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La oleada de amenazas contra nuestros periodistas

Por Germán Rey* (razonpublica.com)

Pese al Acuerdo de Paz, el periodismo sigue siguiendo un oficio muy peligroso en Colombia. Cómo funciona y a qué se debe esta violencia, cuáles son sus aspectos novedosos, y qué se necesita para erradicarla.

Un oficio de alto riesgo

Cuando miramos hacia el pasado podemos vislumbrar parte del futuro, uno que en ocasiones resulta esperanzador y en otras ocasiones resulta tenebroso.

A finales del 2015, el Centro Nacional de Memoria Histórica publicó “La palabra y el silencio”, un informe sobre la violencia contra los periodistas de Colombia: entre 1977 y 2015 fueron asesinados 152 profesionales de la comunicación por razón de su oficio. Esta cifra es una de las más altas dentro de los registros mundiales durante ese periodo.

Pero entre 1986 y 2004, de acuerdo con las estadísticas del Committee to Protect Journalist (CPJ), Colombia ocupó los primeros lugares en la lista de crímenes contra periodistas junto a Afganistán, Yugoeslavia, Rusia, Irak y Sierra Leona.

Cartografía de la violencia

Plantón celebrado en Medellín en contra de las amenazas y asesinato a periodistas.
Plantón celebrado en Medellín en contra de las amenazas y asesinato a periodistas.
Foto: Unidad de Víctimas

Si observamos detenidamente este panorama de horror, aparecen ciertos trazos que explican  esa catástrofe:

  1. Las muertes se deben sobre todo a circunstancias o motivos relacionados con el conflicto armado que asola al país desde hace más de 50 años. En otras palabras, la violencia contra los periodistas se ha producido fundamentalmente como consecuencia de la guerra. No obstante, en las amenazas actuales aparecen otros focos de violencia.
  2. La violencia proviene de muy de muy diversos actores: (i) narcotraficantes que montaron bandas de sicarios y que además penetraron la política y las organizaciones del Estado; (ii) guerrillas de todo tipo que han alcanzado cierto dominio territorial; (iii) ejércitos paramilitares que en muchos casos se han aliado con políticos y militares y han cooptado gobiernos locales, apropiándose de grandes territorios mediante la expulsión de sus habitantes (usualmente campesinos, comunidades afrocolombianas, indígenas y otros grupos étnicos); (iv) bandas criminales (bacrim), alimentadas del hampa local, reinsertados de las autodefensas, las guerrillas y algunos miembros de la Policía, el ejército y funcionarios que medran alrededor de la corrupción.

A todos ellos se suman agentes del Estado, desde alcaldes y funcionarios públicos, hasta policías, organismos de seguridad y algunos integrantes de las Fuerzas  Militares.

Cada uno de estos actores ha tenido un enfoque determinado sobre el manejo de la información  y una estrategia específica para ejercer la violencia contra los periodistas. Cada uno de ellos tiene una cierta percepción sobre el significado de la opinión pública y un conjunto de intereses para influir sobre ella en su especial interés.

La violencia contra los periodistas se ha producido fundamentalmente como consecuencia de la guerra.

También se han dado procesos de hibridación criminal, asociaciones delictivas y alianzas que han hecho más letal su acción contra la población, las instituciones estatales y los periodistas.

  1. La violencia contra estos periodistas tiene un carácter regional.
  2. Existe discriminación respecto del tipo de medios donde ejerce cada periodista. Los más afectados fueron los de prensa y, sobre todo, los de radio.
  3. La violencia contra los periodistas, las amenazas y sus muertes ocasionan un daño colectivo. En territorios donde el periodista es la única fuente de información, su desaparición ocasiona graves consecuencias para la comunidad.
  4. Los periodistas colombianos han vivido en una impunidad absoluta. Esto se ha debido a la ausencia de investigación, un sistema judicial enmarañado e ineficiente y la desorientación intencionada de las investigaciones mediante imputaciones falsas y asesinatos de testigos o personas claves.
  5. Además de los asesinatos, existe una atmósfera de intimidación. Las acciones se ciernen sobre la tarea informativa para presionar o producir miedo: amenazas, autocensura, secuestro, tortura, bloqueo del oficio, desplazamiento o exilios, entre otras. Si la impunidad envía un terrible mensaje a la sociedad, la amenaza genera una atmósfera viciada y constrictiva.
  6. Dentro del periodismo se conformó un movimiento de resistencia donde participan organizaciones de la sociedad y del propio Estado colombiano. Ante la arremetida de los violentos se produjo un movimiento de solidaridad que permitió hacer frente a los embates de los poderes ilegales de manera creativa y consistente.

Puede leer: Prensa bajo amenazas y acceso condicionado a la información.

La oleada

Durante las últimas semanas se ha  registrado una nueva ola de amenazas graves contra periodistas colombianos: Ricardo Ruidiaz del Magdalena Medio, Catalina Vásquez quien hace cobertura informativa en la Comuna 13 de Medellín y Januaharia Gómez, reportera desplazada de Segovia (Antioquia) fueron amenazados.

También han amenazado a María Jimena Duzán, periodista de Semana, al director de La hora de la verdad Fernando Londoño, a la directora de noticias RCN Yolanda Ruíz y dos periodistas de su equipo (Juan Pablo Latorre y Jorge Espinosa), a periodistas de La Silla Vacía y a la periodista de El Tiempo Jineth Bedoya quien ya había sufrido gravísimas ofensas criminales.

Así mismo, se han producido amenazas contra el equipo periodístico de La Opinión, Q’hubo de Cúcuta y miembros de RCN en Santander.

El aumento significativo de las amenazas ha sido denunciado por la Fundación para la Libertad de Prensa (FLIP), respaldada por las cifras contundentes de lo sucedido.

Pero ¿qué diferencias y qué similitudes hay entre la realidad investigada en “La palabra y el silencio” y las actuales amenazas?

Le recomendamos: El asesinato de los periodistas ecuatorianos: la otra cabeza de la hidra.

Lo igual y lo distinto

Protestas históricas por el derecho a la libre expresión.
Protestas históricas por el derecho a la libre expresión.
Foto: Centro de Memoria Histórica
  • A diferencia de lo reseñado en el Informe de 2015, donde se comprobó que el mayor número de asesinatos de periodistas por razón de su oficio se dio en las regiones, ahora las amenazas se distribuyen entre ellas y el periodismo nacional.
  • Las amenazas se dan tras un proceso electoral muy intenso y polarizado.
  • Los periodistas amenazados se han referido a un conjunto de problemas que están localizados en territorios específicos: la minería ilegal, el aumento del narcotráfico, el posicionamiento de los grupos residuales o disidencias en zonas de donde derivan grandes ingresos económicos, el crimen organizado, el ingreso a sangre y fuego de las guerrillas y otros actores criminales en las zonas dejadas por las FARC, y el recrudecimiento de grupos asociados con la inseguridad en las ciudades (extorsionistas, microtráfico).
  • Igual que en el Informe del 2015, se comprueba los temas anteriores desencadenan planteamientos y acciones estratégicas contra el periodismo y los periodistas, que comienzan con las amenazas y la censura, y que pasan hacia hechos más violentos como los atentados y el asesinato.
  • Hay la intención de crear un ambiente de miedo, reforzado por los problemas estructurales en el sistema de seguridad de los periodistas y, sobre todo, por el mensaje principal que deja la impunidad: “En Colombia no es un problema para los victimarios, acallar y asesinar a periodistas”.
  • Estos acontecimientos se facilitan el un contexto de polarización, degradación del debate político y creciente difusión de los argumentos de odio..

Según un Informe reciente de la Misión de Observación Electoral (MOE), se dieron más de 44 millones de conversaciones sobre el proceso electoral colombiano. Esto no significa que haya sido una conversación plural, transparente o deliberativa: “Entre más cerca a los certámenes electorales—dice la MOE—la conversación de intolerancia se dispara de manera exponencial. El 10% de toda la conversación sobre las elecciones fue con agresión y provocación”.

Ante la arremetida de los violentos se produjo un movimiento de solidaridad que permitió hacer frente a los embates de los poderes ilegales de manera creativa y consistente
  • Como también sucedía en nuestro estudio del 2015, hay múltiples responsables de estas amenazas que se cubren bajo el anonimato. En los casos mencionados aparecen las Águilas Negras, bandas de sicarios, delincuentes encarcelados y desconocidos como alias “Nini” “Liedersocial siglo XXI” o “Vito Andolini”.
  • Es muy posible que este aumento de las amenazas esté relacionado con el proceso de exterminio de líderes sociales, así como con las disputas territoriales del poder.

Aunque existen muchos elementos comunes entre esta violencia emergente contra los periodistas y la de décadas anteriores, también hay diferencias importantes:

  • El acuerdo de paz con la FARC desactivó en un porcentaje relativamente bajo la violencia contra periodistas. Porcentaje que, probablemente, fue menor del que produjo la desmovilización de los paramilitares.
  • El replanteamiento político del país puede estar auspiciando un envalentonamiento de grupos violentos de diverso origen y propósitos que se sienten fortalecidos.
  • Las mezclas entre periodismo y agitación social y política pueden estar influyendo sobre el aumento de los riesgos y la focalización de algunas amenazas.
  • El cultivo del odio, particularmente en la circulación de las noticias falsas y la emocionalidad de las redes sociales, amplía los contextos de peligro para el ejercicio del periodismo y la estigmatización de los periodistas.

En el Informe referido de la MOE se afirma que “Las comunidades que comparten información falsa no interactúan con las comunidades que la desmienten.” Y en algunas amenazas, como las que provienen de las Águilas Negras, los periodistas son acusados de guerrilleros disfrazados.

La acción decidida de las autoridades para descubrir lo que está detrás de estas amenazas, el replanteamiento del sistema de seguridad del Estado para los periodistas, los procesos oportunos y eficientes de alerta, el respaldo decidido del nuevo Gobierno a la defensa de las libertades civiles, el apoyo de la comunidad internacional y de las organizaciones periodísticas, la movilización social y la convocatoria de la sociedad alrededor de la defensa y promoción de la libertad de expresión y el derecho a la información, serán claves para contrarrestar las amenazas.

Si todo ello no se mueve con decisión, el peligro real puede ser infortunadamente creciente.

* Profesor e Investigador en comunicación y cultura. Fue defensor del lector del periódico El Tiempo.

 

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