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Las siete plagas que azotan el parque de los Periodistas

Por Hugo Parra Gómez, Diario El Tiempo, Bogotá

Las plagas que acaban con el Parque de los periodistas en Bogotá. Imagen el tiempo.com

Ciudadanos afectados piden un CAI permanente para garantizar la seguridad y tranquilidad.

Al parque de los Periodistas, un sitio emblemático, simbólico y turístico en el corazón de Bogotá, rebautizado así en los años 40 por ser sitio de reunión de poetas, escritores y periodistas de la época, lo están sacudiendo siete plagas capitalinas. Delincuencia, microtráfico, mafias del espacio público, basuras, vandalismo, mala convivencia y el vacío de la autoridad, entre otros, son los principales males que se evidencian.

Lo denunciaron comerciantes, estudiantes y residentes de la zona que, dicen, no aguantan más lo que pasa en ese corredor peatonal, por donde se calcula que al día pasan más de 20.000 personas.

EL TIEMPO estuvo durante varias semanas recorriendo palmo a palmo, desde las primeras horas de la mañana hasta la madrugada. Allí comprobó que los reclamos ciudadanos tienen su razón de ser a pesar de las intervenciones que ha realizado la Administración Distrital y la alcaldías locales. Veamos.

En repetidas oportunidades se ha reportado la presencia de numerosos barristas que visten camisetas azules, que pasan y posan de ser los dueños del territorio. Intimidan a estudiantes, piden plata, amenazan a los transeúntes y cuando no logran su cometido, sacan arma blanca.

Para nadie es un secreto que por ese parque, ubicado en inmediaciones de la localidad de Santa Fe y que colinda con el centro histórico de La Candelaria a través del espejo de agua que sale del río San Francisco, nadie puede pasar con una camiseta de Santa Fe, del Nacional o de algún otro equipo. Los hechos hablan por sí solos.

Delincuentes armados

En agosto del 2016, un joven estudiante de octavo semestre de ingeniería de una universidad privada, fue asesinado por un hincha con camiseta de Millonarios en ese corredor. Y para no ir muy lejos, cuando realizábamos estos recurridos, fuimos testigos de varios actos violentos. En la foto tomada por este reportero, dos de ellos atacaron a un joven y lo hirieron en uno de los brazos. La reacción de una patrullera y sus dos compañeros permitieron su captura. Algunos ciudadanos querían actuar con mano propia.

Entre tanto, en la esquina del parque, al lado del edificio del Instituto Colombiano para la Evaluación de la Educación Superior (Icfes), un predio que está abandonado a su suerte desde hace unos cuatro años y rodeado de latas para evitar que sea invadido y que se ha convertido tierra de nadie, otros barristas se enfrentaban a los jíbaros. Están a punto de sacar sus armas por un mal negocio de narcóticos. De pronto, tres hombres en bicicleta, acompañados de un grupo de mujeres aparecieron en escena. Los ocho barristas les reconocen y se calman. Y se marchan con rumbo al a calle 19 con 3.ª, otro sitio de operación.

“Llevo muchos años viviendo aquí. Las cosas cambiaron. Antes eran atracadores que operaban a merced de la noche, la mayoría menores de edad que le caían a los extranjeros y les quitaban sus pertenencias”, cuenta Juan Pérez*, mientras mira por la ventana lo que pasa a su alrededor.

Lo que él recuerda fue publicado por este diario el 18 de septiembre del 2007 titulado ‘Viaje al tenebroso ‘Triángulo de las Bermudas’ bogotano’ y que da cuenta de que “todo el que pase por allí después de las seis de la tarde se expone a ser víctima de una banda de menores de edad que se adueñó del sector y que a punta de puñal atraca a estudiantes, turistas y transeúntes”, relata parte del informe de la época.

Hoy las cosas han empeorado, según los testimonios entregados a EL TIEMPO. Advierten que ahora se trata de un grupo de mujeres que lidera el microtráfico, amparadas, dicen, por distribuidores que se mueven en bicicletas alrededor del sector.

El volumen de pasajeros que se conectan a través de las estaciones de TransMilenio Las Aguas, Universidades y Museo del Oro, son cerca de 58.350. Para cualquier desprevenido, por allí no pasa nada y todo parece en paz. Pero no es así.

Los vecinos también ponen su cuota: sacan la basura por fuera del horario de recolección, no recogen la caca de los perros y no participan en la apropiación de la zona. Son los que más se quejan.

Vecinos disparan balines

EL TIEMPO también visitó un edificio antiguo de apartamentos ubicado en el marco del parque. Desde su interior se ven los ventanales rotos. Se calcula que alrededor de 26 vidrios fueron destruidos por vándalos que disparan pistolas de balines desde uno de los edificios nuevos. En esas estábamos revisando cuando sonó una alarma comunitaria. Los vecinos contaron que la instalaron para alertar a las autoridades cuando hay un atraco en proceso, cuando llegan los expendedores y cuando aparece una banda de atracadores.

A dos cuadras de allí opera el CAI Rosario. Los motorizados salen a perseguir a un delincuente que la noche del 30 de mayo al parecer atracó a cuatro estudiantes. Una de las vecinas, Marta Yeneth Zafra, se asoma por la ventana. “Aquí se desató el hurto, aunque la Policía de este lado reacciona de inmediato”, dice la mujer.

Lo que hay allí es un corredor absurdo, una especie de frontera invisible donde los policías de un lado no pueden pasar al otro lado porque no es su jurisdicción. Y eso lo saben los delincuentes: si el delito es en Santa Fe y los capturan los de La Candelaria, las estadísticas se inclinan en contra.

Pero no todo es malo en el sector. Hay por lo menos 150 establecimientos comerciales entre restaurantes, hoteles, cafés, pastelerías, a un costado está la sede de la Academia Colombiana de la Lengua –atacada por vándalos– y siempre hay transporte.

Tras la llegada de la actual Administración, a mediados del 2016 se inició la recuperación de esta zona que estaba invadida. El 5 de junio del 2017, el Jardín Botánico realizó labores de jardinería en 145 metros cuadrados y sembró helecho, liriope y cartuchos.

También el sector privado, en alianza con la Alcaldía Mayor, intervino las paredes del sector histórico que colinda con el barrio La Concordia y el Templete del Libertador, patrimonio de todos los colombianos y que fue atacado en varias oportunidades con grafitis ilegales, está impecable y con vigilancia privada. En general son más de 10.000 metros cuadrados que, según Albeiro Madrigal, presidente de la Asociación amigos parque de los Periodistas, sirven para conciertos de jazz, opera, bailes y actividades culturales de bajo impacto.

No queremos que se convierta en un sitio de consumo de drogas ni de licor sino de formación, de integración ciudadana, que sea un punto de encuentro

“No queremos que se convierta en un sitio de consumo de drogas ni de licor sino de formación, de integración ciudadana, que sea un punto de encuentro”, dice este líder de la zona.

El alcalde local de Santa Fe, Gustavo Niño Furnieles le dijo a este diario que el jueves 31 de mayo, en reunión con las autoridades, le anunciaron que les van a devolver los policías recorredores, uniformados que hacen rondas en sitios estratégicos como las plazoletas de las universidades y que allí se incluyó el parque de los Periodistas. La meta a largo plazo, dijo el alcalde, es que los amigos del parque se apropien y manejen ese espacio y que se organicen actividades.Sin embargo todos los vecinos entrevistados piden que les instalen un CAI para su tranquilidad.

*Nombre cambiado por solicitud del vecino de la zona.

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