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La paz en Colombia, el valor del deber cumplido

Por Héctor Riveros, La Silla Vacía

Los acuerdos de paz en Colombia. Foto elnuevoherald.com

No ha sido fácil. Pasaron más de cuatro años para poder llegar a unas condiciones aceptables para las Farc para proceder a su desmovilización y desarme voluntarios. Esas condiciones tocó rehacerlas después del resultado del plebiscito y aun así un alto porcentaje de la ciudadanía rechaza el acuerdo. Con todo y eso, los miembros de la guerrilla amanecieron hoy concentrados en las zonas veredales y literalmente rodeados por la fuerza pública que les brindan seguridad.

Los medios de alcance nacional prácticamente ignoraron la noticia. La desmovilización de las Farc solo mereció unas notas secundarias, siempre menores que el despliegue que se le dio a las quejas por la falta de adecuación oportuna de las carpas donde se alojaran los ex guerrilleros.

A pesar del escepticismo, más de 5000 guerrilleros recorrieron cientos de kilómetros para concentrarse, allá lejos de los cascos urbanos de las grandes ciudades, recogieron los fusiles y llegaron el día que se había pactado.

Los líderes de la oposición rogaban que algo pasara, que algún frente completo se declarara en disidencia, que Timochenko dijera que como no estaban los cambuches listos ellos no se concentrarían. Imagino que los trinos estaban redactados para volver a emprenderla contra el proceso, pero se quedaron escritos. La guerrilla cumplió y el discurso de que se quedarían delinquiendo se volvió caduco.

Casi que clandestinamente, Colombia vivió una semana histórica, la de la desmovilización de las Farc. La noticia la esperamos durante casi cincuenta años. Finalmente ocurrió, pero no fue noticia.

Los medios y el propio gobierno enredados en las trampas de la oposición: que las observaciones del Fiscal a la jurisdicción de paz, que los atrasos en la adecuación de las zonas veredales, que los niños reclutados en una guerrilla que ya no existe, que, si en algunos municipios habían sacado a los niños de los colegios a despedir a los guerrilleros, que el Defensor del Pueblo “denuncia” que hay mujeres embarazadas. En fin. En medio de esos debates no quedó espacio para registrar que 240 municipios que soportaban la amenaza de las Farc se liberaron finalmente gracias a lo convenido en La Habana.

Han hecho todo para evitarlo: contrataron hackers para infiltrar ilegalmente las comunicaciones de los negociadores a ver si encontraban algo escandaloso que indignara tanto a la gente que les permitiera que su candidato ganara la elección presidencial para levantar la mesa de negociación; se dedicaron sistemáticamente a entorpecer el proceso; adelantaron una campaña engañosa para ayudar a que el NO ganara; interpusieron demandas ante las Cortes para impedir que el proceso continuara y han tratado de sabotear las decisiones del Congreso para implementar el acuerdo.

A pesar de ese esfuerzo que ha sido tan eficaz para tener apoyo en la opinión pública, en la que un sector muy importante sigue sin creer, a pesar de eso, las Farc se desmovilizaron y se preparan para entregar las armas, las mismas que los opositores del proceso dijeron que no entregarían.

Hay departamentos como el Cauca y el Caquetá a los que les cambia literalmente la vida. Estuvieron sometidos durante 50 años a los horrores de la guerra por el conflicto con las Farc que dejaron de existir. Las historias positivas derivadas del fin del conflicto siguen invisibilizadas. A los medios no parece importarles y el Presidente Santos pareciera creer que hay que esperar algunos años, cuando se cumpla el acuerdo para que lleguen. No, lo más importante del acuerdo que es la desmovilización de las Farc se cumplió esta semana y lo sustancial que era que los fusiles se dejaran de disparar ocurrió hace 20 meses.

Los que reclaman justificadamente por el reclutamiento de menores se niegan a aceptar que la mejor manera de evitar que eso ocurra es facilitando que se acabe la guerrilla, no persistiendo en la confrontación para que sigan matando a los menores y les sigan dando armas para que sigan matando.

Se ha perdido tanto la dimensión de la vida que se volvió un debate que hubiese unas decenas de ex guerrilleras embarazadas, que por qué ya no abortaban parecían reclamar los que criticaban el hecho.

El esfuerzo que han hecho las oficinas gubernamentales encargadas del cumplimiento del acuerdo ha sido descomunal. Alquilar decenas de buses, de tractores, de camionetas para trasladar a los guerrilleros, disponer de personal médico para recibir a los que llegan enfermos, tenerles comida, garantizarles la seguridad, hablar con los alcaldes y gobernadores `para que no se vuelvan un obstáculo como el de Antioquia, convenir el inicio de la erradicación de cultivos ilícitos, monitorear el desminado, hacer maromas jurídicas y garantizar las mayorías para aprobar las leyes que se requieren, contestarle al fiscal, leer las declaraciones del Presidente del Consejo de Estado.

Ya lo había hecho el grupo de personas que conformaron el equipo negociador, que sacrificaron cuatro años de sus vidas familiares para encontrar una fórmula que sirviera para que pasara lo que pasó esta semana: que las Farc se desmovilizaran. Pues ahora sí pueden tener la satisfacción del deber cumplido y la gratitud de los colombianos por habernos cambiado nuestra historia.

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