Al instante

La verdadera historia del compositor cundinamarquez José Alejandro Morales

Por Jaime Rico Salazar

José Alejandro Morales y su obra musical. Imagen pasearporcolombia.com

Ya se inventaron una historia “chimba” en Bucaramanga para demostrar que José A. Morales  sí nació en El Socorro. Dizque era hijo de un abogado importante llamado Espíritu Santo Morales (ya lo van a involucrar con el Padre y con el Hijo) que  lo tuvo con su empleada del  servicio doméstico,  pero que no lo pudieron bautizar porque el tal abogado ya estaba casado. Ya deben tener la novela organizada, con un canal de televisión, como hicieron en Uruguay para demostrar que Carlos Gardel sí había nacido en Tacuarembó. Y por supuesto, como  carecen de un documento probatorio como es la partida de bautismo, todo se vuelve un cuento chino…pero como todas estas historias falsas calan entre la gente ignorante, dentro de 20 o 30  años estarán asegurando que sí fue verdad… Ya lo vimos con la historia de Gardel…Y con la historia de que José Barros compuso el bolero “En la orilla del mar“…Cuenta una mentira muchas veces y verás cómo se vuelve verdad…

José A Morales.
Foto archivo Jaime Rico S.

José A. Morales es sin lugar a dudas una de las grandes figuras que ha tenido la canción colombiana.  La belleza de sus canciones, letras y música, han trascendido con el pasar de los años, llegando a convertirse en verdaderos himnos populares como  “Pueblito viejo”, “Pescador, lucero y río”, “María Antonia”, “Campesina santandereana” y muchas más.

José A. escribía: “Socorro, ciudad a la que tanto amo y tanto le debo, ciudad que nutrió mi inspiración musical y me dio todo lo que actualmente soy. La que me enseñó a ser recto, grato y señor…”  Pero definitivamente NO nació allí. En su libreta militar que era entonces un pequeño cuaderno de papel, tachó el sitio de su nacimiento y escribió encima con su propia letra: El Socorro. Pensé que su cédula de ciudadanía me llevaría a la verdad, ya que por ser laminada no podía escribir encima de ella. Pero no fue así. La misma fue expedida el 9 de diciembre de 1961, de acuerdo con la tarjeta decadactilográfica de la Registraduría Nacional del Estado Civil y en ella por supuesto aparece como nacido en El Socorro.

Pero también hay algo anormal en esta ficha y es que dice Hijo de: Marco Tulio HERNANDEZ y tachado con lápiz este apellido le escribieron al lado el Morales. Aparentemente parece ser un error del mecanógrafo porque arriba sí están los apellidos correctos: Morales López. Figura como la madre: Dolores López. El mismo certificado deja constancia del número del documento anterior que tenía para identificarse antes de 1961: la cédula Nº 2.280.741. Pensando que ese documento me daría el dato que buscaba, lo ubiqué también con la Registraduría y me encontré una gran sorpresa, pero no la que buscaba. Ese número corresponde a una cédula vigente de un ciudadano de Ataco (Tolima). Y es el mismo número que aparece registrado en la partida de defunción de José Alejandro que está en Sayco. Definitivamente hay algo que no está bien en todo esto. Compruébelo usted mismo. Busque en Internet la Registraduria Nacional y coloque ese número de cédula y compruébelo.

Supe además que los derechos de autor de sus canciones fueron pagados por Sayco inicialmente a un hermano de José A. que vivía en Guaduas. Localicé (en Miami) al compositor Raúl Rosero, Director entonces de Sayco que fue la persona encargada de pagarle  esas regalías, y me informó que antes de hacerle el pago al hermano de José, lo fue a visitar a Guaduas para constatar los nexos familiares. Este señor  le manifestó a Rosero que allí había nacido, era la casa de sus padres  y que también allí había nacido José A. El compositor Carlos A. Rozo Manrique me aseguró que él conocía la partida de bautismo de José A. y que en ella  constaba que había nacido en Tocaima (Cund.). Viajé a esa población y efectivamente pude hallarla.  La misma  dice así: “Arquidiócesis de Girardot – Parroquia de San Jacinto de Tocaima, Cundinamarca. Partida de bautismo. Libro 26. Folio 102. José Alejandro López. En Tocaima a catorce de septiembre de 1910, bauticé solemnemente a un niño a quien nombré José Alejandro, hijo de Dolores López que nació el nueve de febrero. Abuelos maternos: Jesús López. Padrinos: Juan N. Galindo a quién advertí lo necesario. Doy fe. Obdulio A. Chala. Presbítero.”

La verdad escrita. En ella se da fe del lugar de nacimiento del maestro, hijo de padre desconocido.
Archivo Jaime Rico Salazar

Según el documento José A. nació el 9 de febrero de 1910 (la fecha que se conoce de su nacimiento es el 19 de agosto de 1914) pero el mismo certificado no da constancia alguna acerca del lugar de su nacimiento, ni el nombre de su padre. Por supuesto era hijo natural, lo cual era muy común en estratos bajos.   O sea que no necesariamente José A.  pudo haber nacido en esa población, más, si su bautizo fue realizado cuando tenía siete meses de nacido. Con lo cual no quedaría descartado que hubiera sido en Guaduas.

Según el testimonio de su hermano. Se sabe que los padres de José A. fueron Marco Tulio Morales y Dolores López y que no formalizaron su vínculo matrimonial en ceremonia religiosa, razón por la cual, se decía que los hijos nacidos en una unión libre eran “naturales” y eran discriminados por las sociedades de esas épocas y no hace mucho tiempo. Ese fue el estigma que llevó en su vida José A. Morales. Y además su cuna humilde. Nos lo dice en su canción “Soberbia”: “Dizque no me quieres porque soy humilde porque nada valgo, porque nada tengo…”

Por supuesto que los datos que aparecen en la ficha decadactilográfica  fueron tomados de un documento de identificación anterior, posiblemente una tarjeta de identidad en donde hayan hecho figurar los dos apellidos, porque la partida de bautismo no registra el apellido de su padre. Hay que tener en cuenta que el Registro Civil comenzó a funcionar en el año 1938. Entonces José A. tenía 28 años y debía tener una cédula de ciudadanía de papel, que se doblaba en varias partes como una libreta. Este es el documento que José A le dio a Jaime Llano González para que guardara y nunca revelara el secreto.

Es posible que en este documento figure su primer apellido y posiblemente el verdadero sitio de   nacimiento. Y el secreto quedó bien guardado, porque Jaime perdió la memoria al padecer el mal de Alzheimer y ya falleció.

Los años de su infancia se pierden entre las brumas del tiempo y sin que sus padres hubieran vivido en El Socorro, apareció en ésta población por el año 1921 (tenía 11 años) acompañado por un sastre que  era músico, conocido como el “negro” Barragán. Entonces José A. cantaba y el “negro” lo acompañaba con el tiple. Pero esa vida no le duró mucho tiempo porque Barragán fue asesinado en una riña cantinera y el pequeño José A. tuvo que seguir su vida solitario. ¿Por qué no regresó a donde vivía su madre?  Que hubiera sido lo más lógico… ¿Qué lo distanció de su hogar? Posiblemente la pobreza en que vivía.

 

En la población de Vélez lo encontró cantando Enrique Galvis Galvis y lo convenció de que se fueran para El Socorro. Pero no deja uno de pensar cómo podría mantenerse un niño de 11 años completamente solo. Con alguien tendría que vivir entonces. Se sabe que  estuvo aprendiendo el oficio de sastre y que también fue empleado en un Juzgado Civil de El Socorro. De sus años escolares no se conoce absolutamente nada, pero sí los tuvo porque el estilo literario de los versos de sus canciones y los rasgos  de su letra, denotan una cultura y una educación adquirida. En una de sus canciones evocó el recuerdo de su escuela y de su maestra doña Inés.

 

Sus condiciones artísticas musicales lo dieron a conocer entonces en el medio social y cultural de El Socorro. Con su voz y con su tiple formó parte de varios grupos que alegraron el ambiente musical de la región entre ellos el Cuarteto Luis A. Calvo que formó con Miguel Durán López, Julio E. Pinzón  y León Urrea que llegó a tener renombre en la provincia. El mismo cuarteto revivió años después en Bogotá con el nombre de Emilio Murillo. En 1933 se encontró en El Socorro con Pacho Benavides y formó con él uno de los más originales binomios vernáculos: dos tiples interpretando melodías de sabor regional que le dieron categoría al bambuco y al instrumento.

 

Como bien lo dice en su canción “Pueblito viejo”, en El Socorro aprendió a querer por  primera vez y de uno de sus primeros amores intensos y apasionados de la juventud con Aurora Gutiérrez nació su única hija: Josefina.*

 

En 1935 tenía 25 años cuando decidió buscar nuevos horizontes personales, económicos y artísticos y aprovechando la circunstancia de que el Ministro de Guerra de entonces, era el socorrano Marco A. Aulí, le consiguió un puesto en la Maestranza del Ejército (Escuela de Caballería de Usaquén).  

 

El 7 de  septiembre de ese año emprendió el viaje a  Bogotá. Poco a poco se fue involucrando en la vida musical de la capital. Se volvió a encontrar con Pacho Benavides y formaron nuevamente un dueto de tiples.

Eran los años en que se vivía una pasión intensa por el tango y por las canciones que sembró Carlos Gardel que tuvieron mucho auge en esos días a raíz del accidente absurdo en el que perdió la vida. Y en este ritmo José A. compuso su primera canción: “Marta” hacia el año 1936 que estuvo en el repertorio de un cantante argentino, el “Che” Reyes, pero que yo sepa, nunca fue grabada. Por el año 1939 compuso el primer bambuco que tituló “Socorranita”

En 1943, ya José A. Morales se destacaba en el medio artístico bogotano como cantante e intérprete del tiple y fue designado con Pacho Benavides para integrar una comitiva cultural que representó a Colombia en Caracas, en compañía de los bailarines Jacinto Jaramillo y Cecilia López, el tenor Luis Macía y la pianista Gloria Bolívar. En 1948 se presentó en Medellín con Pacho Benavides en programas de radio causando gran impacto en la capital antioqueña, a pesar del poco tiempo que estuvieron allí.

 

En la década de los 40, el bolero se impuso completamente  en Latinoamérica, y compuso  en este ritmo: “Numa” y “Súplica”  en 1945 y “¿Quién te hizo llorar? en 1946. En alguna entrevista que le hicieran a José A. manifestó que sus primeras canciones fueron boleros, porque las canciones de Agustín Lara, Rafael Hernández y Ernesto Lecuona le habían dado el gusto por la canción romántica,  pero que se había dado cuenta de que tenía mucha competencia en ese medio  y  había decidido cambiar su estilo rítmico hacia la música colombiana. La primera canción que impactó popularmente fue el bambuco “María Antonia” que compuso  el 7 de febrero de 1949. Contaba José A. que se la había inspirado una bella mujer de unos 18 años,  que atendía una fonda campesina entre Capitanejo y Málaga a orillas del río La Palma adonde había entrado a calmar su sed con una limonada.  Su nombre era María Antonia González. Que lo de los besos de los que habla la canción era adorno poético, pero que sí era cierto que era la ventera más linda que había conocido…

Posiblemente fue él mismo el que la estrenó con su tiple  en alguna reunión de amigos, pero la primera vez que se cantó en la radio lo hizo Víctor “chato” Romero en un programa de la Compañía Colombiana de Tabaco. Este detalle se recuerda, porque José A. mal asesorado por abogados que quisieron sacar partido de la situación, le entabló una demanda a la citada empresa, por haber cantado la canción sin la autoriación del autor, buscando alguna retribución económica importante. Antecedente, por supuesto, que le hizo difícil el camino de la popularidad a sus obras posteriores.

 

En 1950 estaba consiguiendo popularidad el trío Los Provincianos y después de haber grabado sus primeras canciones en Barranquilla en el sello Atlantic vinieron a Bogotá. Don Celestino Cifuentes propietario de una estación de radio en Girardot había fundado en ésta ciudad una pequeña empresa disquera y llevó a Los Provincianos a grabar. Entre los temas que registraron estuvieron el bolero “Mala mujer” y el bambuco “Campesina santandereana”. Fueron las primeras canciones que se grabaron de José A. Morales. A pesar de que los versos del bambuco  tienen un bello y claro sentido erótico, la canción no tuvo reparos para popularizarce. Hay que tener en cuenta los conceptos moralistas de las generaciones de esa época. Muchas canciones por decir mucho menos eran censuradas y hasta prohibidas…

 

La década de los años 50 fue muy importante para José A. Morales. En 1953 acompañó en el tiple a Pacho Benavides en las primeras grabaciones que éste realizó para Sonolux del L.P. Canta un tiple. También en este año Calibán en su columna La Danza de las Horas de El Tiempo se preguntaba porqué no se había grabado “María Antonia”. Y Sonolux buscó el acercamiento con  el compositor.  La misma casa disquera lo puso en contacto con Garzón y Collazos, que venían de grabar en el sello Vergara y registraron con su complacencia sus primeras canciones, el bambuco “María Antonia” que fue acoplado a “Arrunchaditos” de Rafael Godoy  compositor tolimense desconocido hasta entonces… Y luego grabaron “Campesina santandereana” y los pasillos “Soberbia” y “Mi perdición” (compuesto en 1954). Para entonces muy familiarizado con el ambiente de Medellín, se enamoró de una hermosa mujer de distinguida familia que fue uno de sus amores imposibles. A ella le compuso “Soberbia” y posiblemente “Mi perdición”…

En estos años, José A. Morales vinculado definitivamente al periodismo gerenciaba la revista  Santanderes. También fue director de la revista Oriente.

Y surgió el vals “Pueblito viejo” dedicado a su amada población de El Socorro. Enorme popularidad consiguieron Garzón y Collazos y el compositor con esta hermosa canción, que se convirtió inmediatamente en un himno para todos los pueblitos viejos de nuestra patria. “Pueblito viejo” partió en dos la vida de José A. Morales. Para él fueron inmensas las satisfacciones que esta canción le dejó. Y alguna vez manifestaba: “Cada vez que oigo “Pueblito viejo” en labios de los niños me siento profundamente emocionado y al mismo tiempo recompensado como compositor…” En la página de su cancionero personal alcanzó a registrar 37 versiones grabadas, por supuesto que ahora hay muchas más.

En 1954 se enamoró profundamente de otra causa perdida, de Esperanza Gallón, la candidata al reinado de belleza por Santander del Sur que fue coronada como Reina Nacional en el evento. Una de las mujeres más bellas que ha tenido el certamen a través de toda su historia. En su álbum de recuerdos familiar hay una gran cantidad de fotografías en compañía de ella. Dicen que lo apreció mucho como amigo, pero nunca aceptó sus requerimientos amorosos. Y que fue otro de los tantos amores imposibles de los que hablan sus canciones. A Esperanza le compuso un pasodoble que tiene letra de Flavio de Castro. Y tiempo después cuando ella contrajo matrimonio le compuso el pasillo “Se casa la Reina”..

De 1954 son también los bambucos “Matica de caña dulce” y “Jueguito de amor”…De 1955 es el bambuco “Señora Bucaramanga” que fue estrenado el 12 de mayo. En 1956 compuso el vals “Amistad”. Hay muchas canciones suyas que consiguieron gran popularidad en esos años, pero en las páginas de su cancionero personal no anotó la fecha de su composición como son los pasillos: “Aunque lo niegues”, “Doña Rosario”, “Mi carta”, “Me volví viejo”, “Tu cruel olvido”, “Perdóname Señor”, “Recuerdos viejos”, “Tendrás que llorar” y  “Viejo tiplecito”;  los bambucos “Dende que murió mi negra”, “El delantal de la china”, “Merceditas Baquero”, “Parcelita blanca”, “Quebradita cantarina”, “Recordar es sufrir”,“Tiplecito bambuquero”,  “Un tiple y un corazón”…

Una de las fotografías de José A Morales en el homenaje a los cien años de su nacimiento.
Foto Memoria Histórica de la Música Colombiana

En la década de los años 60 tuvo una gran producción musical: el 6 de junio de 1960 compuso el bambuco “Ojitos color de almendra”;  el 28 de febrero de 1961 hizo el bambuco “Prefiero no verte”, también son de este año los bambucos  “Perdón y olvido”, “Que mal que te manejaste” y “Qué fácil fue olvidarte” compuesto el 9 de octubre; de junio de 1962 es el bambuco fiestero “Ayer me echaron del pueblo”, con el que consiguió el primer puesto en el Festival de la Canción Colombiana de Villavicencio ese mismo año interpretado por Lucho García.

De 1964 es el vals “Tu sombra”; en diciembre de 1965 compuso el bambuco “El cántaro”; de 1966 es el pasillo “Sin ponerte cruz”; en septiembre de 1967 compuso el pasillo “Camino viejo”; de 1969 son los bambucos “El corazón de la caña”, “Los árboles” y “Ya se acabaron los machos”. Por supuesto que también figuran en esta década muchas canciones  que no fueron conocidas, algunas todavía están inéditas y no han sido grabadas porque sólo José A. conocía su línea melódica.De 1970 son los pasillos “Pescador, lucero y río”, “Un rinconcito amable” y “Me volví viejo” compuesto el 30 de octubre; el bambuco  “Anoche estuve pensando” lo compuso el 17 de junio de 1971; del 20 de octubre de 1971 es el bambuco “Yo también tuve 20 años”; en marzo de 1972 compuso la canción balada “El cartujo” y en abril 14 del mismo año hizo el vals “Cenizas al viento”; de julio de 1973 es el bambuco “Viejo querido”; de mayo de 1977 es el bambuco “Mi señora Popayán”.

La última canción que registró José A. en su cancionero personal fue  el bolero balada “En una noche de abril” compuesto el 14 de mayo de 1977. Todas sus canciones fueron la expresión de un sentimiento popular  que está muy cerca de las lágrimas y del recuerdo. Por esa razón calaron tan hondo en el corazón de los colombianos. A las canciones hay que sumar las piezas instrumentales que compuso que son obras musicales de extraordinaria belleza. Los pasillos: “Camino de pozo azul”, “El chueco Duarte”, “Granito de oro”, “Jaime Llano González”, “Licha”, “Matuchas”, “Titiribí” y “Bocas lindas”, las danzas “Luz Alba” y “Marielena”, el vals “Invasión de amor” y el bambuco “Tese quieto, deje planchar” …Las obras que figuran en su cancionero suman  un total de 237.

Fueron años de inmensas satisfacciones artísticas y personales, más no amorosas. Querido, respetado y admirado por todo Colombia fue homenajeado en diferentes ciudades con menciones honoríficas, medallas, trofeos y condecoraciones que fueron llenando su satisfacción personal, su vida diaria hasta 1978 cuando el gobierno nacional le otorgó La Cruz de Boyacá al Dr. Jorge Villamil y a él lo ignoraron. Y no era envidia, era la enorme frustración que ésta decisión oficial le causaba al no querer reconocer su meritoria labor, la misma del Dr. Villamil.

El país entero comprendió este agravio y empezaron a hacerle homenajes en todos los rincones de Colombia, los que atendía agradecido. A mediados del mes de septiembre de 1978 comenzó a padecer una fiebre muy alta y mucha tos, y pensando que era un estado gripal no se dejaba atender de un médico. Pero como empeoró su situación, tuvieron que hospitalizarlo de urgencia en la Clínica del Country en Bogotá. Desafortunadamente  su salud se agravó  y  ya muy cerca de la partida definitiva le manifestó a Jaime Llano González: ¡Me mataron los homenajes! En realidad fue una neumonía que los médicos y los antibióticos no pudieron controlar porque cuando fue hospitalizado ya estaba muy avanzada.

Ficha decadactilográfica de José Alejandro Morales.
Archivo de Jaime Rico Salazar

Falleció el día 22.  Recientemente había regresado de un viaje que había hecho a la ciudad de México.  Sus funerales fueron imponentes. Miles de personas lo acompañaron en la ceremonia religiosa que le hicieron en Bogotá, en la iglesia de Lourdes, que entre otras cosas fue televisada. Como él lo había solicitado, sus restos mortales fueron llevados a El Socorro en donde reposan en un gran panteón y adonde todavía le llevan flores quienes mucho lo recuerdan.

Los mejores intérpretes  de José A. Morales fueron además de Garzón y Collazos, los hermanos Jaime y Mario Martínez, Víctor Hugo Ayala y Jaime Llano González que estuvo muy cerca de él casi toda la vida como amigo y como compositor. Y por supuesto todos los artistas colombianos que han tenido en sus repertorios muchas de sus sentidas canciones.

Condecoraciones y distinciones otorgadas en vida a  José A. Morales…

Fueron muchas las distinciones que en vida se le hicieron, homenajes, condecoraciones, placas, pergaminos, decretos honoríficos. Anotamos acá  las más significativas:  Orden del Arriero en Grado de Caballero otorgada el 11 de junio de 1961. – Caballero de la Guabina. Vélez 1962. – Orden de la Guabina y el Tiple en agosto de 1965. – Lelio Olarte. Puente Nacional. Junio de 1973. –  Sayco. Pedro Morales Pino. Julio 6 de 1976.  – Orden José Acevedo y Gómez. Charalá, diciembre de 1976.  – Orden de Bucaramanga, Gran Cruz, otorgada el 26 de mayo de 1978.   – Ciudadano Meritorio. – Gobernación de Santander.   – Orden de Pacandé.  Socorrano Meritorio, Casa de la Cultura de El Socorro. – Mérito Artístico. Gobernación de Santander. Octubre 27 de 1971.  – El Mérito Artístico. Gobernación del Tolima. Julio 31 de 1974.

Y el Gobierno Nacional le quedó debiendo La Cruz de Boyacá en su  más alto grado…
Fotografía, investigación, datos biográficos de la obra “La Canción Colombiana y su Historia” (Segunda edición) y el “Diccionario de la Canción Popular de Colombia” de Jaime Rico Salazar.

 

Acerca de Revista Corrientes (1991 artículos)
Revista Corrientes es un propósito periodístico respetando los puntos de vista y la libertad de opinión de quienes aporten sus colaboraciones, análisis,artículos y columnas para su publicación. También se publican todos los comentarios respetuosos por desacuerdos con los contenidos de las colaboraciones publicadas.
Contacto: Sitio web
Ir a la barra de herramientas