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LARGO & ANCHO: Vargas Lleras y la altivez

Por Rubén Darío Barrientos

Germán Vargas Lleras, hace seis días en Bucaramanga- Foto lafm.com

El video sobre el incidente de salud de Germán Vargas Lleras en Bucaramanga, conmociona. Se le ve al comienzo, respirado mal. Luego da unos pasos, se manda la mano al pecho, trastabilla, se produce un cuadro convulsivo y se desploma. Quienes nada sabemos de medicina, si hubiéramos estado en el lugar de los hechos, podríamos haber inferido que se trataba de un infarto o de un derrame cerebral. Todo un susto mayúsculo en donde luego vino el reporte médico acerca de que hay de base un meningioma, es decir, una lesión cerebral benigna. Para nosotros los de a pie, es un tumorcillo benigno que de todas maneras está deparando una compresión. Le recomendaron bajarle al cigarrillo, dormir más y llevar un nivel de vida más tranquilo.

No tuvo en cuenta el médico, que estaba tratando con un nieto de Lleras Restrepo, asaz soberbio, llevado de su parecer y que se ha mostrado siempre como un hombre de hierro. Además, de un obstinado por la presidencia de la república para el 2018, que no va a modificar sus hábitos y que está en campaña desde hace rato. Se ha filtrado por algunas fuentes médicas que el galeno tratante le ha indicado que debe operarse el tumor y que Vargas Lleras dio su negativa. La razón es simple: no quiere mostrarse como un político enfermo, débil de salud ante su electorado, sometido a contingencias o con riesgos de eventuales secuelas. Su altivez no le permite por ahora, condicionar su imagen a cirugías o diagnósticos reservados.

Recordamos bien cuando en el año 2002, en un diciembre exactamente, a Vargas Lleras le explotó una agenda bomba. Eso fue en su oficina del congreso, cuando quiso destapar un supuesto aguinaldo. Esa explosión, le voló dos dedos –el meñique y el anular– y nunca quiso ponerse una prótesis en esa zona. Habló por los medios como un titán y dijo que nada lo amedrentaría. En el año 2005, luego de salir del programa Hora 20 de Caracol, estalló a su paso un carro bomba, atentado del cual salió ileso. También habló y satanizó a los violentos, en actitud desafiante. Un nuevo hecho, lo mostró con coraje: en la paradisíaca Isla de San Martin, estando de vacaciones con su hija, tuvo un accidente náutico y se le desprendió la llamada cara del cráneo y lo trajeron de urgencia a Bogotá, para intervenirlo. Tampoco eso lo detuvo en sus metas políticas.

Los gobernantes y los políticos, en general, les temen mucho a los hechos de afectación de salud que puedan padecer. Ello, porque los exhibe minados ante los electores, con lo que reciben sólo muestras de desdoro y conmiseración, que no de admiración y apoyo. La gente piensa que están disminuidos para ser elegidos, en donde el darles la espalda se constituye en algo fatal para los afectados. No perdamos de vista los casos de Laureano Gómez (quien en 1951 sufrió ataque cardíaco y le cedió el poder a Roberto Urdaneta), Virgilio Barco (Diverticulitis en un vuelo a Japón y posteriormente un Alzheimer), Angelino Garzón (dolencia cardíaca y accidente cerebro-vascular con dificultades motrices) y Antanas Mockus (Parkinson, con signos visibles de deterioro), entre otros. Nadie olvida el desespero del tornadizo presidente Santos por dar a conocer que aunque padeció un cáncer de próstata, estaba bien. Lo mismo, Óscar Iván Zuluaga.

En el plano internacional, se especuló hace poco con la salud del Papa Francisco, pues se dijo que tenía un tumor cerebral. Ya se aclaró que, como en el caso de Vargas Lleras, era benigno. Y ni qué decir de todo el novelón que se vivió para tapar el avance del cáncer y hasta la muerte de Hugo Chávez. O el misterio sobre la salud de Fidel Castro. En suma, Germán Vargas Lleras le teme más a que sus seguidores lo sientan enfermo o menoscabado, que a las bombas y atentados de sus enemigos. Su soberbia, su genética Lleras y su ambición, sumado todo al pánico de que se entienda debilidad por enfermedad, no le permiten pegar un frenazo sino meter el acelerador.

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