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Las mujeres del ladrillo

Por Guillermo Romero Salamanca

Las trabajadoras, mujeres del ladrillo, con el Viceministro de Minas Carlos Cante. Foto GRS

Nora Espinosa y su equipo mecánico de trabajo.
Foto GRS

A las cinco de la mañana, Nora Espinosa cambia su ropa de calle, por el overol. Se protege su cabellera con una pañoleta. Se pone su casco, sus guantes, sus gafas y procede a inspeccionar su máquina de trabajo: una retroexcavadora con la cual mueve montañas de arcilla para prepararlas para la fabricación de ladrillos.

Lleva 22 años en la industria del ladrillo en Cogua, Cundinamarca, donde se produce el 35 por ciento del material que se hace en el centro del país. Los últimos 17 años los ha ejercido al frente de una gigantesca máquina cargadora de arcilla en Ladrillera Tablegres.

Nora es madre de cinco hijos, uno de ellos, Wilson Alexander, le sigue su camino conduciendo otra máquina similar. Los dos aprendieron viendo, ensayando, recibiendo cursos y trabajando.

Son personas que viven de una de las labores más nobles que hay en la tierra: la tarea con la arcilla.

 

 

El ingeniero, docente, constructor e investigador español Eduardo Torroja Mirel decía que el primer material creado por el dominio de la inteligencia humana sobre los cuatro elementos: tierra, aire, agua y fuego, era el ladrillo.

Según un censo realizado en el Parque Minero Industrial de Cogua, de los 2.651 empleos que se generan, un 30 por ciento está compuesto por mujeres y unas 132 de ellas son madres cabezas de familia.

Grabación de video sobre  la minería. Foto GRS

Se les ve seleccionando el material, lo trasladan de un lugar a otro, lo meten en los hornos, lo revisan  una y otra vez. Las mujeres del ladrillo están en todas partes. Como conductoras, como armadoras y cargadoras. Conocen la densidad de la arcilla. También las hay en las oficinas, manejando la contabilidad, haciendo los pagos, vendiendo o vigilando la seguridad integral de las personas que transforman la arcilla en ladrillos.

“Tenemos que hacer cumplir las normas laborales y que nuestros compañeros de trabajo tengan todos los elementos de protección personal para reducir al máximo cualquier eventualidad”, sostiene Nubia Rodríguez, encargada de la Seguridad Industrial de Ovíndoli.

“Las mujeres tienen aspectos que los hombres  pasan por alto. Ellas son observadoras y es difícil que se les pase un detalle como por ejemplo, por eso las tenemos en puntos de calidad”, comenta Cristina Calle, gerente de Ladrillera Tablegres.

El Ministerio de Minas y Energía seleccionó a la tarea adelantada en Cogua para realizar un comercial sobre “Minería bien hecha”, el cual comenzará a rotarse en los canales de televisión nacional.

“Me siento orgullosa de trabajar con la arcilla. Llevo 22 años de mi vida dedicados a la fabricación de ladrillo. Es una labor muy noble y que les brinda tanta ayuda a las personas: un ladrillo representa vivienda, progreso, bienestar. Pero lo más importante y es que de una manera oculta, estamos construyendo hogares”, dice Nora Espinosa.

“Cuando voy por la calle en Bogotá y veo algunas edificaciones digo: ese ladrillo lo hicimos nosotras. Miren cómo quedó de elegante y de perfecta esta edificación”, manifiesta Adriana de Ladrillera Gredos.

Ingeniero Pedro Perico en terreno de recuperación. Foto GRS

El ingeniero Helmuth Klinge cuenta, como anécdota, que sus amigos le decían que hacer un ladrillo era fácil. “Tiene más ingeniería un ladrillo”, le comentaban en tono de sorna. “Un ladrillo está compuesto de salarios, carbón, energía, materia prima, pensión, combustible, gas y otros elementos como la renta, los pagos de Industria y Comercio y EPS”, por ejemplo, a manera administrativa.

“Pero hay que tener en la cuenta la materia prima. Hay que hacerle análisis químicos. La arcilla necesita extraerse, mezclarse con otros elementos como el aire y hay que dejarla reposar unos 6 meses antes de proceder a hornearla. Luego de la extracción de todo el material disponible, hay que hacerle el proceso de recuperación del terreno y trabajar con sentido de responsabilidad ambiental”, agrega.

Además de cumplir con las normas y de contribuir con el desarrollo de Cogua con una labor adelantada por la Fundación Ladrilleros de Cogua, las empresas Ovindoli, Tablegres y Gredos conforman el Grupo Ladrillo Verde.

Doña con los ladrillos donados por la Fundación “Ladrillo Verde” para el mejoramiento de su vivienda.
Foto GRS

Para muchas personas, un ladrillo puede ser un objeto más, pero para doña Rosa, quien ha sido desplazada por la violencia en el país, tener un ladrillo es una bendición. “Yo vivo muy agradecida con las ayudas que nos brinda el Grupo Ladrillo Verde, porque de esta manera pude cambiar mis latas y mis tablas por un material. Eso no tiene formas de explicación”, cuenta.

 

 

 

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