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LARGO & ANCHO: Santos, abucheos y rechiflas

Por Rubén Darío Barrientos G.

Presidente Juan Manuel Santos Foto publimetro.co

Corría el mes de julio de 2012 y Juan Manuel Santos aterrizaba en Toribío (Cauca). Iba a comenzar un consejo de seguridad, porque unos días antes habían incursionado las Farc, lo que hizo desplazar a más de mil pobladores hacia una zona veredal. Unas tres mil personas, abuchearon a Santos, porque se les había negado participar con vocería en la reunión. En el año 2013, en Cali y en Piedecuesta (Santander), el presidente fue nuevamente abucheado, precisamente cuando se citó su nombre por el vicepresidente Angelino Garzón en la clausura de los juegos mundiales, y por el movimiento Voces por el agua, respectivamente.

En abril de 2015, en la carrera de los héroes en Bogotá, Santos recibió enloquecedora rechifla. Le gritaron, además: “Fuera, fuera mentiroso”. Eso aconteció tras la muerte de once soldados y más de veinte heridos en el norte del Cauca. El 5 de mayo del año pasado, en Villavicencio, también llovieron rechiflas. Los maestros arengaron contra Juampa y le lanzaron vituperios, como: “Mentiroso, mentiroso, el pueblo está furioso”. Nos situamos en el festival vallenato, donde fue rechiflado Santos con la sola presentación de un video suyo. Hubo que suspenderlo, por lo atronador de la bronca. Todo ocurrió en el legendario parque de la leyenda vallenata.

En Medellín, Santos batió el record de rechiflas: ya lleva tres de padre y señor mío. La primera fue en agosto de 2013, cuando le espetaron: “cobarde, cobarde, cobarde”. Se añadió otra más, el 20 de abril de 2015, en San Fernando Plaza, de cara a la asamblea de Proantioquia. Y llegó una tercera, al ingreso del foro económico mundial, cuando muchas personas se agolparon al frente del Hotel Intercontinental en Las Palmas, hace una semana. El video fue viral. Y eso que por espacio, no comentaré las rechiflas contra Santos en Barranquilla y en la Universidad Nacional.

Sin embargo y contra-corriente, el cantinflesco Armando Benedetti, afirmó hace catorce meses, que esas rechiflas eran llevadas a cabo por veinte o treinta gatos, lo que despertó la irritabilidad y el enfado en las redes sociales. Olvida el barranquillero, flamante senador de la república, comunicador social y periodista y voltearepas político, que la rechifla es la expresión de un sentimiento colectivo. Ni más ni menos es una columna de opinión gráfica, es una comunicación libérrima e imparable. Quien llega a un sitio a silbar, rechiflar, abuchear, abroncar o protestar, es porque anda indignado y quiere reflejar su forma de hacer crítica feroz.

Para eso que la rechifla es contagiosa y se riega entre la multitud, bajo el placer de poder experimentarla. Y se observa que si bien al comienzo se abucheaba al presidente, ya hoy se ha pasado a la rechifla retumbante. Ese cambio es compartido por más y más personas que se alistan para ir a silbar a pulmón abierto, seguros de que su actuación tiene fondo y sentido. Y cada que ocurre una metida de patas de Santos (como las dos que hizo hace poco, en actitud amenazante de lo que pasaría si no se aprueba el plebiscito), la gente en las casas y al frente de los televisores rechifla a Santos con rabia de ciudadano que no se siente representado por él.

El pueblo colombiano está condenando a Santos y las rechiflas son un horrendo castigo. Creemos que de aquí en adelante, poco aparecerá Santos en espacios abiertos. Es darles un papayazo a sus contradictores. La verdad es que el presidente ha sido: desleal, falaz, traidor, incumplido y peligroso desde el punto de vista de hacer lo que sea por conseguir sus objetivos. No está lejos que su popularidad sea de un dígito. Pobre país, con un presidente que desgobierna, que se regala, que es blandengue cual gelatina y que pasará a la historia como el peor de todos.

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