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Las tabletas en los taxis de Bogotá: una idea fallida

Por Daniel Páez* (razonpublica.com)

Como casi todas las propuestas de movilidad de la administración Peñalosa, esta tampoco pasó de ser una gran idea en el papel.

Un sector fundamental

El servicio de taxi es parte fundamental del sistema de transporte de una ciudad. Para muchas personas u ocasiones, es un reemplazo adecuado del vehículo particular.  En altas horas de la noche, cuando ya no operan los buses, los taxis son la única opción de transporte público. Para las personas con limitaciones físicas, el taxi es la única forma de ir a estudiar o visitar al médico.

Por eso cuando el sector de los taxis tiene problemas, son muchas las personas afectadas.

Y no debemos olvidar que los taxis son además una parte fundamental del aparato productivo de la ciudad, particularmente para los más pobres. Ser taxista tiene barreras de entrada mínimas. Y aunque es un trabajo muy duro, de más de dieciséis horas al día para ganarse alrededor de un millón quinientos mil pesos al mes, también permite que muchas personas puedan dar sustento a sus familias.

Viejos problemas, nuevas soluciones

Alcalde Enrique Peñalosa junto a un taxista.
Alcalde Enrique Peñalosa junto a un taxista.
Foto: Alcaldía Mayor de Bogotá

Los taxis en Bogotá siguen teniendo los mismos problemas de siempre:

  • La inseguridad continúa y los taxis aún son una herramienta para el mal llamado “paseo millonario”;
  • Las quejas de los usuarios por la mala calidad del servicio no dejan de registrarse, y más ahora que muchos propietarios de taxis tienen problemas financieros- lo cual afecta la calidad de los vehículos-.

A lo anterior se suma la entrada de la competencia de Uber y Cabify. Con la posibilidad de conectar por celular a conductores y pasajeros, estas dos aplicaciones hicieron innecesario pintar un carro de amarillo y ponerle un taxímetro para prestar el servicio de “taxi”.

En consecuencia, hoy un taxi produce casi un 50 por ciento menos de lo que producía hace tres años. La mejor prueba es el valor del cupo (o barrera de entrada), que también se disminuyó en un 50 por ciento. En el pico de su precio, el cupo de un taxi en Bogotá llegó a valer 155 millones de pesos. Hoy, vale entre 55 y 60 millones.

Pero no todo han sido malas noticias para propietarios y conductores. Los taxis también entraron al mundo digital con aplicaciones como Tappsi, Easy Taxi o MiTaxi, que permiten pedir el servicio con el celular y evitan que los taxistas dependan de las empresas.

Hoy un taxi produce casi un 50 por ciento menos de lo que producía hace tres años.

Antes de la entrada de estas aplicaciones, la única forma para pedir un taxi era llamar a una empresa, que se comunicaba por radio con el conductor. Así, la empresa obligaba a los taxistas a pagar altos costos por la frecuencia radial y se crearon monopolios que inflaron los precios.

Con las nuevas alternativas ya no se necesita pagarle a nadie y el sistema no tiene altos costos, como las radio-operadoras o los equipos de radio. Además, las aplicaciones han mejorado el servicio porque los taxistas son calificados por los usuarios y estos pueden ofrecer propinas, algo que es muy apetecido por los conductores en momentos de alta demanda.

La apuesta del Distrito

Como buen académico, el Secretario de Tránsito se rodeó de sus mejores estudiantes para desarrollar una idea innovadora que vendría a resolver varios problemas aprovechando el potencial de las aplicaciones.

La propuesta consiste en eliminar el taxímetro e introducir dos tabletas en el carro de cualquier marca que tenga el sistema Android:

  • Una tableta sirve para que el usuario introduzca la dirección de destino y pueda conocer todos los detalles del conductor;
  • La otra tableta sirve para que el conductor tenga la información sobre el viaje y siga la ruta indicada por la aplicación.

Además de lo anterior, los usuarios pueden conectarse al sistema desde su propio celular.

Como en Uber y Cabify, la aplicación usaría el GPS para calcular el valor del viaje desde el principio. Así se elimina el taxímetro y se evita su adulteración, práctica que es común en todas las ciudades de Colombia.

Pero la propuesta tiene otra gran ventaja que no llamó la atención de los medios de comunicación: que los taxis se conviertan en sensores de movilidad. Como el sistema transmite en tiempo real la velocidad y la ubicación de cada vehículo, la Secretaría de Movilidad puede conocer fácilmente la situación del tráfico. Esta es la misma que utilizan  Waze o Google Maps para recomendar la mejor ruta y que se basa en la tecnología llamada de bigData (o de procesamiento instantáneo de grandes cantidades de datos).

Pero los beneficios podrían ser mayores: Londres, por ejemplo, usa esta nueva tecnología para programar en tiempo real los semáforos de la ciudad.

El choque con la realidad

Como muchas ideas innovadoras que parecían grandes en el papel, esta también falló en su ejecución y se chocó con la realidad:

  • Con apenas menos de 1000 taxis, la red celular de la prueba piloto falló al transmitir los datos en tiempo real y los servidores de recepción de la Secretaría no dieron abasto.
  • Muchas personas no podían dar una dirección exacta de su lugar de destino, un dato que el sistema por supuesto exigía para calcular el valor del viaje.
  • Muchos taxistas protestaron porque las tabletas genéricas se volvieron un botín para los delincuentes de la ciudad, que podían revenderlas fácilmente en el mercado negro como una tableta común y corriente.

Además de estas fallas en la ejecución, las tabletas se volvieron un nuevo dolor de cabeza para los conductores y propietarios. Bajo el diseño de la Secretaría, solo las empresas de taxis podían instalar los equipos, lo que obligaba a depender de una empresa para la instalación. Con el regreso de ese intermediario, los costos de los taxis subieron.

Finalmente (y este es el golpe más duro), el Consejo de Estado paralizó la aplicación del sistema hasta que el Ministerio de Transporte regule de una forma apropiada el concepto de las tabletas en los taxis.

El final de una idea

Taxis en Bogotá.
Taxis en Bogotá.
Foto: Movilidad Bogotá

Tal y como está planteado, el proyecto de las tabletas en los taxis no tiene futuro.

Ya en dos ocasiones el Alcalde ha movido la fecha de ejecución, y ahora no se sabe cuándo será expedida la reglamentación por parte del Ministerio de Transporte. Como todos sabemos, es poco lo que se puede lograr al final de una administración y, como la propuesta quedó mal diseñada desde el principio, es casi imposible que las fallas técnicas se corrijan en los 18 meses que le quedan a Peñalosa.

Tal y como está planteado, el proyecto de las tabletas en los taxis no tiene futuro

Las empresas y más de 2000 taxistas ya perdieron inversiones en programadores, tabletas y sistemas que no se están utilizando, lo que quita credibilidad a la propuesta del Distrito. Y lo peor de todo: los problemas de los taxistas continúan y siguen teniendo un impacto financiero sobre más de 80 mil familias de bajos recursos que dependen de conductores de taxis para su sustento.

Para el usuario, el servicio sigue siendo malo e inseguro. Y Uber y Cabify, aún por fuera de la ley, siguen capitalizando la debilidad institucional.

¿Cómo pasar del sueño a la realidad?

Infortunadamente, este proyecto cae en las mismas trampas de ejecución que han sido el dolor de cabeza de la administración de Peñalosa. Todos los grandes proyectos de movilidad de la administración actual están parados por falta de capacidad para pasar de la etapa de diseño a la de ejecución:

  • El metro;
  • Transmilenio por la Séptima;
  • La compra de la nueva flota de buses de Transmilenio;
  • La reestructuración del SITP;
  • El contrato de los semáforos;
  • Las bicicletas públicas, y
  • El parqueo pagado en vía.

Si algo nos deja el gobierno Peñalosa es una nueva lección para el futuro: que todas las ideas de movilidad de los alcaldes tienen que ser confrontadas con la realidad en vez de ser soñadas simplemente en el mundo académico.

Si la administración hubiera optado por adoptar sistemas operacionales para taxis, que se utilizan en la mayoría de las capitales del mundo, no hubiera tenido que reinventar la rueda.

Una búsqueda rápida de las especificaciones técnicas de estos sistemas muestra que hacen todo lo que las tabletas querían hacer, con la ventaja de que no son “robables” ni alterables y crean seguridad para el taxista y el usuario al tener cámaras y equipos de grabación.

Es más, en Abu Dhabi los taxistas son multados por infracciones como exceso de velocidad o contravía directamente por el dispositivo, y la administración recibe en tiempo real todos los datos sobre el viaje, precisamente lo que idealizaron en la Secretaría de Movilidad de Bogotá.

Foto de un sistema estándar de taxis en Abu Dhabi

Claro, nada es perfecto y estos sistemas obligarían a volver a la dependencia de las empresas. Pero entre este mal, que se puede reducir creando competencia, y todos los males de la propuesta de la administración Peñalosa, yo prefiero “malo conocido y universal que bueno e innovador por conocer”.

*Ph.D. en ingeniería e investigador asociado de la Universidad de Melbourne (Australia), consultor internacional.

@danielpa

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