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La vendetta cotidiana

Fernando Londoño Hoyos, "tras de ladrón bufón". Imagen colectivodeabogados.org

El exministro, Fernando Londoño Hoyos, se despacha en una columna que le acoge Las 2 Orillas,  recordando sonados casos de corrupción para insinuar que el escándalo armado en torno a la corrupción desvelada en los altos magistrados de la Corte Suprema de Justicia, ocurre en el mismo país que ha dejado pasar, aparentemente impávido, otros escándalos de corrupción tan o más graves que el escándalo del momento en la justicia a su máximo nivel.

 

(Vea al final del editorial el enlace a la columna aludida)

 

Leyendo la columna mencionada, nuestro internauta en la RED-GES de El Satélite, Benjamín Herrera, pone a circular su opinión diciendo:

 

Es el mismo país en donde, quien escribe el artículo, se robó más de 9.000 millones de pesos de Invercolsa, una empresa de ECOPETROL que se dedicaba a inversiones Petroleras.  La justicia lo inhabilitó para ejercer cargos públicos y a devolver el dinero,  y que se sepa, no los ha devuelto… ¿Y qué decir del caso RECCHI?

 

Nota de RED-GES

 

Este caso se refiere al consorcio italiano, Recchi Grandi Lavori Fincosit, multinacional que había construido la última fase de la vía Bogotá – Villavicencio y que, a través del abogado Londoño Hoyos demandó a la nación en 1997. Ya siendo ministro del Interior, Londoño Hoyos se ofreció como gestor del pago de esa demanda y la Procuraduría lo volvió a sancionar por incurrir en conflicto de interés y abuso de autoridad.

 

Otra reacción

 

El correo inicial del internauta Herrera iba dirigido a otro de nuestros internautas, el distinguido Antonio Guihur, quien le responde al respecto:

 

De acuerdo. Todos esos malditos políticos, tanto de uno como del otro bando son corruptos, ladrones y sinvergüenzas.

 

Conclusión

Sin entrar en defensa de Londoño Hoyos –¡lejos de mí!—uno, lo que debe admitir, es que nadie en Colombia pierde su libertad de expresión, así sea un delincuente. Que un delincuente acuse a otro delincuente es lo que llamamos en la jurisprudencia “el principio de oportunidad y de colaboración con la justicia”. Es decir, el testimonio de un procesado contra otro procesado tiene valor jurídico.

 

Recordamos el caso porque en uno de los frecuentes artículos del eminente magistrado, Jaime Araujo Rentería, a través de la RED-GES, cita a Lenin diciendo:

 

(…)

 

Cuando los bandidos o corruptos pelean entre ellos, los honestos salen ganando, pues, a la vez que mienten, al mismo tiempo dicen la verdad: mienten en lo que dicen de ellos, y dicen la verdad en lo que acusan a sus contrarios.

 

Pues, dicho por Lenin o no, el cuasiaxioma se viene dando en el destape de la corrupción en Colombia y, especialmente, en las acusaciones de los partidarios del gobierno de Uribe contra los partidarios del gobierno de Santos en donde, como sigue diciendo el exmagistrado Araujo Rentería:

 

El “rey de la corrupción” (Uribe), miente cuando dice que él es honrado e íntegro; pero dice la verdad cuando afirma que “el rey de la mermelada” (Santos) es corrupto y deshonesto; a su vez, “el rey de la mermelada” miente cuando dice que él es honesto y leal; y dice la verdad cuando manifiesta que “el rey de la corrupción”, es corrupto y depravado.

 

En algún editorial de El Satélite dijimos que lo mejor que le está pasando al país es que su clase dirigente haya decidido lavar la ropa sucia en la calle porque así nos estamos dando cuenta de la podredumbre que la misma cobija tapaba a los distintos gobiernos que han asaltado al Estado por tanto tiempo.

 

Mírese que la misma dinámica que parece haber tomado la Fiscalía General, se dice que no es más que el afán de tapar escándalos más altos en los que podría estar incurso el mismo fiscal, Martínez Neira, y hasta el presidente Santos: “Cuando el río suena, piedras lleva”, dice el adagio.

 

Fin de folio.- Solamente en los últimos 15 años (ocho de Uribe y 7 de Santos) ya tenemos los ojos exorbitados de los escándalos de corrupción. ¿Qué tal que los bandidos se siguieran destapando de ahí para atrás?

VER

¿Por qué el escándalo?

 

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