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La piña en la pizza

Por Carlos Alberto Ospina M.

Imagen ytimg.com

 

Un tema trivial e irrelevante se convirtió en tendencia a causa de la respuesta del presidente de Islandia, Guðni Th. Jóhannesson, a un grupo de estudiantes: “Los presidentes no deben tener poderes ilimitados…No tengo la capacidad para sacar una ley que prohíba que se coloque trozos de piña sobre la pizza, pero tampoco quiero un país así.

La gente deber ser libre de elegir lo que quiere colocar a su pizza, así yo lo prefiera de mariscos”. Los adolescentes le dieron un giro a esa contestación, y en lugar de piña, el mandatario dio papaya a las críticas despiadadas a través de las redes sociales. Después de la tormenta, los jóvenes comprendieron el profundo sentido democrático que encierra la comparación del gobernante en relación con el respeto a la libertad de elección, los límites legales y la diferencia de opinión. Con tan sólo 12 meses en el poder, Guðni Th. Jóhannesson de 49 años de edad, es el sexto presidente en la historia del país europeo. Este historiador administra una nación del tamaño de Islas Caimán o equivalente al 8% de la superficie de Colombia.

La ridiculez de las redes sociales raya con la escasa comprensión de lectura y la interpretación fuera de contexto. Una andanada de improperios le llovió a Jóhannesson por declarar su aparente aversión a la piña como ingrediente de la pizza, cuando el objetivo del mandatario islandés fue ratificar su oposición a un Estado intransigente. En ningún momento se trató un sofisma de distracción o una cortina de humo, tal como acontece de forma reiterada en Colombia y la región, cada cierto tiempo, por parte de corruptos e incompetentes mandatarios. Islandia no es el paraíso prometido, pero se asemeja bastante a un territorio ideal para vivir. 338.500 personas ocupan una superficie de 103 mil kilómetros cuadrados; es decir, que la densidad poblacional es muy baja, sólo 3 habitantes por Km2. El año anterior el Índice de Precios al Consumidor, IPC, fue del 1,9%. Así mismo, es uno de los países del mundo con menos desempleados.

De acuerdo con el Índice de Desarrollo Humano, IDH, que elabora las Naciones Unidas, Islandia, ocupa el puesto número 8 en el ranking de 196 países con mejor ingreso per cápita, 53.900 euros, uno de los más altos del orbe. Esta cifra equivale anualmente a 191 millones 350 mil pesos, casi 16 millones de pesos mensuales; o sea, 21.5 veces el salario mínimo de 2017 en Colombia. El PIB per cápita en nuestro país corresponde a Un (1) mes del promedio de la República de Islandia. Otra diferencia radica en que el IPC es 3 veces más bajo en el país europeo.

Acá, maduramos los aguacates envolviéndolos en papel periódico. El Índice de Percepción de la Corrupción del sector público en Islandia es del 22%, mientras en la nación macondiana supera el 70%. Es a saber, Colombia, uno de los países más corruptos del mundo. Guðni Th. Jóhannesson, dona el 10% de su salario antes de impuestos a distintas organizaciones benéficas. Sí bien fue más generoso el ex presidente de Uruguay, José Mujica, el islandés tuvo el carácter de rechazar un incremento del 20% del salario, US5.300, cosa rara para el Congreso de Colombia que pasa orondo con sus US10.000, 30 millones de pesos mensuales. En situaciones de crisis humanitaria, “los padres de la patria”, ofrecen el 73% de Un (1) día de su sueldo, léase bien, Un (1) salario mínimo para los damnificados de Mocoa, Putumayo. La senadora del Centro Democrático, Paola Holguín, presentará un Proyecto de Acto Legislativo con el cual pretende que la remuneración de los congresistas se incremente de acuerdo con el salario mínimo legal vigente. Según ella, eso equivale “a la congelación de los sueldos por el período de 4 años”, dijo a Caracol Radio Medellín. Es evidente que se rajó en el nivel elemental de matemáticas, a la vez que ilustra el contenido efectista de la propuesta, en víspera del año electoral, la cual no representa ningún recorte del generoso estipendio de los congresistas.

En todas partes se cuecen habas. El Parlamento de Islandia todavía no revierte la orden de pago solicitada por el presidente, Guðni Th. Jóhannesson, en una clara demostración de no tener interés en aprobar un Acto Legislativo que, también, reduzca los salarios de los diputados y los ministros de gobierno. Guðni, no puede devolver el dinero a la Tesorería sin previa aprobación de la Ley que lo faculte a hacerlo. Sin embargo, cada mes paga los impuestos sobre su salario bruto de 25.700 Euros y dona el 10% a diferentes fundaciones. ¡Quiero ver un político criollo haciendo lo mismo! Sin que esto personifique la compra de consciencias o votos.

El Presidente de Islandia goza de un índice de aprobación del 97%, justificado en su estilo informal y su posición de no escurrir el bulto a temas mediáticos intrascendentes como la polémica de la piña sobre la pizza, a lo cual reiteró: “no voy aprobar leyes que prohíben lo que no me gusta. No quisiera vivir en un país así”. Los Concejos municipales, las Asambleas departamentales y el Congreso de Colombia, en vez de trabajar en proyectos de bienestar social, andan en la loca carreta de buscar adeptos y otorgar medallas a reguetoneros y peluqueros. A lo mejor estos entes legislativos, muy pronto, lanzarán la Orden de la Piña Sam Panopoulos, en honor, no al griego inventor de la pizza hawaiana, sino de la mermelada política.

Hablando de conservas con fruta cocida y azúcar, Juan Manuel Santos, no ha podido endulzar a la opinión pública. El más reciente estudio constituye un caso contrario de gobernabilidad y reproche generalizado del mandato, con un 75% de desaprobación. Ese rechazo no se debe a la jerigonza del burro de Maduro ni al supuesto pacto con las Farc de ocultar, en Venezuela, las armas y el dinero producto del narcotráfico, sino a que Santos nunca ha sido un líder creíble ni honesto. ¡La apatía política, no significa tontería e ignorancia de la gente!

Enfoque crítico – pie de página. Hace más de un año, el escándalo por los llamados “Papeles de Panamá”, obligó a dimitir al Primer Ministro de Islandia, Sigmundur David Gunnlaugsson, quien tenía una sociedad con su esposa en las Islas Vírgenes Británicas. Allí consignó más de 4 millones de dólares en bonos, los cuales posteriormente vendió a su cónyuge por Un (1) dólar. En Colombia por dichos “Papeles de Panamá”, los sobrecostos en la construcción de Reficar y los sobornos de Obredecht; entre otros hechos condenables, aún no se toca un cabello a empresarios y banqueros de importancia, ni tampoco a figuras políticas de primer orden. Mientras tanto en otros países latinoamericanos, por ejemplo, Brasil y Perú, esos sinvergüenzas estarían en la cárcel y declaradas personas no gratas. Por el contrario, aquí le envían una pizza hawaiana a la residencia del torcido.

 

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