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La visita del papa y la beatificación de los “mártires católicos”: ¿un paso hacia la reconciliación nacional?

Por Elías Sevilla Casas* (razonpublica.com)

Un sacerdote linchado a raíz del “bogotazo” y un obispo asesinado por el ELN, que van a ser exaltados por el papa en su visita. Pero también hubo jerarcas de la Iglesia que predicaron el odio fratricida. Hay que cuidar las heridas que quizás no han sanado.

Dos víctimas del odio

El anuncio de la beatificación de dos sacerdotes colombianos, quienes serán declarados “mártires de la fe católica” durante la próxima visita papal, comienza a sacudir la dolida memoria de muchos ciudadanos, en particular de las generaciones de mayor edad.

Uno de estos clérigos es el huilense Pedro María Ramírez, muerto por la turba enfurecida de Armero (Tolima) a raíz del asesinato de Jorge Eliécer Gaitán en 1948. El otro es el obispo antioqueño Jesús Emilio Jaramillo, muerto en Arauca por el ELN en 1989. Ambos son víctimas del odio entre los colombianos.

Los asesinatos y la próxima exaltación de estas víctimas plantean asuntos interesantes  sobre la relación entre la religión y la política institucionalizada. Curiosamente, estos dos casos de “mártires católicos” están relacionados, en la historia del país y en la memoria de los colombianos, con ciertos representantes oficiales del papa, uno de los cuales también ha sido postulado a la beatificación: el obispo antioqueño Miguel Ángel Builes.

La Iglesia y la política

Padre y beatificado colombiano, Pedro María Rodríguez.
Padre y próximo beato colombiano, Pedro María Rodríguez.
Foto: Wikimedia Commons

No pocos colombianos, que vivieron los tiempos cuando ser liberal o conservador era destino de familia, sufrieron en carne propia las consecuencias de la identificación del Partido Conservador con la Iglesia católica. Esta situación fue efecto del paralelismo, bien documentado por el historiador José Cortés, entre la Regeneración y la Romanización de Colombia a partir de 1878, cuya máxima expresión fue el Concordato entre el gobierno Núñez y la Santa Sede.

Por su parte Daniel Pécaut en Orden y violencia, presenta el resurgimiento del paralelismo entre la iglesia y el Partido Conservador hacia mediados de la década de 1940 y el papel particular del obispo Builes: “En esta época…vuelven a la superficie las afirmaciones doctrinarias por un tiempo relegadas a un segundo plano, según las cuales la afiliación al Partido Liberal es incompatible con la identidad católica: el enunciado doctrinal es presentado de nuevo como un hecho de sentido común. No hay duda de que ‘el horror’ del Bogotazo va a contribuir aún más a su actualización. El obispo de Santa Rosa de Osos, monseñor Builes, ideólogo y formador de una gran parte del clero de los sectores rurales de Antioquia, podrá entonces recordar: ‘hay una gran parte del pueblo, hasta ahora equivocado, que acaba de convencerse que no se puede jugar a dos cartas a la vez, y que no es posible conservar la doble posición de católico y de liberal’” (Discurso del 21 de noviembre de 1945). “A partir de este momento numerosos sacerdotes niegan los sacramentos a los liberales”.

No pocos colombianos, sufrieron las consecuencias de la identificación del Partido Conservador con la Iglesia católica.

Sobre la muerte de monseñor Jaramillo, aunque en este texto no pueda sino indicarlo, es necesario llevar a cabo un análisis de la relación que el ELN ha tenido con la Iglesia católica, que fue resumida por la revista Semanael 11 de junio de 1989, cuando comentó el asesinato de Jaramillo.

Por ahora, y para el argumento que sigue, basta recordar que el obispo Jaramillo fue formado como sacerdote en el seminario de Yarumal, Antioquia, fundado por monseñor Builes y que, como lo documenta un historiador que escribió recientemente en esta revista, para entrar en ese establecimiento había que abjurar del liberalismo.

Dos interpretaciones del caso Ramírez

Considero que el caso del padre Ramírez representa una oportunidad para hablar de “las afirmaciones doctrinarias” mencionadas por Pécaut y de la responsabilidad que sus autores tuvieron en el horror de la violencia sufrida entonces por liberales y conservadores.

Sobre el padre Ramírez remito a la discusión consignada en el portal Redes Cristianas, donde se presenta, por una parte, un escrito de Héctor Alonso Torres Rojas, licenciado en teología y sociología, y, por otra, la respuesta del sacerdote jesuita Pedro Valenzuela, Ph.D. en ciencia política, profesor de la Universidad Javeriana y sobrino nieto del sacrificado sacerdote.

El lector puede consultar este largo intercambio de argumentos, donde se dan detalles, referencias a otros estudios sobre el tema, a noticias y comentarios de prensa y a las fuentes de las “afirmaciones doctrinarias” de la jerarquía católica colombiana.

Estas fuentes se remontan a la encíclica de Pío IX Quanta Cura (1884), que es la justificación doctrinaria de los errores condenados en el Syllabus (libro de errores), entre ellos el liberalismo. En este texto se condena al liberalismo como ideología política (de origen francés), y no como sistema económico, pues éste es practicado por las élites conservadoras y liberales de Colombia por igual, como muestran los estudios sobre la violencia partidista.

Sobre el padre Ramírez escribe Torres Rojas: “Fue un crimen político, repudiable, sí. Y condenable. Pero fue asesinado por perseguir las ideas y a los militantes liberales. Por predicar e imponer el “credo” conservador, en un municipio campesino de católicos liberales. Los sectores tradicionales, eclesiásticos y políticos le han metido un enorme gol al Vaticano, y ante todo al papa Francisco, que viene a colaborar en la reconciliación. Francisco-papa no merece semejante golazo. Cabe una pregunta: ¿existirá algún tipo de relación entre los funcionarios del Vaticano que están en contra del papa y los sectores eclesiásticos muy tradicionales del país, para hacer quedar mal a Francisco-papa? Las críticas le van a llover al papa, aunque no se mencione su nombre. Ya le están lloviendo, como lo muestra este artículo”

El profesor y jesuita Valenzuela comienza por reconocer que el padre Ramírez era su tío abuelo y que, como pertenecía a una familia conservadora, también fue víctima del odio partidista de esos años. Enseguida Valenzuela acepta que “lo único claro es que el padre Pedro María, además de ser muy piadoso, ‘tenía inclinaciones por el Partido Conservador’”, pero argumenta que de allí no se puede deducir que “fue asesinado por perseguir las ideas y a los militantes liberales”, como escribe Torres Rojas.

Muy importante es la pregunta con que el padre Valenzuela cierra su carta. Hace ver que, como en el caso de muchas otras familias liberales y conservadoras, el padre Ramírez fue una víctima más del horror que entonces vivieron los colombianos: “ ¿Podría ser que el padre Pedro María fue asesinado como resultado de ese ambiente de odio de la época, en el que el clero en su totalidad se convirtió en blanco? No lo puedo asegurar, pero no me sorprendería, dado el contexto histórico: una época en que tantos murieron por causa de lo que, en el lenguaje de la Investigación para la Paz, se conoce como “desindividualización” (atribuirle a una persona las supuestas características del grupo al que pertenece)”.

Una doctrina que tomó partido

Intención de beatificación al Obispo Miguel Ángel Builes
Obispo Miguel Ángel Builes en lista de beatificación desde hace años.
Foto: Wikimedia Commons

La investigación histórica y la memoria de los colombianos dejan en claro la importancia que tuvieron las “afirmaciones doctrinarias” de ciertos representantes (no todos, es verdad) de la jerarquía católica, uno de cuyos mayores exponentes fue monseñor Builes. En este caso, sí está individualizada la responsabilidad, y sin embargo este individuo también ha sido postulado a la beatificación.

La historia nos dice que este contexto de discriminación, debida a la afiliación partidista y que fue resultado de la aplicación en Colombia de las “afirmaciones doctrinarias”, también tiene responsables que se pueden individualizar, comenzando por el papa Pío IX, beatificado por Juan Pablo II en el 2000. Para Colombia el historiador Marco Palacios habla del “antiliberalismo incendiario” de monseñor Builes y de otros dos obispos, Rafael Afanador y Manuel González Arbeláez, “a pesar de las reprimendas ocasionales venidas de arriba”.

El historiador Marco Palacios habla del “antiliberalismo incendiario” de monseñor Builes Muchos sacerdotes, aplicaron la doctrina de Builes en sus púlpitos y prácticas rituales.

Muchos sacerdotes, como lo recuerda Torres Rojas, aplicaron la doctrina de Builes en sus púlpitos y prácticas rituales. La memoria de los colombianos, tan importante para procesos de reconciliación, no ha olvidado -aunque sí puede perdonar- esas prácticas del clero.

¿Debo testimoniar que, como niño de seis o diez años en un pequeño pueblo del Cauca, presencié algunas de estas prácticas y oí sermones de este estilo? No entendía mucho de qué se trataba pero sí noté el doloroso efecto en los liberales afectados, que todavía suspiran al recordar esos horrores.

Algunas de estas prácticas clericales pudieron quedar a medio camino de la negación explícita de los sacramentos impuesta por la doctrina de Builes. Dado el peso simbólico tan importante de los rituales religiosos, los efectos de este “a medias” podían ser peores, porque son algo así como bendiciones al revés.

Un estudio antropológico que exploró la memoria de los habitantes de Armero, años después de la tragedia de 1985 y décadas después de la muerte del padre Ramírez, trae el siguiente testimonio sobre el próximo beato: “informaron en Guayabal que en las misas celebradas por Ramírez, en el momento de dar la comunión, a varios fieles les entregaba la hostia con la mano volteada, enrevesada”. Verdad factual o no, el efecto de esta inversión simbólica en la memoria colectiva sigue vigente.

Implicaciones de esta beatificación

Quiero pensar que el Papa Francisco, con la ayuda de personajes conocedores de la historia de violencia sufrida por los colombianos, podrá de veras dar un primer paso decidido hacia nuestra reconciliación. Este paso requiere máximo cuidado con las heridas aún vivas de la memoria colectiva y un ejercicio de justicia con las responsabilidades individualizadas en la toma de partido por algunos representantes de la jerarquía eclesiástica que contribuyeron a crear el “contexto histórico” de que habla el padre Valenzuela.

 

* Ph.D. en  antropología, profesor titular jubilado de la Universidad del Valle, Cali.

 

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