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Leales ¿a quién?

Por Javier Darío Restrepo. Diario El heraldo, Barranquilla Jrestrep1@gmail.com @JaDaRestrepo

Imagen efectococuyo.com

Nunca fue obvio que el periodista  debe  su primera lealtad a los lectores, sean del partido, religión, condición social que sean. Esa lealtad está por encima de cualquiera otra, aún por sobre la que comúnmente se supone que le debe a su empleador.

Un caso frecuente es el del periodista al que su patrón pone contra la pared cuando le exige  una prioridad o  un enfoque que el criterio profesional del periodista rechaza. Más difícil aún es cuando la imposición se hace en nombre de un partido, del gobierno, o de una ideología religiosa con los que el patrocinador  y el medio se identifican.

Es cuando el periodista pregunta a quién debe su lealtad: ¿A quien le paga? ¿Al lector?

Los grandes medios impresos colombianos se están haciendo , o debieron hacerse esa pregunta desde que aceptaron en su estructura económica la dependencia de un grupo económico. Así como El Tiempo depende de Sarmiento Angulo, y El Espectador de Santo Domingo; La República del grupo Ardila y Semana de Gillinski, ¿a quién se deben los periodistas? ¿Quién influye y determina sus políticas editoriales?

La semana pasada el incidente de un funcionario de la televisión con un periodista que en su programa discrepó de quien le paga, puso el tema sobre la mesa de las discusiones.

Un criterio extendido sostiene que hay un deber de lealtad con el empleador, por agradecimiento, o por precaución; por tanto si se trabaja en un medio oficial debe alinearse, por lealtad, con el pensamiento del gobierno; si es un medio  privado, allí se impone el interés del dueño.

Sostienen lo contrario los que creen que el periodista y los medios, al prestar un servicio público, se deben a toda la sociedad, no a quien les paga. Es, por tanto, tarea suya producir información que pueda ser creída por cuantos la reciben; y para que se pueda producir esa confianza, periodistas y medios no solo deben ser independientes, además deben parecerlo.

Cuando sucede que el periódico se convierte en vocero de sus propietarios o patrocinadores, pierde su credibilidad y la confianza de los lectores. Se configura una clara ecuación:  + independencia= + credibilidad + aceptación de los lectores.

Los periódicos del mundo, enfrentados a una decreciente aceptación han concluido que publicistas, grupos económicos, gobiernos o patrocinadores afectan la credibilidad necesaria para merecer la confianza del público, por tanto, el único dinero que no afecta esa confianza es el de los suscriptores que dejan de ser unos simples clientes para convertirse en una presencia activa y en apoyo decisivo.

Si un periódico o revista han de sobrevivir para influir, será con el apoyo de los lectores atraídos por la calidad de la información que reciben. Lo demás, pauta, patrocinios etc,  son lo de menos.

Ver a los principales medios periodísticos bajo la sombra de poderosos padrinos financieros no es una buena noticia. Lo será el día en que esa dependencia se asuma como un desafío diario para la voluntad de construir la independencia informativa.

 

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