera ese umbral, los opositores del referendo no se abstendrían sino que votarían en contra, con lo cual la participación aumentaría.

La Constitución se equivocó al incorporar los “umbrales de participación”, pues estos desestimulan la participación. Esto no significa que debamos suprimir de tajo cualquier idea de umbral, pues no es bueno que una reforma constitucional pueda ser aprobada por una ínfima minoría de ciudadanos movilizados. Pero deberíamos usar otro mecanismo, que son los llamados “umbrales aprobatorios”, conforme a los cuales un referendo es aprobado si la mayoría de los participantes votan a favor y esos votos favorables representan un porcentaje del censo electoral. Estos “umbrales aprobatorios” no estimulan entonces la abstención activa, pues el cálculo del umbral toma en cuenta sólo los votos favorables y no la participación en general. Un voto negativo o la abstención no tiene ningún efecto sobre el umbral, por lo cual los opositores al referendo no tienen interés en abstenerse sino en votar en contra, con lo cual la participación crece.

Los umbrales aprobatorios son entonces mejores instrumentos para estimular la democracia participativa, por lo cual intentaré ofrecer en próximos escritos algunas fórmulas que podríamos adoptar.

 

 

SEMANA

DESMADRE

María Jimena Duzán

Habría sido más transparente que Santos hubiera nombrado a Vargas Lleras ministro de Transporte en lugar de convertirlo en una especie de presidente paralelo.

Al principio de este embrollo el gobierno Santos nos dijo que la reforma al equilibrio de poderes buscaba enmendar el error que se había cometido en el 2004, cuando los que hoy integran la Unidad Nacional, más quienes actualmente forman parte del Centro Democrático y el Partido Conservador, embrujados por Uribe, le rompieron el pescuezo a la Carta del 91 y, sin ningún empacho, cambiaron la Constitución en beneficio de Uribe quien pudo reelegirse desde el poder.
Fui parte de esa minoría que se opuso a la reelección no por razones ideológicas o personales, sino por convicción. No se puede cambiar la Constitución Política a la carta, ni en función de una coyuntura o de una persona. Mis convicciones me decían que ese articulito volaría en mil pedazos el sistema de pesos y contrapesos establecido por la Constitución del 91 y que una muestra de ese peligroso desajuste era que el presidente podía intervenir más de una vez en la elección del fiscal, procurador, magistrados de la Corte Constitucional y del Consejo Superior de la Judicatura. Ese fue el origen del desmadre.

Por eso, el anuncio de que Santos quería abolir la reelección y restituir los equilibrios perdidos lo entendimos como un mea culpa tardío pero importante. Sin embargo, luego de cinco debates, ese propósito inicial que inspiraba la reforma se ha ido desdibujando al extremo de que hoy parece una colcha de retazos a la que todos los días el gobierno le cuelga un nuevo perendengue. El último ofrecimiento, el que le levanta el veto que les impedía a los congresistas ser ministros, es una gabela que no tiene nada que ver con el equilibrio de poderes ni con el mejoramiento de la Justicia. Sería el colmo que con tantas tareas pendientes que tiene el Congreso, esta gabela se convierta en debate nacional. Además, un Congreso que no ha podido pasar una ley de salud, ni una ley de pensiones, ni una ley de justicia decente que le sirva a los ciudadanos de a pie, no le queda bien pelechar solo por sus derechos.

Algo confundida, le pregunté al gobierno y a los congresistas qué tenían que ver estas gabelas con el equilibrio de poderes y sus respuestas fueron dignas de las de una reina de belleza: “Eso permite que el jefe de una bancada sea el ministro en lugar de que este tenga que nombrar a una de sus fichas, como ocurre ahora. Eso contribuye a que la política sea más trasparente”, me dijo un miembro de la Unidad Nacional. O sea, hombre con hombre, mujer con mujer…o todo lo contrario.

La otra discusión que se ha convertido en trifulca política es el tema de la inhabilidad del vicepresidente y de su fuero; discusión que nuevamente a pocos colombianos interesa y que nada tiene que ver con el equilibrio de poderes ni con la Justicia, de no ser porque el vicepresidente se llama Germán Vargas Lleras y se perfila como el candidato más opcionado para suceder a Santos en las próximas elecciones presidenciales del 2018.

Lo que realmente desequilibra no es si el vicepresidente tiene la inhabilidad de un año o de cuatro o si tiene o no el  mismo fuero que el presidente, como se plantea en la reforma. Lo que verdaderamente desequilibra son las atribuciones que por decreto le dio el presidente Santos a Vargas Lleras para que fuera  el encargado de poner en marcha las nuevas carreteras de cuarta generación. Eso sí le ha dado a este vicepresidente un inusitado poder que pone desde ya a los demás candidatos presidenciales en una clara situación de desventaja. Desde esa óptica habría sido más transparente que Santos hubiera nombrado a Vargas Lleras ministro de Transporte en lugar de convertirlo en una especie de presidente paralelo.

Si este país estuviera menos confundido estaría dando la discusión en torno a las atribuciones del vicepresidente en lugar de andar intentando utilizar la reforma de equilibrio de poderes para frenar candidaturas con nombre propio, desdibujando aún más el espíritu de la reforma. La sorpresa de todo este zafarrancho es la frase con que el expresidente Uribe apoyó a German Vargas Lleras: “Le hace enorme daño al país que se cambie la Constitución con nombre propio”. Tiene razón. Lo que sorprende es que esto lo diga quien se hizo aprobar una reforma hecha a su justa medida que le permitió reelegirse y armar el desmadre del que hoy estamos pretendiendo salir. Tiene razón Marx en El 18 brumario de Luis Bonaparte cuando dice que la historia se repite unas veces como tragedia (2004) y otras veces como farsa (2015).

De los 28 artículos que tiene la reforma solo hay cinco importantes que en realidad tienen que ver con el equilibrio de poderes y el mejoramiento de la Justicia: el que acaba con ese adefesio del Consejo Superior de la Judicatura, la no reelección del procurador, la creación del Tribunal de Aforados, la abolición de las funciones nominadores de las cortes y de la reelección presidencial. Los demás son micos, que si se siguen amamantando se pueden convertir en el orangután del 2012.

 

 

LOS CONSERVATOIDES

Antonio Caballero

Conservatoides, para usar un sufijo despectivo muy de su gusto: así, se llaman asteroides los fragmentos desprendidos de un astro que si guardan alguna luz es porque la reflejan.

Es una dura carta la que tres ancianos hijos de presidentes fallecidos del Partido Conservador le escriben a su jefe, el “joven de noble discernimiento” David Barguil, para que rompa amarras burocráticas con del gobierno de Juan Manuel Santos. Es dura por su tono imprecatorio y su lenguaje injurioso y soez: empiezan por llamar “ladrones” a Santos y a “sus secuaces”. Y siguen por el estilo: innobles, ineptos, corruptos, tramposos, asaltantes, con las manos viciadas hundidas en un pantano de impura mediocridad, de viscosa podredumbre. Los acusan hasta de ser unos “farautes”, lo cual suena tremendo. Pero, según el diccionario, significa simplemente “heraldos”. Y así es la carta: suena tremenda, pero al final no dice nada. Se nota que los tres hijos de sus padres no tienen nada que decir en este “octogésimo octavo año de su existencia”, como lo llaman con retórica prosopopeya. Por eso para rellenar sus cinco páginas de insultos recurren al prestigio póstumo de los nombres de sus difuntos padres, así como recurren para firmarlas al mérito dinástico de ser sus huérfanos. Los cito: “Escribimos en cumplimiento de la vocación que heredamos para prestar servicio a los ideales que conforman nuestra tradición”.

Pero no pueden ser llamados conservadores estos viejos señores –Enrique Gómez Hurtado, el hijo de Laureano; Ignacio Valencia López, el hijo de Guillermo León; Mariano Ospina Hernández, el hijo de Mariano–: no han sabido conservar nada, salvo sus apellidos. Son más bien conservatoides, para usar un sufijo reductor y despectivo muy de su gusto: así, se llaman asteroides los fragmentos desprendidos de un astro que si guardan alguna luz es porque la reflejan. Y así, como no pueden imaginar que alguien pueda tener ideas propias y no recibidas por ósmosis de sus mayores, le adjuran a Santos que también él sea lo que le corresponde ser por herencia genética: “Debiera tener respeto por una tradición de liberalismo republicano heredado de su casa matriz de la política”.

Se ve que temen que el presidente haya resultado ser, como llamaba Miguel Antonio Caro a los conservadores de su tiempo, “de proceder villano”.

Y estos conservatoides ¿qué toman de sus padres? Unas frases. De Guillermo León no, pues no encuentran ninguna: ya él mismo tenía que citar alguna de su padre, el poeta Guillermo Valencia, cuando quería decir algo. Pero ni siquiera esas sirven ahora: ¿la de “soy hermano de ‘Anarkos’”, que soltó una tarde en arrebato demagógico de plaza pública? No, no: Anarkos es un poema social, socialista tal vez, anarquista como lo indica su nombre: o, como dirían ellos, comunistoide. ¿O aquella otra en que anunciaba que su gobierno sería, como en el verso paterno, “una copa para todos llena”? No, tampoco: parecería una copia de la “prosperidad para todos” que promete el despreciado Santos. Para usar algo de Mariano, y sin tener que remontarse hasta los comprometedores postulados con que fundó su partido el tatarabuelo Ospina Rodríguez, les toca reciclar una de sus dos únicas frases memorables. No la de “¡Qué viva Ramón Hoyos!”, con la que el ospinismo solía ganarle al laureanismo las elecciones en Antioquia: ya nadie sabe quién era aquel gran ciclista. Sino la otra, la del 9 de abril: “Más vale un presidente muerto que un presidente fugitivo”. Adaptándola un poco (dicen “vale más un conservador perseguido que un conservador vendido”) a costa de volverla poco coherente con la larga y terca vocación funcionarial del partido, que empezó llamándose “partido ministerial” o “partido de los partidarios del gobierno” y solo cambió su nombre por el de “conservador” cuando no lo dejaron conservar el poder que creía suyo por derecho divino. Y del tercer papá muerto, de Laureano, no copian su terrible amenaza de “hacer invivible la República”, sino una exclamación igualmente apocalíptica, pero vacía: “¡Ay del Partido Conservador si no cumple la tarea que le fue asignada!”. ¿Qué tarea? ¿Asignada por quién? Un confuso párrafo de la carta de los tres delfines embalsamados insinúa que la tarea asignada es el poder, y que quien la asignó fue Dios:

“Allá, en la noche de los tiempos, cuando se produjeron las primeras aglomeraciones de seres humanos, el primer asunto fue el de institucionalizar el qué, el por qué, el para qué y el quién en el que se debieran aposentar estas definiciones”. No nos enredemos en ese texto surrealistamente divagante. Tras sus frases pomposas lo que de verdad preocupa a los tres delfines disecados que lo firman es que los puedan sacar por fin de su paraíso de formol. De eso que llaman con desprecio “ el régimen”, siguiendo otra frase vacua de otro de sus parientes, en este caso Álvaro Gómez, quien fue su más conspicuo y mimado exponente antes de convertirse en su improbable crítico. Que lo saquen de ese régimen en el cual los tres han sido durante muchos decenios parlamentarios, hijos de parlamentarios, padres de parlamentarios, embajadores, hijos de embajadores, padres de embajadores plenipotenciarios. De ese régimen que, por conocerlo desde dentro, definen como “todo ese sistema de componendas, de tolerancia con la inmoralidad, de connivencia con las circunstancias”. De “consolidación del clientelismo, el intercambio de prebendas, la participación en la pitanza”. De “botín burocrático materia de turbios negocios controlado por aviesos logreros”. Y no, como Dios manda, por ellos mismos, como siempre.

 

 

EL COLOMBIANO

MENSAJES DE URIBE

Rafael Nieto Loaiza

Muchos mensajes con alta carga política en estos días. El de los hijos ilustres de los expresidentes conservadores y su visión ácida del Gobierno y del papel de su propio partido. La diatriba de Fernando Vallejo contra Santos y el proceso de paz, acallada en el otrora gran diario nacional. El de los expresidentes latinoamericanos y españoles que sí tienen los pantalones para decir sobre el régimen autoritario en Venezuela lo que las cobardes cancillerías latinoamericanas, de primera la ministra Holguín, no se atreven ni a musitar en privado.

Y el del presidente Uribe al atajar la jugada fraguada desde la Casa de Nariño para frenar la candidatura de Vargas Lleras. Porque no tengo duda de que la propuesta de Armando Benedetti de establecer una inhabilidad de cuatro años para que el Vicepresidente pueda postular su candidatura presidencial, que hubiera sepultado las aspiraciones de Vargas Lleras para el 2018, venía con la bendición del palacio presidencial que, en esta como en tantas cosas, nunca juega de frente. Santos prefiere tener su propio candidato y no verse obligado a apoyar a su actual vicepresidente porque sabe que Vargas Lleras apenas se posesione haría como él con Uribe: le daría la espalda. Con la ventaja para Vargas Lleras, por supuesto, de que el actual vicepresidente tiene caudal y votos propios y ha salido electo en innumerables ocasiones. Santos, sin Uribe, no hubiera tenido sino los de su familia y ciertamente no los de todos sus miembros.

Con su intervención, en apenas cinco minutos, Uribe consiguió varias cosas: la primera, fortaleció su liderazgo en el Congreso. Prueba de ello es el reconocimiento expreso y público que le hace Horacio Serpa, después de su intervención. Vale la pena oír esa muy gallarda constancia.

Después, hizo crecer políticamente a Vargas Lleras dentro del Gobierno y con ello agudizó las contradicciones latentes entre Santos y su Vicepresidente, a quien no puede simplemente despedir porque, como él, es funcionario electo. A Santos no le queda sino aguantarse. Con la posibilidad cierta de su candidatura, Vargas Lleras tendrá mucho más poder frente a los parlamentarios, frente a gobernadores y alcaldes y frente al mismo Santos. Y los enanos a los que el presidente quisiera apoyar la tendrán muchísimo más difícil.

La tercera, que Vargas Lleras deberá agradecerle eternamente el gesto. Sin Uribe, hoy no tendría oportunidad alguna de ser candidato y sus aspiraciones hubieran quedado diferidas hasta el 2022 cuando, además, nadie tiene idea de cuál sería el panorama político y, en todo caso, el capital acumulado por su gestión como vicepresidente estaría seguramente muy disminuido por el paso del tiempo y la ausencia del poder. De hecho, si se hubiera frustrado su candidatura para el 2018, Vargas Lleras tendría ahora mismo mucho menos poder que el que hoy tiene. Parte de su fuerza está en la posibilidad cierta de ser presidente en tres años.

Además, Uribe demuestra que es capaz de tomar decisiones con visión más allá de la coyuntura. Con su gesto, abre una puerta a sectores que hoy están en el Gobierno pero con los cuales puede haber acuerdos políticos. En la coalición de la unidad nacional hay algo de santismo, pero también muchos que tienen grandes diferencias con la manera de actuar de Santos y, en cambio, ven puntos sustantivos comunes con el Centro Democrático. Al salvar a Vargas Lleras, Uribe le dice a esos sectores que los puentes no están rotos y que es posible una coalición ganadora hacia el 2018. Si antes las visitas de otros parlamentarios (conservadores, de la U y del mismo Cambio Radical) al senador Uribe eran usuales, ahora serán mucho más numerosas y frecuentes.

Y ese es quizás el punto más importante: la apertura de espacios para aglutinar en una gran coalición futura diferentes sectores con coincidencias ideológicas. Hay que ser capaces de trascender la polarización actual entre santistas y uribistas y sentar las bases para un movimiento que recoja un amplio espectro que vaya del centro a la derecha. Ese es el futuro.

 

 

EL PROCURADOR

EL ESPECTADOR

EL INTOCABLE

Ramiro Bejarano Guzmán

El Procurador Ordóñez califica de locos a quienes piensan que está aspirando a la Presidencia, pero es él quien se está haciendo el loco, pues todos sus pasos son los de un politiquero, sin que ninguna autoridad se haya dado por enterada de semejante abuso.

En la actualidad le compete al Consejo de Estado investigar y sancionar disciplinariamente al procurador, dado que fue ternado para su reelección por la Corte Suprema de Justicia, corporación que, dicho sea de paso, tampoco lo investigó, a pesar de sus imborrables faltas durante el primer período.

Le pregunto desde esta tribuna al presidente del Consejo de Estado, Luis Rafael Vergara Quintero, ¿por qué no se ha iniciado ni siquiera una indagación preliminar para establecer si Ordóñez está interviniendo en política? ¿No es, acaso, suficiente que el primer mandatario, a los cuatro vientos, le haya pedido al procurador no hacer política para que el Consejo de Estado iniciara de oficio los trámites? La investigación disciplinaria por intervención en política no requiere petición de parte, basta que se tenga noticia de algún suceso que sugiera la posibilidad de que un servidor público está incurriendo en esa falta, para que el juez disciplinario actúe. Es más, hacerlo no es potestativo, sino un deber legal.

El Congreso tampoco se atreve a ejercer control político, como sí lo hará con los magistrados de las altas cortes, porque es vox pópuli que Ordóñez ha hecho de las procuradurías departamentales feudos podridos entregados a los caciques regionales. Valido de ese inmenso poder en el Congreso está logrando sacar adelante una reforma al código disciplinario, en la que hay más de un mico para favorecer a sus amigotes. Eso sin contar con los torpedos que le está poniendo al proyecto de equilibrio de poderes, para conservar sus excesivas facultades.

Pero hay más gestos que confirman que hoy la Procuraduría es un directorio político. A título de qué el jefe del Ministerio Público, cuando visita una región, entrega regalos a la comunidad, como lo hizo en el Chocó. Estoy completamente seguro de que si otro funcionario hace exactamente lo mismo que hoy está haciendo Ordóñez, inmediatamente lo destituyen con razón, porque esa es una falta disciplinaria gravísima.

Me resisto a creer que en el Consejo de Estado nadie haya visto las imágenes de Ordóñez en calzonarias repartiendo regalos a una multitud que lo aplaude y felicita. De dónde han salido los recursos para comprar esos detallitos con los que el procurador suscita emociones colectivas. Si es la Procuraduría, hay allí ostensibles faltas disciplinarias y eventualmente conductas penales que investigar; y también si es un particular, porque a ningún funcionario le es permitido recibir auspicios de nadie. Pero lo que no puede pasar es que el Consejo de Estado ignore lo que está pasando a la vista de todos.

A lo anterior ha de agregarse que el presidente del conservatismo, David Barguil, ha expresado su respaldo a la aspiración de Ordóñez a la Presidencia. No es solamente coincidencia que las toldas azules estén pensando en el procurador como su fórmula presidencial, sólo porque le reza a la Virgen y persigue liberales y gentes de izquierda, sino porque es un voraz laureanista que acaricia la idea de convertirse en mandatario usando y abusando de sus funciones públicas.

Ordóñez es hombre de propósitos siniestros y usa sus poderes para aniquilar o desprestigiar a sus posibles competidores en la carrera presidencial. Esta semana formuló pliego de cargos absurdos e injustificados al gobernador de Antioquia, Sergio Fajardo, enrostrándole faltas en las que al rompe se ve que no ha incurrido.

Ordóñez se duele de que Santos no haya pisado la cáscara de responder el extenso cuestionario que le formuló, cargado de sugerencias maliciosas, insidias y mezquindades, pero él sí se da el lujo de no responder ni rendir cuentas, porque con él nadie se atreve.

Señores del Consejo de Estado: ¿en qué parte de la Constitución y la ley quedó escrito que el procurador Ordóñez es inmune?

Adenda. Y condenado el hacker Sepúlveda a 10 años de cárcel, ¿qué dirá ahora el Centro Democrático?

 

 

SEMANA

LAS REBAJAS DEL PROCURADOR

Daniel Coronell

Semejante regalo del doctor Ordóñez a los sancionados por el ministerio público no beneficia a la sociedad, solamente a ellos. Muchos de esos sancionados son jefes políticos que conservan sus maquinarias electorales.

El procurador-candidato quiere darle una generosa rebaja de penas a algunos condenados por faltas disciplinarias. El doctor Alejandro Ordóñez presentó un proyecto de ley al Congreso reformando el Código Disciplinario Único. Esa es la ley que le permite a la Procuraduría sancionar con suspensión, destitución e inhabilidad a los funcionarios públicos que sean encontrados responsables de faltas contra la administración y el patrimonio públicos.

Silenciosamente avanza, por los vericuetos parlamentarios, un proyecto que favorece a sancionados por negligencia y actos de corrupción.

La reforma planteada por Ordóñez rebaja sustancialmente los tiempos de inhabilidad a quienes han cometido, con culpa, faltas consideradas gravísimas por la Procuraduría.

Terminando el voluminoso articulado está la rebaja del procurador Ordóñez.

Se titula Artículo final (transitorio). Aplicación del principio de favorabilidad. El principio de favorabilidad establece que una persona procesada siempre estará cobijada por la norma menos drástica. Lo cual quiere decir, para empezar, que el nuevo Código es menos severo que el que está vigente. Es decir que el plan del procurador es reducir esas sanciones pero además favorecer a quienes ya han sido inhabilitados.

El texto del artículo es el siguiente:

“Las sanciones de inhabilidad general que se estén cumpliendo como consecuencia de la realización de una falta gravísima cometida con culpa gravísima se reducirán así:

  1. La de diez (10) y once (11) años, a tres (3) años.
  2. La de doce (12) y trece (13) años, a cuatro (4) años.
  3. La de catorce (14) y quince (15) años, a cinco (5) años.
  4. La de dieciséis (16), a seis (6) años.
  5. La de diecisiete (17), a siete (7) años.
  6. La de dieciocho (18), a ocho (8) años.
  7. La de diecinueve (19), a nueve (9) años.
  8. La de veinte (20) años, a diez (10) años”.

Semejante regalo del doctor Ordóñez a los sancionados por el Ministerio Público no beneficia a la sociedad, solamente a ellos. Muchos de esos sancionados son jefes políticos que conservan sus maquinarias electorales.

Por ejemplo Juan Carlos Abadía, exgobernador del Valle, ha sido sancionado dos veces con inhabilidad. Una por 11 años debido a su intervención ilegal en política a favor de Andrés Felipe Arias. Esa inhabilidad establece que no puede ejercer funciones públicas, ni aspirar a cargos de elección popular hasta el 23 de febrero del año 2026.

Con la rebaja de Ordóñez su sanción se cumpliría en febrero del año 2018. Justo a tiempo para aspirar al Congreso en las próximas elecciones.

Pero no es la única inhabilidad del exgobernador Abadía. Él también fue sancionado por contratación irregular de servicios de salud al ser encontrado “disciplinariamente responsable de la comisión de la falta gravísima (…) cometido a título de culpa gravísima”. La inhabilidad de diez años iba a terminar el 5 de mayo de 2023.

Con la rebaja de Ordóñez, Juan Carlos Abadía estaría habilitado para desempeñar cargos públicos desde el 5 de mayo del año entrante.

Otros políticos con gran caudal electoral que –gracias al proyecto del procurador– quedarían rápidamente rehabilitados para ser nombrados y elegidos serían el exgobernador de Casanare Nelson Mariño, la exgobernadora del Quindío Amparo Arbeláez, el exgobernador del Magdalena Omar Díazgranados, el exgobernador del Caquetá Víctor Ramírez, el exgobernador del Huila Jorge Pajarito, la exalcaldesa de Neiva Cielo González y el exalcalde de Yopal William Celemín.

La magnánima rebaja en las sanciones de estos personajes no parece ser muy útil para impartir justicia disciplinaria, pero sí para emprender una campaña presidencial.

 

 

PAZ

EL ESPECTADOR

LA DIFERENCIA

Alfredo Molano Bravo

El lunes pasado, en el marco de la Cumbre por la Paz, quedé sentado al lado de Fernando Vallejo, a quien conozco desde hace algunos años.

Es un hombre delicado en su trato, elegante, sibarita y gran pianista. Virtudes que contrastan con la violencia de sus escritos. No soy ferviente lector de sus libros, pero me impresionó por su realismo La virgen de los sicarios, me sorprendió la metódica investigación casi policial sobre la muerte de Silva en Chapolas negras y me aburrió El cuervo blanco por su obsesión semántica. Nadie puede negar que es un escritor, aunque se debería decir que es más bien un buen escritor de panfletos biográficos; un panfletista, en el mejor sentido del término. El lunes pasado la montó —¡y de qué modo!— contra la paz y comenzó insultando a Santos —“sinvergüenza, traidor… el más grande bellaco de la historia de este país”— y siguió, durante 40 largos minutos, insultando a diestra y siniestra. A los partidos políticos, a las Farc, a Timochenko, a César Gaviria, a Mockus, al exgeneral Naranjo, al papa, a Jesucristo. Envenenado, tiró dardos y bombas incendiarias para sacar aplausos de un auditorio atónito y atrapado entre la sorpresa y el candor y que no se decidió ni por el aplauso ni por la rechifla. A Vallejo cuando habla se le siente un resentimiento profundo, supurante. Vomita veneno quizá para tratar de curarse. Toda su violenta diatriba estuvo dirigida contra la negociación de paz en La Habana. Se erigió en juez supremo al descalificar a todas las instituciones y elevar la ley del Talión “mejorada” como la norma fundamental sobre la que se debe juzgar y castigar: un ojo por dos ojos; un diente por todos los dientes; una vida por el doble, la del delincuente y la de su mamá. Su fórmula para acabar con la violencia, la corrupción y la mentira es simple: matar y rematar. Vallejo odia la vida, salvo la de los perros. “A los cerdos doy perlas y a los perros caviar”. “La vida del hombre es un horror”, nadie tiene el derecho a vivir. Quien mata un perro debe ser electrocutado; quien mata un delincuente debe ser coronado. No deja de ser paradójico que use el mismo lenguaje que usa la “gusanera política” que él quiere electrocutar, guillotinar, desaparecer. Encierra en su vida la contradicción de un suicida: la identidad en sí mismo de su empedernido enemigo. Terminará clavando su ponzoña en su propio pescuezo.

Salí de oír la escalada de violencia y de odio humano de Vallejo al Capitolio, donde se exponían las cenizas de Carlos Gaviria. La sola presencia de sus restos me devolvió el alma al cuerpo porque Carlos estaba hecho de otra materia: nobleza, tolerancia, compasión. Fue un crítico radical del sistema político, pero su palabra no estaba envenenada. Era más un aliento ético que un discurso. Sus críticas llegaban a la raíz de los fenómenos para mostrar su naturaleza y por eso nunca perdió la fe en el ser humano. Quizá la mejor caracterización de su prédica fue la que él mismo hizo de Borges: ocuparse de los problemas que la humanidad se plantea permanentemente casi sin esperanzas de una respuesta adecuada. Naturalmente, agregaba, queda una esperanza: “que la belleza y la verdad sean una sola cosa”. Su obsesión era ética, y por eso fue un maestro. Y siguió siéndolo cuando optó por la política: quería mostrar un modo digno de hacerla. Fue ajeno a la codicia del poder. Y en realidad, a toda codicia. Por eso, confesaba, se consideraba un pésimo político.

 

 

SEMANA

UN MUNDO MEJOR PARA LOS PERROS

León Valencia

Así es Vallejo, piensa que el mal es la humanidad misma, que no hay redención posible para los hombres y pensaba yo, ahí, a su lado, oyendo la perorata: si es así, tampoco la hay para los perros, porque no hay perros sin hombres.

Vino Fernando Vallejo, estuve con él en la Cumbre Mundial de Arte y Cultura para la Paz. Lo invitaron, porque, ¡cómo no invitar a uno de los mejores escritores del país! Les dijo, no voy, no creo en esa paz, lo de La Habana es una farsa. Venga diga eso, le dijeron, y vino y lo dijo. Ya saben, Vallejo tiene un desprecio enorme por los políticos, por los militares, por los de las FARC, por Santos y Uribe y Pastrana, por el papa y un verbo fácil para mostrar la oscuridad de todos, para descubrir las miserias de todos, y despierta emociones con sus palabras y arranca aplausos en el auditorio y también conatos de rechifla.

Ya lo han dicho, convirtió la cantaleta de las mamás paisas en literatura y practica el arte con infamia, va desgranando una ofensa tras otra, tiene licencia para hacerlo, conoce la lengua como nadie, cada palabra rueda en la frase con ardor. Sinvergüenza le dijo a Santos, subió a la Presidencia predicando la guerra y se reinstaló en ella predicando la paz, y pensaba yo al lado: afortunadamente. ¡Qué tal que se hubiera empeñado en la derrota militar de las guerrillas! Ese es Vallejo, cosas que le parecen malas, a mí me parecen buenas.

¡Generales que van a La Habana! ¡Con qué derecho! Cuando son sus soldaditos, reclutados entre la gente pobre del pueblo, los que pagan el pato, mientras ustedes están mandando desde la seguridad de las oficinas de Bogotá, bañándose en la piscina del Club Militar y mamando a lo grande del presupuesto, dijo Vallejo, y allí su voz fue más enfática y más adolorida. Precisamente por eso, digo yo, de los generales, no solo tienen el derecho sino la obligación moral de ir a terminar esa guerra, tienen el deber de parar el desangre, no pueden seguir enviando a jóvenes campesinos a que mueran y maten a sus pares en la selvas de Colombia. Son ellos, además, los que tienen que asegurar que el desarme de las guerrillas sea transparente y total, y son ellos quienes tendrán que asumir la responsabilidad de proteger la vida de los guerrilleros que vengan a la vida civil y garantizar que puedan hacer política sin armas.
Y vuelve a Santos. Hace cinco años, una semana antes de que lo eligieran, el manipulador de marionetas repetía como disco rayado que Álvaro Uribe era el más grande presidente de la historia de Colombia. No bien salió elegido y al más grande presidente de la historia de Colombia y su protector le dio su buena patada en el culo. Y digo yo: ¡qué bueno ese cambio de opinión! Dónde estuviéramos si Santos hubiese seguido en la línea de resolver a tiros nuestro conflicto y mantener una confrontación abierta con los vecinos del sur de América. Dónde… Si hubiese mantenido la política de perseguir a las cortes y a la izquierda y a los periodistas críticos. ¡Hay lealtades que matan!

Y no faltó la pelea con Jesucristo, no podía faltar, por aquella frase ¡No les deis perlas a los cerdos! Sí se las doy, dijo, y a mis perros caviar. ¡Ah! Sus perros, su amor por los perros, la defensa de los perros ocupó parte de su discurso y otra vez se desató contra Antanas Mockus y Beatriz Londoño con la historia de que alguna vez ordenaron electrocutar a 400 perros en Engativá. Le he oído eso en varios discursos, como si fuera una afrenta personal. Alguna vez apareció en un escenario con una larga rastra de perros para hacer más patente la herida que le había dejado la acción de los políticos.

Alguien del público le reclamó, a viva voz, soluciones para Colombia, y él volvió a decir: que no se reproduzcan. Porque así es Vallejo, piensa que el mal es la humanidad misma, que no hay redención posible para los hombres y pensaba yo, ahí, a su lado, oyendo la perorata: si es así, tampoco la hay para los perros, porque no hay perros sin hombres. Un animal que recorrió el largo camino de la selva inhóspita a los patios y las habitaciones de las casas no tiene cómo volver atrás.

Le murmuré, sin la pretensión de que me tomara en cuenta, que a quienes teníamos hijos y nietos nos correspondía construir un mundo mejor para ellos y él, quizás, estaba obligado a imaginar un mundo mejor para sus perros. La manera no sé. Pero en todo caso la guerra no es buen ambiente para unos y para otros. También los perros sufren la orfandad, también lloran a sus amos, los he visto y no soy muy amigo de los perros.

 

 

EL TIEMPO

‘LA ESTIRPE SANTOS’

Salud Hernández-Mora

¿Cree Santos que ignorando a las víctimas de las Farc, tapará sus crímenes?

Por fin conseguí en España La estirpe Santos, escrito por un señor respetable. Lo sorprendente no es que hiciera el libro, tiene pasajes interesantes de los antepasados del mandatario. Lo llamativo es que una obra plagada de elogios, que incluso daría pena distribuir entre la propia familia por un mínimo de pudor, lo regalaran a personalidades extranjeras pensando que causaría una impresión favorable. Prueba indeleble del espíritu adulador y distante que reina en Palacio.

De otra manera, es incomprensible que el embajador Carrillo, por el que siento gran aprecio por causas que no vienen al caso, no advirtiera que es una apología de la Colombia de delfines y privilegios que debemos enterrar si queremos seguir algún día la estela de las naciones avanzadas.

Insisto en que el autor no merece ningún reproche. En ocasiones es agudo y en otras escribe sobre Santos con fervor sincero. “Siempre se ha esmerado por su pulcra e impecable presentación personal… Por sobre todo lo que se diga, ‘es un tipo buena gente’, como lo describen sus secretarias, sus peluqueros, su sastre, las empleadas del servicio y hasta don Carlos, el hombre que toda la vida lo ha atendido en el Country Club”.

El primer trabajo lo obtuvo como tantos hijos de personas influyentes: en una entidad pública, a dedo y sin credencial laboral alguna. A los 24 años ocupó un cargo de responsabilidad con los cafeteros en Londres, como es bien sabido, y el muchacho aprovechó para sacarse una maestría. Tal vez le faltaba dinero extra o se aburría o quería ir a cocteles, el caso es que otro amigo le dio también el puesto de segundo secretario de la embajada.

Lo que resulta habitual en Colombia, donde proliferan los ministros y los viceministros imberbes a los que les exigen menos que al portero del ministerio, resulta bochornoso al otro lado del Atlántico. Si lo hacen, lo disimulan. A nadie se le ocurriría alardear de prerrogativas en un libro de regalo.

Lleva por subtítulo ‘De la libertad de la patria a la paz’. Es acertado porque a Santos le importa cero si ‘Timochenko’ paga cárcel o si nunca encuentran a los abuelos Angulo, que llevan 14 años desaparecidos después de que gente de ‘Romaña’ los secuestrara, degollara y enterrara en un paraje desconocido. Para él, esas son minucias de mentes reducidas que no aprecian la grandeza de su estirpe, la que él coronará con el Premio Nobel. Aunque ahora que la centroderecha se ha tomado la entidad que organiza el galardón, quizá se le complique si, como conocemos y publicó Plinio Mendoza, así le fastidie al Presidente, imperará la impunidad absoluta. Lo cacarean a diario las Farc en Cuba y son ellos, y no Santos, los que mandan en el proceso.

Como vive en su Olimpo, el Presidente aún no se entera de que es necesario imponer justicia con cárcel. Hay víctimas de los ‘paras’ que no quedaron satisfechas con los 8 años de prisión de los mandos medios en Colombia y los más de 20 que cumplen los jefes en EE. UU.

Y qué decir de los que aún claman justicia. Los hijos de Cristina López, extraordinaria mujer asesinada en Curumaní en el 2003 por ‘paracos’, esperan que los presuntos autores intelectuales –el alcalde Henry Chacón y el excongresista Miguel Durán– sean capturados y juzgados. Luchan a riesgo de sus vidas por lograrlo.

¿Cree Santos que ignorando a las víctimas de las Farc, como hicieron el jueves, tapará sus crímenes y conseguirá que el país perdone a quienes ni siquiera piden perdón? Debo leer el libro con más pasión a ver si me convierto.

 

 

FAJARDO

EL ESPECTADOR

LA MINA DE FAJARDO

Héctor Abad Faciolince

Desde su extraordinario papel como alcalde de Medellín, y ahora como gobernador de Antioquia, Sergio Fajardo se ha empeñado en hacer política limpiamente, y en ser un funcionario público pulcro y transparente.

Para él la honradez ha sido la principal bandera, y en el ejercicio de sus funciones es meticuloso, sistemático, incluso exagerado. Por eso la acusación del procurador Ordóñez contra él lo toca en el punto que más duele: si la divisa de Fajardo es que en Antioquia no se pierde ni un peso de los impuestos, el pliego de cargos del procurador, que lo acusa de dolo, debe tener gran sustento. Dolo, según la Academia, es la “voluntad maliciosa de cometer un delito a sabiendas de su ilicitud”. Veamos, pues, la “conducta grave” de que se lo acusa.

Durante la administración de Fajardo en Antioquia han empezado obras como Hidroituango, la mayor hidroeléctrica de Colombia, con una inversión de miles de millones de dólares. ¿Es ahí donde se acusa a Fajardo de haber cometido una indelicadeza? No, no es ahí, se trata de una mina. En tiempos de Fajardo se han hecho las más grandes concesiones en infraestructura, las así llamadas Autopistas de la Montaña, también con un valor de miles de millones de dólares. ¿Ha mordido ahí la mano sucia de Fajardo? No, el lío de Fajardo es un “título minero”.

Veamos pues la mina de Fajardo. En Antioquia existen las minas de oro más grandes y ricas de Colombia; hay enormes concesiones de hierro, platino, carbón, zinc… ¿Se acusa a Fajardo de haberles dado a los chinos o a los canadienses una concesión dolosa para explotar minas de oro, plata o platino? No, tampoco es eso. Resulta que en una finca privada de Santa Rosa de Osos, al hacer una carretera, encontraron, en 1999, que en una loma de la propiedad había una buena cantidad de piedra y arena. El dueño de esa finca, entonces, empezó el trámite para que le dejaran explotar comercialmente el material. Así fuera sólo cascajo, la burocracia es lenta, pero al fin en el año 2011 se le aprobó al finquero explotar su cantera. El gobernador anterior, al finalizar su mandato, no tuvo tiempo de firmar el derecho. El trámite pasó al escritorio de Fajardo en el año 2012 y éste lo firmó.

¿Cuál fue el problema? Que el finquero de la mina de grava estaba casado con una funcionaria de la Gobernación, y al pasar esa concesión para la firma al gobernador no le dijeron quién era el dueño. Un acucioso defensor de la moral pública (excandidato derrotado a la Gobernación de Antioquia), entabló la demanda ante la Procuraduría. El procurador, me parece verlo, se frotó las manos: ya lo tenemos, Fajardo es un corrupto, un sinvergüenza. Ya tenemos la manera de truncar su carrera política: una mina de piedra que tal vez facture tres mil dólares al mes. Se pueden imaginar la suculenta comisión que se gana en este negociado el gobernador Fajardo.

Pero el procurador se frota las manos. Está demostrado: Fajardito el vanidoso, el pulcro, el limpio, el que denunciaba a sus opositores políticos por negociados de millones de dólares y por nexos con los paramilitares, el que se hace el honesto, es un hampón, un bandido, alguien que favorece con suculentas minas a los maridos de sus funcionarias.

Es sabido que los tres más probables candidatos a la Presidencia de Colombia del año 2018 serán el procurador Ordóñez (desde ya en campaña política y judicial para llegar a ese cargo), el vicepresidente Vargas Lleras (mejor conocido como “el mudo de la paz”, porque sobre ese tema no dice ni mu), y el gobernador Fajardo. Hay una manera de librarse de este contradictor y muy peligroso competidor político: inhabilitarlo durante años para ejercer la política. Por dolo, por faltas graves contra la moral pública. Eso es lo que busca el nefasto lefebvrista: enlodar a Fajardo por una mina de grava como si esto fuera la prueba reina de su deshonestidad. Es una jugada sucia y una patraña tan evidente que da asco. En esta actuación veremos si hay o no justicia en el país.

 

 

BOGOTÁ

EL TIEMPO

SALVAR A BOGOTÁ

Mauricio Vargas

Si los dos, Pardo y Peñalosa, son candidatos, ganará Clara López

La izquierda ha desperdiciado tres oportunidades seguidas de gobernar bien a Bogotá. Con el 2015, serán 12 años que han postrado a la capital en el inmovilismo. Y no me refiero solo a la catastrófica parálisis del tránsito vehicular. También a que los falsos dogmas del alcalde Gustavo Petro han dejado a la ciudad por fuera de los planes de vivienda social del Gobierno Nacional y han frenado los de vivienda de clase media y alta. Y a que él y sus antecesores, incapaces de sacar adelante el metro, han fracasado en el desarrollo de TransMilenio y eso ha condenado a los articulados al sobrecupo y al caos.

La lista de desastres es larga: la contaminación se ha disparado y los límites urbanos son violados una y otra vez en detrimento de los cerros orientales. Los andenes están más llenos que nunca de ventas estacionarias. En medio de ese desorden, florecen el atraco callejero, el paseo millonario y la venta de bazuco. La pobreza ha bajado, sí, pero más o menos al mismo ritmo de otras ciudades como Bucaramanga y Barranquilla, que no han tenido alcaldes de izquierda. En cuanto a la corrupción, se ha disparado y ha consumido multimillonarios recursos.

Aun así, la candidata de la izquierda, Clara López, lidera las encuestas para las elecciones de octubre y es favorita para suceder a Petro. No tiene las mayorías: apenas, un tercio del electorado o incluso menos. Pero cuidado: Petro ganó con el 31 por ciento, pues los votantes de centro y de derecha se dividieron en varios candidatos, tres de ellos patrocinados por el presidente Juan Manuel Santos (Gina Parody, Carlos Fernando Galán y David Luna). Si se hubiese decantado por Gina, ella quizás habría ganado.

¿Repetirá Santos el mismo error? Hay quienes sostienen que su candidata es Clara López. Ambos fueron criados en los salones bogotanos y ambos pasaron por Harvard. Ella le brindó su apoyo –y muchos votos de la izquierda– el año pasado, cuando tenía complicada la segunda vuelta por el crecimiento del uribista Óscar Iván Zuluaga. En privado, Santos asegura que apoya a Rafael Pardo, quien fuera su ministro de Trabajo. Nunca han sido muy amigos: en el 2006, cuando el hoy Presidente era pieza clave del uribismo, Pardo lo denunció por injuria y calumnia, a raíz de unas acusaciones ligeras de Santos contra él que lo vinculaban con las Farc.

El problema de Pardo es que no le gana a Clara López. Y cuando en la medición aparece el exalcalde Enrique Peñalosa, menos. En la encuesta de Datexco de fin de marzo, Peñalosa (23,5 por ciento) le pisa los talones a la líder del Polo (25 por ciento) y Pardo (18,6 por ciento) se rezaga. Los demás nombres aparecen mucho más abajo.

A pesar de que no es muy carismático, Pardo ha hecho una buena campaña. Y si Peñalosa no estuviera, quizás podría darle la pelea a Clara López, como lo muestra otro sondeo, el de Cifras y Conceptos. Igual sucede con Peñalosa –otro falto de carisma–: si Pardo no estuviera, tendría cómo ganarle a la candidata del Polo. Pero si están los dos, ella será la ganadora.

¿Cómo evitar que la izquierda reciba como premio un cuarto período con tan mal balance? Urge un acuerdo entre Pardo y Peñalosa para que sea candidato quien gane una encuesta bajo dos criterios. Primero, quién de los dos tiene más intención de voto. Y segundo, quién –si el otro se retira– aparece mejor frente a Clara López. ¿Será mucho pedir para tratar de salvar a Bogotá?

* * * *

Error. La ministra de Educación, Gina Parody, es una mujer preparada y estudiosa. Por eso le queda mal que, para ayudarla en un debate en el que no le iba bien por los cuestionamientos del senador del Polo Jorge Robledo, el secretario del Senado, Gregorio Eljach, le haya dicho al presidente encargado de la Cámara alta “levanta, levanta, no le des más papaya a Robledo”, y la sesión haya acabado.

 

 

MEDELLÍN

EL COLOMBIANO

MEDELLÍN: DROGAS, CALLES Y CRIMEN

Carlos Alberto Giraldo Monsalve

La muerte de un menor de 10 años en una favela de Río de Janeiro, alcanzado por una bala policial, sirvió de alarma hace diez días para cuestionar el modelo de seguridad de aquella ciudad, que está a 16 meses de celebrar los Juegos Olímpicos 2016.

En las barriadas de las laderas cariocas, donde habitan unas 350.000 personas, fueron insertadas desde 2008 las Unidades de Policía Pacificadora (UPP). Una mezcla de comandos de gran operatividad y choque que, tras desalojar a los expendedores y casas de vicio, pasaban a convertirse en una fuerza amiga y cercana a las comunidades.

Pero ahora revive la polémica sobre su eficacia porque la violencia de los choques entre la policía y los narcotraficantes barriales se reactivó. Un análisis del periódico El País observa que la gente un día sufre las balas oficiales y al siguiente el plomo de los criminales. Las hostilidades son el pan de cada día.

Aunque Medellín se encuentra en un período de calma, y se ha convertido, como me lo dijo un amigo de esos barrios en “una selva de leones dormidos”, hay gran inquietud por lo que pueda pasar si se reactivan las rivalidades entre las bandas.

En particular porque hay una realidad: la droga campea en los barrios populares. “Las plazas de vicio” permanecen activas y el microtráfico es un negocio poderoso que mueve miles de millones de pesos al mes y su estructura es fuente de empleo y control social y armado. Los vecindarios están en calma, pero en los bolsillos tienen muchos fierros y mucha pólvora.

La pregunta, como hoy se la hacen las autoridades de Río de Janeiro, es si la represión sola basta para contener y, sobre todo, desactivar el fenómeno. Y si más Policía y operatividad son suficientes para desbaratar un problema que hunde sus raíces en numerosas variables socioeconómicas y si se quiere culturales.

El martes 31 de marzo, este diario informó que se aplicaron 26 comparendos (sanciones pedagógicas) en la zona de Santo Domingo Savio (ladera nororiental), por consumo de alucinógenos alrededor de escenarios deportivos.

Medellín inició hace 20 días el combate a 359 puntos “calientes” de actividad criminal, entre ellos de presencia del microtráfico. Algunos analistas critican el modelo (asesorado por el exalcalde de Nueva York, Rudolph Giuliani), porque enfatiza en la militarización, mediante el aumento del pie de fuerza y el copamiento policial.

No soy quién para recomendar fórmulas. Solo describo el modelo y advierto las circunstancias, para que quienes quieren gobernar a Medellín se preocupen por ver qué harán. La realidad indica que aquí también existe siempre el riesgo de dar pasos atrás .

 

 

INTERNACIONAL

EL ESPECTADOR

LA REVOLUCIÓN DEL “CUENTAPROPISMO”

María Elvira Bonilla

Los cubanos nunca van a olvidar la imagen de los presidentes Raúl Castro y Barack Obama conversando en la Cumbre de las Américas de Panamá.

Las consignas de “abajo el imperialismo yanqui”, “Cuba sí, yanquis no”, son asunto del pasado. La pequeña isla del Caribe que desafió el poder de su vecino y resistió a contracorriente más de cincuenta años intentando imponer su modelo socialista, entendió finalmente que el intento socialista estaba agotado. La dirigencia de los hermanos Castro debió aceptar que en lo económico había fracasado, no así en sus conquistas en salud, educación y una dignidad capaz de enfrentar cualquier adversidad . En esto, un ejemplo para América Latina.

Tuvieron que entender que resultaba imposible sostener la verticalidad autoritaria, el aislamiento, el recorte de libertades y la castración de la iniciativa privada. Por eso están ahora enfrentados a la nueva revolución, que tomó una dinámica imparable: la revolución del “cuentapropismo”. Es el triunfo de la iniciativa privada, de la creatividad y el empuje individual sobre los intentos de estatización de todos los procesos productivos construidos sobre el control de la sociedad, como fue la intención inicial del fallido experimento socialista.

Raúl Castro, desde hace ocho años, cuando llegó al poder, ha interpretado esa dinámica como una urgencia social a la que tuvo que abrirle compuertas. Y en efecto, cada día son más los cubanos que han ido dejando de ser funcionarios y empleados estatales para asumir ganarse la vida por cuenta propia. De allí el término “cuentapropismo”. Esta flexibilización ha producido una explosión de paladares —restaurantes privados de todas las gamas—, bares, cafeterías, grupos musicales y artísticos y todo tipo de ofertas de servicios, a excepción de internet, a la que aún le temen, porque la libertad de información y la conexión con el mundo pueden desbordarlos, y por tanto la controlan.

En el campo, la política rural de Raúl Castro ha sido también novedosa. Permitió entregar en arriendo tierras que estaba, enmalezadas, posibilitándoles a los campesinos asociarse en cooperativas para producir alimentos de los que, además de venderlos al Estado, les permiten comercializar los excedentes, convirtiéndose en una importante fuente de ingresos para la gente del campo. Cuba importaba buena parte de los alimentos y no era fácil conseguir productos frescos en los mercados. Esta apertura, una de las más importantes, ha producido efectos innegables en el conjunto de la economía cubana.

Los hoteles de La Habana han recuperado su dinámica de centros cosmopolitas atestados de turistas norteamericanos y europeos. La Habana Vieja, bellísima, que en extensión es por lo menos tres veces Cartagena, está en un proceso de recuperación imparable que, al igual que aquellas construcciones que se ven en El Vedado y Miramar, los barrios residenciales de principios del siglo pasado que se expandieron hasta la caída de Batista, reflejan la riqueza arquitectónica de esta isla caribe que, gracias al régimen socialista, se salvó de la devastación del negocio de finca raíz que arrasó con las ciudades latinoamericanas. La Habana se mantiene intacta.

La foto de Obama y Castro marca el comienzo de una interesante transición que hará que Cuba, como hace cincuenta años, sea nuevamente un laboratorios social y económico que puede dejar muchas enseñanzas.

 

 

EL TIEMPO

LA MURGA DE PANAMÁ

María Isabel Rueda

Maduro regresa a Caracas con un equipaje más pesado que aquel con el que salió

Casi todas las noticias que generó la Cumbre de las Américas se habían producido antes. Lo emocionante radicó en la interacción de sus protagonistas. A no ser que contemos como noticia la que nos dio el presidente Santos, de que su opinión fue definitiva para que Obama considerara sacar a Cuba de la lista de países terroristas, a pesar de que el edificio del Departamento de Estado debe de tener por lo menos cinco pisos de expertos dedicados a clasificar y a hacer recomendaciones del tema al Presidente de los Estados Unidos.

Como sea, con ello Cuba hizo moñona. Si Fidel despertara de la laguna de su senectud, haría ‘plop’ al ver que su hermano Raúl llegó a Panamá de estrella, a estrecharse la mano con Obama, con el reconocimiento tácito de que fracasó el embargo económico de los gringos, que duró 50 años. Y menos que escucharía al Presidente de los EE. UU., su archienemigo, decir: “Los días en que EE. UU. podía interferir con impunidad en el hemisferio están en el pasado”. Plop.

Así comenzó Obama su tarea de recoger algo del liderazgo perdido en Latinoamérica y el Caribe, luego de casi 8 años de ausencia. Y lo hace cabalgando en la ideología que mejor caracteriza a los EE. UU.: el pragmatismo.

No de otra manera puede entenderse que a Cuba ni siquiera se le exija la condición de un viraje democrático. La democracia se ha vuelto un concepto muy relativo en América Latina, donde su práctica hoy admite increíbles laxitudes. Por ejemplo la de sostener que en Venezuela hay democracia solo porque Maduro llegó elegido por las urnas; o que la hay en Ecuador, aunque Correa tenga absolutamente coartada la libertad de prensa. O que brilla en el continente el sueño de la izquierda democrática, aunque tres de sus principales exponentes, las presidentas de Argentina, Brasil y Chile, están molidas por escándalos de corrupción. Ante tantas fragilidades y relativismos, ¿quién va a perder el tiempo exigiéndole democracia a Cuba? A lo práctico.

Más que por el deliberado interés de quedar del lado correcto de la historia, acabando con obsoletos embargos que castigan a los pueblos, Obama quiere ponerse del lado que más les sirva a los demócratas para conservar la presidencia de su país. Dos fuertes aspirantes republicanos, Jeb Bush, casado con latina, y el cubanoamericano Marco Rubio, latinizarán inevitablemente la campaña presidencial, y ante eso los demócratas no pueden llegar a elecciones con las manos vacías. Y si hay algo más impopular que los Castro, es el embargo económico a la isla.

En cuanto a Venezuela, Obama también impone su pragmatismo. Antes de llegar a Panamá, se dio el lapo de retirar el exabrupto de que ese país “amenaza la seguridad nacional de los EE. UU.”. Para ello utilizó la ridícula disculpa de que fue un formalismo de la orden ejecutiva para efectuar el embargo de los bienes en EE. UU. a un puñado de funcionarios venezolanos. Con ese reversazo, Obama evitó que Maduro convirtiera su presencia en la Cumbre de las Américas en un rally antiimperialista.

Maduro no pudo, en conclusión, salir invicto del evento. La oposición venezolana se hizo notar en Panamá, a través de la carta de los 25 exmandatarios iberoamericanos en la que exigían la liberación de los opositores, y con la presencia de sus esposas, Lilian y Mitzy. Y hasta con la declaración, ¡finalmente!, de Dilma Rousseff, de que Venezuela debe liberar a sus presos políticos, que es de altísima significación, aunque Dilma le haya hablado a la CNN algo presionada, cuando próximamente viajará a Washington, con su imagen muy deteriorada, a pedir ayuda para una economía que decrecerá preocupantemente en el 2015. La lora sabe a dónde trepa.

Si sirve de consuelo, la comunidad de países latinoamericanos, tan tímida para exigirle a Maduro respeto por los derechos humanos, por fortuna se portó igualmente tímida en la Cumbre para alcahuetear en un comunicado conjunto los desafueros de Maduro. Salvo por la ayuda incondicional de Ecuador, Nicaragua y Bolivia, que le cargan muchos baúles, Maduro regresa a Caracas con un equipaje más pesado que aquel con el que salió.

Entre tanto… Cómo estaremos de mal, que ya el Fiscal no habla de secuestrados, sino de “retenidos” de las Farc.

 

 

LA VISITA DEL PAPA

LA PATRIA

UNA VISITA QUE MERECE RESPETO  

Orlando Cadavid Correa

Resulta bochornoso, por decir lo menos, el zaperoco que ha armado el partido de oposición con el solo anuncio de la visita que hará a Colombia en el primer semestre del próximo año el papa Francisco, carismático personaje de la talla mundial que ha demostrado en diferentes escenarios que es un adalid de la paz en todo el orbe.

El insensato proceder de querer atribuirle una connotación politiquera a la presencia del pontífice en nuestro país, nos hace quedar muy mal parados ante el resto del planeta. La nación paga por culpa de los odios viscerales de Uribe. Todo lo que haga Santos le produce urticaria.

¿Por qué no le ha dado su beneplácito el ex presidente a la venida de Su Santidad y prefiere levantar polvareda?

Son cinco las hipótesis: 1) Porque no se le consultó previamente si se invitaba o no al papa, gestión que dejó adelantada, en la ciudad eterna, el ex embajador Germán Cardona. 2) Porque el gobierno no se comprometió con Uribe y su séquito a abstenerse de utilizar la visita pontificia como un espaldarazo a la paz. 3) Porque no se le garantiza que Uribe, José Obdulio, Paloma y el resto de la bancada puedan someter a revisión previa los textos de las homilías papales, no sea que se le deslice alguna bendición para los diálogos de La Habana. 4) Que en las recepciones en honor del papa no haya representantes del pabellón legislativo de La Picota y del ala de fugitivos del CD, escondidos en el exterior para evadir la acción de la justicia. 5). Que el nuncio apostólico, Ettore Balestrero, y la Conferencia Episcopal que preside monseñor Luis Augusto Castro no hayan tenido en cuenta a Uribe, su máximo jefe, a la hora de extenderle la invitación al líder mundial de la cristiandad. El embajador vaticanista sostiene que el sucesor de Pedro viene a unir, no a dividir.

Otras preguntas alrededor de este episodio, tan propio de la picaresca nacional: A) ¿Le preguntarían en Roma al cardenal Darío Castrillón si podría molestarse Uribe con la invitación al papa? B) ¿Existe alguna posibilidad de que el papa cancele su viaje a Colombia, ante la “calentura” de Uribe? C) ¿Qué dirá de este zafarrancho el confeso camandulero Alejandro Ordóñez, el procurador, que comparte con el ex presidente paisa la jefatura de la oposición a Santos?  D) Porque Uribe no simpatiza con la venida del papa a Colombia, en los primeros meses de 2016, ¿habrá peligro de que sea muy precaria la asistencia de fieles a los actos que encabezará en territorio patrio, donde volverá a demostrar,  seguramente, que es el más taquillero? E) ¿El CD dejará en libertad a sus adeptos para que concurran, si quieren a las movilizaciones del papa? F) Tal vez porque los opositores del pasado recurrían a maneras más limpias de hacer política, los presidentes Lleras Restrepo y Betancur Cuartas pudieron manejar sin sobresaltos las históricas visitas de los papas Paulo VI, en 1968, y Juan Pablo II, en 1986.

Se nos iban quedando en el tintero dos preguntas finales: Una: La senadora Paloma Valencia, la cerebral autora del “apartheid” para el Cauca, ¿presentará un proyecto de ley restringiendo en el futuro  el ingreso al país de personajes de gran estatura mundial cuya presencia pueda ser capitalizada políticamente por el enemigo que detenta el poder ejercido en el pasado por su abuelo “con profunda emoción patriótica”?

La apostilla: La otra: ¿Ya le habrán contado en Roma al papa Francisco que Uribe, el único colombiano que ha puesto el grito en el cielo por su visita de 2016 a nuestro país, es el mismo que pasó a la historia en los anales de las audiencias pontificias, en el Vaticano, porque como presidente cometió la gran torpeza de tratar de terciarle, a la brava, al Papa Juan Pablo II un carriel jericoano que le había llevado como presente. ¡Qué oso polar, Dios mío!

 

 

ADOPCIÓN GAY

EL ESPECTADOR

OTRA OPORTUNIDAD

Editorial

La Corte Constitucional tiene, de nuevo, la posibilidad de cambiar la realidad de este país, sobre todo en lo que tiene que ver con la igualdad que desde la Constitución se ha denominado como derecho fundamental. El abogado Sergio Estrada presentó una demanda que busca que los menores de edad puedan ser adoptados por parte de parejas del mismo sexo.

Volvemos, entonces, a la discusión de un tema viejo que, valga decirlo, no ha podido superarse por cuenta de los muchos prejuicios que hay alrededor del tema. Queremos ser bastante claros en nuestro planteamiento: un Estado que no tenga suficientes motivos para dar un tratamiento distinto a dos personas, las está discriminando. Mucho más, por supuesto, cuando esa distinción se funda en motivos de orientación sexual: es por eso que no vemos la razón de imponer un obstáculo a las parejas homosexuales para poder adoptar menores de edad. No hay ninguna realidad de fondo que pueda ser considerada como razonable para esa prohibición.

Ante esto, por supuesto, caben muchos reparos. Sin embargo, todos nos parecen argumentos que esconden algún tipo de discriminación en su interior: ese es el camino que ella elige para poder imponerse en el debate público. Están los argumentos apesadumbrados, por ejemplo: esos que invocan el superior interés de los menores de edad, quienes sufrirían algún tipo de padecimiento creciendo en una familia homoparental. Mucho es lo que ha escrito la ciencia médica al respecto, refutando desde hace años esa premisa: los estudios más serios descartan cualquier daño que el menor pueda sufrir. Los niños, en últimas, necesitan unos padres que los amen y se responsabilicen por ellos. Están los argumentos homofóbicos, también: esos dichos por quienes, creyéndose de avanzada, aseguran que los homosexuales merecen todo el respeto, todos los derechos, menos ese, que no hace parte de lo jurídicamente exigible. El problema es que, ante el avance de los derechos que ellos mismos mencionan, luce bastante incoherente apartar la adopción de la baraja de opciones.

Mauricio Albarracín, director de Colombia Diversa, dijo en este periódico que la adopción no era un derecho automático de todas las personas. Tiene toda la razón. Para tener este privilegio hay que pasar una serie de filtros impuestos de manera estricta por el Estado: pero uno de ellos, como ha quedado claro en repetidas ocasiones, no puede ser una condición sexual determinada.

La Corte ha elegido, de nuevo, a un conjuez para que decida sobre el caso que hoy prende las esperanzas de quienes quieren una sociedad más igualitaria y las alarmas de quienes se niegan a aceptar la evolución de la sociedad. En esta oportunidad es Jaime Córdoba Triviño. Los analistas comienzan a hablar de sus tendencias liberales, de su legado como abogado, de cómo podría inclinar la balanza hacia una decisión posible.

Sin embargo, mucho más allá de estas consideraciones jurídicas, se nos antoja que la igualdad en esta clase de casos es hoy imparable: no hace mucho (casi nada, de hecho) se lamentaban quienes defienden la adopción igualitaria por un fallo de la Corte que la reivindicaba sólo en los casos en que esta fuera consentida por parte del padre biológico de la pareja. Hoy hay más tela para cortar.

Creemos, de todas formas, que la Corte podría dar una muestra de su vanguardismo (y de su defensa de los derechos fundamentales) otorgando esta posibilidad y quitando los obstáculos que se le han construido enfrente a la comunidad LGBTI. La oportunidad ha llegado.

 

 

PARA PENSAR

EL ESPECTADOR

¿DE QUÉ HABLAMOS CUANDO HABLAMOS DE CULTURA?

Piedad Bonnett

Se discute esta semana en Bogotá, en una gran Cumbre para la Paz de Colombia, sobre el papel del arte y la cultura, dos palabras que suelen ser mera retórica en el discurso de los gobiernos y que no significan tampoco mucho para una parte de la sociedad colombiana, que cree que el arte es algo accesorio, una especie de adorno sin el cual se puede vivir, o que confunde cultura con espectáculo o con un repertorio de saberes.

Desconocen algunos que el arte y la cultura ayudan a construir la paz de un país, porque a través de ellos es que un pueblo ahonda en su historia, crea memoria, afina su visión crítica y su sentido estético y logra una mayor comprensión del ser humano y del concepto de libertad.

Como dije en mi breve intervención en el evento que me correspondió, el arte, que es un instrumento de indagación y conocimiento —aunque sus métodos sean distintos a los del pensamiento científico— tiene entre sus funciones señalar la complejidad de eso que llamamos realidad, su irreductibilidad a verdades cerradas y definitivas. El arte muestra las contradicciones, pero no juzga, ni alecciona, ni adoctrina. Incomoda, denuncia, hurga en las heridas, pero también las cicatriza. Su signo son los grises y no el esquemático contraste entre blanco y negro al que tendemos los colombianos. Por todo esto los gobiernos autoritarios le temen e intentan domesticarlo o restringirlo.

En un mundo donde no están satisfechas las necesidades básicas, sin embargo, es difícil que anide y prospere la cultura, que, como sabemos, tiene su mayor apoyo en la educación. Buena parte del conflicto colombiano, sabemos, puede explicarse como efecto de la inequidad y la falta de oportunidades y también como resultado de la débil presencia del Estado en muchas regiones. La cultura es también víctima de esa inequidad y ese abandono. Si el niño debe caminar una hora para llegar a su escuela, si esta no tiene los elementos básicos ni maestros capacitados, si para un adolescente enrolarse en la guerrilla es una salida para una situación de pobreza, si en los barrios marginales donde se apiñan los desplazados se tiene miedo de cruzar las fronteras invisibles por temor a una bala… ¿qué podemos esperar? Lo repiten los expertos: las pandillas juveniles que hoy asolan las ciudades no se acaban a punta de represión sino de prevención; si el deporte y la cultura fueran una opción al alcance de todos, si en el mundo de estos muchachos —en las ciudades pero también en los pueblos de Colombia— hubiera más cine-clubes, más escuelas de música, de arte plástico, de danza, más bibliotecas manejadas por libreros bien formados, más teatro, más casas de cultura, y también más piscinas y más canchas de fútbol con entrenadores disponibles, se ampliaría el horizonte de sus vidas.

Debemos tener claro que firmar unos convenios en La Habana es el primer paso para lograr la paz, pero que esta no se logra sino con cambios estructurales verdaderos, que persigan una sociedad igualitaria, donde la cultura sea el motor de los espíritus.

 

 

PARA LEER

EL ESPECTADOR

QUIÉN VA A ESCRIBIR TU HISTORIA

Fernando Araújo Vélez

Ya sé que me vas a mirar con ojos de sorpresa y con gesto de incredulidad, y que vas a seguir aferrada a tu idea de que mi propuesta es imposible.

No me queda más que una carta, la última carta, pero la voy a jugar con lentitud, quiero que esa carta sea un estilete que se te clave por siempre y para siempre, un estilete que te revuelva las entrañas y te haga sangrar, si es preciso. Hace tiempo, mucho tiempo, te sugerí que escribieras, que sólo escribiendo ibas a comprender las razones de tu angustia, porque escribir, te dije, no es simplemente poner sobre un papel un montón de palabras y de situaciones. Escribir es pensar, repensar, repasar, recrear, analizar, sentir, desgarrarse, amar y odiar e imaginar y corregir, y sobre todo, vivir.

Me respondiste que escribir era para iluminados, y conversamos sobre eso, sobre los que quieren que el resto de los mortales los veamos como iluminados, y cierran así el círculo en torno a ellos, y se apoderan de la verdad, y excluyen a todos aquellos que no les hacen venias. Conversamos. Conversamos sobre los realmente iluminados, aquellos que jamás se subieron al pedestal de la exclusión y la exclusividad, y concluimos que, más que para mostrarse, escribían y habían escrito porque lo necesitaban, porque no podían vivir sin hacerlo, porque escribir era su salvación, su única salvación. Me dijiste sí, y yo te dejé esa noche convencido de que apenas cerrara la puerta ibas a sacar un papel y un lápiz, como te gustaba, e ibas a comenzar tu historia. No fue así.

Luego me dijiste que nadie iba a comprar un libro tuyo, como si se escribiera para vender. Agregaste que no te ibas a exponer a los insultos, y acordamos que quien insulta siempre se rebaja. Tú misma dijiste que insultar, además, era dar a conocer la parte más podrida de nuestra esencia, y que siempre habías preferido el silencio como respuesta a los agravios. Te aplaudí y te aplaudo ahora. Insultar es rebajarse. Insultar es gritar que no tenemos argumentos. Insultar es creernos dueños del mundo, y herir, pisotear, humillar, porque no somos capaces de tolerar, porque en el fondo somos tan inseguros y tan arrogantes a la vez que no admitimos sombras a nuestro alrededor, sino áulicos, sólo áulicos, aunque sepamos que son hipócritas.

Cuando te dejé esa otra noche, tampoco escribiste. Que estabas muy presionada, que no tenías tiempo, que en realidad, no sabías escribir. Excusas, pretextos, tonterías, te digo ahora, porque una idea es más valiosa que toda la gramática del mundo, y ninguna gramática, créeme, va a escribir tu historia. Quién, sino tú, va a saber cómo fue tu infancia, quiénes eran tus amigos y por qué, qué miedos te asolaban, qué angustias te desvelaban, por qué te atragantabas de chocolates y para quién eran las cartas que escribías en las noches y luego rompías. Quién va a contar qué decían esas cartas, y qué sentías tú al hacerlas trizas. Quién va a hablar de tus amores y tus desamores, de tus odios, de las verdaderas razones por las que querías cortarle las trenzas a tu compañera de pupitre. Y quién, dime tú, quién si no tú va a escribir sobre los motivos por los que me abandonaste.

 

 

EL ESTUDIANTE POBRE

Enrique Aparicio

En París, como estudiante hay que ser pobre y sentirse pobre. Es la condición para poder disfrutarlo o para salir corriendo.

He tenido la oportunidad de visitar esta ciudad en varias ocasiones, inclusive vivir en ella como estudiante. Me la conozco a lo largo y ancho. En esa época todos, sin excepción, buscábamos trabajos esporádicos para tener un dinero extra, lo que nos llevaba a terminar en situaciones muy peculiares. Por ejemplo un amigo qué sabía que estaba buscando empleo me sugirió un sitio, sin aclararme demasiado el tema.

El hotelucho quedaba en el boulevard de Port Royal. Llegué con el ánimo de quien está dispuesto a fajarse y ganarse una plata decente. La dueña, que de ahora en adelante llamaremos la patrona, como en los contratos, me recibió con voz autoritaria y comenzó a hacerme preguntas tales como si yo sabía tender bien una cama y otros detalles que no me acuerdo. A todo le respondí que era experto.

Me indicó que subiéramos al cuarto piso, sólo había escaleras y, según ella, 4 “suites” -cuarticos mínimos- del 41 al 44. Observó cómo tendía la cama y me corrigió para que quedara bien según las normas: Muy bien estiraditas las sábanas y las fundas de las almohadas sin una arruga, impecables. Luego me explicó cuál sería mi trabajo. Para hacer corto el cuento, las “suites” del 4 piso estaban destinadas a parejas que querían hacer tiki-tiki entre las 12 y las 4 pm. Yo me encargaría de cambiar las sábanas y fundas, dejar la ventana abierta para que entrara aire y revisar el baño. Aclaró que lo de la ventana era para evitar que oliera sexo. Me repitió exageradamente que no se me olvidara dejarla abierta.

Listo cerca a la recepción, en un asiento que se rompería en algún momento, me preparé para mis primeras horas de trabajo con la consciencia de que plata es plata.

– Bueno joven, los de la 41 salen ya, sólo fue media hora. La siguiente llega en unos 15 minutos. ¿Lleva todo?, Sábanas, fundas, cepillito para el baño en caso de cualquier cosa. Un día una pareja me dejó en el espejo un letrero “je t’aime”. Sinvergüenzas, la gente no tiene conciencia de lo que hay que trabajar.

Usaba tenis – algún presentimiento-. Apenas bajaron los de la 41, salté con agilidad felina y subí los 4 pisos en un volar. Tendí la cama, sábanas bien, bien estiraditas, fundas en las almohadas como si nadie hubiera puesto una cabeza hacía días. Viendo que los minutos pasaban, bajé los escalones de 2 en 2. Miré el reloj. Perfecto, a tiempo.

-Joven, ¿la ventanita?

Hice cara de olvido

-Ustedes los jóvenes de hoy en día, no oyen, no oyen. La mayoría de las parejas, cuando entran cierran la ventanita – explicación soporte- y usted debe abrirla de nuevo. Se lo advertí.

Nuevamente como un gato salvaje, escalé los 4 pisos. Miraba el reloj. Me quedaban 5 minutos. En efecto, estaba cerrada. La abrí y casi me mato al bajar, pero la pareja que estaba pagando por adelantado, ni oyó el jadeo mío.

Me senté nuevamente, a buscar un poco de aire.

– Joven los de la 44 salen ya. Acuérdese de llevar y me repitió: sábanas, fundas, cepillito y no se olvide de la ventanita.

Remonté los 4 pisos como gato cansado. Tendí cama, fundas, revisé baño. Me quedaban 6 minutos exactos. Estaba en el tiempo. “Todo listo patrona,” le dije triunfalmente.

-¿Y la ventanita?

Dios mío, será que me está fallando la memoria. Subí casi gateando del cansancio, pero eso sí, rápido. En efecto, estaba cerrada. Quedaban como 3 minutos. A lo Tarzán empecé a dar saltos grandes para bajar antes que la pareja llegara.

El trabajo duró por dos semanas. En las noches soñaba que estaba en un callejón oscuro y que una pareja me perseguía y yo corría como loco. Entendí que si quería seguir en el puesto sería de la mano de un psiquiatra y como no había plata para psiquiatra me fui a donde la patrona y renuncié.

Muchos estudiantes la pasaron igual que yo. Una vez acostumbrados a las vicisitudes de esta bella ciudad y si todavía no ha pensado en salir corriendo, curiosamente le mostrará su mejor cara, pero primero hay que ganarse a París. La ciudad quiebra la arrogancia, a veces te dan ganas de llorar. Vi gente que se partió psicológicamente y lo único que quería era volver a casita, al nido familiar.

La ciudad, como todos sabemos, abruma con sus calles, pequeñas avenidas, su cultura, sus barrios bohemios, pero antes, para aprovechar todo esto, debe tener la humildad de un estudiante pobre que quiere aprender. Y así podrá entenderla. Entonces se sentará un domingo de primavera cerca al Sena con una botella de vino barato y un pedazo de pan. Ya se le habrá quitado la necesidad de mandar postales y cartas insulsas “Ay, miren, estoy en París”. Sólo querrá aprovechar el momento para querer a París sin decírselo a nadie. Un amor secreto que nunca olvidará.

Hace poco estuve en la Ciudad Luz para un proyecto muy interesante y puse unas fotos en formato youtube sin pretensiones, de sitios, lugares comunes. El material es de mi señora y mío.

 

 

ESPIRITUALIDAD

VANGUARDIA

EQUILIBRIO

Euclides Ardila Rueda

http://www.vanguardia.com/entretenimiento/espiritualidad/306592-equilibrio

Para tener una vida balanceada, además de dedicarles tiempo a nuestros proyectos, es preciso preocuparnos por nuestro cuerpo, tener una mente sana y, sobre todo, alcanzar la paz interior.
Aunque la palabra no nos resulte fácil de asumir, el ‘equilibrio’ es fundamental en todo lo que hacemos.
Y lo decimos porque, de manera literal, a todos nos corresponde ser buenos ‘trapecistas’ para no resbalar en el camino.

Muchos huyen de los problemas y, al final, caen en algunos excesos.

El desequilibrio emocional, por citar un ejemplo, es uno de esos problemas que nos hacen trastabillar.
La ‘quejadera’ es otro detonante que nos produce el desbalance del alma. Culpamos a los demás por todo lo que nos pasa e inexplicablemente asumimos el rol de la víctima.

También buscamos respuestas ‘exteriores’ a todo lo que nos pasa, cuando hay un montón de preguntas interiores por resolver.

La vida ‘nos aprieta las tuercas’ y aún así no sabemos digerir las situaciones que tocan a nuestra puerta.

¿Quiere algunos ejemplos?

Piense en todos aquellos que tienen sus vidas sentimentales ‘enredadas’ por culpa de los mil amores que se inventan. Ellos siempre viven en el aire y dando brincos.

Lo propio les pasa a quienes se la pasan renegando de sus trabajos y no hacen ‘algo’ para buscar mejores condiciones salariales.

Usted se preguntará:

¿Cómo equilibrarse y cómo cumplir con las exigencias de la vida con tantos problemas que nos agobian?
El interrogante es oportuno, sobre todo si se tiene en cuenta que muchas personas buenas hacen grandes esfuerzos por salir adelante, pero terminan abrumadas y derrotadas cuando no logran superar las barreras.

La respuesta a los problemas está, de manera precisa, en el equilibrio: Ni echarse a morir por ellos, ni quedarse de brazos cruzados esperando a que todo, como por arte de magia, se solucione de buenas a primeras.

Dios nos enseña que los problemas son para enfrentarlos, no para escapar de ellos. Sin embargo, tampoco hay que generar espacios propicios para que las angustias lleguen a nuestros mundos.

Si no tiene plata, no gaste más de lo que gane. Si ama a su pareja, no busque en otras lo que ya tiene. Si es buen trabajador, con seguridad que la vida profesional le sonreirá; a menos que decida que lo ‘atropellen’ en su empresa.

En la vida espiritual también se encuentra el equilibrio, incluso en medio de las dificultades de la vida.

¿Cómo se alcanza ese nivel?

Algunos lo logran mediante las plegarias, otros más lo hacen a través de la meditación, y hay muchos que lo logran con su propia fe.

La verdad es que existen variados mecanismos para lograr tal grado de tranquilidad.

Si advierte un problema, usted debe utilizar ese obstáculo para salir adelante. Es decir, esa angustia es al mismo tiempo una ‘palanca’ para avanzar en su formación como persona.

Los frondosos bosques, el agua del mar y los picos de los nevados afrontan las inclemencias y las variaciones del clima y, aún así, siguen ahí, regalándonos sus bellezas.

Es hora de imprimirle un poco de disciplina a nuestra vida.

Además, es más reconfortante vivir con los pies en la tierra.

Finalmente hay que decir que para equilibrarnos es fundamental establecer prioridades en la vida, trazar metas alcanzables, organizar el presupuesto con prudencia, fortalecer las buenas relaciones, mantenerse concentrados y, sobre todo, acompañar cada uno de estos pasos con una dosis de fe.

Ejercicio
Si está alterado o irritado, practique el siguiente ejercicio:

– Afloje todos los músculos de su cuerpo.

– Luego levante los brazos y déjelos caer de una manera libre, previendo que no se golpeará.

– Ablande su rostro y ría.

– Parpadee una y otra vez. Cierre los ojos y no piense en nada. Escuche con atención ruidos y sonidos, próximos o lejanos, sin calificarlos de agradables o desagradables. Déjese llevar por el ambiente.

¡Hágalo!, notará que la irritabilidad pasa a un segundo plano y, por supuesto, se sentirá mejor.

Este pequeño ejercicio le permitirá crecer y descubrir el tesoro inmerso que lleva por dentro. Porque la verdadera riqueza, que es la sabiduría del corazón, está en su interior. ¡Cultívela! Si crece por dentro, le encontrará sentido a su vida; si no lo hace, no experimentará la verdadera felicidad.
¡mucho cuidado con lo que sale de su boca!

Dicen que una persona jovial, medianamente conversadora, cada día habla lo suficiente como para llenar 20 páginas de un cuaderno de colegio.

Eso es algo así como un libro pequeño de apuntes.

Si bien la presente estadística no es del todo exacta, sí evidencia una relativa tendencia para indicar el promedio de palabras de las que normalmente pronuncia un ser humano cada 24 horas.
La idea, hasta aquí, no es saber qué tanto hablamos, sino analizar todo ese conjunto de términos que emitimos y comprobar qué tan propositivos, halagüeños u optimistas son.

Quien citó la anterior estadística reveló que, de ese promedio de 20 páginas, 18 de ellas contienen expresiones que se encasillan en los capítulos del chisme, la mentira, la crítica destructiva y la envidia. Una página más de las palabras que emitimos son triviales.

Solo la página restante contiene palabras que dan fe de nuestros valores, nuestros nobles ideales y nuestros sanos propósitos.

Así las cosas, podríamos decir que nos la pasamos hablando ‘basura’ y de cosas negativas que solo nos hacen daño.

¿A qué viene esta reflexión?

La idea es que con nuestra forma de hablar tengamos mejores pensamientos, asumamos nobles propósitos y, sobre todo, desterremos esas palabras que nos deprimen. Porque nuestra boca no puede estar llena de quejas, tristezas o rabias.

De la abundancia del corazón, habla la boca. Así las cosas, unas buenas palabras, emitidas en el momento preciso, pueden resultar cruciales para nuestra vida.

 

FARANDULA

EL TIEMPO

CLARO ODIA LA CULTURA

Ómar Rincón

A ellos no les importamos. No hay nada que hacer: el maltrato es la ley de la selva televisiva.

La televisión por cable en Colombia es muy mala. Pero lo que más enerva es que nos pongan una cantidad de canales inservibles y nos quiten los que nos engrandecen la cabeza.

Yo era TV Cable y fue tal el maltrato de Claro que me fui de allí. Y la situación no mejora, el maltrato y odio a la cultura de Claro continúa. He aquí la reflexión del escritor y periodista Rafael Baena.

“Cuando prendí el televisor una la tarde, no encontré Film&Arts, mi canal favorito. Me comuniqué con Claro y después de las consabidas vueltas, varias esperas, desconexiones y reconexiones manuales del módem y etc., debí esperar un buen rato hasta que la operadora reapareció con la noticia: el canal no estará más al aire, igual que Europa Europa.

“Así nada más, sin razones ni explicaciones, como no sea el anuncio de que no serán reemplazados con programación equivalente. No hubo ningún aviso previo de la medida, comportamiento abusivo que suele asumir Claro con los televidentes.

“Los abusos de Claro con la audiencia van desde una programación que no coincide con lo anunciado hasta una repetidera de películas que le permite a uno imaginar una reunión periódica de los directivos de Fox, TNT, Universal y demás yerbas, durante la cual meten en un sombrero papelitos con las mismas cintas de siempre e intercambian materiales, igual que en una orgía sexual de los años sesenta, rica para los participantes pero aburrida para los demás. No dudo de que ‘Matrix’, ‘Harry Potter’ y ‘El Señor de los anillos’ sean películas de culto, pero ¿todos tenemos que verlas una y otra vez?

“Los canales de deportes son un desastre, capaces de transmitir Granada vs. Málaga cuando uno sabe que al mismo tiempo se está jugando Barcelona vs. Real Madrid, o Fulhan vs. Hull City, mientras por otro proveedor se juega Manchester City vs. Chelsea. Para colmo, creen que si contratan periodistas colombianos caracterizados por su nacionalismo a ultranza la estafa nos dolerá menos”.

Como Baena, somos muchos los que podríamos ir ante un hipotético tribunal de ética comercial para denunciar a proveedores de contendidos por cable como Claro. A ellos no les importamos. No hay nada que hacer: el maltrato es la ley de la selva televisiva.

 

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