Al instante

La noche trágica en el CLUB EL NOGAL

Por Augusto León Restrepo, Diario La Patria, Manizales

La horrible noche que le dieron las FARC a socios, invitados y empleados del Club el Nogal de Bogotá. Foto eltiempo.com

A las siete de la noche del viernes siete de febrero, Sonia Cristina – mi esposa-, y yo, nos dirigimos en taxi al Club “El Nogal” de la ciudad de Bogotá. De común acuerdo, y por las educativas normas del nuevo Código de Transporte en relación con los borrachitos, decidimos dejar en el garaje nuestro automóvil por cuanto le había advertido que tenía ánimo de disfrutar etílicamente de la fiesta a que nos habían invitado.

A las 7:30 pm, puntuales como lo exigía la tarjeta que nos cursaron, ingresamos al Salón Principal situado en el octavo piso de la imponente edificación, no sin antes de haber cumplido con el exigente registro en la recepción.

A los tres minutos después de que recibimos los primeros licores, llegaron Octavio Amaya Galarza, el anfitrión, la “cumpleañera” María Helena Reyna de Amaya y su hija Estefanía, quienes con su proverbial amabilidad saludaron a todos y cada uno de sus amigos. Octavio generoso y cordial como el que más, quería festejar a su señora con una fiesta semisorpresa. La pequeña Estefanía con una preciosa sonrisa que le iluminó su moreno rostro y sus “Brakets” adolescentes no pudo guardar el secreto y nos contó con picardía manifiesta que el detalle que había preparado su padre, era la intervención de un conjunto de ballet clásico integrado por jovencitas cuya edad frisa entre los 8 y 16 años.

El grupo de amigos, cuya empatía la constituye el hecho de que somos asiduos de los conciertos de “Las clásicas del amor” que dirigen Alberto Upegui y Carmiña Gallo, se completó con la llegada del matrimonio antioqueño de Carlos Buriticá y Stella, del exministro Jaime Niño y Lucía, y de los industriales Bernardo Mojica y María Eugenia y Víctor Moscoso y Cecilia, Luis Felipe Jaramillo y Gladys y Manuel Castro y Gloria Mercedes. La anterior nominación la hacemos para contarles que, salvo Octavio, ninguno de nosotros es socio de “El Nogal” y que por consiguiente no somos representantes de la presunta oligarquía colombiana. Mas bien unos buenos ciudadanos que ya tangenciales con la tercera edad, le hemos entregado a la sociedad lo mejor de nosotros en el servicio público, en el sector privado, con denodado cumplimiento de nuestros deberes, muy leales amigos de nuestros amigos y solidarios colindantes con nuestros prójimos. Allí estábamos, porque el Club ha sido desde su fundación centro de común encuentro social, de pluriclasista presencia de quienes una u otra manera representan al común de los ciudadanos que asisten a reuniones, conferencias, exposiciones, eventos sociales y culturales, merced a que sus puertas se abren para toda clase de civilizadas manifestaciones.

Y con masiva asistencia de jóvenes deportistas que cotidianamente iban a recrearse en el squash, los bolos, la piscina, los saunas, el gimnasio y que ese aciago viernes pusieron su cuota dramática de muertos y heridos, sin que sus ingenuas mentes pudieran aprehender el por qué de la violencia contra sus vidas en agraz.

A las 8:05, el golpe dinamitero nos arrojó al suelo. Vidrios, lámparas, espejos con su ruido ensordecedor, nos hizo comprender la realidad. El pánico nos invadió y fue el caos. Octavio fue el primero que se puso al frente pidiendo tranquilidad y prudencia. Permanecer en el piso, apagar celulares y tratar de conservar la calma. Hasta que aparecieron en la oscuridad, con débiles luces, varios empleados de “El Nogal”. Nos condujeron, en un tiempo que nos pareció eterno, hacia las escaleras que conducen al Hotel, sobre la carrera quinta, por donde fuimos evacuados algunos. Otros lograron salir hacia la carrera séptima, por inacabable túnel, negro como boca de lobo, donde nos dimos cuenta de que seguíamos vivos y que el humo asfixiante del incendio de los pisos bajos, no nos había paralizado la respiración. Hacia las 8:30, los de la fiesta de cumpleaños del octavo piso, estábamos a salvo, con la cara renegrida y el alma acongojada pero vivos e ilesos. Inclusive las niñas del ballet, cuyos patéticos llantos y las invocaciones desvalidas a sus padres nos perseguirán quien sabe hasta cuando .

Después los reencuentros alegres, las oraciones a la providencia, los noticieros y los periódicos que nos hicieron comprender la magnitud de la catástrofe. Y la reflexión sobre lo que oímos declarar a una joven mujer, integrante del Cuerpo de Bomberos de Bogotá, quien con lágrimas imprecaba a aquellos, que como monstruos, eran capaces de producir semejante holocausto, y en cuyas almas deben solazarse los espíritus del mal apenas aparece el sol y continúan sus execrables existencias.

Por último, reconocimiento eterno a los empleados del Club El Nogal, que nos sacaron del infierno. Al Ejercito, a la Policía, a anónimas gentes que nos extendieron su mano con el agua vivificante que nos reanimó y sacó de la noche oscura, del miedo y del terror. Ellos nos reconciliaron con el hombre que a veces es lobo para el hombre, pero que sobre todo, seguirá creyendo en la bondad, en la entrega de su corazón a los valores nobles, en la esperanza del imperio de la Paz.

Sobre el cadáver de las victimas sólo nos queda reafirmar que la vida es lo único que tenemos. Y que a quienes han atentado contra ella ojalá algún día les llegue nuestro perdón, aun cuando va a ser difícil. ¡Hosanna a Dios en los cielos y en la tierra a los hombres de Paz y de buena voluntad!

 

Autor: Augusto León Restrepo

Mail: aleon211@hotmail.com

Contacto: 3005551455

 

Publicado en el Diario La Patria de Manizales, el 9 de febrero de 2003.

Acerca de Revista Corrientes (3165 artículos)
Revista Corrientes es un propósito periodístico respetando los puntos de vista y la libertad de opinión de quienes aporten sus colaboraciones, análisis,artículos y columnas para su publicación. También se publican todos los comentarios respetuosos por desacuerdos con los contenidos de las colaboraciones publicadas.
Contacto: Sitio web
Ir a la barra de herramientas